EL PUENTE-2

Hoy he podido coger un ordenador con un windows muy extraůo, asi es que no se siquiera si este post sera visible. Sigue el frio polar en esta tierra de luz. Aqui el sol no calienta, simplemente alumbra, ilumina. Es esta una ciudad para enamorarse. Enamorarse de ella y enamorarse en ella...En mis viajes no suelo recoger mas fotos que las imprescindibles. Las fotos que me hagan recordar que estuve alli, que algun sentimiento nacio en determinado rincon. No suelo comprar las excursiones programadas con guias de banderita de colores.
Estamos nuevamente en un puente sobre aguas heladas. El chico porta un supercamaron Nikon D3 con su megazoom de 210 propio para hacer fotos del National Geografic. Creo que podría fotografiar una pulga a cien metros. En el hombro colgada la camara de video. Ella sostiene un tripode y en la otra mano una guia completa de la ciudad que parece la Espasa. Ella lo mira impaciente.
-Cari, un momento que estoy cogiendole el puntillo, ya casi estoy
-Rober, que llevamos mas de media hora para fotografiar esa estatua, yo creo que si nos compramos unas postales...
-venga cielo, son solo unos segundos, anda dejame el tripode a ver si asi, mientras ve tu grabando con la camara de video el rio, o aquella iglesia de alli.
A mi lado pasa un grupo de japoneses a toda prisa. Una guia les explica el tremendo significado de las cagadas de paloma que hay sobre la estatua, asi como la leyenda entorno al fantasma de la otra estatua. Ellos atienden absortos. Una cultura que es capaz de comerse tallos de bambu es capaz de tragarse que las palomas tienen predileccion por defecar sobre determinada figura...cracks totales.
-Oye Rober, que el librito dice que a las cuatro cierra el museo de historia moderna, y que es imprescindible verlo -dice Cari leyendo la guia con desesperacion.
-Vale, vamonos, otro dia volvemos aqui, de todas formas la luz no es la ideal.
A veces flipo con la gente que intenta plasmar segundo a segundo cada instante para aburrir a los amigos con sus fotos.
Una banda toca con armonica, guitarra electrica y violonchelo unas notas de jazz y rithm and blues. New Orleans en directo para turistas con prisas, Cari y Rober con su camara, los japoneses con prisas, la octogenaria semicongelada, unos chicos con pinta de rusos ligando con unas italianas, los vendedores de marihuana, mi chica, yo y miles de personas con prisas...Prefiero emociones de New Orleans a fotos pixeladas por Nikkon.

FRIO

Escribo desde los hielos, desde un lugar donde el tiempo se congelo, donde los ordenadores no tienen tilde.
Volando desde la tierras del sur calido y apacible, desde las playas donde siempre es verano, aterrizo en una tierra hostil y helada donde vivir es puro milagro.
Me gusta la gente de esta tierra. A veces creo que soy tan raro que me gusta la gente de todos los sitios que visito (excepcion hecha de ciertos talibanes que casi nos echan a patadas del metro de Estambul por reir en publico estando en ramadan).
Hoy me paso algo curioso...Una anciana con al menos ochenta y siete primaveras a sus espaldas nos sonrie en un puente sobre un rio de aguas heladas, la miro de arriba abajo...sin duda por causa de un olvido se ha puesto una falda y los tres grados bajo cero que soportamos me dan la solucion, la anciana no me sonreia simplemente es que un rictus de frio le daba esa apariencia a su cara. Aqui hace mas frio que robando pinguinos.
Escribo desde uno de los rincones mas bonitos del mundo, y siempre que viajo me gusta dejar un trozo de mi en este blog, quizas porque me gusta compartir, quizas Freud tendria mucho que decir en esto, pero la verdad es que me importa un pimiento...respiro, me pongo mi gorro, mis guantes, mi panuelo (joder tampoco hay egne en este teclado) palestino, respiro un vaho helado a una calle helada...y sigo.

SIN PEGATINAS

En el hospital de Víctor Bárcenas, cuando entra un paciente en urgencias recibe dos cosas: una mirada furiosa del enfermero de triaje y un papel con dieciseis pegatinas. Son pegatinas de identificación donde figura su nombre, número de historia y código de barras.
El día está siendo horrible. En estas fechas prenavideñas las urgencias se convierten en una especie de cementerio de elefantes. Víctor piensa que la zona de camillas es propia de National Geografic, donde en paralelo se agolpan momias semiinconscientes en espera de destino.
-No señora, no creo que su padre cumpla criterios para ingreso.
-Pero nosotros así no nos lo llevamos a casa, que lo sepa. Si se muere, esto no se va a quedar así -dice una hija ofuscada.
-Es que su padre tiene noventa y siete años, no sería extraño que falleciera. Milagros sólo se hacen en Fátima.
-¿me está diciendo que lo van a echar sin ponerle ni un suero? Que sepa que tenemos visita estas navidades, y no podemos hacernos cargo...además el abuelo no quiere comer hace cuatro días.
-Al abuelo lo estáis dejando que se muera como un perro porque no teneis tiempo de prepararle comida ni de limpiarlo -piensa Víctor-y queréis dejarlo aparcado unos días en el hospital para zamparos el jamón y los langostinos.
-Además, si esto es ley de vida como usted dice, ¿qué pasaría si fuese su padre?.
-Si fuese mi padre, decidiría junto con el médico que la llevase como intento hacer con usted.
-Sí, sí, seguro que ya lo tendría ingresado hace horas.
Juan, que podría ser primo hermano de Tutankamon, no se entera de nada. Hace años que flota en la nebulosa del Alzheimer.
Pasan las horas. La tragedia empieza el momento en que se acaban la pegatinas, Víctor lo ha comprobado (algún día debería hacer un estudio al respecto). Una para la solapa, dos para la radiografía, una para la analitica, una para el electro, dos para la placa, una para la hoja de tratamiento, una para el sedimento de orina. Pasa el tiempo y las pegatinas se acaban.
Una pegatina más para nueva analítica pidiendo troponinas y Dimero D a ver si suena la flauta, otras dos para radiografía de abdomen y ecografía(en la de torax no se ve un pijo, a ver si haciendole una eco de abdomen vemos algo que justifique avisar al internista). Febrícula, 37.5, dos pegatinas más hemocultivo y urocultivo.
Ha bajado el internista:
-Bueno, ¿y de qué acusamos al abuelo?.
-La verdad -Victor se siente como el vendedor de coches usados intentando meterle una bacalada a un iluso -creo que tiene una sepsis de origen urinario... -(zum, zum!!).Víctor pone la voz así como soy-un-super-médico.
-Oye, ¿me estás diciendo que el abuelo de 97 años con 37.5 grados, tensiones de 120/80, creatinina de 0.8, glucosa de 106 Sodio de 132, potasio de 4.2 y nueve-mil-leucos y 50 leucos en orina, está séptico por una infección de orina?. Si es así, repítemelo,porque no me he enterado..."doctor"-dice el internista.
-Vale, me rindo. Abuelo con 97 años con cuadro catarral, viene visita a la casa y nos lo quieren colocar unos días.
-Bien, ahora hablamos el mismo idioma -dice el internista -mira Victor, llevo de éstos cinco ingresados ya, y la planta va a reventar, lo siento, pero no-puede-ser. Me voy que me llaman.
-Gracias de todas formas.
Llega la madrugada y quedan dos pegatinas(TAC craneal por la mañana) . No quedan pegatinas. Víctor rellena a mano la última petición para Juan. Analítica de control por la mañana. Sabe que cuando se han acabado las dieciséis pegatinas es porque se ha acribillado al paciente a pruebas y a horas de estancia en urgencias.
Víctor sabe que es cruel, que es injusto y que así no debe funcionar, pero en cuatro años aún no ha encontrado otra solución. La familia no cede, el sistema no cede, Juan dormita y no opina, y el residente no tiene ganas ni fuerzas a las cinco de la madrugada para encontrar una solución.
-Oye Mónica, ¿me haces un favor? -le dice a la enfermera.
-Dime -dice cara-de-sueño-Mónica, que se había dormido estudiado un libraco de oposiciones.
-¿Le sacas una nueva hoja de pegatinas al de la camilla dos?. Gracias.
-Tío, los médicos no tenéis corazón, hay que ver el pobre abuelo lleva todo el día ahí...

-Sí Mónica, a mí me lo vas a decir...
Mañana será otro día.

Feliz Navidad a todos.

