TRES GUARDIAS EN CINCO DIAS


El residente Bárcenas abre la nevera. Tres de la tarde y quince minutos. Su situación vital está alcanzando lo que él denomina nivel 4.

En la nevera le queda medio limón, una coca-cola abierta (light of course), una mermelada megafashion de infausto recuerdo y un pimiento lleno de arrugas.

La reserva de calcetines está bajo mínimos y en el cajón de su ropa interior sólo queda un bóxer con elefantitos azules regalo de su madre y otro rojo pasión con las letras en dorado que dicen "comemelo todo", cuya procedencia ignora, y cuya pertenencia negaría ante un juez si hiciera falta. Afortunadamente no está entre sus planes compartir lecho en los próximos dos días con nadie, con lo cual tras la ducha procede a vestirse los gallumbos elefantinos y ponerse la primera camiseta que encuentra.

Tres guardias en cinco días también han acabado con su reserva emocional: Anoche se le saltaron las lágrimas mientras veía "las salchichas peleonas parte 3", y esta tarde ya ha planeado zamparse una bolsa de Cheetos mientras mira en la tele el diario de Patricia y derrama lagrimones del tamaño de higos maduros.

Lo dicho: nivel 4, y mañana acudirá nuevamente al centro de salud, donde lo espera "su cupo" inasequible al desaliento.

Se sienta en el sofá y empieza a divagar: piensa en la causa que le llevó a coger esta especialidad. Él siempre se consideró de letras; de hecho estuvo hasta última hora dudando entre hacer periodismo e historia. Sin embargo, por razones largas de explicar, terminó cogiendo medicina.

Tras varios años dando tumbos por la vida, en una conferencia conoció a un vetusto médico, de esos con barba blanca que lo ves y piensas: hola-abuelo-de-heidi.

Durante una opípara cena post-conferencia pagada por un laboratorio ( ¿acaso los laboratorios creen que con langostini, jamoncito y unos buenos centollos suben las ventas? -Víctor siempre pensó que a él no lo compraban con esas comilonas, iluso de él), el anciano profesor, con la boca rebosante de gambas, le dijo:

-Hijo, la medicina es cincuenta por ciento ciencia, veinte por ciento arte, veinte por ciento teatro y veinte por ciento magia (vale, eso hace ciento diez, pero así son las cosas...). Además a eso añádele que debes tener suerte si no, vas de culo. Ese día pensó que no se había equivocado realmente, lo suyo eran las letras (y la medicina).

Sin embargo esta tarde no está para filosofías. Se dedica a dormitar en el sofá con la mente en blanco, (mientras en la tele un chico le explica a su madre delante de varios millones de espectadores, que está loooooooocamente enamorado del carnicero) imaginandose en los verdes prados con el perro de heidi, las ovejitas, y el abuelo claro. A las diez de la noche se despierta con la boca pastosa, los pelos alborotados y los ojos hinchados. Huele algo raro...recuerda que no ha tirado la basura en cinco días. Coge la maloliente bolsa del cubo y se dirige a la calle. El ascensor empieza a bajar. Cinco, cuatro, tres, Clock...! Parada. En el ascensor entra la chica más encantadora que jamás vio en su vida, el pelo, rojo zanahoria y cortado a lo garçon una sonrisa de fresa y unos ojos irradiando alegría vital en los que al instante se pierde, cruzan una sonrisa, una mirada y ella sale sonriendo...en ese momento se ve en el espejo del ascensor con las manos anaranjadas por los Cheetos, con la bolsa de basura apestosa en la mano, los gallumbos elefantinos (se había olvidado ponerse algo más decente), los pelos arremolinados, los ojos hinchados, la camiseta con lamparones marronáceos, las pantuflas verdes, los calcetines a cuadros, el olor a basura...

Víctor Bárcenas, el residente Bárcenas sabe que acaba de dar una apariencia "inmejorable" ante aquella chica, que sin duda podría haber sido el amor de su vida ( los salientes de guardia hacen que Residente Bárcenas esté especialmente enamoradizo...).

Arroja la bolsa al contenedor, sube al apartamento, se acuesta y se duerme dudando si a la mañana siguiente deberán saltar todas sus alarmas vitales por haber llegado al nivel 5. Se jura que jamás volverá a hacer tres guardias en una semana...iluso de él.

1 comentario:

Raquel Gomez dijo...

¡Impresionante!Eres tremendo Salva!! Cómo me he reido, ni te imaginas...Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia ;)
No dejes de escribir, no dejes de alegrarnos la vida, de sazonárnosla con anécdotas, con historias, con guiños y con prosa exquisita, según el día, según el momento. Es un privilegio leerte!!