EL PUENTE-2

Hoy he podido coger un ordenador con un windows muy extraůo, asi es que no se siquiera si este post sera visible. Sigue el frio polar en esta tierra de luz. Aqui el sol no calienta, simplemente alumbra, ilumina. Es esta una ciudad para enamorarse. Enamorarse de ella y enamorarse en ella...En mis viajes no suelo recoger mas fotos que las imprescindibles. Las fotos que me hagan recordar que estuve alli, que algun sentimiento nacio en determinado rincon. No suelo comprar las excursiones programadas con guias de banderita de colores.
Estamos nuevamente en un puente sobre aguas heladas. El chico porta un supercamaron Nikon D3 con su megazoom de 210 propio para hacer fotos del National Geografic. Creo que podría fotografiar una pulga a cien metros. En el hombro colgada la camara de video. Ella sostiene un tripode y en la otra mano una guia completa de la ciudad que parece la Espasa. Ella lo mira impaciente.
-Cari, un momento que estoy cogiendole el puntillo, ya casi estoy
-Rober, que llevamos mas de media hora para fotografiar esa estatua, yo creo que si nos compramos unas postales...
-venga cielo, son solo unos segundos, anda dejame el tripode a ver si asi, mientras ve tu grabando con la camara de video el rio, o aquella iglesia de alli.
A mi lado pasa un grupo de japoneses a toda prisa. Una guia les explica el tremendo significado de las cagadas de paloma que hay sobre la estatua, asi como la leyenda entorno al fantasma de la otra estatua. Ellos atienden absortos. Una cultura que es capaz de comerse tallos de bambu es capaz de tragarse que las palomas tienen predileccion por defecar sobre determinada figura...cracks totales.
-Oye Rober, que el librito dice que a las cuatro cierra el museo de historia moderna, y que es imprescindible verlo -dice Cari leyendo la guia con desesperacion.
-Vale, vamonos, otro dia volvemos aqui, de todas formas la luz no es la ideal.
A veces flipo con la gente que intenta plasmar segundo a segundo cada instante para aburrir a los amigos con sus fotos.
Una banda toca con armonica, guitarra electrica y violonchelo unas notas de jazz y rithm and blues. New Orleans en directo para turistas con prisas, Cari y Rober con su camara, los japoneses con prisas, la octogenaria semicongelada, unos chicos con pinta de rusos ligando con unas italianas, los vendedores de marihuana, mi chica, yo y miles de personas con prisas...Prefiero emociones de New Orleans a fotos pixeladas por Nikkon.

FRIO

Escribo desde los hielos, desde un lugar donde el tiempo se congelo, donde los ordenadores no tienen tilde.
Volando desde la tierras del sur calido y apacible, desde las playas donde siempre es verano, aterrizo en una tierra hostil y helada donde vivir es puro milagro.
Me gusta la gente de esta tierra. A veces creo que soy tan raro que me gusta la gente de todos los sitios que visito (excepcion hecha de ciertos talibanes que casi nos echan a patadas del metro de Estambul por reir en publico estando en ramadan).
Hoy me paso algo curioso...Una anciana con al menos ochenta y siete primaveras a sus espaldas nos sonrie en un puente sobre un rio de aguas heladas, la miro de arriba abajo...sin duda por causa de un olvido se ha puesto una falda y los tres grados bajo cero que soportamos me dan la solucion, la anciana no me sonreia simplemente es que un rictus de frio le daba esa apariencia a su cara. Aqui hace mas frio que robando pinguinos.
Escribo desde uno de los rincones mas bonitos del mundo, y siempre que viajo me gusta dejar un trozo de mi en este blog, quizas porque me gusta compartir, quizas Freud tendria mucho que decir en esto, pero la verdad es que me importa un pimiento...respiro, me pongo mi gorro, mis guantes, mi panuelo (joder tampoco hay egne en este teclado) palestino, respiro un vaho helado a una calle helada...y sigo.

