GUARDIA DE 061 O 062...

Víctor Bárcenas ha empezado a hacer guardias en emergencias. Ambulancia del 061. Siempre ha deseado hacer guardias en la ambulancia de emergencias. ¡Son los hombres de Harrelson de la medicina!.
Llega a las nueve en punto, justo para el cambio de turno. Lo recibe el que será su tutor las próximas doce horas.
-Hola, ¿tú eres el residente?.
-Sí, hola, me llamo Víctor – sonó la voz de hola-soy-un-buen-chico de residentes Bárcenas.
-Mira chaval, lo que tienes que aprender aquí se resume en tres palabras: “No mees nunca contra el viento”
Víctor se queda con ganas de decir: ¿… y?, pero en su lugar dice:
-¡jajaja! –aunque piensa que en realidad no son tres, sino seis las palabras.
-No es ninguna broma joven, además ya te estás quitando esa pulserita que es una mariconada –le espeta el cara-mono, mote que ya ha decidido Víctor poner a semejante simio.
A las nueve y diez minutos, primera llamada desde el centro coordinador. Motivo de consulta: dolor torácico.
Médico adjunto, enfermera, técnico delante…y el residente detrás en la ambulancia mareado como un pato.
La llegada, en menos de quince minutos, es recibida por un grupo de vecinos expectantes que preguntan exigentes la causa del tremendo retraso.
-¡Ya era hora! –les dice un niño de apenas doce años indignado. Víctor piensa que el mocoso apunta maneras.
Décimo-hache. El equipo de asistencia entra a un domicilio de limpieza francamente mejorable. Son recibidos por una mujer de unos cuarenta años. Víctor en cuanto la ve piensa:
“Joder, esta cara me suena de haberla visto en algún manual de enfermedades metabólicas”.
-Pasen, pasen…mi madre está en el dormitorio.
Los cuatro sanitarios, con maletines varios en ristre, monitores, botellas de oxigeno, llegan anonadados a la escena:
Cama King-size en la cual vislumban dos figuras, hombre y mujer, acostados y bien arropaditos.
La señora, de proporciones ballenoides no para de decir -¡Ay, ay, ay qué mala estoy…!
En el lado derecho de la cama, un señor con bigotito y gafas de sol con una cara calcada de aquel que hace treinta años dijo: Españoles, franco ha muerto, pero en calzoncillos de color blanco con el correspondiente manchurrón amarillo y agujero central por el que asma un peludo testículo.
Don Pancracio, nombre del interfecto, dice que no se levanta si no lo hace doña Adela.
A Víctor le encanta mirar los detalles que definen un domicilio. Las fotos de bodas, bautizos, comuniones y difuntos. Pero lo de esta casa supera sus expectativas.
La hija de doña Adela, a la que Víctor apoda directamente madam Cachalote por sus proporciones, se dirige junto al residente a un cuarto donde guarda las medicinas.
-Mire que bonito doctor –doña Cachalote despliega una sonrisa de oreja a oreja mientras señala una jaula donde un loro de aspecto lamentable intenta comerse un trozo de barrote.
-Se llama Roberto. ¡Rrrrrrrrrrroberto, saluda al doctor!.
En un armario junto a la ventana un altar dedicado a Felipe González, a la Virgen del Rocío y a las muñecas Barbie. El altar está construido con botecitos de actimel y guirnaldas falsas compradas en un chino. Mantiene dos velitas encendidas.
Cachalotito saca una bolsa del Mercadona llena hasta los topes de medicinas de debajo de la cama.
-¿Le gusta mi altar? Yo es que soy muuuuy socialista de to la vida.
-Sí, si es precioso señora.
Cuando vuelven a la habitación doña Ballena ha dejado de quejarse y duerme plácidamente gracias al valium que se ha zampado. El anciano con cara de franquista sonríe complaciente a los sanitarios.
La enfermera no tiene otra cosa que adoptar un tono muy educado y decir:
-Oiga señor, bonitas gafas de sol, ¿Dónde las ha comprado?
-Gracias señorita, son del Cortinglés. Bueno ya que están aquí, me podría traer la cuña?
El sofisticado equipo sanitario de emergencias dotado de la más alta tecnología sale del edificio cinco minutos más tarde. Víctor y Lucía, le enfermera, se parten de la risa. El tutor, con cara circunspecta intenta que Víctor saque alguna enseñanza del asunto. Por ahora la única que se le ocurre es que nunca se comprará unas gafas de sol en el Cortinglés, y que jamás llamará Roberto a ninguna mascota.

