ENCUENTROS DIFÍCILES

Víctor Bárcenas hoy está de buen humor. Recientemente asistió a uno de esos cursos para residentes de medicina de familia.Tema: "encuentros difíciles". Se trataba de uno de esos cursos en los que enseñan al médico a controlar sus propios impulsos, a reconocer sus propios demonios, a respirar diez veces antes de arrojarse por la ventana.
Casi lo desea en lo más interno de su ser. Le apetece visitar a uno de esos pacientes que periódicamente logran derribar todas sus defensas con un simple comentario.
La mañana empezó genial, Victor había encontrado al fin el calcetín rojo que desapareció hace meses. El dilema es que era el quinto calcetín desparejado que acumulaba en pocos meses. Había tres cosas que lograban ponerle de los nervios a las siete de la mañana y seis minutos, hora de su despertar diario: No encontrar la ropa interior de la que se había desprendido la noche anterior al desnudarse apresuradamente en un arrebato amoroso, no recordar el nombre de la chica que dormía a su lado, y acumular en su cajón del baño calcetines desparejados. Nada de ello había sucedido esa mañana, y además había un calcetín menos sin pareja.

Nueve de la mañana y treinta y dos minutos: La paciente, de unos cuarenta años, se sienta frente a su mesa:

-Es mi momento -se dice Víctor intentando recordar todas las claves aprendidas días atrás.
-Doctor, vengo para que me de un pase para el ginecólogo. El caso es que me operaron hace dos años porque tenía un dorito en la matriz -(no era un cheetos, era doritos...¿?)- piensa el médico residente -Además quiero otro pase para el médico de huesos porque tengo mala la cervical y eso me da subidas de tensión nerviosa. Por cierto me noto el colesterol más alto ultimamente, creo que si me hiciera un análisis...
Doctor Bárcenas no sabe si llorar o reir. Cualquiera de las dos opciones, no es factible delante de la usuaria, cliente, paciente...opta por levantarse, va al baño y se mira al espejo.
-Joder -piensa- tres días preparándome para pacientes de este tipo, y en veintitrés segundos me ha desarmado.
Respira diez veces...y sigue.

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