SIN PEGATINAS

En el hospital de Víctor Bárcenas, cuando entra un paciente en urgencias recibe dos cosas: una mirada furiosa del enfermero de triaje y un papel con dieciseis pegatinas. Son pegatinas de identificación donde figura su nombre, número de historia y código de barras.
El día está siendo horrible. En estas fechas prenavideñas las urgencias se convierten en una especie de cementerio de elefantes. Víctor piensa que la zona de camillas es propia de National Geografic, donde en paralelo se agolpan momias semiinconscientes en espera de destino.
-No señora, no creo que su padre cumpla criterios para ingreso.
-Pero nosotros así no nos lo llevamos a casa, que lo sepa. Si se muere, esto no se va a quedar así -dice una hija ofuscada.
-Es que su padre tiene noventa y siete años, no sería extraño que falleciera. Milagros sólo se hacen en Fátima.
-¿me está diciendo que lo van a echar sin ponerle ni un suero? Que sepa que tenemos visita estas navidades, y no podemos hacernos cargo...además el abuelo no quiere comer hace cuatro días.
-Al abuelo lo estáis dejando que se muera como un perro porque no teneis tiempo de prepararle comida ni de limpiarlo -piensa Víctor-y queréis dejarlo aparcado unos días en el hospital para zamparos el jamón y los langostinos.
-Además, si esto es ley de vida como usted dice, ¿qué pasaría si fuese su padre?.
-Si fuese mi padre, decidiría junto con el médico que la llevase como intento hacer con usted.
-Sí, sí, seguro que ya lo tendría ingresado hace horas.
Juan, que podría ser primo hermano de Tutankamon, no se entera de nada. Hace años que flota en la nebulosa del Alzheimer.
Pasan las horas. La tragedia empieza el momento en que se acaban la pegatinas, Víctor lo ha comprobado (algún día debería hacer un estudio al respecto). Una para la solapa, dos para la radiografía, una para la analitica, una para el electro, dos para la placa, una para la hoja de tratamiento, una para el sedimento de orina. Pasa el tiempo y las pegatinas se acaban.
Una pegatina más para nueva analítica pidiendo troponinas y Dimero D a ver si suena la flauta, otras dos para radiografía de abdomen y ecografía(en la de torax no se ve un pijo, a ver si haciendole una eco de abdomen vemos algo que justifique avisar al internista). Febrícula, 37.5, dos pegatinas más hemocultivo y urocultivo.
Ha bajado el internista:
-Bueno, ¿y de qué acusamos al abuelo?.
-La verdad -Victor se siente como el vendedor de coches usados intentando meterle una bacalada a un iluso -creo que tiene una sepsis de origen urinario... -(zum, zum!!).Víctor pone la voz así como soy-un-super-médico.
-Oye, ¿me estás diciendo que el abuelo de 97 años con 37.5 grados, tensiones de 120/80, creatinina de 0.8, glucosa de 106 Sodio de 132, potasio de 4.2 y nueve-mil-leucos y 50 leucos en orina, está séptico por una infección de orina?. Si es así, repítemelo,porque no me he enterado..."doctor"-dice el internista.
-Vale, me rindo. Abuelo con 97 años con cuadro catarral, viene visita a la casa y nos lo quieren colocar unos días.
-Bien, ahora hablamos el mismo idioma -dice el internista -mira Victor, llevo de éstos cinco ingresados ya, y la planta va a reventar, lo siento, pero no-puede-ser. Me voy que me llaman.
-Gracias de todas formas.
Llega la madrugada y quedan dos pegatinas(TAC craneal por la mañana) . No quedan pegatinas. Víctor rellena a mano la última petición para Juan. Analítica de control por la mañana. Sabe que cuando se han acabado las dieciséis pegatinas es porque se ha acribillado al paciente a pruebas y a horas de estancia en urgencias.
Víctor sabe que es cruel, que es injusto y que así no debe funcionar, pero en cuatro años aún no ha encontrado otra solución. La familia no cede, el sistema no cede, Juan dormita y no opina, y el residente no tiene ganas ni fuerzas a las cinco de la madrugada para encontrar una solución.
-Oye Mónica, ¿me haces un favor? -le dice a la enfermera.
-Dime -dice cara-de-sueño-Mónica, que se había dormido estudiado un libraco de oposiciones.
-¿Le sacas una nueva hoja de pegatinas al de la camilla dos?. Gracias.
-Tío, los médicos no tenéis corazón, hay que ver el pobre abuelo lleva todo el día ahí...