EL DORMITORIO DE RESIDENTES

Cinco y media de la madrugada. Acabo de bajar a la zona de urgencias. Apenas tres pacientes dormitan en los sillones. Uno de ellos en camas se agarra a un hilo de vida gracias a una CPAP, una máquina infernal que me recuerda al Silencio de los Corderos.
Mi turno de descanso era de dos a cinco. Al llegar al dormitorio de residentes empiezo a hablar con alguien en la cama de al lado. Una gran amiga, una gran persona , una bellisima amiga.
Hablamos del bien y del mal, de lo humano, de lo divino.
Las cuatro de la madrugada y no paramos de contarnos vidas vividas, sentimientos, emociones, pensamientos.
Definitivamente nos falta un tornillo. A esta hora la gente normal se dedica a descansar en lugar de hacer el ganso hablando sin parar de cama a cama.
-Oye cordobesa, que son casi las cinco y no he pegado ojo -le digo.
-Somos un desastre, y yo mañana sin saliente -su voz ya se arrastra en el aire de cansancio -¿te importa si fumo?.
-Fuma si quieres, no me molesta -lo deje hace dos años, pero no me considero antifumadores, cada cual hace con su vida lo que puede y no me molesta el humo.
-A ver si me escribes algún mail de vez en cuando.
-Vale, el próximo post de mi blog te lo dedico.
La penumbra de la habitación hace que el humo baile entorno a las camas mientras consumimos nuestro tiempo de sueño en contarnos sueños mutuos.Ahora nos reimos. Risa floja la de estas horas intespestivas.
Cinco de la madrugada y cinco minutos. Acaba mi turno de descanso.
-¿Sabes qué?. No ha estado mal este rato.
Ya duerme en silencio, quizás ni me ha oído.
Me levanto, apago la luz y salgo al área de urgencias... antes de que lleguen esos pacientes mañaneros con dolamas y algias varias te dedico el prometido post con un solo consejo: no te olvides de ser feliz. Buenas noches cordobesa

PALOMITAS DE COLORES

Me llamo Paula, aunque en casa me llaman Peque; y tengo siete años. Mi papá es el hombre más listo del mundo. Y el más fuete…y el más guapo.
Mi papá siempre me lleva a la playa a buscar piedras bonitas. Me gustan las piedras verdes y bien redondas.
Mi papá sabe casi todo, además me cuenta unos cuentos que nadie más sabe. Los cuentos de piratas y brujas son mis preferidos. Tengo suerte de tener el mejor papá del mundo.
También vamos al cine con mamá casi todas las semanas y vemos unas pelis que casi siempre me gustan. Bueno, una vez fuimos a una de esas de llorar que le encantan a mami y a mí no me gustó nada. A papá tampoco. Pero no importa, porque compramos palomitas de colores, que son las que más me gustan.
Mi papá viaja mucho. A la vuelta siempre me trae regalos geniales, los mejores. A veces nos trae rosas azules. Él dice que es porque las rosas azules deberían existir para nosotras. Yo creo que son flores de pega, pero me encantan. Ya tengo cinco.
Siempre nos reímos mucho cuando jugamos al escondite, o a las adivinanzas. También nos gusta jugar a tirar piedras a las olas.
Un día llegó a casa y no tenía ni un pelo. Se lo había cortado todo. ¡Qué risas nos dimos al verlo completamente calvo!.
Papá hace algún tiempo que no viaja. Se queda casi todo el día en casa, y se levanta muy tarde. Me parece que se está quedando muy flacucho y pálido. Pero es porque se está preparando para la fiesta de Navidad. Dice mami que se disfrazará de Don Fideo, y para ser el mejor de todos debe estar bien flaco y pálido.
Hace unos días papá me llamó y me explicó por qué estaba siempre en cama:
-Hola Peque. Estoy siempre en casa porque estoy descansando y acumulando fuerzas para hacer un gran viaje. Es bastante lejos, pero no te preocupes, cuando me eches de menos puedes mirar tus rosas azules y será como si estuviéramos juntos...
Y por suerte, papá no me engañó, a los pocos días se había ido a su viaje. No pude despedirme de él porque me dijo mami que había tenido que salir de noche, pero antes me había dado muchos besitos en la frente.
La verdad es que yo me puse un poco triste. Me parece que mamá también lo está porque la oigo llorar por las noches. Pero ella llora por otra cosa. Creo que es porque esa ropa oscura que se compró no le gusta nada. Los mayores a veces lloran por cosas absurdas.
Cada noche me duermo mirando las cinco rosas azules, y a veces también me entran algunas ganas de llorar. No importa, cuando vuelva papá me traerá otra gran rosa azul, reiremos jugando al escondite, y comeremos palomitas de colores hasta que me duela la barriga.
Soy Paula, tengo siete años. Y el mejor papá del mundo…

