ASI ESCRIBO

Escribo a mano, en papel, con borrones y en sucio. Luego paso todo al ordenador. Siempre guardo los manuscritos.

Hoy quiero compartir dos de los más queridos por mí.







Y MAÑANA...ISTANBUL

Día D menos uno. Mañana partimos con rumbo a Istanbul. Aún sigo recordando aquellos días infantiles, cuando apenas podía dormir por la excitación previa a las preceptivas excursiones colegiales de fin de curso. Olores a gasoil, sillones de autobús y bocadillo de Revilla con Tulipán. Siempre odié el olor que desprendían aquellos asientos de autobús. Me hacían vomitar.

Mañana saltaremos toda Europa para caer sobre la ciudad del millón de tiendas...y del millón de olores; hoy hago maletas, preparo todo.

Con mi cabeza, la probabilidad de dejarme olvidado el pasaporte en casa ronda el 95%.


Málaga-París-Istanbul...seguramente suena algo cursi, pero las cosas estas son así a veces. Además mi segundo vuelo me "condenará" a estar todo el día en París. Seguramente huiré del aeropuerto y me iré a pasear por Montmartre...quizás me tome un café mirando las pirámides del Louvre, o quizás me limite a perderme entre la gente que pasea los Champes Elysées, me es indiferente...

Leí unas palabras que me gustaron, por eso las robé:
I just can´t believe it! Istanbul, when dreams come true…thanks Raquel





MOMENTOS EN MI VIDA

Hay momentos en mi vida en que súbitamente tengo accesos de ira. No sé si es algo universal o sólo me pasa a mí. Motivo para hacer una encuesta sin duda. Yo tengo esos momentos vitales. Los llamo segundos negros. Estos son algunos de ellos:

Estoy barriendo y sin querer golpeo el recogedor y se esparce todo por el suelo.

Entro al wc de un pub, tres d ela madrugada, y al mirar abajo veo los cordones de mis zapatillas, que se han desatado sin darme cuenta, flotando en ese liquidillo en que se convierte el suelo de los wc de los pubs .

Una paciente, una vez acabada la consulta, se entretiene en ordenar metódicamente sus cosas sobre mi mesa y de forma muuuy tranquila las va metiendo una a una en el bolso.

Me agacho a coger un boli que se cae y tres bolis más, una linterna, veinte céntimos, un depresor y un chicle caen al suelo desde el bolsillo superior de mi bata ante mi mirada de "esto-no-puede-ser".

Me llaman desde Orange a las 15,30 a ofrecerme nosequé contrato y me regalan un móvil, una chica que me llama con número privado.

Intento llamar a mi banco y tras diez minutos, tres euros más para telefónica no consigo otra cosa que hablar con diferentes contestadores automáticos repitiendo siempre lo mismo: “quiero consultar un movimiento de tarjeta”.

Llaman por teléfono a un familiar mientras entrevisto a un paciente (suele ser un politono de lo más hortera, nunca imaginé que Manolo escobar tuviera politono) y se pone a explicar al personaje al otro lado que no puede hablar ahora, que el médico está viendo a la Jeni. Que sí que sí, que luego lo llama. Que sí que sí, que ella cree que la Yeni tiene una apendicitis, pero aver qué dice el médico. Que sí que sí que yo también te quiero rafael, un besito, muac muac.

Intento entrar en una web del servicio andaluz de salud a la que me suscribí hace tiempo. No recuerdo la clave, ni la pregunta secreta ni tengo a mano mi tarjeta de la seguridad social, ni una nómina, ni nada...

De todos los momentos que odio, el que ocupa el número uno sin duda: Ocho de la mañana me he despertado, giré la cabeza a mi derecha y no estabas tú.

MOMENTOS EN MI VIDA

Hay momentos en mi vida en que súbitamente tengo momentos vitales negros. No sé si es algo universal o sólo me pasa a mí. Motivo para hacer una encuesta sin duda. Estos son algunos de ellos:


-Estoy barriendo y sin querer golpeo el recogedor y se esparce todo por el suelo.


-Entro al wc de un pub, tres de la madrugada, y al mirar abajo veo los cordones de mis zapatillas, que se han desatado sin darme cuenta, flotando en ese liquidillo en que se convierte el suelo de los wc de los pubs .