-Sí Mónica, a mí me lo vas a decir...
Mañana será otro día.

Feliz Navidad a todos.

CENA DE NAVIDAD...GUAY

Jueves negro. Víctor Bárcenas empieza la mañana maldiciendo al tonto-del-haba que decidió poner la cena de navidad en miércoles...¡La cena de navidad...!
La cosa prometía a las nueve de la noche cuando llegaba Víctor con su ropa mega-fashion convencido de que triunfaría sin la más mínima duda. Primeros escarceos en la guerra de guerrillas, bayoneta calada. Cervecita y tapita. Plof!! la primera en la frente, la gamba rebozada está aún congelada por dentro. Víctor hace de tripas corazon y se la traga... no es plan de perder el glamour escupiendo tan asqueroso producto. Coge un buñuelo para pasar el trago, ¡el puto buñuelo está relleno de morcilla!! Víctor no da crédito. Odia la morcilla con toda su alma. No puede entender que alguien coma sangre macerada y especiada. El residente Bárcenas huye al servicio donde escupe hasta el último rastro morcillesco de su boca. Al volver se da cuenta de la tragedia. No es que todos estén muertos, es algo aún peor: han pasado todos al comedor. Víctor entra al inmenso salón donde los cincuenta y dos trabajadores del centro de salud ocupan sus sillas entre risas. Sabe que la ha cagado: No queda asiento junto a otros residentes (evidentemente centrados cada uno en su presa), ni junto a la odontóloga, ni cerca de las enfermeras. únicamente queda un asiento libre...vista-llorosa-Bárcenas observa la silla eléctrica reservada para él. A su izquierda el director del centro de salud y a su derecha Asun, la administrativa de ciento trece kilos. Víctor se dirige entregado al patíbulo. Y se sienta.
-¡Qué bien, caímos juntos , me gusta sentarme al lado de jovencitos tan guapos! jajaja... -Asun sonríe mostrando sus dientes impregnados en grasa morcillosa.
-Sí...jeje. A mí me encantaría salir corriendo, y mira, aquí estoy aguantando mecha-piensa el residente.
-Me han dicho que hablas alemán, ¿es cierto? -le dice Asun.
-Bueno, sí, me gustan los idiomas.
-Podemos hablar en alemán, si te parece, estoy en la academia -sonrie Asun.
-Ésta quiere una clase de alemán por el forro. Por mí como si habla en Suagili -piensa Víctor...veinte minutos hablando en alemán con una señora de cincuenta años que no paraba de darle pellizcos...guay.
A su izquierda, don Ofelio Tranzas, director del centro de salud. Don Ofelio está convencido de que para ser buen médico sólo se necesitan dos cosas: llevar perilla y fumar en pipa. El resto es anecdótico.
-Bien, jovenzuelo, esta noche nos lo pasaremos guay!
-¿pero por qué ostias dice guay un tipo mezcla entre Lenin y Leonardo Dantés? -piensa Víctor -la noche promete.
El residente de cuarto año coge tímidamente algún trozo de queso (es un apasionado de los grandes quesos), mientras Asun le ofrece generosamente un buñuelo de sangre-de-cerdo-macerada. (No gracias)
Al otro lado de la sala las enfermeras ya están pasándoselo realmente bien.
La sopa de mariscos y el "filete Meuniere" sin comentarios. Bárcenas está convencido de que como nadie se lo come, lo reponen una y otra vez tras pasarlos por el lavavajillas y cambiarle la salsa. La Asun no para de comer y beber como una auténtica berraca, insistiéndole en "come que estás mu flacucho".
De vez en cuando Víctor se gira para oír las batallitas de don Ofelio, mientras observa a la guapísima Mónica lejos de sus garras.
-Bueno, y tú ¿Por qué cogiste Familia?.
-Porque me dijeron que era la que tenía más salidas, pero resulta que no es así, la mayoría son bastante puritanas...
El ataque de risa provoca que don Ofelio esté a punto de atragantarse.
Tras dos horas interminables e incontables copas de vino (oferta del Mercadona), se levanta la gente, y...¡a las copas!.
Por fin, Victor se va con su gente a la zona de baile. Grave error. La Asun lo persigue diciéndole que le debe un baile.
¿Que le debo un baile?...¡Yo lo que le debo es un bocado en el pescuezo a esta vaca marina! -piensa Victor mientras sonríe educadamente y asiente.
-Venga, que vamos a divertirnos, ole, ole que guay! -grita Asun
-Gin tonic, con mucha ginebra, por favor -pide Víctor- pero mucha, por favor.
La sala de baile es una especie de salón guatequero con luces rojas y una bola de brillos enmedio. El disc-jockey entra a degüello con King África. Víctor sabe que aquello es un sueño. No puede estar pasando, porque seguidamente suena Sarandonga, canción estrella en todas las bodas cutres del mundo.
-Tengo una sorpresa para tí, joven -La Asun vuelve al ataque.
Entonces suenan los acordes de Francisco Alegre, célebre pasodoble español. La Asun lo ha pedido y se acerca bambolenante a Víctor:
-¿Bailamos?. Morsa-Asun agarra al R4 del centro de salud y lo engulle entre su adiposidad mientras éste la pisa una y otra vez. Jamás ha bailado un pasodoble y es consciente de que después de esta noche no volverá a ligar con ninguna chica de las presentes. Su reputación está tocando fondo y es consciente de ello.
Por fin las dos de la madrugada, don Ofelio con la corbata atada a la cabeza persigue a las residentes, La Asun dormita en un sillón, y la cosa va decayendo cuando...suena Paquito el Chocolatero. Entonces resucitan cual zombies de serie B, y montan una espectacular conga que recorre borrachuza el antro que apesta a perfumes almizclados y humo de pipa. Ahora todos corren histéricamente al ritmo de follow the leader (leader, leader...).
Víctor flota en su propia nube. Se acerca a la barra.
-Otzo Gin Toniz poz favoz!
-Pobrecillo, no veas el marcaje de la Asun -le dice la guapísima Mónica -estarás hartísimo.
-Joder, imaginate, me tiene frito -responde Victor.
-Yo me voy ya, si quieres, nos vamos a tomar algo a un sitio menos King-Africa -dice Mónica.
¡Monteeeeeenn armas!. Residente Bárcenas acaba de triunfar.Ole, ole, ole. Cinco minutos más tarde salen de la fiesta sigilosamente (sin saber que serán el cotilleo de los próximos dos meses...).
Víctor ha sobrepasado ampliamente su nivel aceptable para andar a dos piernas, así es que conducir se le hace levemente imposible. Está convencido de que Mónica no lo nota, así es que suben al coche, y a casita.
Cinco minutos más tarde, las luces de un control policial, indican a Víctor que la ha cagado hasta la bola.
-Buenas noches señores, ¿me permite la documentación por favor?.
Lo que queda de noche se presenta...guay.