EN EL TREN

Dentro de apenas dos horas pisaré nuevamente Madrid. Subiré los peldaños del metro y respiraré profundo al salir a Gran Vía. Siempre pienso lo mismo al subir esos escalones: Madrid me espera.
La música me arropa mientras miro las traviesas del tren pasando veloces y Ella Fitzgerald me susurra al oído. What´s wrong?
Me gusta perder la mirada en el horizonte en esa inmensa Castilla que ahora cruzo.
Madrid me espera. Con sus ruidos mágicos y sus calles con olor a bocadillos de calamares.
Amigos me esperan al otro lado de la catenaria. Eso cuenta. Y mucho. Gente de norte las llamo con el mayor cariño del mundo. Destroyers sin duda.
A mi lado dormita una chica. En su regazo un libro abierto reza:
Y tras la lucidez tremenda que da el saberse intocable, tras la certeza de que la libertad es lo único que merece la pena, Torcuato Treslindes decidió volver a Madrid”.
Alguien habla por teléfono en mi vagón, especulando acerca de las posibilidades de vender algo.
Me gustan las ciudades grandes, muy grandes. Tanto como viajar dentro de mí, muy dentro.
Nubes a lo lejos. Miro mis manos como el lactante que descubre su cuerpo, y entonces me vienen a la mente aromas de noches infinitas.
Ahora es Chopin quien me va entregando en ese sueño agradable que sólo nos da en tren. En ese mismo momento me voy durmiendo mientras me envuelve el recuerdo de su piel de chocolate en una noche de magia granadina.
Madrid me espera al otro lado de la catenaria. Y amigos increíbles. Eso cuenta. Y mucho…

NOTICIAS EN LA TELE

El gobierno destina medio millón de euros a hacer una obra para embellecer un salón de lujo en la sede de la ONU con dinero destinado a Ayuda al desarrollo. Los políticos se ponen de acuerdo en una mañana para destinar miles de millones de euros a los bancos y salvarlos del descalabro fruto de su mala gestión. En menos de dos semanas salen miles de millones de debajo de la alfombra y se les entrega a los banqueros para que sigan disfrutando de sus mansiones en la Costa Azul. Veo la tele y tiemblo de asco.
Salen de la reunión con esa sonrisa bonachona de quien se sabe en otra galaxia, del señorito que, una vez más sabe que podrá seguir violando a las campesinas porque su padre es un muerto-de-hambre. Destinar un 0.7 del PIB a paliar el hambre, la miseria, a evitar que los niños se mueran por beber agua infectada con nuestra mierda es imposible.
Dotar de un simple dispensario de aspirinas y penicilina una aldea en Mozambique es imposible. Educar a millones de personas en Africa para evitar que el SIDA los siga masacrando como a hormigas es imposible.
Los banqueros salen de la reunión en sus audis con sus cheques en el bolsillo.
El político de turno los despide con la sonrisa imbécil del sátrapa.
Un niño sigue muriendo cada tres segundos de hambre...un dos tres. Es imposible evitarlo, nos dicen los políticos.