CENA DE NAVIDAD...GUAY

Jueves negro. Víctor Bárcenas empieza la mañana maldiciendo al tonto-del-haba que decidió poner la cena de navidad en miércoles...¡La cena de navidad...!
La cosa prometía a las nueve de la noche cuando llegaba Víctor con su ropa mega-fashion convencido de que triunfaría sin la más mínima duda. Primeros escarceos en la guerra de guerrillas, bayoneta calada. Cervecita y tapita. Plof!! la primera en la frente, la gamba rebozada está aún congelada por dentro. Víctor hace de tripas corazon y se la traga... no es plan de perder el glamour escupiendo tan asqueroso producto. Coge un buñuelo para pasar el trago, ¡el puto buñuelo está relleno de morcilla!! Víctor no da crédito. Odia la morcilla con toda su alma. No puede entender que alguien coma sangre macerada y especiada. El residente Bárcenas huye al servicio donde escupe hasta el último rastro morcillesco de su boca. Al volver se da cuenta de la tragedia. No es que todos estén muertos, es algo aún peor: han pasado todos al comedor. Víctor entra al inmenso salón donde los cincuenta y dos trabajadores del centro de salud ocupan sus sillas entre risas. Sabe que la ha cagado: No queda asiento junto a otros residentes (evidentemente centrados cada uno en su presa), ni junto a la odontóloga, ni cerca de las enfermeras. únicamente queda un asiento libre...vista-llorosa-Bárcenas observa la silla eléctrica reservada para él. A su izquierda el director del centro de salud y a su derecha Asun, la administrativa de ciento trece kilos. Víctor se dirige entregado al patíbulo. Y se sienta.
-¡Qué bien, caímos juntos , me gusta sentarme al lado de jovencitos tan guapos! jajaja... -Asun sonríe mostrando sus dientes impregnados en grasa morcillosa.
-Sí...jeje. A mí me encantaría salir corriendo, y mira, aquí estoy aguantando mecha-piensa el residente.
-Me han dicho que hablas alemán, ¿es cierto? -le dice Asun.
-Bueno, sí, me gustan los idiomas.
-Podemos hablar en alemán, si te parece, estoy en la academia -sonrie Asun.
-Ésta quiere una clase de alemán por el forro. Por mí como si habla en Suagili -piensa Víctor...veinte minutos hablando en alemán con una señora de cincuenta años que no paraba de darle pellizcos...guay.
A su izquierda, don Ofelio Tranzas, director del centro de salud. Don Ofelio está convencido de que para ser buen médico sólo se necesitan dos cosas: llevar perilla y fumar en pipa. El resto es anecdótico.
-Bien, jovenzuelo, esta noche nos lo pasaremos guay!
-¿pero por qué ostias dice guay un tipo mezcla entre Lenin y Leonardo Dantés? -piensa Víctor -la noche promete.
El residente de cuarto año coge tímidamente algún trozo de queso (es un apasionado de los grandes quesos), mientras Asun le ofrece generosamente un buñuelo de sangre-de-cerdo-macerada. (No gracias)
Al otro lado de la sala las enfermeras ya están pasándoselo realmente bien.
La sopa de mariscos y el "filete Meuniere" sin comentarios. Bárcenas está convencido de que como nadie se lo come, lo reponen una y otra vez tras pasarlos por el lavavajillas y cambiarle la salsa. La Asun no para de comer y beber como una auténtica berraca, insistiéndole en "come que estás mu flacucho".
De vez en cuando Víctor se gira para oír las batallitas de don Ofelio, mientras observa a la guapísima Mónica lejos de sus garras.
-Bueno, y tú ¿Por qué cogiste Familia?.
-Porque me dijeron que era la que tenía más salidas, pero resulta que no es así, la mayoría son bastante puritanas...
El ataque de risa provoca que don Ofelio esté a punto de atragantarse.
Tras dos horas interminables e incontables copas de vino (oferta del Mercadona), se levanta la gente, y...¡a las copas!.
Por fin, Victor se va con su gente a la zona de baile. Grave error. La Asun lo persigue diciéndole que le debe un baile.
¿Que le debo un baile?...¡Yo lo que le debo es un bocado en el pescuezo a esta vaca marina! -piensa Victor mientras sonríe educadamente y asiente.
-Venga, que vamos a divertirnos, ole, ole que guay! -grita Asun
-Gin tonic, con mucha ginebra, por favor -pide Víctor- pero mucha, por favor.
La sala de baile es una especie de salón guatequero con luces rojas y una bola de brillos enmedio. El disc-jockey entra a degüello con King África. Víctor sabe que aquello es un sueño. No puede estar pasando, porque seguidamente suena Sarandonga, canción estrella en todas las bodas cutres del mundo.
-Tengo una sorpresa para tí, joven -La Asun vuelve al ataque.
Entonces suenan los acordes de Francisco Alegre, célebre pasodoble español. La Asun lo ha pedido y se acerca bambolenante a Víctor:
-¿Bailamos?. Morsa-Asun agarra al R4 del centro de salud y lo engulle entre su adiposidad mientras éste la pisa una y otra vez. Jamás ha bailado un pasodoble y es consciente de que después de esta noche no volverá a ligar con ninguna chica de las presentes. Su reputación está tocando fondo y es consciente de ello.
Por fin las dos de la madrugada, don Ofelio con la corbata atada a la cabeza persigue a las residentes, La Asun dormita en un sillón, y la cosa va decayendo cuando...suena Paquito el Chocolatero. Entonces resucitan cual zombies de serie B, y montan una espectacular conga que recorre borrachuza el antro que apesta a perfumes almizclados y humo de pipa. Ahora todos corren histéricamente al ritmo de follow the leader (leader, leader...).
Víctor flota en su propia nube. Se acerca a la barra.
-Otzo Gin Toniz poz favoz!
-Pobrecillo, no veas el marcaje de la Asun -le dice la guapísima Mónica -estarás hartísimo.
-Joder, imaginate, me tiene frito -responde Victor.
-Yo me voy ya, si quieres, nos vamos a tomar algo a un sitio menos King-Africa -dice Mónica.
¡Monteeeeeenn armas!. Residente Bárcenas acaba de triunfar.Ole, ole, ole. Cinco minutos más tarde salen de la fiesta sigilosamente (sin saber que serán el cotilleo de los próximos dos meses...).
Víctor ha sobrepasado ampliamente su nivel aceptable para andar a dos piernas, así es que conducir se le hace levemente imposible. Está convencido de que Mónica no lo nota, así es que suben al coche, y a casita.
Cinco minutos más tarde, las luces de un control policial, indican a Víctor que la ha cagado hasta la bola.
-Buenas noches señores, ¿me permite la documentación por favor?.
Lo que queda de noche se presenta...guay.

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GURK

Algunos días recuerdo aquella noche en la que mis ilusiones se llenaron de barro. Fue una noche parecida a la de hoy, cercana a la navidad. Un frío realmente cabrón helaba hasta los pensamientos y yo caminaba por el centro de una calle desierta.
A mi lado iba Gurk. Caminábamos muy cerca, como conectados. Siempre jugábamos a andar marcando el paso y nos mirábamos de reojo. Aquel año había sido especialmente malo tras la huída de Anke. Apenas podíamos pagar la factura de la calefacción con mi miserable sueldo de conserje.
Decidimos prescindir de calefacción y pasar las noches abrazados bajo las mantas. Decidimos prescindir de la sopa caliente y pasar las tardes abrazados en el sofá.
Gurk jamás se quejó. Gurk jamás abandonó.
Tres meses antes de aquella navidad Anke me había abandonado como quien abandona una lata de sardinas (sin sardinas por supuesto). Se había largado una mañana de verano dejando una nota (lo siento, pero debo vivir mi vida...), escrito pulcramente en un post-it de la nevera. Me dolió su huída cobarde, pero me terminaron de matar aquellos tres jodidos puntos suspensivos. Ese día empecé a odiar a Anke y sus malditas cosas a medio hacer, sus ataques de nadie-me-entiende y sus complejos de que-bueno-soy-yo-y qué-malos-los-demás.
Fueron tres meses de sangre y fuego en los que cada noche recordé su respiración pausada, cada madrugada busqué su cuerpo bajo las sábanas, cada mañana lo maldije entre lágrimas. Finalmente fui comprendiendolo todo. No era tragedia. Ni siquiera desgracia ni mala suerte. Anke habría huido tarde o temprano en busca de su vida. Yo jamás signifiqué nada para él. Simplemente devoró las sardinas y arrojó la lata al río.
Aquella tarde de diciembre, vísperas navideñas mientras yo miraba un escaparate, un frenazo a mi espalda me indicó que mi calvario no había hecho más que comenzar.
Entre las ruedas de un citroen y el asfalto nevado estaba Gurk. Un reguero de sangre bajo su cabeza iba derritiendo la nieve. Siempre he pensado que realmente amas a alguien cuando te duelen sus dolores. Jamás pensé que algo me doliera más en la vida que ver como un golden retriever agonizaba atropellado. Me arrojé a su lado entre el barro, la sangre y la nieve justo para despedirlo, para besar sus orejotas mientras se iba apagando con un quejido. Recuerdo que me quedé mirando mis botas llenas de barro durante horas.
Hoy camino sola, sin Gurk, ya no añoro a Anke y sus puntos suspensivos. Sin embargo sigo echando de menos esas tardes de frío asesino en las que Gurk y yo marcábamos el paso y nos sonreíamos a orillas del Volga.

EL DESAYUNO

Víctor Bárcenas acaba su turno de guardia. Tras la noche de trabajo, en la cafetería se cruzan desayunos de los que salen con los que entran a trabajar. Allí se comenta la última anécdota de la guardia, o el enésimo cotilleo del hospital. Los hospitales a veces son como grandes pueblos, con sus cotillas, sus curas, sus graciosillos, sus borrachos, sus penas, y sus glorias.
Dentro de unos minutos sentirá el clic de sus pupilas al acomodarse al sol de la mañana. Disfruta al sentir ese momento en el que se siente todo un vampiro. Dentro de una hora estará durmiendo un sueño abrupto, en el que se mezclará el cansancio más absoluto con despertares sobresaltados en mitad de la mañana por culpa de un cerebro aún pasado de revoluciones que sigue pensando en pautas de Amiodarona y gasometrías incompatibles con la vida que se siguen agarrando a un hálito realmente mágico.
En la gran mesa de desayuno Víctor ha coincidido junto a Sandra, su exnovia. Las causas de su ruptura son desconocidas para todos, excepto para ellos.
Durante todo el desayuno la nota nerviosa, distante. No ha parado de hacer bolitas de papel. Víctor la mira a los ojos, pero ella evita su mirada.
A veces le gustaría levantarse y gritar delante de todo el mundo que la ama, que la quiere más que a nada en el mundo, pedirle que vuelva a su lado, comérsela a besos, decirle que...pero no. Sabe que estas cosas no tienen marcha atrás.
Víctor respira hondo recordando su piel de canela. Mil veces se ha arrepentido de haberlo jodido todo de aquella manera. Mil cosas le unen a Sandra. Sólo una cosa los separa.
-me gustaría que habláramos -dice ella a su oído.

Se miran a los ojos. El residente Bárcenas se teme lo peor, por ello racionaliza. Sabe que los días que sale de una guardia no debe involucrarse emocionalmente en nada con excepción de las pelis lacrimógenas. Para esta tarde ha preparado "Las salchichas peleonas tercera parte". Además hoy la noche promete. Ha descubierto un nuevo programa donde una tipa (presunta periodista) pregunta a cambio de cinco mil euros al concursante si sueña en acostarse con su cuñada o si es asiduo de determinados juguetes sexuales, luego ante la mirada horrorizada de su pareja, padres, hermanos y como no, unos pocos millones de morbosos televisivos una voz en off le dice: Eso es...Verdad. Audiencia garantizada Como diría ese ídolo de masas que es el bicho:¡tócate los cojones Mariloli!.
Bárcenas se limita a despedirse de Sandra con dos tímidos besos que le saben a hiel.
-Otro día quizás, hoy no estoy para nada -dice Víctor.
Hoy le espera un jueves de hierro...mierda!

PEDIATRIA DE URGENCIAS

...Día curioso. Hoy Víctor Bárcenas está de guardia de puerta, él es el Guardián de la Pediatría. Bolígrafo en mano y fonendo en ristre, el residente Bárcenas se encargará de mantener la planta a salvo de posibles ingresos a pesar de la avalancha de niños con mocos, fiebres y miasmas variadas, de padres ansiosos, obsesivos y capaces de cualquier cosa con tal de encontrar a alguien que le confirme que lo que tiene su niño es de estudio, de niños cansados y con ganas de volver a casa sin que les metan el palito de madera en la garganta.
Tras dos horas de batalla campal, la sala de espera de pediatría parece una feria de padres contándose lo mal que le huele la caca a su bebé (incluído exhibición de pañal con orgullo), lo enfermo que está su niño, lo poco que come y lo bueno que es su pediatra, sobre todo el de pago...las penas y alegrías de sus paternidades.
Víctor decide apuntar las frases del día, así la guardia se le hace más amena; a veces no puede reprimir una sonrisa:
-doctor, ¿el niño tendrá ese virus que anda ahora?
-no señora, los virus no andan. De todas formas, sí, a lo mejor su hijo tiene un virus, no creo que tenga una manada de cerdos dentro de la nariz que le provoquen la fiebre, la tos y el moco.
-Doctor, la niña no me come hace 10 días, tooooooodo lo vomita, creo que esto no es normal, a lo mejor con un suero...
-Oiga señora, no creo que sea necesario...
-Oiga doctor, ¿me va usted a decir que la niña está comiendo?. Le digo que no come nada, y si hace falta ingresarla, lo que usted diga que para eso es el médico". Además que sepa que le duele el cuello -chantaje emocional al médico, 25 gallifantes para el padre.
Dos horas más tarde y diecisiete niños mocolientos después niño de tres años:
-Y el niño , ¿toma alguna medicación?
-Sí doctor, toma el Inmunoferón.
-¿Y por qué lo toma? -pregunta Víctor iluso.
-Porque el pediatra se lo receta.
-Vale, tocado y hundido -esta madre tiene futuro en el campo de la física cuántica.

