LA TERCERA CAMILLA

Dicen que la vida está llena de claroscuros. En sillones no es así. Allí la vida es en blanco y negro. Sillones es la zona de observación del hospital de Víctor Bárcenas. También conocida como la trinchera. Son las cuatro de la madrugada, y el residente Bárcenas barrunta su teoría del humor (Víctor, el hombre de las mil teorías): A partir de las tres de la madrugada todos estamos de mal humor, salvo tres honrosas excepciones:
a.-Estás pidiento en trigésimo quinto cubata en la barra de un pub.
b.-Estás a punto de conquistar a una chica que tiene un gran parecido con Anne Hataway
c.-Acabas de recoger del suelo con extremo disimulo cincuenta eurazos que alguien perdió.
El resto de situaciones vitales, las afrontas de mal humor, más aún si llevas diecisiete horas trabajando sin parar. Sin embargo algunos pacientes/usuarios/clientes tienen la certeza de que el médico de urgencias es una especie de ser mitológico que, inasequible al desaliento y al cansancio físico/psíquico, y en virtud de una vocación semi-monjil espera con anhelo la llegada a su consulta de odontálgicos, insomnes, dispépticos, gotosos, borrachos y flatulénticos...MEEEC!!! Error. Victor se limpia las gafas y mira a su alrededor:
Una enfermera dormita ante un libro, la otra juega a Mahjong en el ordenador (es curiosa esa desaforada afición de ciertas enfermeras por el Mahjong y los libros gordos). El celador no está ( qué raro...) Detrás de él, el área de camas, con sus rítmicos pitidos.
Amiguitos...Bienvenidos al circo del dolor, al círculo de las noches sin risas, sin rencores, porque ni siquiera odiar se puede en este sitio, sólo queda aferrarse a la vida. Bienvenidos a la noche de sábado en urgencias.
-Joder, esta noche parece que Dios se olvidó de este rincón -dice Víctor-nadie lo oye.
Tres camillas: Un borracho duerme sus vómitos negros en la camilla. Junto a él una adolescente suicida con su sonda en la nariz, su estómago venenoso y sus lágrimas benzodiazepínicas. En la tercera camilla está Juan.
Tres Sillones: Dolor epigástrico. Mujer de veintinueve años; me-duele-el-estómago, en realidad tiene miedo a la verdad: me-duele-el-alma. Bronquítico crónico de ochenta y dos años, atado a su bombona de oxígeno, sus sueros, sus aerosoles. Su vida, como siempre, pendiente de un hilo. Cabecea en el sillón envenenado por el carbónico que le da ese sueño que algún día lo matará. Gasometría por la mañana y alta. Volver si empeora...volverá. En un rincón, a oscuras, una mujer de cuarenta y tres años une su brazo a una bolsa roja. La están tranfundiendo. Anemia microcítica en estudio. No puede dormir. Piensa en su niño Jaime, de doce años que aún no hizo los deberes. Ignora que en dos meses un cancer de colon terminará de devorarla...y Juan.
Juan está en la tercera camilla. a sus noventa y cuatro años estaba muriéndose tranquilamente en su casa. Llevaba dos días sin comer ni beber. Es un hombre sabio, y sabe que ya es la hora. No le importa. Se moría, se apagaba tranquilamente rodeado de los suyos. Esta tarde llegó su nieto de Bilbao. Airado ante la pasividad familiar, llamó a la ambulancia que lo trasladó al hospital (¡esto no pasa en Bilbao!).
Ahora sigue igual, muriéndose, pero con una aguja en el brazo, un tubo por el pene y una mascarilla que le manda aire helado a la boca. A su derecha un borracho no para de decir estupideces, y a su izquierda una chica con los pelos violeta llora desconsoladamente. Juan se va a morir como jamás quiso, con el culo al aire y rodeado de extraños jugando al Mahjong.

5 comentarios:

Anna dijo...

Qué recuerdos!
Para el que no se dedique a esto, decir que es exactamente así, aunque no nos lo creamos. Nos aferramos a la vida, sin tener en cuenta muchos, el verdadero deseo del paciente. No puedo con los hijos y nietos de Bilbao.
Aquí sigo leyéndote a diario.
Un abrazo muy fuerte para los tres.
Besitos.

Nacho Palomar dijo...

Me contaron una cosa. Un señor de 95 años que fue visitado por un médico en su casa por algo que no era grave. Este señor fumaba por lo visto, y su familia aprovechando que el doctor estaba allí le dijeron delante del abuelo: "dígale doctor que deje de fumar" y el doctor con la mano en el hombro del anciano le dijo: "fume usted Señor todo lo que quiera".

salva dijo...

Sin duda,a veces perdemos el norte con la salud. Pretendemos hacer supermanes a base de capsulas e inyecciones. Terminamos inventando enfermedades por miedo a reconocer que somos incapaces de ser felices. ¿Acaso hay alguna persona con fibromialgia que haya sido feliz justo hasta el momento de apracer "la enfemedad"?

Anónimo dijo...

pues yo fui siempre feliz hasta que me diagnosticaron un cancer y te aseguro que no me invente la enfermedad. el adn es el adn, lo que comemos, el estilo de vida, el te ha tocado porque si....
yo creo que hasta que uno no se ve en una circunstancia limite no puede opinar o bueno si que puede, pero solo eso, OPINAR

salva dijo...

hola anónimo. ¿Algo te hace pensar que quienes opinamos nunca nos hemos encontrado con una situaciñon realmente límite?¿nunca le vimos realmente la boca al lobo en nuestras propias carnes? Quizás te equivoques. Si no fueras Anónimo te podría explicar muchas cosas en persona. Un abrazo y gracias por tu aportación.