-Una paciente, una vez acabada la consulta, se entretiene en ordenar metódicamente sus cosas sobre mi mesa y de forma muuuy tranquila las va metiendo una a una en el bolso.


-Me agacho a coger un boli que se cae y tres bolis más, una linterna, veinte céntimos, un depresor y un chicle caen al suelo desde el bolsillo superior de mi bata ante mi mirada de "esto-no-puede-ser".


-Me llaman desde Orange a las 15,30 a ofrecerme nosequé contrato y me regalan un móvil, una chica que me llama con número privado.


-Intento llamar a mi banco y tras diez minutos y tres euros más para movistar no consigo otra cosa que hablar con diferentes contestadores automáticos repitiendoles siempre lo mismo: “quiero consultar un movimiento de tarjeta”.


-Llaman por teléfono a un familiar mientras entrevisto a un paciente (suele ser un politono de lo más hortera, nunca imaginé que Manolo Escobar y gente así tuviera politono) y se pone a explicar al personaje al otro lado que no puede hablar ahora, que el médico está viendo a la Yeni. Que sí que sí, que luego lo llama. Que sí que sí, que ella cree que la Yeni tiene una apendicitis, pero aver qué dice el médico. Que sí que sí que yo también te quiero Rafael, un besito, muac muac.


-Intento entrar en una web del servicio andaluz de salud a la que me suscribí hace tiempo. No recuerdo la clave, ni la pregunta secreta ni tengo a mano mi tarjeta de la seguridad social, ni una nómina, ni nada...joder, ni que estuviera intentando entrar a la web de la NASA.


-De todos los momentos que odio, el que ocupa el número uno sin duda es este: Hoy, ocho de la mañana me he despertado, he mirado a mi derecha y no estabas tú.


CRUCE DE CAMINOS


Día D menos 5. El domingo partimos con destino a la vieja Constantinopla, gran cruce de caminos del mundo: Asia, Europa, Islam, Cristianismo, Oriente, Occidente...cruce de caminos y de ideas. Algún día escribiré sobre la eterna lucha entre los polos opuestos. Yo la llamo la lucha entre las ciencias y las letras, entre los números y los sentimientos, pero eso sera motivo de otro post.
Hoy quiero hablar de los peregrinos, de aquellas personas que viajan, de las que se van cruzando y de los que disfrutamos con ello. Hace algún tiempo escribí algo que hoy quiero recordar, se llama cruce de caminos:

El peregrino paró en aquel cruce de caminos junto a la playa
Camino de tierra
Camino de polvo
Cruce de caminos sin señales...

A su espalda el mar acariciaba la arena y el sol se iba ocultando a lo lejos.
Las negras ropas rasgadas ondearon con la brisa.
Tras largos años de marcha, esta vez dudó acerca de qué camino seguir, incluso se planteó volver atrás; nueva mirada al horizonte.
-Es la hora de las sirenas -pensó.
No importaba cuaĺ, seguiría cualquiera de los tres caminos posibles pues realmente no buscaba ningún destino. Se buscaba a sí mismo.
-Quizás debería volver -piensa de nuevo. Seguidamente elige una de las sendas, adelanta un paso...y sigue.
Desde la playa una niña descalza junto a las olas observa como aquel extraño personaje de ropas negras se aleja, no sin antes volver por última vez la vista atrás y dedicarle una última mirada.
Caminos de tierra
Caminos de polvo
Cruces de caminos sin señales...

Los años siguientes aquella niña de ojos imposibles recordará aquella extraña tarde en que un desconocido se le acercó, besó su frente y se alejó llorando. -Adiós hija -le había dicho.
A todos los que constantemente deben elegir su senda en cruces de caminos sin señales que le indiquen dónde ir...y a los que se van encontrando en esos cruces.