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GURK

Algunos días recuerdo aquella noche en la que mis ilusiones se llenaron de barro. Fue una noche parecida a la de hoy, cercana a la navidad. Un frío realmente cabrón helaba hasta los pensamientos y yo caminaba por el centro de una calle desierta.
A mi lado iba Gurk. Caminábamos muy cerca, como conectados. Siempre jugábamos a andar marcando el paso y nos mirábamos de reojo. Aquel año había sido especialmente malo tras la huída de Anke. Apenas podíamos pagar la factura de la calefacción con mi miserable sueldo de conserje.
Decidimos prescindir de calefacción y pasar las noches abrazados bajo las mantas. Decidimos prescindir de la sopa caliente y pasar las tardes abrazados en el sofá.
Gurk jamás se quejó. Gurk jamás abandonó.
Tres meses antes de aquella navidad Anke me había abandonado como quien abandona una lata de sardinas (sin sardinas por supuesto). Se había largado una mañana de verano dejando una nota (lo siento, pero debo vivir mi vida...), escrito pulcramente en un post-it de la nevera. Me dolió su huída cobarde, pero me terminaron de matar aquellos tres jodidos puntos suspensivos. Ese día empecé a odiar a Anke y sus malditas cosas a medio hacer, sus ataques de nadie-me-entiende y sus complejos de que-bueno-soy-yo-y qué-malos-los-demás.
Fueron tres meses de sangre y fuego en los que cada noche recordé su respiración pausada, cada madrugada busqué su cuerpo bajo las sábanas, cada mañana lo maldije entre lágrimas. Finalmente fui comprendiendolo todo. No era tragedia. Ni siquiera desgracia ni mala suerte. Anke habría huido tarde o temprano en busca de su vida. Yo jamás signifiqué nada para él. Simplemente devoró las sardinas y arrojó la lata al río.
Aquella tarde de diciembre, vísperas navideñas mientras yo miraba un escaparate, un frenazo a mi espalda me indicó que mi calvario no había hecho más que comenzar.
Entre las ruedas de un citroen y el asfalto nevado estaba Gurk. Un reguero de sangre bajo su cabeza iba derritiendo la nieve. Siempre he pensado que realmente amas a alguien cuando te duelen sus dolores. Jamás pensé que algo me doliera más en la vida que ver como un golden retriever agonizaba atropellado. Me arrojé a su lado entre el barro, la sangre y la nieve justo para despedirlo, para besar sus orejotas mientras se iba apagando con un quejido. Recuerdo que me quedé mirando mis botas llenas de barro durante horas.
Hoy camino sola, sin Gurk, ya no añoro a Anke y sus puntos suspensivos. Sin embargo sigo echando de menos esas tardes de frío asesino en las que Gurk y yo marcábamos el paso y nos sonreíamos a orillas del Volga.