PUZZLE

Quizás no entiendas mucho este post. No importa. Quizás lo entiendas todo. No importa. Yo te invito a leerlo, a disfrutarlo si puedes.
Momentos, segundos, instantes marcan una vida...
Las olas me traen voces del pasado. Retazos de una vida, piezas de un puzzle que es mi memoria. Me siento sobre mis miles de piedras pequeñas, en mi playa cada día menos secreta. Cierro los ojos y el mar me trae imágenes saladas, sensaciones mestizas de mar y tierra.
Imagen 1:
-Hola, ¿de donde vienes? –la niña pregunta mirando al niño de apenas diez años.
-De comer mandarinas en la huerta.
-Qué raro, no hueles a mandarina.
-Es que vino la dueña y tuvimos que salir corriendo, además me comí un chicle. Me queda un trozo ¿quieres?.
-vale.
Imagen 2
Pasa el tiempo. Una noche escribí unos versos pensando en ella. Una tarde rasgué la corteza de un árbol para poner sus iniciales. Hoy nadie visita aquella arboleda habitada por locos en la noche. El árbol sigue en pie, con su cicatriz tatutada. Yo también sigo en pie. Maltrecho quizás pero en pie.
Imagen 3
Cuando acaba la noche, la gente se retira. Queda tan sólo una pareja sentados junto a la zona de baile. Feria de pueblo. Se miran…
-¿Nos vamos? –dice él.
-Nos vamos –dice ella.
Minutos más tarde se devoran a besos a salvo de miradas.
Imagen 4:
Alguien llama a la puerta de un piso de estudiantes. Lunes por la tarde.
-Quien es?
-Hola, soy yo. Te olvidaste la cartera anoche en el bar.
-Ah!, gracias. ¿quieres pasar?
-Vale.
Imagen 5
Subo unos escalones, hasta salir por la bocana de la plaza de toros…miles de personas gritan, la luz de los flashes me ciega, un guitarrazo rasga el aire, sale Santiago Auserón…treinta y siete grados y un montón de huesos. Cojo su mano...

Rincones prohibidos, besos de fuego. Puños en alto, juegos de magia. Y risas. Noches de pasión infinita, de vino y rosas, de dragones y cuentos de Simbad. Estrellas compartidas, noches de luna llena y sabor a sal.
Hoy pienso que soy alguien con suerte. Quizás eso lo determine casi todo en nuestras vidas, simplemente la suerte necesaria para que las piezas del puzzle se vayan acoplando y encontrar a la persona que encaje en tus huecos.