-¿Y es alérgico a algo? -Víctor sabe que se está metiendo en un berengenal con la pregunta, pero es el protocolo.
-Aaahhhh...eso no lo sabemos doctor -cara del padre expresando como-al-niño-le-de-una-reacción-la-ha-cagado-mediquillo.
La cosa está a punto de desmadrarse a las once de la noche, tras el partido de la Champions la mayoría de padres deciden que es la hora de pasarle la ITV al nene.
-¿Bronquio-qué?, oiga, no me diga que eso es grave....si hace falta me lo llevo al hospital materno...además nosotros "somos-de-asisa". Porque lo que tiene el niño no es normal.
-No señora, su niño de dos años con fiebre, tos y mocos tiene algo anormal, vaya que estoy en duda entre comunicarlo al Centro de Control de Enfermedades Raras, al FBI, publicarlo en el New England o pedirle una todografía.¡Lo de usted sí que no es normal señora, y nadie le dice nada! -Víctor lo piensa pero calla educadamente
Los niños en el domicilio padecen fiebres de cuarenta-y-pico mínimo, diarreas incontrolables y sanguinolentas, vómitos incoercibles y asquerosísimos, mocos verdosísimos, toses tísicas, dermatitis ampollosas, que en la consulta se terminan convirtiendo en febrículas, dermatitis benignas, gastroenteritis virales y mocos catarrales.
A las doce, bocadillo de York con tomate y Coca Light: quince minutos. Al volver Víctor pone el oído tras la puerta:
-Pues el médico se ha ido a comer -dice una madre con tono de reproche.
-Esta gente, entre cafés y comidas se les va el día, pues con el sueldo que cobran ya podían espabilar -machaca otra madre.
-Además, "este" ¿habéis visto la cara que ha puesto a ver la sala de espera?, A ver si cree que estamos aquí por gusto, pues que trabaje, que "paeso" pagamos el seguro.
Víctor sabe que no hay arreglo, el usuario siempre gana.
A las 3 de la madrugada, el residente ha limpiado la trinchera, se va a su dormitorio y se desmonta como un puzzle. De su pijama verde saca dos guantes, un depresor de madera, una caja de chicles, unas tijeras, cuatro boligrafos, un rotulador, un lápiz, un fonendo, una linterna, un librito, una libretita, varios papeles, dos clips, un rollo de esparadrapo, una jeringa de 5 cc, una factura del bar, un reloj, las llaves, cinco monedas, una tira de electro sin nombre, una ampolla de primperán, varios Ibuprofenos y el móvil. Se queda con su ilusión puesta.Con la misma que traía hace cuatro años cuando entraba en "esto de la residencia".
Se acuesta y se va durmiendo mientras le viene una idea a la cabeza: No es soñador quien sólo sueña, sino quién es capaz de luchar por convertir sus sueños en realidad. Bonita frase, la pondrá mañana en su blog...ha sido una guardia entretenida.

LA VIOLINISTA

Camino por el metro de Madrid, sobre mí circulan varios millones de personas. Miles de seres se mueven por los pasillos. Casi todos miran al frente y se mueven con gestos automáticos. Es curioso, en el metro todos caminamos de la misma manera anónima. Marea colectiva con destinos underground. Los más jóvenes se aíslan del mundo con su Ipod. Dos chicos cogidos de la mano se susurran al oído, una chica tamborilea sobre sus vaqueros raídos. Un anciano dormita. Camino mirando caras, explorando expresiones, buscando miradas. Salva retransmitiendo en directo para toda la humanidad.
-No mi amor, te equivocas. Te amo con locura –espeta a mi lado Jefferson a su teléfono móvil –sí cariño, en una ratito estaré ahí. Un beso.
Tras colgar el teléfono empieza a rezar una mezcla de padrenuestro y oración tribal precolombina. Jefferson Horantes asesinará de treinta y dos puñaladas a Camila Cienfuegos apenas en cuarenta y cinco minutos. Nadie lo sospecha.
En el vagón miradas vidriosas hijas de la clozapina, sonrisas lisérgicas, vidas prestadas, novelones a medias entre Mar de Cristal y Campo de las Naciones.
Salgo de nuevo al inmenso pasillo. De pronto algo sucede en mitad de un cruce de pasillos. Debo coger la línea diez, a la izquierda, pero a mi derecha oigo un sonido muy especial. Es el sonido de un violín interpretando a Tchaikovsky. Decido olvidar mi destino y dirigirme al origen de la música.
La violinista es una chica rubia. Está de pie y su cuerpo de arquea en torno al instrumento musical. Me acerco y la observo. Unas monedas a sus pies intentan justificar su arte. Es imposible.
Ella sigue, ajena a mi presencia, interpretando unas notas que se van perdiendo entre pasillos, unas notas que los viandantes recogen y se llevan a casa.
Últimas notas, me acerco a ella.
-hola, gracias por tocar.
-hola, me llamo Olga –su acento suena como del este de Europa.
Le dejo unas monedas en la cesta. Sé que no pago su arte, su amor por la música, pero no se me ocurre otra cosa.

-Tocas muy bien, hacía tiempo que no oía algo tan bonito.
-Gracias, ¿y tú de donde eres?.
-Yo soy del Sur.
-Me encanta el Sur, adoro sus playas. Yo soy de Kiev –sus ojos brillan rememorando algún instante de infantil felicidad.
-Si quieres te invito a desayunar -le digo esperando su negativa.
-Vale, aquí cerca ponen un café muy rico. Me encantan los churros de tu país.
Olga y yo desayunamos en una cafetería con olor a porras y bocadillos de tortilla. Durante dos horas nos contamos nuestras vidas.Terminamos riéndonos y con esa sensación, que sólo te dan ciertas personas, de conocerla hace años.
-¿nos vemos mañana? –esta vez estaba seguro de su respuesta afirmativa.
-vale, pero me dejas pagar a mí.
Ni siquiera nos intercambiamos los móviles, simplemente quedamos en el mismo sitio y en el mismo lugar. A la misma hora.
Al día siguiente en el cruce del número diez había un chico senegalés tocando los timbales. No conocía a Olga Y en los días siguientes no volví a verla. Pregunté en el bar de desayunos pero nadie la conocía. Nunca más vi a Olga y ni a su violín.
Sé que Olga no leerá estas líneas, pero hoy, como el náufrago que lanza una botella al océano sabiendo la inutilidad de su gesto dejo un trozo de mí en la red recordando a aquella violinista que conocí una mañana de lluvia en Madrid.Quizás Olga volvió a sus tierras de nieve y radiactividad, aunque prefiero pensar que cada mañana desayuna café con leche y porras en un bar frente a una playa del Sur.


Noticia: Washington Post: El 12 de enero de 2007, en plena hora punta, el violinista Joshua Bell, uno de los músicos más prestigiosos del planeta, se situó en el vestíbulo de la estación de L’Enfant e interpretó seis piezas magistrales de Bach y Schubert provisto de su stradivarius ‘Gibson ex Huberman’, una pieza única en el mundo. La actuación duró exactamente 43 minutos, durante los cuales prácticamente nadie se detuvo a escuchar...y éste es el vídeo. Suerte que aún quedan soñadores.





MADRUGADA

Sus bocas se acercaron
Y entonces la noche se rompió.
El encuentro de los labios dio paso a la búsqueda de los cuerpos,
a la urgencia del secreto deseo mil veces soñado.


Un paquete de cigarrillos en la mesita de noche
es testigo mudo de la unión de dos seres.

Una hora más tarde ella fue recogiendo
todos y cada uno de los trozos de su alma
esparcidos entre las sábanas.
-Te quiero –le dijo ella al oído.
-Nunca te olvidaré -mintió él.


Miran la luna cogidos de la mano.
Y la pasión brota en sus cuerpos
desatando, esta vez sin prisas
los excesos de la noche.

Sin frenos se vive mejor...

Escrito a las cuatro de la madrugada, sentado en el malecón de la puerta de urgencias de mi hospital. Casi todos duermen.


FUENCARRAL

Madrid a veces me asusta, aunque siempre me gusta. Es esa sensación extraña que percibimos los que disfrutamos con bailar en el filo de una navaja. Miedo a la vez que atracción al pensar en ser engullido por la inmensidad de una ciudad viva.
La noche de fiesta acabó en torno a las seis de la mañana. No sé cómo pero siempre soy de los que van despidiendo a los que se van, de los que van quedando para la última copa, para la última confidencia, para la última sonrisa cómplice. Visitamos Chueca y sus locales de ambiente, con ese descaro que da el saber que lo diferente es simplemente eso, distinto. No es mejor ni peor, sí distinto. Somos los últimos de la noche vagando en calles sin nombre. Nos encontramos a Pilar, también perdida. Se une a nuestra caravana.
Últimas copas mojadas en risas.Y despedidas. Me encuentro nuevamente en Gran Vía. Mi soledad y yo. Salva en mitad de la gente y el frío mirando esa calle eterna.
Bocacalle con Fuencarral, seis y media de la mañana. Cada veinte metros hay un chino vendiendo bocadillos indudablemente tóxicos, fideos calentitos, cerveza Mahou y coca-colas.
Travestis con exceso de todo se gritan en los portales
-¡Es mi novio zorra! –grita una voz forzada por el alcohol, los porros y las hormonas.
Tiendas de lujo rodeadas de vómitos, pintadas, carteles. Pasen y vean el frío que me llega a los huesos.
Alguien duerme en mitad de la calle cubierto por unos cartones y un poco de chiné. Dos chicos se besan entre los coches, operarios de limpieza mirando de reojo, putas de saldo. Sexo de última hora a precios sin competencia.
-Estoy caliente mi amoolll –me dice una chica.
-No, gracias –me parece de mala educación no responder. Acelero el paso.
Pasan frente a mí como una de esas películas antiguas, son los hijos de la noche en Madrid.
Una china corre perseguida por la policía.
Cientos de personas siguen viviendo la noche de Fuencarral. Y Salva en mitad de todo, apuntándolo todo en su cabeza. Me atrae mirar a la gente a los ojos, porque en ellos veo la verdad de cada uno. Noche en Fuencarral, el travesti, la prostituta, el operario, los gays, los yonkis, los chinos, los borrachos, y yo como invitado estrella, me considero afortunado. Muchos tienen esa mirada vampírica que da la noche de excesos, sin duda cada uno de ellos con una vida, con una historia por contar, quizás yo también tenga esa mirada terrible a estas horas. Sin duda también tengo una historia por contar... A ellos gracias por dejarme compartir los quinientos metros de Fuencarral en una noche de invierno y papel de arroz.

GUARDIA DE 061 O 062...