EL DESAYUNO

Víctor Bárcenas acaba su turno de guardia. Tras la noche de trabajo, en la cafetería se cruzan desayunos de los que salen con los que entran a trabajar. Allí se comenta la última anécdota de la guardia, o el enésimo cotilleo del hospital. Los hospitales a veces son como grandes pueblos, con sus cotillas, sus curas, sus graciosillos, sus borrachos, sus penas, y sus glorias.
Dentro de unos minutos sentirá el clic de sus pupilas al acomodarse al sol de la mañana. Disfruta al sentir ese momento en el que se siente todo un vampiro. Dentro de una hora estará durmiendo un sueño abrupto, en el que se mezclará el cansancio más absoluto con despertares sobresaltados en mitad de la mañana por culpa de un cerebro aún pasado de revoluciones que sigue pensando en pautas de Amiodarona y gasometrías incompatibles con la vida que se siguen agarrando a un hálito realmente mágico.
En la gran mesa de desayuno Víctor ha coincidido junto a Sandra, su exnovia. Las causas de su ruptura son desconocidas para todos, excepto para ellos.
Durante todo el desayuno la nota nerviosa, distante. No ha parado de hacer bolitas de papel. Víctor la mira a los ojos, pero ella evita su mirada.
A veces le gustaría levantarse y gritar delante de todo el mundo que la ama, que la quiere más que a nada en el mundo, pedirle que vuelva a su lado, comérsela a besos, decirle que...pero no. Sabe que estas cosas no tienen marcha atrás.
Víctor respira hondo recordando su piel de canela. Mil veces se ha arrepentido de haberlo jodido todo de aquella manera. Mil cosas le unen a Sandra. Sólo una cosa los separa.
-me gustaría que habláramos -dice ella a su oído.

Se miran a los ojos. El residente Bárcenas se teme lo peor, por ello racionaliza. Sabe que los días que sale de una guardia no debe involucrarse emocionalmente en nada con excepción de las pelis lacrimógenas. Para esta tarde ha preparado "Las salchichas peleonas tercera parte". Además hoy la noche promete. Ha descubierto un nuevo programa donde una tipa (presunta periodista) pregunta a cambio de cinco mil euros al concursante si sueña en acostarse con su cuñada o si es asiduo de determinados juguetes sexuales, luego ante la mirada horrorizada de su pareja, padres, hermanos y como no, unos pocos millones de morbosos televisivos una voz en off le dice: Eso es...Verdad. Audiencia garantizada Como diría ese ídolo de masas que es el bicho:¡tócate los cojones Mariloli!.
Bárcenas se limita a despedirse de Sandra con dos tímidos besos que le saben a hiel.
-Otro día quizás, hoy no estoy para nada -dice Víctor.
Hoy le espera un jueves de hierro...mierda!