NOT FEAR

El pasillo del ala oeste es el pasillo del miedo. Se trata de un corredor apenas de cincuenta metros. A derecha e izquierda se abren las puertas de las consultas externas como bocas de un gigantesco monstruo devorador de personas. En asientos de plástico se amontonan pacientes expectantes, pacientes con un común denominador: tienen miedo.
Cada pocos minutos se abre una puerta y una enfermera con acento neutro lee un nombre de la lista. Uno a uno van pasando...tienen miedo.
Juan espera en la puerto de otorrino. LLeva afónico más de un mes y ha perdido dos tallas de pantalón. Él lo intuye todo, y cada día tiene más miedo. No duerme hace tres días. Mirará a los ojos al médico que lo examine, escrutando cualquier gesto que delate pistas acerca de su enfermedad, no sentirá dolor al ser explorado, pues el miedo lo sobrepasa todo, se sentirá herido cuando el médico mire su faringe mientras comenta con la enfermera el último cotilleo...miedo.
Luisa espera al lado de Juan. Va a recoger los resultados de su colonoscopia. La han llamado a casa. También lo sabe. Sabe que si te llaman del hospital después de hacerte una prueba es porque estás jodido. Lleva dos días flotando en su propio miedo. Luisa sabe que los treinta segundos durante los cuales el doctor le comunicará el resultado de su prueba los vivirá como el torero que va siendo atravesado sin piedad, viendo la escena desde fuera. Luisa se agarrará a todas y cada una de las palabras del médico, buscando una esperanza...miedo.
El pasillo oeste. Donde se agolpan pacientes sudorosos, miradas ajenas, enfemeras con prisas, periódicos gratuitos por los suelos, médicos con bata blanca que parecen flotar por encima del vulgo y sus miserias, vidas tóxicas.
Allí esperan Amelia y Carlos. Ella está perdiendo la memoria. Se cogen de la mano, se miran. Amelia sonríe. Llora por dentro la inmensa pena de saber que en pocos meses no recordará a Carlos, ni a sus nietos, ni a sus hijos, ni siquiera recordará cómo sentarse en el wc. Eso se lo dirá el médico en unos minutos...miedo. Por si acaso Carlos besa cada noche a Amelia con los besos que nunca le dio.
Mil historias, miles de vidas a punto de truncarse, miles de almas en la cuerda floja, en el fondo el pasillo oeste, tan recto, es un cruce de caminos para cientos de personas al día. Antonio, que orina sangre no para de rezar oraciones olvidadas hace lustros, y Francisco se está quedando ciego con su diabetes incontrolable cada día más aterrado por la oscuridad que le acecha en unos años. Pedro que se ahoga con sólo dar unos pasos, Andrés enganchado de por vida a una bombona de oxígeno mira el mundo desde los ojos nebulosos del bronquítico crónico, y Julio que escupe sangre hace tres meses tiene un miedo casi irracional.
Víctor Bárcenas se cruza en mitad del pasillo con Andrea, su residente menor (R de segundo año por más señas, Erredós).
-¿Qué tal guapetona? -le dice Víctor desplegando su sonrisa de los viernes.
-Bueno, regular, voy para el comedor, ¿me acompañas? -la cara de Andrea denota tristeza.
-¿Qué te pasa? Estás pálida. ¿Cuándo tienes guardia? -Esta es la pregunta que se hacen el noventa y nueve por ciento de los residentes cada vez que se ven...¿cuando tienes guardia?.
-Nada, estoy cagada de miedo, tengo guardia hoy -responde Andrea.
Víctor coge a Andrea del brazo, entra con ella a una de las consultas vacías.
-Mira esto -Bárcenas saca una radiografía de tórax en la que se ve un tumor que ocupa medio pulmón -es de un paciente de mi centro de salud, he venido a que me la informe el radiólogo. Tiene cuarenta y tres años, mujer, tres hijos y una hipoteca. Casi seguro que la palmará en menos de un año. Él si debe tener miedo. Tú mañana te irás a tu casa, te ducharás, dormirás y disfrutarás tu noche de sábado, capicci?.
-Gracias feo, por cierto ¿y tú cuando tienes guardia? -Andrea ahora sonríe con sorna.
-Calla, que yo tengo mañana, veinticuatro horas, imagina, además estará de cirujano el doctor Prieto, flipo. ¡estoy acojonado!.
-jajaja... -los dos residentes se alejan riéndose por el pasillo cogidos del brazo dejando atrás a Juan, a Luisa, a Amelia y Carlos, a Antonio, a Francisco, a Andrés, a Julio...miedos.

