AL FINAL DE LA ESCALERA

Hoy no escribiré acerca de enfermedades, ni pacientes ni batas blancas. Ni pijamas verdes, por cierto mis favoritos.
Fin del verano. Mi playa cambia de color. Los amarillos y rojos pasan a naranjas y grises perla...me encanta. Hago una foto.
No tengo prisas.
Anoche. Una niña de cinco años hecha un ovillo al final de la escalera. Mi mirada va subiendo, peldaño a peldaño en la semipenumbra que da la luna llena filtrándose por la ventana. Y distingo sus ojos brillando en la noche. Ha llorado.
Subo con sigilo, como no queriendo dañar el silencio. Uno, dos , tres...me acerco a ella.
Acostada sobre el marmol desnudo me mira. nada me produce más ternura que su mirada, que su silencio.
Por la mañana volverán las reprimendas, los vamos-levantate-ya, no-veas-tanta-tele, cometelo-todo, los venga-que-llegamos-tarde, el no-me-gusta-la-sopaaaa...
Pero esta noche, en este segundo, viendola en el suelo...ojalá hubieran palabras.
Me acerco más, la beso en la nariz.
-Venga guapísima, vamos a la cama -le susurro.
-Papi... -me dice
-¿Pero qué haces aquí en la escalera? Te vas a helar.
-Papi, tenía miedo en mi cuarto...
-No te preocupes, el miedo no existe.
Ella sonríe y se deja coger en brazos mientras cierra los ojos.
...el miedo no existe, los miedos no existen más que en la infancia...o eso creemos, mientras nos asaltan cada día los miedos diarios: El miedo a la enfermedad, a lo desconocido, a la muerte, a la soledad, a la locura, a los dioses, al vecino, al diferente. El miedo a la pérdida de empleo, al jefe, al enemigo, a nosotros mismos...miedos.
Ojalá los miedos adultos siguieran siendo miedos a un gato que juega en la noche.
Con suavidad la deposito sobre las sábanas y la arropo.
-Papi, tengo miedo...quédate conmigo.
Los pedagogos, maestros y psicólogos dicen que no se debe, pero esta noche me acostaré a su lado, ambos lo necesitamos.
Acaricio su pelo mientras se va durmiendo con una sonrisa en los labios, y yo me voy durmiendo con una lágrima en la almohada.
Mañana, primer día de colegio...
Dedicado a Anna, que ayer me inspiraste. Estas cosas son así.

1 comentario:

Marta dijo...

Tengo que darte la enhorabuena y un millón de gracias por compartir tanto de ti con los demás.

Ojalá nunca nos paralice el miedo a no ser comprendidos, a decir lo que pensamos a dar a los que nos rodean un poquito de lo que somos.

De verdad, te doy las gracias por ser como eres, y por tu amistad.

Un abrazo enorme