Víctor Bárcenas ha empezado a hacer guardias en emergencias. Ambulancia del 061. Siempre ha deseado hacer guardias en la ambulancia de emergencias. ¡Son los hombres de Harrelson de la medicina!.
Llega a las nueve en punto, justo para el cambio de turno. Lo recibe el que será su tutor las próximas doce horas.
-Hola, ¿tú eres el residente?.
-Sí, hola, me llamo Víctor – sonó la voz de hola-soy-un-buen-chico de residentes Bárcenas.
-Mira chaval, lo que tienes que aprender aquí se resume en tres palabras: “No mees nunca contra el viento”
Víctor se queda con ganas de decir: ¿… y?, pero en su lugar dice:
-¡jajaja! –aunque piensa que en realidad no son tres, sino seis las palabras.
-No es ninguna broma joven, además ya te estás quitando esa pulserita que es una mariconada –le espeta el cara-mono, mote que ya ha decidido Víctor poner a semejante simio.
A las nueve y diez minutos, primera llamada desde el centro coordinador. Motivo de consulta: dolor torácico.
Médico adjunto, enfermera, técnico delante…y el residente detrás en la ambulancia mareado como un pato.
La llegada, en menos de quince minutos, es recibida por un grupo de vecinos expectantes que preguntan exigentes la causa del tremendo retraso.
-¡Ya era hora! –les dice un niño de apenas doce años indignado. Víctor piensa que el mocoso apunta maneras.
Décimo-hache. El equipo de asistencia entra a un domicilio de limpieza francamente mejorable. Son recibidos por una mujer de unos cuarenta años. Víctor en cuanto la ve piensa:
“Joder, esta cara me suena de haberla visto en algún manual de enfermedades metabólicas”.
-Pasen, pasen…mi madre está en el dormitorio.
Los cuatro sanitarios, con maletines varios en ristre, monitores, botellas de oxigeno, llegan anonadados a la escena:
Cama King-size en la cual vislumban dos figuras, hombre y mujer, acostados y bien arropaditos.
La señora, de proporciones ballenoides no para de decir -¡Ay, ay, ay qué mala estoy…!
En el lado derecho de la cama, un señor con bigotito y gafas de sol con una cara calcada de aquel que hace treinta años dijo: Españoles, franco ha muerto, pero en calzoncillos de color blanco con el correspondiente manchurrón amarillo y agujero central por el que asma un peludo testículo.
Don Pancracio, nombre del interfecto, dice que no se levanta si no lo hace doña Adela.
A Víctor le encanta mirar los detalles que definen un domicilio. Las fotos de bodas, bautizos, comuniones y difuntos. Pero lo de esta casa supera sus expectativas.
La hija de doña Adela, a la que Víctor apoda directamente madam Cachalote por sus proporciones, se dirige junto al residente a un cuarto donde guarda las medicinas.
-Mire que bonito doctor –doña Cachalote despliega una sonrisa de oreja a oreja mientras señala una jaula donde un loro de aspecto lamentable intenta comerse un trozo de barrote.
-Se llama Roberto. ¡Rrrrrrrrrrroberto, saluda al doctor!.
En un armario junto a la ventana un altar dedicado a Felipe González, a la Virgen del Rocío y a las muñecas Barbie. El altar está construido con botecitos de actimel y guirnaldas falsas compradas en un chino. Mantiene dos velitas encendidas.
Cachalotito saca una bolsa del Mercadona llena hasta los topes de medicinas de debajo de la cama.
-¿Le gusta mi altar? Yo es que soy muuuuy socialista de to la vida.
-Sí, si es precioso señora.
Cuando vuelven a la habitación doña Ballena ha dejado de quejarse y duerme plácidamente gracias al valium que se ha zampado. El anciano con cara de franquista sonríe complaciente a los sanitarios.
La enfermera no tiene otra cosa que adoptar un tono muy educado y decir:
-Oiga señor, bonitas gafas de sol, ¿Dónde las ha comprado?
-Gracias señorita, son del Cortinglés. Bueno ya que están aquí, me podría traer la cuña?
El sofisticado equipo sanitario de emergencias dotado de la más alta tecnología sale del edificio cinco minutos más tarde. Víctor y Lucía, le enfermera, se parten de la risa. El tutor, con cara circunspecta intenta que Víctor saque alguna enseñanza del asunto. Por ahora la única que se le ocurre es que nunca se comprará unas gafas de sol en el Cortinglés, y que jamás llamará Roberto a ninguna mascota.

EL DORMITORIO DE RESIDENTES

Cinco y media de la madrugada. Acabo de bajar a la zona de urgencias. Apenas tres pacientes dormitan en los sillones. Uno de ellos en camas se agarra a un hilo de vida gracias a una CPAP, una máquina infernal que me recuerda al Silencio de los Corderos.
Mi turno de descanso era de dos a cinco. Al llegar al dormitorio de residentes empiezo a hablar con alguien en la cama de al lado. Una gran amiga, una gran persona , una bellisima amiga.
Hablamos del bien y del mal, de lo humano, de lo divino.
Las cuatro de la madrugada y no paramos de contarnos vidas vividas, sentimientos, emociones, pensamientos.
Definitivamente nos falta un tornillo. A esta hora la gente normal se dedica a descansar en lugar de hacer el ganso hablando sin parar de cama a cama.
-Oye cordobesa, que son casi las cinco y no he pegado ojo -le digo.
-Somos un desastre, y yo mañana sin saliente -su voz ya se arrastra en el aire de cansancio -¿te importa si fumo?.
-Fuma si quieres, no me molesta -lo deje hace dos años, pero no me considero antifumadores, cada cual hace con su vida lo que puede y no me molesta el humo.
-A ver si me escribes algún mail de vez en cuando.
-Vale, el próximo post de mi blog te lo dedico.
La penumbra de la habitación hace que el humo baile entorno a las camas mientras consumimos nuestro tiempo de sueño en contarnos sueños mutuos.Ahora nos reimos. Risa floja la de estas horas intespestivas.
Cinco de la madrugada y cinco minutos. Acaba mi turno de descanso.
-¿Sabes qué?. No ha estado mal este rato.
Ya duerme en silencio, quizás ni me ha oído.
Me levanto, apago la luz y salgo al área de urgencias... antes de que lleguen esos pacientes mañaneros con dolamas y algias varias te dedico el prometido post con un solo consejo: no te olvides de ser feliz. Buenas noches cordobesa

PALOMITAS DE COLORES

Me llamo Paula, aunque en casa me llaman Peque; y tengo siete años. Mi papá es el hombre más listo del mundo. Y el más fuete…y el más guapo.
Mi papá siempre me lleva a la playa a buscar piedras bonitas. Me gustan las piedras verdes y bien redondas.
Mi papá sabe casi todo, además me cuenta unos cuentos que nadie más sabe. Los cuentos de piratas y brujas son mis preferidos. Tengo suerte de tener el mejor papá del mundo.
También vamos al cine con mamá casi todas las semanas y vemos unas pelis que casi siempre me gustan. Bueno, una vez fuimos a una de esas de llorar que le encantan a mami y a mí no me gustó nada. A papá tampoco. Pero no importa, porque compramos palomitas de colores, que son las que más me gustan.
Mi papá viaja mucho. A la vuelta siempre me trae regalos geniales, los mejores. A veces nos trae rosas azules. Él dice que es porque las rosas azules deberían existir para nosotras. Yo creo que son flores de pega, pero me encantan. Ya tengo cinco.
Siempre nos reímos mucho cuando jugamos al escondite, o a las adivinanzas. También nos gusta jugar a tirar piedras a las olas.
Un día llegó a casa y no tenía ni un pelo. Se lo había cortado todo. ¡Qué risas nos dimos al verlo completamente calvo!.
Papá hace algún tiempo que no viaja. Se queda casi todo el día en casa, y se levanta muy tarde. Me parece que se está quedando muy flacucho y pálido. Pero es porque se está preparando para la fiesta de Navidad. Dice mami que se disfrazará de Don Fideo, y para ser el mejor de todos debe estar bien flaco y pálido.
Hace unos días papá me llamó y me explicó por qué estaba siempre en cama:
-Hola Peque. Estoy siempre en casa porque estoy descansando y acumulando fuerzas para hacer un gran viaje. Es bastante lejos, pero no te preocupes, cuando me eches de menos puedes mirar tus rosas azules y será como si estuviéramos juntos...
Y por suerte, papá no me engañó, a los pocos días se había ido a su viaje. No pude despedirme de él porque me dijo mami que había tenido que salir de noche, pero antes me había dado muchos besitos en la frente.
La verdad es que yo me puse un poco triste. Me parece que mamá también lo está porque la oigo llorar por las noches. Pero ella llora por otra cosa. Creo que es porque esa ropa oscura que se compró no le gusta nada. Los mayores a veces lloran por cosas absurdas.
Cada noche me duermo mirando las cinco rosas azules, y a veces también me entran algunas ganas de llorar. No importa, cuando vuelva papá me traerá otra gran rosa azul, reiremos jugando al escondite, y comeremos palomitas de colores hasta que me duela la barriga.
Soy Paula, tengo siete años. Y el mejor papá del mundo…

EN EL TREN

Dentro de apenas dos horas pisaré nuevamente Madrid. Subiré los peldaños del metro y respiraré profundo al salir a Gran Vía. Siempre pienso lo mismo al subir esos escalones: Madrid me espera.
La música me arropa mientras miro las traviesas del tren pasando veloces y Ella Fitzgerald me susurra al oído. What´s wrong?
Me gusta perder la mirada en el horizonte en esa inmensa Castilla que ahora cruzo.
Madrid me espera. Con sus ruidos mágicos y sus calles con olor a bocadillos de calamares.
Amigos me esperan al otro lado de la catenaria. Eso cuenta. Y mucho. Gente de norte las llamo con el mayor cariño del mundo. Destroyers sin duda.
A mi lado dormita una chica. En su regazo un libro abierto reza:
Y tras la lucidez tremenda que da el saberse intocable, tras la certeza de que la libertad es lo único que merece la pena, Torcuato Treslindes decidió volver a Madrid”.
Alguien habla por teléfono en mi vagón, especulando acerca de las posibilidades de vender algo.
Me gustan las ciudades grandes, muy grandes. Tanto como viajar dentro de mí, muy dentro.
Nubes a lo lejos. Miro mis manos como el lactante que descubre su cuerpo, y entonces me vienen a la mente aromas de noches infinitas.
Ahora es Chopin quien me va entregando en ese sueño agradable que sólo nos da en tren. En ese mismo momento me voy durmiendo mientras me envuelve el recuerdo de su piel de chocolate en una noche de magia granadina.
Madrid me espera al otro lado de la catenaria. Y amigos increíbles. Eso cuenta. Y mucho…

NOTICIAS EN LA TELE

El gobierno destina medio millón de euros a hacer una obra para embellecer un salón de lujo en la sede de la ONU con dinero destinado a Ayuda al desarrollo. Los políticos se ponen de acuerdo en una mañana para destinar miles de millones de euros a los bancos y salvarlos del descalabro fruto de su mala gestión. En menos de dos semanas salen miles de millones de debajo de la alfombra y se les entrega a los banqueros para que sigan disfrutando de sus mansiones en la Costa Azul. Veo la tele y tiemblo de asco.
Salen de la reunión con esa sonrisa bonachona de quien se sabe en otra galaxia, del señorito que, una vez más sabe que podrá seguir violando a las campesinas porque su padre es un muerto-de-hambre. Destinar un 0.7 del PIB a paliar el hambre, la miseria, a evitar que los niños se mueran por beber agua infectada con nuestra mierda es imposible.
Dotar de un simple dispensario de aspirinas y penicilina una aldea en Mozambique es imposible. Educar a millones de personas en Africa para evitar que el SIDA los siga masacrando como a hormigas es imposible.
Los banqueros salen de la reunión en sus audis con sus cheques en el bolsillo.
El político de turno los despide con la sonrisa imbécil del sátrapa.
Un niño sigue muriendo cada tres segundos de hambre...un dos tres. Es imposible evitarlo, nos dicen los políticos.