SESIÓN CLINICA

Viernes 5 de Noviembre: A Víctor Bárcenas, le encargan un “trabajito” en el centro de salud, tras ardua negociación entre Don Anselmo y Laboratorios Wanger. Se trata de presentar una sesión clínica. Unos días antes le entregan un CD de laboratorios Wanger en el que se presentan los exitosos resultados de un estudio en diabéticos hipertensos. Se trata de un antihipertensivo.
-Querido Victor, comparar este medicamento nuevo con lo que se usaba hasta ahora es como comparar un Mercedes con un Seiscientos. Y yo quiero que mis pacientes viajen en mercedes –le explica a Víctor su tutor, excelso descendiente de los reyes godos sin duda.
En el estudio en cuestión, llevado a cabo en quince países, todos ellos perfectamente industrializados, en el que participaron ciento treinta doctores (por cierto convenientemente “becados”), se comparan los grandísimos beneficios de un medicamento (llámalo X) en comparación con…no tomar nada (comparación con placebo se llama el negociete). Curiosamente el coste de este tratamiento contra la tensión es de más de cuarenta euros al mes, frente a los tres euros que cuesta el tratamiento usual y eficaz. Finalmente el estudio recomienda que se use el nuevo antihipertensivo porque “se cree que podría mejorar” las cifras tensionales en diabéticos mejor que el tratamiento usado hasta ahora. Incluso tiene la desfachatez de decir: “Deberíamos pensar en dar este medicamento(contra la tensión), a diabéticos no hipertensos”.
Victor sabe que roza lo inmoral el realizar estudios de este tipo, comparando nuevos medicamentos con placebo cuando ya existen medicamentos eficaces, más aún hacer conclusiones que parecen sacadas de una noche de langostinos y Ribeiro
Nos morimos de infartos, accidentes cerebrovasculares, cánceres varios, fruto de diabetes, de tensiones disparatadas, colesteroles diversos, obesidades mórbidas.
¿Nadie planteará de forma seria que si dejamos de comer porquerías y hacer esta vida de marmotas dejaríamos de morir embebidos en nuestra propia manteca?. Supongo que no. Es que eso no vende
Lástima en lo que algunos tratan de convertir la profesión más bonita del mundo: un simple listado de pastillas contra la infelicidad que nos convierte en más infelices.
Victor es el hombre de las mil teorias. Hoy piensa en su teoría del círculo seboso :
-Doctor, soy infeliz, por ello devoro para calmar mi ansiedad y fumo sin parar, como consecuencia me pongo gorda y me canso al andar, lo cual conlleva aumento de la tensión, del colesterol y diabetes de regalo. Cúreme .
-No se preocupe, aquí tiene: paroxetina, diazepan, vareniclina, atorvastatina, candesartán, metformina, atenolol…¿algo más?
-Tomo tantas medicinas porque estoy enferma, eso me convierte en más infeliz, eso me da ansiedad, devoro y fumo sin parar…el círculo sigue.
-No se preocupe, que nosotros, los supermédicos superinvestigadores y superlistos vamos a descubrir un medicamento que le baje más el colesterol, que le baje más la tensión, que le termine de joder la vida hasta convertirla en un rosario de pastillas e inyecciones.
-Gracias doctor es usted muy amable.
-De nada señora, dese por jodida.
Victor lo ha decidido: No va a presentar el trabajo, ni el CD del laboratorio, renunciando con ello a la gratificación que conlleva.
¿Acaso alguien cree que todo esto es fruto de mi imaginación?...Ojalá.
Se gasta más dinero en silicona y en medicación contra la impotencia que en investigar contra el Alzheimer. Consecuencia: en unos años el mundo estará plagado de viejas con unas tetas perfectas, viejos con unos penes durísimos…pero no recordarán como se usan.

KIKOS

El relato que estás a punto de leer no es un cuento. No es fruto de noches de insomnio, ni de soledades compartidas. Es la verdad, la realidad que camina junto a nosotros por la calle. Normalmente dejo volar mi imaginación. Hoy no.
-¿Me das kikos? –dice Ramón.
Hacía más de doce años que no lo veía. Ramón el kikos hoy sería catalogado como discapacitado psíquico. En realidad es el tonto del pueblo. Así de frío, así de duro…así de cruel. Vivo en un pueblecito de la montaña andaluza. En los pueblos como el mío hay cosas que no cambian. Los niños corriendo por la calle, los cotilleos, las puertas abiertas, los viejos mirando obras, el médico, el cura, el alcalde, el guardia civil…y el tonto del pueblo.
Nacimos apenas con dos meses de diferencia, hecho que condicionó que compartiéramos los primeros años de colegio. En aquella infancia de Espinete y Mazinger zeta, de recreos con Tulipán y Revilla, en tardes de pan con chocolate persiguiendo ladrones, Ramón era uno más. Quizás algo más lento en las carreras, quizás más llorón en las caídas, quizás menos ágil en las mentiras, y con una peculiaridad: le encantaba comer kikos. Ramón el kikos le pusimos.

- ¿Me das kikos?.

