GUARDIA DE 061 O 062...

Víctor Bárcenas ha empezado a hacer guardias en emergencias. Ambulancia del 061. Siempre ha deseado hacer guardias en la ambulancia de emergencias. ¡Son los hombres de Harrelson de la medicina!.
Llega a las nueve en punto, justo para el cambio de turno. Lo recibe el que será su tutor las próximas doce horas.
-Hola, ¿tú eres el residente?.
-Sí, hola, me llamo Víctor – sonó la voz de hola-soy-un-buen-chico de residentes Bárcenas.
-Mira chaval, lo que tienes que aprender aquí se resume en tres palabras: “No mees nunca contra el viento”
Víctor se queda con ganas de decir: ¿… y?, pero en su lugar dice:
-¡jajaja! –aunque piensa que en realidad no son tres, sino seis las palabras.
-No es ninguna broma joven, además ya te estás quitando esa pulserita que es una mariconada –le espeta el cara-mono, mote que ya ha decidido Víctor poner a semejante simio.
A las nueve y diez minutos, primera llamada desde el centro coordinador. Motivo de consulta: dolor torácico.
Médico adjunto, enfermera, técnico delante…y el residente detrás en la ambulancia mareado como un pato.
La llegada, en menos de quince minutos, es recibida por un grupo de vecinos expectantes que preguntan exigentes la causa del tremendo retraso.
-¡Ya era hora! –les dice un niño de apenas doce años indignado. Víctor piensa que el mocoso apunta maneras.
Décimo-hache. El equipo de asistencia entra a un domicilio de limpieza francamente mejorable. Son recibidos por una mujer de unos cuarenta años. Víctor en cuanto la ve piensa:
“Joder, esta cara me suena de haberla visto en algún manual de enfermedades metabólicas”.
-Pasen, pasen…mi madre está en el dormitorio.
Los cuatro sanitarios, con maletines varios en ristre, monitores, botellas de oxigeno, llegan anonadados a la escena:
Cama King-size en la cual vislumban dos figuras, hombre y mujer, acostados y bien arropaditos.
La señora, de proporciones ballenoides no para de decir -¡Ay, ay, ay qué mala estoy…!
En el lado derecho de la cama, un señor con bigotito y gafas de sol con una cara calcada de aquel que hace treinta años dijo: Españoles, franco ha muerto, pero en calzoncillos de color blanco con el correspondiente manchurrón amarillo y agujero central por el que asma un peludo testículo.
Don Pancracio, nombre del interfecto, dice que no se levanta si no lo hace doña Adela.
A Víctor le encanta mirar los detalles que definen un domicilio. Las fotos de bodas, bautizos, comuniones y difuntos. Pero lo de esta casa supera sus expectativas.
La hija de doña Adela, a la que Víctor apoda directamente madam Cachalote por sus proporciones, se dirige junto al residente a un cuarto donde guarda las medicinas.
-Mire que bonito doctor –doña Cachalote despliega una sonrisa de oreja a oreja mientras señala una jaula donde un loro de aspecto lamentable intenta comerse un trozo de barrote.
-Se llama Roberto. ¡Rrrrrrrrrrroberto, saluda al doctor!.
En un armario junto a la ventana un altar dedicado a Felipe González, a la Virgen del Rocío y a las muñecas Barbie. El altar está construido con botecitos de actimel y guirnaldas falsas compradas en un chino. Mantiene dos velitas encendidas.
Cachalotito saca una bolsa del Mercadona llena hasta los topes de medicinas de debajo de la cama.
-¿Le gusta mi altar? Yo es que soy muuuuy socialista de to la vida.
-Sí, si es precioso señora.
Cuando vuelven a la habitación doña Ballena ha dejado de quejarse y duerme plácidamente gracias al valium que se ha zampado. El anciano con cara de franquista sonríe complaciente a los sanitarios.
La enfermera no tiene otra cosa que adoptar un tono muy educado y decir:
-Oiga señor, bonitas gafas de sol, ¿Dónde las ha comprado?
-Gracias señorita, son del Cortinglés. Bueno ya que están aquí, me podría traer la cuña?
El sofisticado equipo sanitario de emergencias dotado de la más alta tecnología sale del edificio cinco minutos más tarde. Víctor y Lucía, le enfermera, se parten de la risa. El tutor, con cara circunspecta intenta que Víctor saque alguna enseñanza del asunto. Por ahora la única que se le ocurre es que nunca se comprará unas gafas de sol en el Cortinglés, y que jamás llamará Roberto a ninguna mascota.

No hay comentarios: