FUENCARRAL

Madrid a veces me asusta, aunque siempre me gusta. Es esa sensación extraña que percibimos los que disfrutamos con bailar en el filo de una navaja. Miedo a la vez que atracción al pensar en ser engullido por la inmensidad de una ciudad viva.
La noche de fiesta acabó en torno a las seis de la mañana. No sé cómo pero siempre soy de los que van despidiendo a los que se van, de los que van quedando para la última copa, para la última confidencia, para la última sonrisa cómplice. Visitamos Chueca y sus locales de ambiente, con ese descaro que da el saber que lo diferente es simplemente eso, distinto. No es mejor ni peor, sí distinto. Somos los últimos de la noche vagando en calles sin nombre. Nos encontramos a Pilar, también perdida. Se une a nuestra caravana.
Últimas copas mojadas en risas.Y despedidas. Me encuentro nuevamente en Gran Vía. Mi soledad y yo. Salva en mitad de la gente y el frío mirando esa calle eterna.
Bocacalle con Fuencarral, seis y media de la mañana. Cada veinte metros hay un chino vendiendo bocadillos indudablemente tóxicos, fideos calentitos, cerveza Mahou y coca-colas.
Travestis con exceso de todo se gritan en los portales
-¡Es mi novio zorra! –grita una voz forzada por el alcohol, los porros y las hormonas.
Tiendas de lujo rodeadas de vómitos, pintadas, carteles. Pasen y vean el frío que me llega a los huesos.
Alguien duerme en mitad de la calle cubierto por unos cartones y un poco de chiné. Dos chicos se besan entre los coches, operarios de limpieza mirando de reojo, putas de saldo. Sexo de última hora a precios sin competencia.
-Estoy caliente mi amoolll –me dice una chica.
-No, gracias –me parece de mala educación no responder. Acelero el paso.
Pasan frente a mí como una de esas películas antiguas, son los hijos de la noche en Madrid.
Una china corre perseguida por la policía.
Cientos de personas siguen viviendo la noche de Fuencarral. Y Salva en mitad de todo, apuntándolo todo en su cabeza. Me atrae mirar a la gente a los ojos, porque en ellos veo la verdad de cada uno. Noche en Fuencarral, el travesti, la prostituta, el operario, los gays, los yonkis, los chinos, los borrachos, y yo como invitado estrella, me considero afortunado. Muchos tienen esa mirada vampírica que da la noche de excesos, sin duda cada uno de ellos con una vida, con una historia por contar, quizás yo también tenga esa mirada terrible a estas horas. Sin duda también tengo una historia por contar... A ellos gracias por dejarme compartir los quinientos metros de Fuencarral en una noche de invierno y papel de arroz.

1 comentario:

Juana dijo...

"El blog tiene madurez suficiente como para ser considerado literatura"
Lorenzo Silva, escritor y abogado en "20 minutos"