Pocos años después se fue quedando en cursos inferiores mientras el resto íbamos avanzando. Mientras íbamos asaltando el huerto de naranjos, invadiendo albercas en verano o robando cigarrillos al kiosquero minusválido, Ramón siguió varado en su infancia, en su sonrisa, en sus saludos de hombre mayor, en sus cinco duros para kikos.
La madre de Ramón, María se llamaba, llevaba un tiempo sangrando de forma extraña. Una mañana de Mayo salió con destino al gran hospital de la capital. Iba a ver al ginecólogo tras largos meses de espera. Ramón, ya con diez años, la despidió con un beso en la parada del autobús saludándola alegremente con la mano.
-¡Hasta mañana mamá!!! -gritaba Ramón mientras veía la cara triste y cerúlea de su madre alejarse. María, no volvió. Un cáncer de útero la había devorado, y fallecía días más tardes en un quirófano.

Desde entonces Ramón acudía de forma metódica cada tarde a la parada del autobús a esperar a su madre. Nadie tuvo el valor de decirle nada. Él simplemente se sentaba, con su bolsa de kikos esperando a las ocho de la tarde, hora en la que el desvencijado autobús abría su boca para vomitar nauseosos pasajeros. Ramón siempre ensayaba su mejor sonrisa los dos minutos que pasaban mientras salían los viajeros, firme delante de la escalerilla de salida. Siempre esperaba que su mamá saliera la última. Ramón volvía cada tarde a casa con la cabeza gacha, con los kikos, con la camiseta de naranjito, la gorra de Unicaja y en el bolsillo una preciosa piedra que un día encontró en el río y que guardaba para dásela a su madre.

El día que volviera le demostraría que no era tan tonto como decían, pues había logrado encontrar una piedra genial, totalmente redonda y brillante.

Así pasaron tres años. Una tarde de Septiembre Ramón, al volver de la parada del autobús encontró el cuerpo de su padre colgado de una viga en la cuadra del mulo. Se quedó mirando durante horas antes de poder reaccionar. Lo encontraron por la mañana llorando junto a los pies de su padre.

Días más tarde se lo llevaron a la capital, a casa de unos tíos. Ramón no volvió al pueblo. Nuestras vidas siguieron, acabé al carrera, empecé a vivir, a luchar, a soñar...hasta ayer. Ayer tarde lo encontré en la parada del autobús, sentado en el mismo malecón que hacía años. Paré el coche y me acerqué.

-Hola Salva -su mirada limpia, su sonrisa franca a pesar de tanto sufrimiento me desarmó al instante.

-¿Qué pasa Ramón? -me odié por no saber qué decirle.

-Aquí, esperando, he venido con mis tíos ¿Quieres kikos?

Me senté a su lado. Me dio un puñadito de kikos y nos sonreímos. Salva y Ramón...por unos minutos volvimos a ser aquellos dos niños del pan con chocolate, de mazinger-zeta, de los policías y ladrones. Minutos más tarde llegó el bus de las ocho. Ramón se levantó, no se acercó pero ensayó su mejor sonrisa. Dos pasajeros con prisas se bajaron sin mirarnos. Ramón bajó la cabeza, de su bolsillo sacó una pidrecita redonda:

-¿La quieres?, es una piedra genial. La encontré yo -me dijo con los ojos brillosos.

-Gracias Ramón, la piedra es la leche, la guardaré.

Ramón se alejó con las manos en los bolsillos...lo siento no puedo seguir escribiendo.

PAN Y CIRCO


Son las cuatro de la madrugada y el mundo gira.
A miles de kilómetros el imperio tendrá nuevo Faraón en unas horas. Se decidirá entre un señor de pelo blanco con nombre de patatas congeladas y un producto de marketing con cara de flipado. Cualquiera de los dos, ¿tardaría menos de dos segundos en firmar una pena de muerte por un puñado de votos?. Ganará Obama. Todo el mundo lo sabe. A mí me la trae al pairo.
Aquí en España sigo preocupadísimo por el asunto Falete (Falete-gate). Gran problema sin duda. Si a eso unimos las declaraciónes de la reina (sic transit) entonces ya es que me da la crisis de hiperventilación. La duquesa de alba, octogenaria latifundista decide casarse para pasmo de familias enteras. Otro gran motivo para pensar. Por otra parte, discutimos si el Barcelona es imbatible, si Raul debe jugar o si a Fernando Alonso le pica un huevo.
Decimos que los romanos eran unos cafres por ignorar la decadencia del imperio con pan y circo…nos quedamos más anchos que Pancho, nosotros nos consideramos mejores.
Suerte que me gusta el buen queso, con una copa de Protos, esa sería mi cena, a tu lado mirando arder la chimenea. Comeríamos queso, beberíamos vino, luego nos comeríamos y nos beberíamos mutuamente. Mientras sigue el circo de las barras y las estrellas.