Playa de Nerja, invierno de 2008




DESTROYERS

Es éste un término peculiar, al menos para mí. Los destroyers son una clase de personas muy especiales. Son gente que no se suele conformar, que cambia...y quiere cambiar las cosas. Los destroyers a veces son calificados como gente algo rara, pues piensan de forma diferente, otras veces como revolucionarios, inconformistas, idealistas, soñadores o simplemente de románticos. El caso es que no se conforman, no se amoldan; si algo no les gusta intentan cambiar, aunque en ello a veces les vayan demasiadas cosas...demasiadas. Sin embargo, gracias a ellos las cosas van cambiando, mejorando a pesar de verse en muchas ocasiones atropellados por los dos muros que los no-soñadores les impone: la "Cruda Realidad", la "Fuerza de lo Normal", dos grandes mentiras inventadas por aquellos sin imaginación para luchar contra los diferentes. Destroyers siempre existieron a lo largo de la historia, a muchos te os cruzarás en tu vida, y muchas veces ni siquiera los reconocerás. Yo tengo la suerte de haber conocido algunos, todos ellos empeñados en cambiar, mejorar, luchar, vivir...vivir aunque ello suponga a veces moverse en el filo de una navaja. A casi todos los adoro. En este vídeo hay algunos de ellos, Destroyers...es la versión comprimida, la versión de 60 megas, en persona.


video

SCHNECKENRAUM

El sueño del caracol...Si has llegado hasta aquí leyendo mi blog, hoy te regalo algo muy especial. Alguna gente ya lo conoce. Se trata de un corto que encontré un día de invierno por azar. Antes de verlo necesitas varias cosas:
-Disponer de 15 minutos libres de todo.
-Disponer de altavoces y
oír músicas, voces, diálogos...
Para mí es la más bonita historia que jamás me contaron y la mejor contada. para ti, espero que un regalo...Schneckenraum.

PULSA LA FOTO PARA VER EL VIDEO

FERIA DE MALAGA

Feria de Málaga...la vida sigue. Feria llena de magia, de luces, de risas, de color, de alegrías y de tópicos. No me importa, llena de tópicos deben estar las ferias.
Sin duda ha sido una de las mejores que recuerdo...a pesar de haber salido serimente perjudicado por culpa de los rebujitos, esa extraña mezcla de vino y seven-up.
El viernes pude saborear uno de los mejores mojitos que jamás probé, incluso me sirvió para recomponer mi maltrecho estómago...
Y tarde de toros. Es otra de mis contradicciones. Siendo honesto, filosóficamente estoy en contra de esta fiesta. Pero lo cierto es que todos los años voy a verlos. Es parte del embrujo del sur, no tengo duda. Es algo con magia, y donde hay magia me gusta estar. Un hombre solo delante de un animal, una danza ancestral y ritual con la muerte, la soledad inmensa del torero ante miles de personas, el vulgo salvaje que pide sangre...no importa de quien, siempre sangre, y un hombre frente a un animal, buscando la gloria, o la muerte. Uno de los toreros triunfó, puerta grande, el otro no pudo matar al toro. Se arrastró por la plaza persiguiendo inutilmente al toro herido, esa tarde ganó el animal. Conozco los argumentos a favor, y en contra, todos los entiendo y comprendo, pero las contradicciones forman parte de mí...

MATINÉE

Siete de la mañana. Bajo las escaleras con los ojos aún semicerrados, tanteando las paredes en busca de la cocina que cada mañana me recibe en penumbras. Una de las bombillas parpadea, apuntar que falta una bombilla…

Mi primer gesto siempre es el mismo, abrir la puerta de la terraza y aspirar el aire de la mañana. Aire salino procedente del vecino mar que heredamos de los fenicios y que llena mis pulmones por completo, refresca mi piel de forma brusca, el frescor de la brisa abraza mi desnudez, y lo agradezco. Gestos mecánicos de cada mañana.

Casi como un autómata enciendo la tostadora, pongo la radio…joder más de cien muertos al caerse un avión en Madrid, que jodido el destino. No lo puedo evitar, pero a mi mente viene la imagen de una niña, y esos segundos finales donde todo se llena de fuego. Escalofrío que me recorre.

Apenas queda mantequilla, apuntar que no queda mantequilla…

Gestos automáticos, y la cara de esa niña mirando el fuego que la envuelve sin saber si se trata de un juego más de sus ansiadas vacaciones o si aquello va en serio, segundos antes de entregarse al abismo.

Joder, no queda café en el recipiente hermético habilitado para ello. Odio ese momento en que debes abrir un nuevo paquete de café. Siempre se me desparrama todo por la encimera. Soy desastre para eso…y para tantas cosas…apuntar que falta café.
Salgo de nuevo a la terraza. Me vuelvo a bañar en el aire frío, miro el mar eterno y distante…distinto.