PUZZLE

Quizás no entiendas mucho este post. No importa. Quizás lo entiendas todo. No importa. Yo te invito a leerlo, a disfrutarlo si puedes.
Momentos, segundos, instantes marcan una vida...
Las olas me traen voces del pasado. Retazos de una vida, piezas de un puzzle que es mi memoria. Me siento sobre mis miles de piedras pequeñas, en mi playa cada día menos secreta. Cierro los ojos y el mar me trae imágenes saladas, sensaciones mestizas de mar y tierra.
Imagen 1:
-Hola, ¿de donde vienes? –la niña pregunta mirando al niño de apenas diez años.
-De comer mandarinas en la huerta.
-Qué raro, no hueles a mandarina.
-Es que vino la dueña y tuvimos que salir corriendo, además me comí un chicle. Me queda un trozo ¿quieres?.
-vale.
Imagen 2
Pasa el tiempo. Una noche escribí unos versos pensando en ella. Una tarde rasgué la corteza de un árbol para poner sus iniciales. Hoy nadie visita aquella arboleda habitada por locos en la noche. El árbol sigue en pie, con su cicatriz tatutada. Yo también sigo en pie. Maltrecho quizás pero en pie.
Imagen 3
Cuando acaba la noche, la gente se retira. Queda tan sólo una pareja sentados junto a la zona de baile. Feria de pueblo. Se miran…
-¿Nos vamos? –dice él.
-Nos vamos –dice ella.
Minutos más tarde se devoran a besos a salvo de miradas.
Imagen 4:
Alguien llama a la puerta de un piso de estudiantes. Lunes por la tarde.
-Quien es?
-Hola, soy yo. Te olvidaste la cartera anoche en el bar.
-Ah!, gracias. ¿quieres pasar?
-Vale.
Imagen 5
Subo unos escalones, hasta salir por la bocana de la plaza de toros…miles de personas gritan, la luz de los flashes me ciega, un guitarrazo rasga el aire, sale Santiago Auserón…treinta y siete grados y un montón de huesos. Cojo su mano...

Rincones prohibidos, besos de fuego. Puños en alto, juegos de magia. Y risas. Noches de pasión infinita, de vino y rosas, de dragones y cuentos de Simbad. Estrellas compartidas, noches de luna llena y sabor a sal.
Hoy pienso que soy alguien con suerte. Quizás eso lo determine casi todo en nuestras vidas, simplemente la suerte necesaria para que las piezas del puzzle se vayan acoplando y encontrar a la persona que encaje en tus huecos.

NOT FEAR

El pasillo del ala oeste es el pasillo del miedo. Se trata de un corredor apenas de cincuenta metros. A derecha e izquierda se abren las puertas de las consultas externas como bocas de un gigantesco monstruo devorador de personas. En asientos de plástico se amontonan pacientes expectantes, pacientes con un común denominador: tienen miedo.
Cada pocos minutos se abre una puerta y una enfermera con acento neutro lee un nombre de la lista. Uno a uno van pasando...tienen miedo.
Juan espera en la puerto de otorrino. LLeva afónico más de un mes y ha perdido dos tallas de pantalón. Él lo intuye todo, y cada día tiene más miedo. No duerme hace tres días. Mirará a los ojos al médico que lo examine, escrutando cualquier gesto que delate pistas acerca de su enfermedad, no sentirá dolor al ser explorado, pues el miedo lo sobrepasa todo, se sentirá herido cuando el médico mire su faringe mientras comenta con la enfermera el último cotilleo...miedo.
Luisa espera al lado de Juan. Va a recoger los resultados de su colonoscopia. La han llamado a casa. También lo sabe. Sabe que si te llaman del hospital después de hacerte una prueba es porque estás jodido. Lleva dos días flotando en su propio miedo. Luisa sabe que los treinta segundos durante los cuales el doctor le comunicará el resultado de su prueba los vivirá como el torero que va siendo atravesado sin piedad, viendo la escena desde fuera. Luisa se agarrará a todas y cada una de las palabras del médico, buscando una esperanza...miedo.
El pasillo oeste. Donde se agolpan pacientes sudorosos, miradas ajenas, enfemeras con prisas, periódicos gratuitos por los suelos, médicos con bata blanca que parecen flotar por encima del vulgo y sus miserias, vidas tóxicas.
Allí esperan Amelia y Carlos. Ella está perdiendo la memoria. Se cogen de la mano, se miran. Amelia sonríe. Llora por dentro la inmensa pena de saber que en pocos meses no recordará a Carlos, ni a sus nietos, ni a sus hijos, ni siquiera recordará cómo sentarse en el wc. Eso se lo dirá el médico en unos minutos...miedo. Por si acaso Carlos besa cada noche a Amelia con los besos que nunca le dio.
Mil historias, miles de vidas a punto de truncarse, miles de almas en la cuerda floja, en el fondo el pasillo oeste, tan recto, es un cruce de caminos para cientos de personas al día. Antonio, que orina sangre no para de rezar oraciones olvidadas hace lustros, y Francisco se está quedando ciego con su diabetes incontrolable cada día más aterrado por la oscuridad que le acecha en unos años. Pedro que se ahoga con sólo dar unos pasos, Andrés enganchado de por vida a una bombona de oxígeno mira el mundo desde los ojos nebulosos del bronquítico crónico, y Julio que escupe sangre hace tres meses tiene un miedo casi irracional.
Víctor Bárcenas se cruza en mitad del pasillo con Andrea, su residente menor (R de segundo año por más señas, Erredós).
-¿Qué tal guapetona? -le dice Víctor desplegando su sonrisa de los viernes.
-Bueno, regular, voy para el comedor, ¿me acompañas? -la cara de Andrea denota tristeza.
-¿Qué te pasa? Estás pálida. ¿Cuándo tienes guardia? -Esta es la pregunta que se hacen el noventa y nueve por ciento de los residentes cada vez que se ven...¿cuando tienes guardia?.
-Nada, estoy cagada de miedo, tengo guardia hoy -responde Andrea.
Víctor coge a Andrea del brazo, entra con ella a una de las consultas vacías.
-Mira esto -Bárcenas saca una radiografía de tórax en la que se ve un tumor que ocupa medio pulmón -es de un paciente de mi centro de salud, he venido a que me la informe el radiólogo. Tiene cuarenta y tres años, mujer, tres hijos y una hipoteca. Casi seguro que la palmará en menos de un año. Él si debe tener miedo. Tú mañana te irás a tu casa, te ducharás, dormirás y disfrutarás tu noche de sábado, capicci?.
-Gracias feo, por cierto ¿y tú cuando tienes guardia? -Andrea ahora sonríe con sorna.
-Calla, que yo tengo mañana, veinticuatro horas, imagina, además estará de cirujano el doctor Prieto, flipo. ¡estoy acojonado!.
-jajaja... -los dos residentes se alejan riéndose por el pasillo cogidos del brazo dejando atrás a Juan, a Luisa, a Amelia y Carlos, a Antonio, a Francisco, a Andrés, a Julio...miedos.

SESIÓN CLINICA

Viernes 5 de Noviembre: A Víctor Bárcenas, le encargan un “trabajito” en el centro de salud, tras ardua negociación entre Don Anselmo y Laboratorios Wanger. Se trata de presentar una sesión clínica. Unos días antes le entregan un CD de laboratorios Wanger en el que se presentan los exitosos resultados de un estudio en diabéticos hipertensos. Se trata de un antihipertensivo.
-Querido Victor, comparar este medicamento nuevo con lo que se usaba hasta ahora es como comparar un Mercedes con un Seiscientos. Y yo quiero que mis pacientes viajen en mercedes –le explica a Víctor su tutor, excelso descendiente de los reyes godos sin duda.
En el estudio en cuestión, llevado a cabo en quince países, todos ellos perfectamente industrializados, en el que participaron ciento treinta doctores (por cierto convenientemente “becados”), se comparan los grandísimos beneficios de un medicamento (llámalo X) en comparación con…no tomar nada (comparación con placebo se llama el negociete). Curiosamente el coste de este tratamiento contra la tensión es de más de cuarenta euros al mes, frente a los tres euros que cuesta el tratamiento usual y eficaz. Finalmente el estudio recomienda que se use el nuevo antihipertensivo porque “se cree que podría mejorar” las cifras tensionales en diabéticos mejor que el tratamiento usado hasta ahora. Incluso tiene la desfachatez de decir: “Deberíamos pensar en dar este medicamento(contra la tensión), a diabéticos no hipertensos”.
Victor sabe que roza lo inmoral el realizar estudios de este tipo, comparando nuevos medicamentos con placebo cuando ya existen medicamentos eficaces, más aún hacer conclusiones que parecen sacadas de una noche de langostinos y Ribeiro
Nos morimos de infartos, accidentes cerebrovasculares, cánceres varios, fruto de diabetes, de tensiones disparatadas, colesteroles diversos, obesidades mórbidas.
¿Nadie planteará de forma seria que si dejamos de comer porquerías y hacer esta vida de marmotas dejaríamos de morir embebidos en nuestra propia manteca?. Supongo que no. Es que eso no vende
Lástima en lo que algunos tratan de convertir la profesión más bonita del mundo: un simple listado de pastillas contra la infelicidad que nos convierte en más infelices.
Victor es el hombre de las mil teorias. Hoy piensa en su teoría del círculo seboso :
-Doctor, soy infeliz, por ello devoro para calmar mi ansiedad y fumo sin parar, como consecuencia me pongo gorda y me canso al andar, lo cual conlleva aumento de la tensión, del colesterol y diabetes de regalo. Cúreme .
-No se preocupe, aquí tiene: paroxetina, diazepan, vareniclina, atorvastatina, candesartán, metformina, atenolol…¿algo más?
-Tomo tantas medicinas porque estoy enferma, eso me convierte en más infeliz, eso me da ansiedad, devoro y fumo sin parar…el círculo sigue.
-No se preocupe, que nosotros, los supermédicos superinvestigadores y superlistos vamos a descubrir un medicamento que le baje más el colesterol, que le baje más la tensión, que le termine de joder la vida hasta convertirla en un rosario de pastillas e inyecciones.
-Gracias doctor es usted muy amable.
-De nada señora, dese por jodida.
Victor lo ha decidido: No va a presentar el trabajo, ni el CD del laboratorio, renunciando con ello a la gratificación que conlleva.
¿Acaso alguien cree que todo esto es fruto de mi imaginación?...Ojalá.
Se gasta más dinero en silicona y en medicación contra la impotencia que en investigar contra el Alzheimer. Consecuencia: en unos años el mundo estará plagado de viejas con unas tetas perfectas, viejos con unos penes durísimos…pero no recordarán como se usan.

KIKOS

El relato que estás a punto de leer no es un cuento. No es fruto de noches de insomnio, ni de soledades compartidas. Es la verdad, la realidad que camina junto a nosotros por la calle. Normalmente dejo volar mi imaginación. Hoy no.
-¿Me das kikos? –dice Ramón.
Hacía más de doce años que no lo veía. Ramón el kikos hoy sería catalogado como discapacitado psíquico. En realidad es el tonto del pueblo. Así de frío, así de duro…así de cruel. Vivo en un pueblecito de la montaña andaluza. En los pueblos como el mío hay cosas que no cambian. Los niños corriendo por la calle, los cotilleos, las puertas abiertas, los viejos mirando obras, el médico, el cura, el alcalde, el guardia civil…y el tonto del pueblo.
Nacimos apenas con dos meses de diferencia, hecho que condicionó que compartiéramos los primeros años de colegio. En aquella infancia de Espinete y Mazinger zeta, de recreos con Tulipán y Revilla, en tardes de pan con chocolate persiguiendo ladrones, Ramón era uno más. Quizás algo más lento en las carreras, quizás más llorón en las caídas, quizás menos ágil en las mentiras, y con una peculiaridad: le encantaba comer kikos. Ramón el kikos le pusimos.

- ¿Me das kikos?.

Pocos años después se fue quedando en cursos inferiores mientras el resto íbamos avanzando. Mientras íbamos asaltando el huerto de naranjos, invadiendo albercas en verano o robando cigarrillos al kiosquero minusválido, Ramón siguió varado en su infancia, en su sonrisa, en sus saludos de hombre mayor, en sus cinco duros para kikos.
La madre de Ramón, María se llamaba, llevaba un tiempo sangrando de forma extraña. Una mañana de Mayo salió con destino al gran hospital de la capital. Iba a ver al ginecólogo tras largos meses de espera. Ramón, ya con diez años, la despidió con un beso en la parada del autobús saludándola alegremente con la mano.
-¡Hasta mañana mamá!!! -gritaba Ramón mientras veía la cara triste y cerúlea de su madre alejarse. María, no volvió. Un cáncer de útero la había devorado, y fallecía días más tardes en un quirófano.