LA TERCERA CAMILLA

Dicen que la vida está llena de claroscuros. En sillones no es así. Allí la vida es en blanco y negro. Sillones es la zona de observación del hospital de Víctor Bárcenas. También conocida como la trinchera. Son las cuatro de la madrugada, y el residente Bárcenas barrunta su teoría del humor (Víctor, el hombre de las mil teorías): A partir de las tres de la madrugada todos estamos de mal humor, salvo tres honrosas excepciones:
a.-Estás pidiento en trigésimo quinto cubata en la barra de un pub.
b.-Estás a punto de conquistar a una chica que tiene un gran parecido con Anne Hataway
c.-Acabas de recoger del suelo con extremo disimulo cincuenta eurazos que alguien perdió.
El resto de situaciones vitales, las afrontas de mal humor, más aún si llevas diecisiete horas trabajando sin parar. Sin embargo algunos pacientes/usuarios/clientes tienen la certeza de que el médico de urgencias es una especie de ser mitológico que, inasequible al desaliento y al cansancio físico/psíquico, y en virtud de una vocación semi-monjil espera con anhelo la llegada a su consulta de odontálgicos, insomnes, dispépticos, gotosos, borrachos y flatulénticos...MEEEC!!! Error. Victor se limpia las gafas y mira a su alrededor:
Una enfermera dormita ante un libro, la otra juega a Mahjong en el ordenador (es curiosa esa desaforada afición de ciertas enfermeras por el Mahjong y los libros gordos). El celador no está ( qué raro...) Detrás de él, el área de camas, con sus rítmicos pitidos.
Amiguitos...Bienvenidos al circo del dolor, al círculo de las noches sin risas, sin rencores, porque ni siquiera odiar se puede en este sitio, sólo queda aferrarse a la vida. Bienvenidos a la noche de sábado en urgencias.
-Joder, esta noche parece que Dios se olvidó de este rincón -dice Víctor-nadie lo oye.
Tres camillas: Un borracho duerme sus vómitos negros en la camilla. Junto a él una adolescente suicida con su sonda en la nariz, su estómago venenoso y sus lágrimas benzodiazepínicas. En la tercera camilla está Juan.
Tres Sillones: Dolor epigástrico. Mujer de veintinueve años; me-duele-el-estómago, en realidad tiene miedo a la verdad: me-duele-el-alma. Bronquítico crónico de ochenta y dos años, atado a su bombona de oxígeno, sus sueros, sus aerosoles. Su vida, como siempre, pendiente de un hilo. Cabecea en el sillón envenenado por el carbónico que le da ese sueño que algún día lo matará. Gasometría por la mañana y alta. Volver si empeora...volverá. En un rincón, a oscuras, una mujer de cuarenta y tres años une su brazo a una bolsa roja. La están tranfundiendo. Anemia microcítica en estudio. No puede dormir. Piensa en su niño Jaime, de doce años que aún no hizo los deberes. Ignora que en dos meses un cancer de colon terminará de devorarla...y Juan.
Juan está en la tercera camilla. a sus noventa y cuatro años estaba muriéndose tranquilamente en su casa. Llevaba dos días sin comer ni beber. Es un hombre sabio, y sabe que ya es la hora. No le importa. Se moría, se apagaba tranquilamente rodeado de los suyos. Esta tarde llegó su nieto de Bilbao. Airado ante la pasividad familiar, llamó a la ambulancia que lo trasladó al hospital (¡esto no pasa en Bilbao!).
Ahora sigue igual, muriéndose, pero con una aguja en el brazo, un tubo por el pene y una mascarilla que le manda aire helado a la boca. A su derecha un borracho no para de decir estupideces, y a su izquierda una chica con los pelos violeta llora desconsoladamente. Juan se va a morir como jamás quiso, con el culo al aire y rodeado de extraños jugando al Mahjong.