MI PLAYA SECRETA

Hay momentos en la vida en los que de pronto te encuentras con alguien. Hay momentos en que ese encuentro es algo más que un cruce de caminos, un cruce de miradas, es algo más, es un cruce de vidas. En ese instante, la chispa de la magia surge de la nada, y una especie de escalofrío recorre tu cuerpo, te sacude, y luego te suelta violentamente sobre la realidad.
Ayer me sucedió algo así.
A veces me gusta navegar por la red como el viandante por las calles de tiendas, simplemente mirando realidades, y algunas veces he llegado a encontrar cosas realmente sorprendentes, como fue el caso de Schneckenraum, el sueño del caracol, del cual hablé en otro post.
Hace apenas unos días me dedicaba a eso...a dejarme llevar por el flujo de información de la red (flowing in the wind que diría Dylan...),,y de pronto una especie de calambre brutal recorrió todo mi cuerpo, sacudiéndome como hacía meses no me sucedía.
Normalmente suelo escribir en una playa, mi playa. Es una playa secreta, que no comparto con nadie, y en la cual lloro mis soledades, y canto mis penas más íntimas.
De pronto, en apenas quince segundos, descubrí que alguien más comparte mi playa. Nunca coincidimos en el tiempo, pero es la misma playa, los mismos colores, la misma sal, los mismos olores. A esa persona, hoy dedico mi post. Algún día la conoceré. Gracias por compartir algo tan íntimo.
Esto es lo que leí:
"...A orillas del Mediterráneo, una noche de San Juan, me besé apasionadamente con una mujercita que se me llevó la virginidad y a la que no volví a ver nunca. En un mar negro pintado de estrellas me bañé desnudo con aquella rubia belga a la que tanto quise; ella me abrazó y me susurró al oído un te quiero dulce y salado que me caló hasta lo más hondo. El mar también me ha visto llorar. Aquella tarde en que supe que había dejado de ser niño bajé a la playa, me senté en la orilla y me aferré con fuerza a la arena, pero la infancia se me escurrió por entre los dedos y me arrancó dos lágrimas amargas que se llevaron las olas. Cada vez que la vida me ha roto en pedazos he ido a esconderme al Puerto de La Caleta. Allí, en mi rincón del mundo, he pasado largas tardes viendo partir a los pesqueros con su estela dorada y su corte de gaviotas, buscando respuestas en el horizonte. El mar me ha enseñado que siempre viene la calma tras las tormentas de la vida; que siempre hay otro verano, otro atardecer, otro barco, otro amor. También recuerdo que una vez el mar, enfadado, estuvo a punto de matarme. Pero lo perdoné, porque al mar, como a todo lo que se ama profundamente, se le perdona todo.
Ahora vivo muy lejos y aquí casi siempre es septiembre. Ya no hay mar detrás de mi ventana salpicada de lluvia, y los atardeceres ya no huelen a hogueras lejanas. Soy feliz, pero hay veces en que el mar me duele, y el alma se me revuelve y se me ahoga como un pez fuera del agua. Entonces solo quiero volver, pero la vida aún no me deja. Quizás aún falten muchos años o quizás no suceda nunca. Por si acaso he dejado escrito que, cuando muera, quiero que me incineren y que arrojen mis cenizas al Puerto de la Caleta. Me gusta pensar que algún pesquero se llevará mi alma enredada en su estela dorada, y que las gaviotas me acompañarán mar adentro, a reencontrarme con mis pedazos rotos, con mis lágrimas, con esos amores a los que no volví a ver nunca, con todos esos compañeros que un día me juraron amistad eterna. Volveré entonces a ser niño y jugaré con mi hermana hasta caer exhausto, lloraré de risa con mis mejores amigos, y siempre será verano y ya no me dolerá el mar".

Alfredo de Hoces (www.alfredodehoces.com) ...Gracias.

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