PEDIATRIA DE URGENCIAS

...Día curioso. Hoy Víctor Bárcenas está de guardia de puerta, él es el Guardián de la Pediatría. Bolígrafo en mano y fonendo en ristre, el residente Bárcenas se encargará de mantener la planta a salvo de posibles ingresos a pesar de la avalancha de niños con mocos, fiebres y miasmas variadas, de padres ansiosos, obsesivos y capaces de cualquier cosa con tal de encontrar a alguien que le confirme que lo que tiene su niño es de estudio, de niños cansados y con ganas de volver a casa sin que les metan el palito de madera en la garganta.
Tras dos horas de batalla campal, la sala de espera de pediatría parece una feria de padres contándose lo mal que le huele la caca a su bebé (incluído exhibición de pañal con orgullo), lo enfermo que está su niño, lo poco que come y lo bueno que es su pediatra, sobre todo el de pago...las penas y alegrías de sus paternidades.
Víctor decide apuntar las frases del día, así la guardia se le hace más amena; a veces no puede reprimir una sonrisa:
-doctor, ¿el niño tendrá ese virus que anda ahora?
-no señora, los virus no andan. De todas formas, sí, a lo mejor su hijo tiene un virus, no creo que tenga una manada de cerdos dentro de la nariz que le provoquen la fiebre, la tos y el moco.
-Doctor, la niña no me come hace 10 días, tooooooodo lo vomita, creo que esto no es normal, a lo mejor con un suero...
-Oiga señora, no creo que sea necesario...
-Oiga doctor, ¿me va usted a decir que la niña está comiendo?. Le digo que no come nada, y si hace falta ingresarla, lo que usted diga que para eso es el médico". Además que sepa que le duele el cuello -chantaje emocional al médico, 25 gallifantes para el padre.
Dos horas más tarde y diecisiete niños mocolientos después niño de tres años:
-Y el niño , ¿toma alguna medicación?
-Sí doctor, toma el Inmunoferón.
-¿Y por qué lo toma? -pregunta Víctor iluso.
-Porque el pediatra se lo receta.
-Vale, tocado y hundido -esta madre tiene futuro en el campo de la física cuántica.

-¿Y es alérgico a algo? -Víctor sabe que se está metiendo en un berengenal con la pregunta, pero es el protocolo.
-Aaahhhh...eso no lo sabemos doctor -cara del padre expresando como-al-niño-le-de-una-reacción-la-ha-cagado-mediquillo.
La cosa está a punto de desmadrarse a las once de la noche, tras el partido de la Champions la mayoría de padres deciden que es la hora de pasarle la ITV al nene.
-¿Bronquio-qué?, oiga, no me diga que eso es grave....si hace falta me lo llevo al hospital materno...además nosotros "somos-de-asisa". Porque lo que tiene el niño no es normal.
-No señora, su niño de dos años con fiebre, tos y mocos tiene algo anormal, vaya que estoy en duda entre comunicarlo al Centro de Control de Enfermedades Raras, al FBI, publicarlo en el New England o pedirle una todografía.¡Lo de usted sí que no es normal señora, y nadie le dice nada! -Víctor lo piensa pero calla educadamente
Los niños en el domicilio padecen fiebres de cuarenta-y-pico mínimo, diarreas incontrolables y sanguinolentas, vómitos incoercibles y asquerosísimos, mocos verdosísimos, toses tísicas, dermatitis ampollosas, que en la consulta se terminan convirtiendo en febrículas, dermatitis benignas, gastroenteritis virales y mocos catarrales.
A las doce, bocadillo de York con tomate y Coca Light: quince minutos. Al volver Víctor pone el oído tras la puerta:
-Pues el médico se ha ido a comer -dice una madre con tono de reproche.
-Esta gente, entre cafés y comidas se les va el día, pues con el sueldo que cobran ya podían espabilar -machaca otra madre.
-Además, "este" ¿habéis visto la cara que ha puesto a ver la sala de espera?, A ver si cree que estamos aquí por gusto, pues que trabaje, que "paeso" pagamos el seguro.
Víctor sabe que no hay arreglo, el usuario siempre gana.
A las 3 de la madrugada, el residente ha limpiado la trinchera, se va a su dormitorio y se desmonta como un puzzle. De su pijama verde saca dos guantes, un depresor de madera, una caja de chicles, unas tijeras, cuatro boligrafos, un rotulador, un lápiz, un fonendo, una linterna, un librito, una libretita, varios papeles, dos clips, un rollo de esparadrapo, una jeringa de 5 cc, una factura del bar, un reloj, las llaves, cinco monedas, una tira de electro sin nombre, una ampolla de primperán, varios Ibuprofenos y el móvil. Se queda con su ilusión puesta.Con la misma que traía hace cuatro años cuando entraba en "esto de la residencia".
Se acuesta y se va durmiendo mientras le viene una idea a la cabeza: No es soñador quien sólo sueña, sino quién es capaz de luchar por convertir sus sueños en realidad. Bonita frase, la pondrá mañana en su blog...ha sido una guardia entretenida.