Desde entonces Ramón acudía de forma metódica cada tarde a la parada del autobús a esperar a su madre. Nadie tuvo el valor de decirle nada. Él simplemente se sentaba, con su bolsa de kikos esperando a las ocho de la tarde, hora en la que el desvencijado autobús abría su boca para vomitar nauseosos pasajeros. Ramón siempre ensayaba su mejor sonrisa los dos minutos que pasaban mientras salían los viajeros, firme delante de la escalerilla de salida. Siempre esperaba que su mamá saliera la última. Ramón volvía cada tarde a casa con la cabeza gacha, con los kikos, con la camiseta de naranjito, la gorra de Unicaja y en el bolsillo una preciosa piedra que un día encontró en el río y que guardaba para dásela a su madre.

El día que volviera le demostraría que no era tan tonto como decían, pues había logrado encontrar una piedra genial, totalmente redonda y brillante.

Así pasaron tres años. Una tarde de Septiembre Ramón, al volver de la parada del autobús encontró el cuerpo de su padre colgado de una viga en la cuadra del mulo. Se quedó mirando durante horas antes de poder reaccionar. Lo encontraron por la mañana llorando junto a los pies de su padre.

Días más tarde se lo llevaron a la capital, a casa de unos tíos. Ramón no volvió al pueblo. Nuestras vidas siguieron, acabé al carrera, empecé a vivir, a luchar, a soñar...hasta ayer. Ayer tarde lo encontré en la parada del autobús, sentado en el mismo malecón que hacía años. Paré el coche y me acerqué.

-Hola Salva -su mirada limpia, su sonrisa franca a pesar de tanto sufrimiento me desarmó al instante.

-¿Qué pasa Ramón? -me odié por no saber qué decirle.

-Aquí, esperando, he venido con mis tíos ¿Quieres kikos?

Me senté a su lado. Me dio un puñadito de kikos y nos sonreímos. Salva y Ramón...por unos minutos volvimos a ser aquellos dos niños del pan con chocolate, de mazinger-zeta, de los policías y ladrones. Minutos más tarde llegó el bus de las ocho. Ramón se levantó, no se acercó pero ensayó su mejor sonrisa. Dos pasajeros con prisas se bajaron sin mirarnos. Ramón bajó la cabeza, de su bolsillo sacó una pidrecita redonda:

-¿La quieres?, es una piedra genial. La encontré yo -me dijo con los ojos brillosos.

-Gracias Ramón, la piedra es la leche, la guardaré.

Ramón se alejó con las manos en los bolsillos...lo siento no puedo seguir escribiendo.

PAN Y CIRCO


Son las cuatro de la madrugada y el mundo gira.
A miles de kilómetros el imperio tendrá nuevo Faraón en unas horas. Se decidirá entre un señor de pelo blanco con nombre de patatas congeladas y un producto de marketing con cara de flipado. Cualquiera de los dos, ¿tardaría menos de dos segundos en firmar una pena de muerte por un puñado de votos?. Ganará Obama. Todo el mundo lo sabe. A mí me la trae al pairo.
Aquí en España sigo preocupadísimo por el asunto Falete (Falete-gate). Gran problema sin duda. Si a eso unimos las declaraciónes de la reina (sic transit) entonces ya es que me da la crisis de hiperventilación. La duquesa de alba, octogenaria latifundista decide casarse para pasmo de familias enteras. Otro gran motivo para pensar. Por otra parte, discutimos si el Barcelona es imbatible, si Raul debe jugar o si a Fernando Alonso le pica un huevo.
Decimos que los romanos eran unos cafres por ignorar la decadencia del imperio con pan y circo…nos quedamos más anchos que Pancho, nosotros nos consideramos mejores.
Suerte que me gusta el buen queso, con una copa de Protos, esa sería mi cena, a tu lado mirando arder la chimenea. Comeríamos queso, beberíamos vino, luego nos comeríamos y nos beberíamos mutuamente. Mientras sigue el circo de las barras y las estrellas.

LA TERCERA CAMILLA

Dicen que la vida está llena de claroscuros. En sillones no es así. Allí la vida es en blanco y negro. Sillones es la zona de observación del hospital de Víctor Bárcenas. También conocida como la trinchera. Son las cuatro de la madrugada, y el residente Bárcenas barrunta su teoría del humor (Víctor, el hombre de las mil teorías): A partir de las tres de la madrugada todos estamos de mal humor, salvo tres honrosas excepciones:
a.-Estás pidiento en trigésimo quinto cubata en la barra de un pub.
b.-Estás a punto de conquistar a una chica que tiene un gran parecido con Anne Hataway
c.-Acabas de recoger del suelo con extremo disimulo cincuenta eurazos que alguien perdió.
El resto de situaciones vitales, las afrontas de mal humor, más aún si llevas diecisiete horas trabajando sin parar. Sin embargo algunos pacientes/usuarios/clientes tienen la certeza de que el médico de urgencias es una especie de ser mitológico que, inasequible al desaliento y al cansancio físico/psíquico, y en virtud de una vocación semi-monjil espera con anhelo la llegada a su consulta de odontálgicos, insomnes, dispépticos, gotosos, borrachos y flatulénticos...MEEEC!!! Error. Victor se limpia las gafas y mira a su alrededor:
Una enfermera dormita ante un libro, la otra juega a Mahjong en el ordenador (es curiosa esa desaforada afición de ciertas enfermeras por el Mahjong y los libros gordos). El celador no está ( qué raro...) Detrás de él, el área de camas, con sus rítmicos pitidos.
Amiguitos...Bienvenidos al circo del dolor, al círculo de las noches sin risas, sin rencores, porque ni siquiera odiar se puede en este sitio, sólo queda aferrarse a la vida. Bienvenidos a la noche de sábado en urgencias.
-Joder, esta noche parece que Dios se olvidó de este rincón -dice Víctor-nadie lo oye.
Tres camillas: Un borracho duerme sus vómitos negros en la camilla. Junto a él una adolescente suicida con su sonda en la nariz, su estómago venenoso y sus lágrimas benzodiazepínicas. En la tercera camilla está Juan.
Tres Sillones: Dolor epigástrico. Mujer de veintinueve años; me-duele-el-estómago, en realidad tiene miedo a la verdad: me-duele-el-alma. Bronquítico crónico de ochenta y dos años, atado a su bombona de oxígeno, sus sueros, sus aerosoles. Su vida, como siempre, pendiente de un hilo. Cabecea en el sillón envenenado por el carbónico que le da ese sueño que algún día lo matará. Gasometría por la mañana y alta. Volver si empeora...volverá. En un rincón, a oscuras, una mujer de cuarenta y tres años une su brazo a una bolsa roja. La están tranfundiendo. Anemia microcítica en estudio. No puede dormir. Piensa en su niño Jaime, de doce años que aún no hizo los deberes. Ignora que en dos meses un cancer de colon terminará de devorarla...y Juan.
Juan está en la tercera camilla. a sus noventa y cuatro años estaba muriéndose tranquilamente en su casa. Llevaba dos días sin comer ni beber. Es un hombre sabio, y sabe que ya es la hora. No le importa. Se moría, se apagaba tranquilamente rodeado de los suyos. Esta tarde llegó su nieto de Bilbao. Airado ante la pasividad familiar, llamó a la ambulancia que lo trasladó al hospital (¡esto no pasa en Bilbao!).
Ahora sigue igual, muriéndose, pero con una aguja en el brazo, un tubo por el pene y una mascarilla que le manda aire helado a la boca. A su derecha un borracho no para de decir estupideces, y a su izquierda una chica con los pelos violeta llora desconsoladamente. Juan se va a morir como jamás quiso, con el culo al aire y rodeado de extraños jugando al Mahjong.

FISICA Y QUIMICA

Aquella madrugada Beatriz se sintió el ser más indefenso sobre la tierra. Era una de esas madrugadas frías y secas de su tierra, una de esas noches en las que el tiempo parece morir presa de la escarcha inmóvil.
Un escalofrío ya familiar recorrió todo su cuerpo al despertar. Las tres de la madrugada y, una vez más, el mismo pensamiento que martilleaba su cerebro implacable desde hacía días. ¿Por qué?.
Una sensación en extremo desagradable, despertar en la madrugada y sentir que el sueño te ha abandonado y que un pensamiento intruso se impone al resto. ¿Por qué?
En doscientos veintitrés días dinamitaron su alma.
Beatriz Luengo, 37 años. Era la profesora de filosofía más brillante de la facultad. Todo un futuro profesional por delante. Sus grandes ojos negros y su escultural figura hacían además que Beatriz fuese el codiciado y secreto objeto del deseo tanto de profesores como de alumnos.
Una tarde de Mayo conoció a Javier. Aproximadamente de su edad, quizás algún año menor, Javier Mesta era un conocido abogado de éxito en la ciudad. Compañero de Beatriz en el gimnasio, se habían cruzado miradas en varias ocasiones, hasta que finalmente coincidieron en una fiesta de Pili Gracias, amiga común de ambos. Lo que comenzó con unas risas continuó con la clásica historia de chico-conoce-chica, y tres semanas más tarde Beatriz flotaba en una nube que la transportaría durante los siguientes doscientos dos días.
Sin duda había conocido a su media naranja. Aunque siempre dijo que eso eran cuentos de adolescente, Beatriz estaba convencida de que Javier lo era. "Mi media naranja", solía decir, mientras su sonrisa reflejaba la mezcla más perfecta entre ilusión y pasión. Ideal como compañero de risas, de paseos, de charlas interminables, compartían absolutamente todo.
Beatriz se sabía una mujer culta, había leído muchísismo acerca de sentimientos, filosofía, psicología. Incluso había llegado a bromear con aquella frase de Severo Ochoa "el amor es física y química, además es una enfermedad que se cura con los años". Ahora comprobaba que había algo más que física y química...mucho más que física y química.
Y una tarde de invierno, Javier simplemente no apareció más. "Bea, lo siento, pero lo nuestro no va, no le veo futuro. Cuídate y sé feliz". Una simple nota en la nevera zanjaba doscientas noches de amor. Frases manidas, usadas mil veces, falsas disculpas. Puñaladas gramaticales que la desgarraron como el rayo parte un árbol. Lo siento, cuidate, sé-feliz...palabras que se repitieron una y otra vez en su cabeza durante semanas.

Supuso que la historia de la humanidad estaba plagada de historias como la suya, de errores, de traiciones, de desamores. Supuso que la tierra se hallaba plagada de seres como ella, desheredados del amor, expulsados de un tren a patadas sin derecho a nada. Imaginó que ese acero helado que cada mañana la partía en dos era algo normal. Pero cuánto le dolió sólo lo supo ella.
Y cada noche se despertaba mirando el hueco destinado a Javier, sintiendo cómo un frío pedernal rajaba sus entrañas, notando cómo en su cabeza pugnaba el odio, el despecho, y la absoluta certeza de que venderia hasta su alma por compartir su otro lado de la cama con "su media naranja".
Mil veces intentó racionalizar sus sentimientos. Mil noches tragándose su propia hiel, mil días aprendiendo a no odiarse. Hasta conseguirlo.
Beatriz Luengo volvió a encotrarse con Javier Mesta. Fue varios años más tarde. El abogado de éxito seguía teniendo cierto atractivo, seguía vistiendo con una elegancia impoluta, seguía con esa mirada felina que enamoró a Beatriz...Era una fiesta de fin de año, cinco minutos antes de la medianoche. Beatriz se acercó a Javier entre la multitud hasta quedar a tan solo unos centímetros.
-Javier... -dijo Beatriz Luengo
El abogado giró su cabeza...
Pero esta historia no es cierta. No existen profesoras de filosofía tan guapas, ni abogados de éxito tan cobardes, ni traiciones tan certeras, ni noches de desgarro y soledad. No existen lágrimas desesperadas ni amores brujos. Total, el amor es pura física y química...¿verdad?.