Me siento en el suelo intentando forzar un recuerdo amable en mi mente. Y lo encuentro, siempre lo encuentro.

Esta mañana me faltará algo, sin duda…apuntar que me faltas tú.

OFRENDA

A las cinco de la madrugada es difícil escribir. Más aún si te has tomado varios gintonics. Más dificultad adquiere la escritura cuando estás solo en la playa y acabas de navegar en una sonrisa de fresa.
Cinco de la madrugada y diez minutos y sigo mirando el cielo estrellado buscando en la cara B de mi alma una excusa para justificar mis decisiones, mis contradicciones, mis esperanzas, soy piedra pequeña al albur de las olas.
Algún día contaré por qué no acudo a bodas ni funerales; algún día contaré por qué me gustan las almas ajenas, los sentimientos, por qué disfruto el segundo vital, reir, saltar, bailar ,viajar, conocer, escribir…piedra pequeña rememorando vidas. Quizás hoy es el día de contarlo. No se trata de una historia, de otra historia, no es cualquier historia.
Él tenía treinta años y yo algunos menos. Años noventa. Siempre lo admiré de alguna manera. Aún lo recuerdo con su aire entre melancólico y risueño. Sonrisa triste la suya, y apasionado. Apasionado sobre todas las cosas. En la amistad, en la política, en el amor.
Recuerdo de noches de verano y feria de pueblo con orquesta y tiovivos. Olor a patatas fritas y perritos con mostaza. Noches de azul Larios y porros, noches de risas fáciles mojadas con sexo furtivo. Él siempre estaba por allí paseando su sonrisa triste, exponiendo sus ideas, charlas eternas con amigos del alma (preciosa expresión, Amigos del Alma…), y su mente lúcida y brillante entre todas.
Tardes de verano y chocolate con una Olivetti claveteando ideas sobre blanco, soñando revoluciones imposibles. Eternas reuniones desgranando cambios sociales, sonrisa triste, mente brillante. Siempre cercano a él, su compañera, la guapísima Lucía y su hijo Rubén, de apenas cinco años, con la mirada profunda de su padre. Rojas tardes de verano con un gran hombre, con un hombre realmente bueno.
El destino giró una absurda tarde de otoño, cuando notó que en las últimas semanas se cansaba más fácilmente. Los siguientes meses se convirtieron en un rosario de fríos pasillos de hospital, consultas desangeladas, médicos con prisas, prisas…sus vidas entraron en una cruel montaña rusa.
Finales de enero: de la mano de Carlos cae un papel y suavemente va planeando hasta posarse a sus pies. En su mente retumban los ecos de la última frase que acaba de leer: “…hallazgos en definitiva compatibles con la sospecha clínica de Esclerosis lateral amiotrófica”. Mira abajo, en el suelo ve un papel irreal sobre un suelo irreal. El mundo gira.
En un intento mágico de convocar a los dioses se sienta una tarde frente a la playa, grita y arroja al viento todos los papeles, los informes, las historias clínicas. Los papeles revolotean y se alejan. La enfermedad se quedará. Baja la mirada ; piedras pequeñas, redondeadas a base de golpes de mar, que se mueven al son de las mareas…Carlos de sabe piedra pequeña.
En apenas unos meses la enfermedad lo va devorando, carcomiendo sus neuronas motoras, destrozando sus músculos, angulando su rostro. Carlos deja de caminar, de usar las manos, la vieja Olivetti se queda en un rincón, incluso va desapareciendo su voz. Sólo va quedando su mirada inteligente y brillante, y su mente…su mente.
Maldijo mil veces, en esas noches en las que uno se siente solo consigo mismo, a aquella enfermedad que lo devoraba sin piedad condenándolo a mantener la lucidez necesaria para sufrir lo indecible. Llegó a desear la locura, pero la locura nunca llegó.
Nada pudieron hacer los médicos, nada los rezos, nada las ganas de luchar. Piedra pequeña siempre pierde ante la marea, siempre pierde.
Rubén, ya con siete años, es testigo silencioso de esa lucha titánica y sin sentido. Cuando puede se refugia en los ojos de su padre que lo mira en silencio intentando vocalizar lo que siente. No puede, no puede.
Lucía aprieta los nudillos y sigue suplicando, rezando para que cada noche acabe con una mañana de esas en las que apenas recuerdas un mal sueño.Pero no, no es un sueño. Hasta que un día deja de suplicar, de rezar. Piensa que no es justo. Dios no puede dejar que esto suceda. Si es bueno, si es omnipotente, si es justo no puede permitirlo. Ese día deja de rezar, sólo les queda luchar.
Tarde de Mayo, de flores, de risas infantiles en la calle. Y golondrinas. El tórax de Carlos se agota. Hace unos días que se está ahogando, y ya no puede más. Y su mente sigue intacta. Oye niños en la calle. –Jodido destino –piensa. Sabe que no puede más, que se acerca el fin, y siente un alivio a la par que ese miedo que da el saberse al borde de un abismo inmenso y eterno. Abre los ojos con desesperación intentando agarrarse a la luz. En penumbras nota la silueta de Lucía a su lado, y a sus Amigos del Alma, siempre cerca. Quisiera despedirse, pero sabe que no queda voz, sólo una lágrima recorriendo su cara habla por él…adiós Amor. Y muere, se muere para siempre como aquellos toreros de antaño, muerto para siempre…piedra pequeña arrastrada al fondo del abismo por la marea nocturna.
Un niño de siete años aprieta los dientes bajo las sábanas queriendo volver a refugiarse en aquellos ojos tristes. Llora en silencio, piensa que no es justo, sabe que no es justo, pero los ojos tristes no volverán; adios papá.
Ya son las seis de la mañana, y ahí viene el sol naranja de la mañana. Me siento en la arena y miro: millones de piedrecitas multicolores bailando al ritmo de las olas.
Respiro profundo…y sigo.

