EL DORMITORIO DE RESIDENTES

Cinco y media de la madrugada. Acabo de bajar a la zona de urgencias. Apenas tres pacientes dormitan en los sillones. Uno de ellos en camas se agarra a un hilo de vida gracias a una CPAP, una máquina infernal que me recuerda al Silencio de los Corderos.
Mi turno de descanso era de dos a cinco. Al llegar al dormitorio de residentes empiezo a hablar con alguien en la cama de al lado. Una gran amiga, una gran persona , una bellisima amiga.
Hablamos del bien y del mal, de lo humano, de lo divino.
Las cuatro de la madrugada y no paramos de contarnos vidas vividas, sentimientos, emociones, pensamientos.
Definitivamente nos falta un tornillo. A esta hora la gente normal se dedica a descansar en lugar de hacer el ganso hablando sin parar de cama a cama.
-Oye cordobesa, que son casi las cinco y no he pegado ojo -le digo.
-Somos un desastre, y yo mañana sin saliente -su voz ya se arrastra en el aire de cansancio -¿te importa si fumo?.
-Fuma si quieres, no me molesta -lo deje hace dos años, pero no me considero antifumadores, cada cual hace con su vida lo que puede y no me molesta el humo.
-A ver si me escribes algún mail de vez en cuando.
-Vale, el próximo post de mi blog te lo dedico.
La penumbra de la habitación hace que el humo baile entorno a las camas mientras consumimos nuestro tiempo de sueño en contarnos sueños mutuos.Ahora nos reimos. Risa floja la de estas horas intespestivas.
Cinco de la madrugada y cinco minutos. Acaba mi turno de descanso.
-¿Sabes qué?. No ha estado mal este rato.
Ya duerme en silencio, quizás ni me ha oído.
Me levanto, apago la luz y salgo al área de urgencias... antes de que lleguen esos pacientes mañaneros con dolamas y algias varias te dedico el prometido post con un solo consejo: no te olvides de ser feliz. Buenas noches cordobesa

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