DON ANSELMO

Anselmo Liendres del Real, tutor de Víctor Bárcenas. A sus 58 años es considerado por sí mismo una eminencia mundial en la Medicina de Familia, basándose en el hecho de que un día memorizó los 206 huesos del cuerpo humano y además se conoce los 31 nombres comerciales de la amoxicilina.
Hijo de una familia acomodada de Jerez (la familia Liendres es conocida por criar caballos de raza), el señorito Anselmo acudió a los mejores colegios sevillanos desde su más tierna infancia (lo de tierna es por su cara mofletuda y su adiposa cintura). Los planes de doña Faustina Liendres estaban muy claros: Anselmito debería promocionar para obispo, gobernador civil, comandante de la marina, juez de paz, registrador de la propiedad...o médico. Finalmente Anselmito se decantó por la medicina para desespero familiar, con el firme convencimiento de que se forraría en pocos años poniendo la pantalla y cobrando las visitas a quinientas pesetas, sumado a la convicción absoluta de que vería infinidad de damas en ropas íntimas (craso error por supuesto).
Lo que no entraban en los planes del bachiller Liendres era que su meteórica carrera debería pasar por catorce años de Universidad. Fueron necesarias varias remesas de jamones 5-jotas para convencer a determinados profesores de la idoneidad de Anselmito como Galeno. Mención aparte la gestión que tuvo que hacer don Máximo Liendres, padre del iterfecto, para que un descarado joven profesor de Patología General venido de Suiza llamado
Peter Bissel, incorruptible y empeñado en suspender a su criatura fuese expulsado por rojo gracias a una oportuna conversación entre don Máximo y el Ilustrísimo señor decano don Gumersindo Polo en los prolegómenos propios de la entrada al burdel de calle Banderola, pero eso es motivo de otro post.
Entre 1982 y 1998, Anselmo descubrió que no se podía hacer rico practicando la medicina, pues nadie pagaba por sus servicios, así es que debió coger plaza en el seguro, donde aprendió cuatro grandes aforismos médicos, con los que solventaba el 97% de sus visitas:
aforismo 1: "Usted tiene el corazón más grande que la caja" .
aforismo 2: "Usted sufre de artrosis reumática".
aforismo 3:"Su hija necesita buscarse un novio y casarse" .
aforismo 4: "Le voy a pedir una analítica completita, pero completita, hasta con la velocidad y todo".
En caso de fallo de los aforismos previos, (3 % de los pacientes), siempre quedaba el plan B: "Con este papelito, se va a ir a las urgencias del hospital, pero pitando".
En 1999 decidió hacerse cargo de la formación de Residentes, pues su extremada sapiencia no debía caer en saco roto (aparte de saber que un residente le aliviaría el duro trabajo como médico de Familia).
Don Anselmo, idolatrado y respetado por su cupo, inveterado recetador de neobrufenes en sobre, convencido de que su preciada masa neuronal derivaba genealógicamente de sangre Borbona, o al menos Beltraneja, se acaba de pedir un permiso de 4 días para escrutar en los libros de registro civil su arbol genealógico, dejando a Víctor a cargo de la consulta.
Mientras el residente Bárcenas explora a un paciente de ochenta y tres años con una uña encarnada mezcla entre mejillón gallego y espolón de águila imperial, don Anselmo comprueba con horror que en realidad es descendiente de una familia de ladrones de ganado que hicieron fortuna robando caballos en el sur de Portugal. Un secreto más que callar hasta el resto de sus días.
Víctor sigue pensando que le encanta su profesión, porque así lo siente...además sigue pensando que debe llamar a Sandra...algún día.

TRES SEGUNDOS

Vemos una película y nos emocionamos.
Oimos canciones que nos llegan a conmover.
Muchas flores e insectos están en peligro de extinción,y nos indigna.
Las ballenas y las focas pueden desaparecer,y nos movilizamos.
Nos emocionamos incluso viendo una puesta de sol o ver caer la lluvia.
Un niño muere en el mundo cada tres segundos de hambre y falta de alimentos. Piénsalo bien.
Un, dos, tres...cada tres segundos. Es espeluznante. Nadie se mueve.
Nuestro mundo se acojona porque suben las hipotecas, porque no nos podremos comprar esa moto que queríamos, porque "con la crisis" no iremos de viaje a Nueva York.
Un, dos, tres...ellos no entienden de nuestras crisis, simplemente se mueren para siempre.
A veces pienso que soy un poco bipolar (¿quién no lo es haciendo Medicina de Familia?), otras que soy una mezcla entre romántico del siglo XIX, estoico griego y un poco Schopenhauer por supuesto. Otras veces, simplemente me considero un caradura (y quién nacido a orilas del Méditerráneo no lo es un poco...). De todas formas, si alguna vez dejo de creer que es necesario luchar contra lo injusto, te autorizo a que me escupas a la cara. Un, dos tres...no lo olvides.

CONSULTA DE TARDE. MBE

Consulta de tarde. Los pacientes de la consulta de tarde del cupo de Víctor Bárcenas son diferentes. Aparte de los pacientes dados de baja ( ignora la causa de que les venga mejor venir por la tarde a coger el parte de baja, por supuesto no es porque estén trabajando por la mañana en negro, jamás se le ocurriría pensar así de sus pacientes/usuarios/clientes...), vienen otro tipo de pacientes; aquellos que piensan que el médico por la tarde tiene más tiempo para atenderles. Se trata de un efecto psicológico. Cuando llegan ven los pasillos semivacíos y suponen que el médico está aburrido, por ello se sientan y empiezan a contar sus penas, desgranando historias una tras otra. Esta tarde Víctor asistió demudado a una conferencia magistral de doña Francisca acerca de las diferencias entre comprar en Carrefour y Eroski, toda una delicia de conversación...
El residente Bárcenas acaba de hacer un curso de cuatro días acerca de la gestión de recursos y otro de Medicina Basada en la Evidencia (MBE). Hoy está dispuesto a poner en práctica cuanto ha aprendido. Última paciente de la tarde. Mujer de cuarenta y dos años. Acude para solicitar la ambulancia para trasladar a su madre de ochenta y siete años, que por otra parte está en cama desde hace cinco, porque le han dicho que el DNI lo tiene caducado. Necesita una ambulancia que la traslade a comisaría. De paso necesita un pase para hacerse una densitometría, que en la tele han dicho que es importantíiiiisimo hacerse una, además de una mamografía.
Esta es la suya. Sin duda en esta ocasión va a desplegar sus dotes de gestor de recursos y gran conocedor de la MBE.
-Señora, mire usted, está científicamente probado que una mamografía a su edad no tiene ninguna rentabilidad diagnostica, el valor predictivo positivo, así como múltiples estudios lo avalan. No digamos la última revisión Cochrane, donde se hace un detallado estudio que...
-Oiga joven, ¿usted es médico?, yo creía que era el ayudante de don Anselmo...
-Pues sí señora, soy médico, y a propósito de la rentabilidad de la densitometría le diré que...
-Mire usted joven, yo llevo treinta años pagando el seguro, así es que creo que me merezco una mamografía. Y digo yo, que usted no va a saber más que el médico de la tele. Vamos, digo yo...¿puedo hablar con don Anselmo?.
En se mismo instante entra don Anselmo Liendres, cátedro de la Medicina de Familia, y experto em cirugías varias. Don Anselmo simpre creyó que las siglas MBE aludían a Muy Buen Entrecot.
-¡Doña Amalia qué alegría verla por aquí!. por cierto, ese Ribera del Duero del 96, exquisito.
-Buenas tardes don Anselmo -sonrisa triunfal de doña Amalia Repiso -estaba discutiendo con SU AYUDANTE la necesidad de hacerme una mamografía y una densitometría de los huesos.
-No se preocupe doña Amalia, eso está hecho en un periquete. Por favor Víctor,¿ le puedes ir rellenando las peticiones?.
Una vez más Víctor Bárcenas es el residente Bárcenas. Algún día aplicará todas esas cosas que aprendió sobre Medicina Basada en Evidencias y gestión equitativa de recursos. Algún día...

DOS AÑOS SIN FUMAR

Hoy hace dos años que dejé de fumar. Otras veces lo había conseguido, pero siempre recaí. Esta vez no. De todas formas, creo que no me convertí al anti-tabaquismo, tampoco me convertí en un talibán antifumadores. Comprendo que el fumar es un placer y que hay gente que disfruta con ello, otra que no puede dejarlo, otra que no quiere, casi todos tienen mi simpatía. Es el juego de la vida. Tampoco me molesta que la gente fume a mi lado, debo ser alguien atípico en ese sentido.
De hecho considero que el hecho de fumar sigue teniendo cierto atractivo. La pose en el fumar de determinadas mujeres sigue diciendo mucho de ellas...y de ellos. De todas formas espero seguir sin hacerlo. La causa me la reservo...

PRETÉRITO PLUSCUAMPERFECTO, SUBJUNTIVO.

Acabo de llegar a casa tras quinientos cincuenta y dos kilómetros de carretera. Me gusta recorrer grandes distancias en soledad
He ido rememorando canciones de mi infancia, de mi primera adolescencia. Son esas canciones que dejamos años aparcadas en la memoria, y de pronto un día: Zas! vuelven y eres capaz de cantarlas de un tirón, como si acabaras de cantarlas hace diez minutos. Y al recordarlas evocas sonidos, olores, colores y sensaciones tiempo atrás olvidadas.
Recordé a aquella profesora de aspecto bohemio que se confesaba comunista y enamorada de París, siempre con sus canciones y sus ilusiones. Siempre con su bufanda a cuadros y su gorro "a la francesa". Siempre empeñada en enseñarnos algo más que el pretérito pluscuamperfecto.
-Bon jour mes amis! -repetía cada mañana regalándonos su sonrisa.
-Bon jour Lola -decíamos al unísono los púberes mientras se terminaban de despertar unos, se estrujaban unos insolentes barrillos otros, o pensaban en aquel chico de segundo B tan moderno las más.
Lola, la de francés; ella nos enseñó que el alma se compone de tres partes: pasión, sentimiento y emoción, siempre en continuo movimiento emociones, sentimientos. Pasión...siempre buscando un equilibrio, y siempre en tensión. Esa es la gracia del asunto, la gracia de la vida. Sin pasiones, sin sentimientos, sin emociones no seríamos diferentes a un simple boniato. Entonces no comprendíamos, cegados por la premura hormonal de los quince años, bloqueados ante la lejana posibilidad de quedarnos a solas con aquella chica, de poder llegar a besarla furtivamente...de plantearnos la posibilidad de llegar a algo más ni hablamos...
Lola, la de francés, nos dio clases en primero y segundo de BUP. El tercer año la esperábamos con la frase preparada: -Bon jour Lola.
Apareció un señor alto y con cara de bonachón.
-Hola, soy Carlos Trigueros, vuestro profesor. Dolores Vieza no vendrá este año. Se ha ido a Francia.
Allí mismo nos comimos nuestro saludo, cinco minutos más tarde nadie recordaba a Lola, la de francés. Yo siempre la recordé. La imaginé dejando todo atrás y volando detrás de sus sueños, de sus pasiones, en busca de sus verbos parisinos. Nunca volví a verla.

