NOT FEAR

El pasillo del ala oeste es el pasillo del miedo. Se trata de un corredor apenas de cincuenta metros. A derecha e izquierda se abren las puertas de las consultas externas como bocas de un gigantesco monstruo devorador de personas. En asientos de plástico se amontonan pacientes expectantes, pacientes con un común denominador: tienen miedo.
Cada pocos minutos se abre una puerta y una enfermera con acento neutro lee un nombre de la lista. Uno a uno van pasando...tienen miedo.
Juan espera en la puerto de otorrino. LLeva afónico más de un mes y ha perdido dos tallas de pantalón. Él lo intuye todo, y cada día tiene más miedo. No duerme hace tres días. Mirará a los ojos al médico que lo examine, escrutando cualquier gesto que delate pistas acerca de su enfermedad, no sentirá dolor al ser explorado, pues el miedo lo sobrepasa todo, se sentirá herido cuando el médico mire su faringe mientras comenta con la enfermera el último cotilleo...miedo.
Luisa espera al lado de Juan. Va a recoger los resultados de su colonoscopia. La han llamado a casa. También lo sabe. Sabe que si te llaman del hospital después de hacerte una prueba es porque estás jodido. Lleva dos días flotando en su propio miedo. Luisa sabe que los treinta segundos durante los cuales el doctor le comunicará el resultado de su prueba los vivirá como el torero que va siendo atravesado sin piedad, viendo la escena desde fuera. Luisa se agarrará a todas y cada una de las palabras del médico, buscando una esperanza...miedo.
El pasillo oeste. Donde se agolpan pacientes sudorosos, miradas ajenas, enfemeras con prisas, periódicos gratuitos por los suelos, médicos con bata blanca que parecen flotar por encima del vulgo y sus miserias, vidas tóxicas.
Allí esperan Amelia y Carlos. Ella está perdiendo la memoria. Se cogen de la mano, se miran. Amelia sonríe. Llora por dentro la inmensa pena de saber que en pocos meses no recordará a Carlos, ni a sus nietos, ni a sus hijos, ni siquiera recordará cómo sentarse en el wc. Eso se lo dirá el médico en unos minutos...miedo. Por si acaso Carlos besa cada noche a Amelia con los besos que nunca le dio.
Mil historias, miles de vidas a punto de truncarse, miles de almas en la cuerda floja, en el fondo el pasillo oeste, tan recto, es un cruce de caminos para cientos de personas al día. Antonio, que orina sangre no para de rezar oraciones olvidadas hace lustros, y Francisco se está quedando ciego con su diabetes incontrolable cada día más aterrado por la oscuridad que le acecha en unos años. Pedro que se ahoga con sólo dar unos pasos, Andrés enganchado de por vida a una bombona de oxígeno mira el mundo desde los ojos nebulosos del bronquítico crónico, y Julio que escupe sangre hace tres meses tiene un miedo casi irracional.
Víctor Bárcenas se cruza en mitad del pasillo con Andrea, su residente menor (R de segundo año por más señas, Erredós).
-¿Qué tal guapetona? -le dice Víctor desplegando su sonrisa de los viernes.
-Bueno, regular, voy para el comedor, ¿me acompañas? -la cara de Andrea denota tristeza.
-¿Qué te pasa? Estás pálida. ¿Cuándo tienes guardia? -Esta es la pregunta que se hacen el noventa y nueve por ciento de los residentes cada vez que se ven...¿cuando tienes guardia?.
-Nada, estoy cagada de miedo, tengo guardia hoy -responde Andrea.
Víctor coge a Andrea del brazo, entra con ella a una de las consultas vacías.
-Mira esto -Bárcenas saca una radiografía de tórax en la que se ve un tumor que ocupa medio pulmón -es de un paciente de mi centro de salud, he venido a que me la informe el radiólogo. Tiene cuarenta y tres años, mujer, tres hijos y una hipoteca. Casi seguro que la palmará en menos de un año. Él si debe tener miedo. Tú mañana te irás a tu casa, te ducharás, dormirás y disfrutarás tu noche de sábado, capicci?.
-Gracias feo, por cierto ¿y tú cuando tienes guardia? -Andrea ahora sonríe con sorna.
-Calla, que yo tengo mañana, veinticuatro horas, imagina, además estará de cirujano el doctor Prieto, flipo. ¡estoy acojonado!.
-jajaja... -los dos residentes se alejan riéndose por el pasillo cogidos del brazo dejando atrás a Juan, a Luisa, a Amelia y Carlos, a Antonio, a Francisco, a Andrés, a Julio...miedos.

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