Nota final: Carlos no se llamaba Carlos sino Pepe, Lucía no se llama Lucía, sino Josefina. Rubén sí se llama Rubén. Es mi sobrino.
verano de 2008.

NIÑA DE ARENA

Es una niña que vino del desierto más árido de la Tierra, una niña de Sahara. Ella es Zeina, la niña que vino de entre la arena. Su madre le había contado, en una noche estrellada, que los padres de sus padres fueron expulsados de sus casas, de sus playas, de su país, y encerrados en un campo de refugiados en el desierto de La Hamada. Todos esperaban que el sol y la arena hicieran el resto, sin embargo allí seguían treinta años más tarde. Cosas de mayores que Zeina no entendía. Yo tampoco. Llegaron aquí una madrugada de Junio .Uno de esos aviones negros de las líneas aéreas argelinas abrió su boca luminosa y cual demudados espectros empezaron a bajar la desvencijada escalera aquellos niños de apenas diez años que miraban con ojos redondos, mezcla de miedo y admiración aquel nuevo país, donde les habían dicho que había agua, mucha agua, toda la comida del mundo y también los verían los médicos españoles. Me desperté pronto la mañana siguiente y lo primero que vi fue su cuerpecito frágil, como de cristal oscuro. Delgada, muy delgada, con la cara redonda, extraordinariamente guapa en sus nueve años y con unos ojos
generosos y profundos, aunque con la mirada de una persona que ha padecido. Es una lástima, pensé, que una niña de nueve años tenga una mirada de haber sufrido. Nos hemos mirado. Dos personas desconocidas en medio de un pasillo. De inmediato he pensado que Zeina tiene una mirada sabia. Le sonrío, quizás es un arcaico gesto de amistad; en un intento de aproximación acaricio su cabeza. Me mira con curiosidad, con seriedad. No sonríe, simplemente me mira.
Han pasado dos días y Zeina no sonríe. Tampoco llora. Esta mañana llamamos por teléfono a su familia. Le acerco el teléfono a su mano temblorosa.
–Es mamá -le digo. Zeina habla con su madre, al otro lado de la línea. No llora, pero mientras habla las lágrimas recorren su cara. La dejo sola aferrada con fuerza al teléfono móvil, debo respetar su intimidad. Al terminar la conferencia, me mira nuevamente, una mirada tan tremendamente inocente que me ace sentir culpable. Culpable de vivir en una sociedad del abuso, donde morimos de obesidad, culpable de ser uno de los que vivimos en la opulencia y el despilfarro, mientras miles de niños pierden la sonrisa por pura hambre. Siento necesidad de pedirle perdón por haberla separado de sus padres, de su casa, de sus hermanos, de pedirle perdón por hacer que su gente viva en la iseria más absoluta. Pienso que quizás me traje a Zeia para sentirme mejor, para limpiar mi conciencia de niño rico, pues todos los que vivimos “en este lado” lo somos. Esta noche algo cambió. Estábamos descansando tras la cena en la terraza y pensé en hacer un viejo truco de magia a Zeia. Un truco que me enseñó mi abuelo, aquel cazador de conejos con hurón, cuando yo era niño. Es un truco simple pero ingenioso, en el que hago desparecer una moneda y luego reaparece de forma mágica. Zeia abrió los ojos como platos mirando mis manos ejecutar un juego que no realizaba hace años. Al terminarlo, la niña se quedó mirando mis manos, la
moneda había desaparecido. Sube su mirada a mi cara, nos miramos a los ojos…brillan en la semipenumbra y veo como va desplegando una sonrisa maravillosa. Le sonrío, y Zeia me sonríe. Entonces señala al cielo con su dedo índice:
-Luna bonita –me dice.
Es su regalo. Me regala su luna a cambio de mi truco. Jamás pensé que la magia llegara a proporcionar un momento tan increíblemente mágico. Ella no lo sabe, quizás nunca lo sepa, pero su regalo no fue su luna, fue su sonrisa.