Terminé el viaje recordando sus canciones, y que hoy adquieren un significado que entonces no tenían...

Dis, pourquoi les hommes pleurent
Quand ils se retrouvent seuls ?
Dis, pourquoi les hommes meurent
De savoir qu'ils sont trop seuls ?

Dis-moi pourquoi tu reviens
Les yeux rougis par le chagrin ?
Je ne peux imaginer
Que tu aies appris à pleurer

Dis-moi qui a réussi
À changer à ce point ta vie ?
Apprends-moi le nom de celle
Qui t'a enfin coupé les ailes

Dis, pourquoi les hommes pleurent
En se cachant comme des enfants ?
Apprends-moi pourquoi j'ai peur
De te voir pleurer maintenant

-Bon jour Lola, merci beaucoup.

SHMUEL Y BRUNO...PIJAMAS A RAYAS

"La inocencia de los colores, sabores y olores de la niñez desaparecen en la oscuridad de la razón", con esta frase empieza una de las mejores películas que ví en los últimos años. El niño con el pijama de rayas es una película para reflexionar.Tierna y a la vez tremendamente dura. Shmuel y Bruno, dos niños separados por las alambradas de la locura humana. Una locura incomprensible pero real.
Y tremendo final: La película acaba con el plano frontal de una puerta. Treinta segundos en los que te quedas mirando esa puerta, rodeado de un silencio absoluto, terrible, sobrecogedor, en una sala en la que cien personas no se atreven a mover un músculo, todas esperando que pase algo, lo que sea,pero que pase algo más que nos devuelva la ilusión en el ser humano. Treinta segundos donde te preguntas si es posible tanta locura, tanta injusticia. Es posible.
Fundido a negro. Fin. Sigue el silencio en la sala, nadie se mueve.
Absurdo, pero anoche soñé con estos niños con los pijamas de rayas.


AMANECER EXTRAÑO

Esta mañana me he sentido extraño, raro, como ausente. La verdad es que anoche me acosté como como siempre, pero parece haber ocurrido algo, pues me he sentido irreal.

Cada mañana al levantarme repito los mismos tres gestos: salgo a la terraza a respirar, pongo el café y enciendo la radio.

Esta mañana el amanecer me resultó más oscuro, el café más amargo, incluso no llegué a conocer la voz del locutor que hablaba en la radio.

Parada del autobús que me lleva al trabajo. Normalmente siempre somos los mismos los que esperamos. Menos esta mañana. Otras caras de sueño, otras miradas. Incluso creo que ellos me miran como un intruso en su rutinaria estancia en la parada del 8.

Una vez en el autobús me siento extrañamente solo, como en una película, como fuera de lugar.

En mi mente se agolpan síntomas y síndromes mil veces estudiados:

-Deterioro cognitivo, primero síntomas de demencia tipo Alzheimer: ¿realmente recuerdo qué cené anoche? ...Repita esta frase: en un trigal había cinco perros.

-Esquizofrenia paranoide: ¿realmente me están mirando los que me rodean? ¿qué pensarán de mí?

-brote psicótico por abuso de estupefacientes: ¿se puede considerar el hecho de ver Gran Hermano un abuso de estupefacientes? En otro caso descarto la posibilidad.

-Shock postraumático: nueve tardes en un mes en la Unidad Docente de cursos, cinco guardias (dos de ellas de 24 horas y tres de 17), cuatro días de congreso, un viaje a Sevilla, otro a Madrid, cinco saliente-de-guardias, un trabajo de investigación, podrían producirlo, pero eso es el planning de noviembre y estamos en octubre.

-Neurosis conversiva: Entre Harrison y Freud me tienen frito, pero no creo que sea para tanto...

Mis diagnósticos diferenciales no llegan a más..el autobús para frente al centro de salud. Me dirijo a la puerta. Está cerrada.

Mierda, otra vez me equivoqué al poner el despertador ...

FOCALIDAD NEUROLÓGICA

El otoño ha llegado con fuerza, con mala uva a este Sur tan árido que a veces me duele. Hoy no me encuentro con ganas de escribir, quizás me faltan las fuerzas, quizás me falta el ánimo.
Hay días en que no estás para nada, hay días para depositarlos en la papelera. Quizás hoy sea uno de ellos...quizás no.
Pienso y escribo: La mejor forma de predecir el futuro es inventarlo. Invéntate tu futuro, diseña tu destino...vuela.
Disquisición hecha entre las 10.30 y 10.45 mientras cae la de Dios es Cristo sobre mi consulta en forma de lluvia implacable y truenos castigadores. Minutos más tarde hace acto de presencia (con media hora de retraso, ejem ejem...) un paciente y su señora, octogenarios ambos. Me cuenta la señora que el marido está muy decaído ultimamente, con poca fuerza, que se le quedan las manos dormidas.
Lo que me faltaba, con la depre que tengo hoy y me toca exploración neurológica. Lo siguiente qué será ¿crisis hemorroidal?.
-Póngase en pie -le digo.
-Cierre los ojos.

-Levante los brazos
-Haga fuerza sobre mano elevando los hombros. No así no , mas fuerte, eso es.
-Apriéteme la mano. No así tan fuerte no hombre! .
-Eleve las cejas .
-Sonría. Muy bien.
-Enséñeme los dientes.
-No puedo doctor -responde
-Ajá, focalidad neurológica. La pillé...es que una buena exploración neurológica siempre acaba encontrando el más mínimo deterioro neurológico, ya me lo dijo aquel internista tan "simpático" -¿no me puede enseñar los dientes? ¿no tiene fuerza en los labios? ¿se le desvía la boca?, ¿se la cae la sopa al comer?. Usted va a tener una parálisis facial central caballero.
-No, es que me dejé los dientes en la mesita de noche, si quiere verlos mando a mi mujer a que se los traiga.
Vale, el abuelo acaba de alegrarme la mañana, y creo que el resto de la semana. Me gusta la Medicina de Familia ( y Comunitaria).
Fragmento del diario de Víctor Bárcenas, escrito sobre un papel de recetas y posteriormente arrojado a la papelera.

SANDRA...SANDRA

-¡Doctora, doctora, venga rápido por Dios!!!
El familiar de un paciente en la zona de observación grita con la cara desencajada a la doctora. Ella se levanta de un salto y corre hacia el paciente. Ya la ha liado de nuevo. Un paciente pendiente de pasar a camas. Seguramente se ha parado (léase muerto en lenguaje coloquial).
-Lo sabía, lo tenía que haber pasado antes –piensa la doctora mientras una especie de calambre recorre su cuerpo imaginando el Cohíba que le va a caer (léase purazo en lenguaje coloquial). Se acerca…
-¡Doctora, que a mi padre se le está acabando el suero!
El miedo más grande de los pacientes no es el infarto, la trombosis, la gangrena ni la muerte súbita. El que se le acabe el suero y le entre aire en las venas, lo cual provocará que muera entre grandes sufrimientos, lleno de aire el cerebro por culpa de la enfermera que se fue a fumarse un cigarrillo es un pánico superior a todos. Ignoran que es imposible que suceda. La doctora Sandra Rupérez respira (se da cuenta que lleva diez segundos sin respirar). Sandra.
Sandra…la residente mayor de
Víctor Bárcenas.
Dos años antes…
Sandra Rupérez es hija de uno de los abogados más reputados de la ciudad (Victor siempre supo que lo de reputado sólo podía ser por dos cosas: o bien era por las tremendas putadas que se gastaba en los juicios, o bien por su afición a las meretrices y casas de alterne. Victor se inclinaba más bien por lo segundo dada la pinta de sátiro que se gastaba el muy melón).
Desde que la vio el primer día Víctor supo que aquella chica le gustaba. Guapa hasta no poder más, como decía Víctor, era lo más antitético a él y a la vez lo más parecido.

La típica niña pija, familia bien de la clase alta de la ciudad. Educada en un ambiente opusino, su infancia estaba plagada de mañanas en colegios de monjitas, faldas tableadas y jerseys azulmarino. Tardes tocando el piano en el té con pastas de las amigas de mamá, juegos con los primos Carlos Alfonso y Merceditas. Y fines de semana haciendo ejercicios espirituales entre personajes de mirada torcida.
Todos tenían asumido que Sandrita estudiaría derecho o económicas, y posiblemente se casaría con algún chico bien que conocería en la facultad (Cayetano, el hijo de don Lorenzo Medina otro reputado juez sería ideaaaaaal).
Pero Sandra creció…
A los diecisiete decidió que estudiaría medicina para irse con las monjitas del sagrado corazón a predicar en tierras africanas.
-Mira hija, eso de las monjitas está muy bien, pero tú… tú te mereces otra cosa. Te hemos hecho reserva de matrícula en Económicas en Navarra –le dijo una tarde su padre, apodado secretamente por Víctor el melón opusino.
Pero Sandra se mantuvo en sus trece. Es más, al acabar la carrera decidió que no cogería cardiología ni endocrinología ni dermatología como querían sus papis, especialidades de rancio abolengo y nombres bien largos. Cogería Medicina de Familia.
-¡¡¡Con dos cojones…!!! –le dijo guiñándole un ojo su profesor de bioquímica Peter Bissel, un vetusto profesor, médico de relumbrón en los años 60, suizo enamorado de España y relegado a los sótanos de la universidad por las altas instancias políticas hace más de 30 años por haber participado en las revueltas estudiantiles, eso es motivo de otro post.
Peter Bissel también fue el gran aliado de Víctor durante sus años de facultad, en los que pasaron tardes enteras delante de un café y un tablero de ajedrez hablando de lo humano y lo divino, de los peones y los alfiles de la vida, de los reyes y reinas. De las torres.
Fue Bissel quien los presentó una tarde de enero en el café del teatro. Víctor gustaba de dejarse caer de vez en cuando por allí. Acababa de llegar de Granada el día después de examinarse del MIR y le apetecía castigarse un poco con los amigos. Casualmente se encontró a Bissel y le estaba contando lo que todo el mundo cree único y superinteresante: su peripecia en el examen MIR. Ignoraba que era la misma cantaleta que Bissel había oído mil veces a sus exalumnos, aunque prestaba educada atención.
-¡Profesor Bissel!! –la voz de Sandra irrumpió como un rayo en la conversación ex alumno-profesor (no ex profesor, pues nuestros profesores los sentimos como tales de por vida, aunque dejemos de ser sus alumnos).
Sandra Rupérez. Sin duda los años de educación neocatecumenal dejaron en ella marca. Tenia el aspecto de niña bien, cara angelical y aspecto de no haber roto jamás un plato.
-La persona que jamás te haría daño…o que te haría tanto daño que te jodería el resto de la vida –pensó Víctor.
Venía fumando. Al darse cuenta de este detalle Víctor se supo perdido. No sabía por qué , pero una chica tan adorable que fumara con aquella pose era algo irresistible. Supuso que Freud tendría mucho que decir al respecto, pero el pobre se hallaba criando malvas longtime ago.
-Bueno, voy a depositar unos troncos en el aserradero –era la forma que tenía Bissel de decir que iba al wc , expresión aprendida durante su estancia en Canadá siguiendo a una adorable francesita que lo abandonó por un leñador alsaciano.
Se quedaron solos. Miradas.
-Joder, joder joder, ésta me ha trincado – al menos el preMIR Bárcenas era sincero consigo mismo. Estaba atrapado en aquellos ojos…