Mi primer relato

Empiezo a colgar cositas con mi relato preferido, el primero que escribí este año
LA VISITA
Ayer la visité después de varios meses. Es algo que siempre voy dejando para otro momento. Pero ayer pasé por su puerta y me apeteció verla.
Pequeña, muy pequeña, y aferrada a su bastón. Pareció estar esperándome, porque la encontré junto a la puerta de la casa. Entramos al salón, iluminado sólo por una lámpara triste. El televisor apagado desde hace cinco años en que murió el abuelo; un reloj sobre la mesa camilla marca de forma cansina el ocaso de una vida…tic, tac… Ella sigue en pie, agarrada al bastón de madera que un día le hiciera el abuelo, y me mira. Beso sus mejillas y noto su cara tibia, y un olor extraño que me recuerda mi infancia.
Ochenta y siete años de lucha y el mismo miedo a la muerte que hace cincuenta años. Aún recuerdo cuando me preguntó hace un año, presa del pánico, si aquel dolor en el pecho eran los signos de que ya le tocaba irse.
Se sienta, nos sentamos…y mira la foto del abuelo. Mi abuelo, fallecido cinco años atrás. De joven fue cazador de conejos con galgo y hurones, y se conocía todas las hierbas medicinales. Experto en curar dolores de barriga, empachos y fiebres a base de infusiones y emplastos. Unas fórmulas que nadie conoció y que se llevó a la tumba. Un hombre sabio que me enseñó que la risa curaba, y al que sólo vi llorar una vez: el día que marché a estudiar a la capital. Su regalo: Un limonero que plantó y cuidó para mí, y hoy lo cuido como algo más que un árbol. Un aneurisma abdominal lo partió en dos una tarde de agosto sin tiempo para despedidas (una mala tarde la tiene cualquiera diría sonriendo donde quiera que esté).
Ayer la vi, después de varios meses y en un segundo mi mente se inundó de olores a guisos, de sabores de colonias antiguas, de mañanas aprendiendo a hacer trampas para pájaros con dos piedras y tres palitos y de tardes rebuscando en armarios llenos de tesoros de los abuelos.
María la Molinera le dicen. Arrastra sus pies por el salón. -¿Qué buscas abuela?-pregunto. Se afana con el monedero buscando unas monedas con las que obsequiar mi visita como hacía antaño.
Me siento a su lado y los dos miramos la foto del abuelo. Él nos mira, sonriente, desde la foto sepia, con una liebre en una mano y una jaula de hurones en la otra. Un galgo le acompaña. Feliz.
Niño-me dice- no recuerdo como te llamas, qué pena. Seguimos en silencio…la abrazo..tic tac..

Playas de Nerja, Enero de 2008
Salva