LA VIOLINISTA

Camino por el metro de Madrid, sobre mí circulan varios millones de personas. Miles de seres se mueven por los pasillos. Casi todos miran al frente y se mueven con gestos automáticos. Es curioso, en el metro todos caminamos de la misma manera anónima. Marea colectiva con destinos underground. Los más jóvenes se aíslan del mundo con su Ipod. Dos chicos cogidos de la mano se susurran al oído, una chica tamborilea sobre sus vaqueros raídos. Un anciano dormita. Camino mirando caras, explorando expresiones, buscando miradas. Salva retransmitiendo en directo para toda la humanidad.
-No mi amor, te equivocas. Te amo con locura –espeta a mi lado Jefferson a su teléfono móvil –sí cariño, en una ratito estaré ahí. Un beso.
Tras colgar el teléfono empieza a rezar una mezcla de padrenuestro y oración tribal precolombina. Jefferson Horantes asesinará de treinta y dos puñaladas a Camila Cienfuegos apenas en cuarenta y cinco minutos. Nadie lo sospecha.
En el vagón miradas vidriosas hijas de la clozapina, sonrisas lisérgicas, vidas prestadas, novelones a medias entre Mar de Cristal y Campo de las Naciones.
Salgo de nuevo al inmenso pasillo. De pronto algo sucede en mitad de un cruce de pasillos. Debo coger la línea diez, a la izquierda, pero a mi derecha oigo un sonido muy especial. Es el sonido de un violín interpretando a Tchaikovsky. Decido olvidar mi destino y dirigirme al origen de la música.
La violinista es una chica rubia. Está de pie y su cuerpo de arquea en torno al instrumento musical. Me acerco y la observo. Unas monedas a sus pies intentan justificar su arte. Es imposible.
Ella sigue, ajena a mi presencia, interpretando unas notas que se van perdiendo entre pasillos, unas notas que los viandantes recogen y se llevan a casa.
Últimas notas, me acerco a ella.
-hola, gracias por tocar.
-hola, me llamo Olga –su acento suena como del este de Europa.
Le dejo unas monedas en la cesta. Sé que no pago su arte, su amor por la música, pero no se me ocurre otra cosa.

-Tocas muy bien, hacía tiempo que no oía algo tan bonito.
-Gracias, ¿y tú de donde eres?.
-Yo soy del Sur.
-Me encanta el Sur, adoro sus playas. Yo soy de Kiev –sus ojos brillan rememorando algún instante de infantil felicidad.
-Si quieres te invito a desayunar -le digo esperando su negativa.
-Vale, aquí cerca ponen un café muy rico. Me encantan los churros de tu país.
Olga y yo desayunamos en una cafetería con olor a porras y bocadillos de tortilla. Durante dos horas nos contamos nuestras vidas.Terminamos riéndonos y con esa sensación, que sólo te dan ciertas personas, de conocerla hace años.
-¿nos vemos mañana? –esta vez estaba seguro de su respuesta afirmativa.
-vale, pero me dejas pagar a mí.
Ni siquiera nos intercambiamos los móviles, simplemente quedamos en el mismo sitio y en el mismo lugar. A la misma hora.
Al día siguiente en el cruce del número diez había un chico senegalés tocando los timbales. No conocía a Olga Y en los días siguientes no volví a verla. Pregunté en el bar de desayunos pero nadie la conocía. Nunca más vi a Olga y ni a su violín.
Sé que Olga no leerá estas líneas, pero hoy, como el náufrago que lanza una botella al océano sabiendo la inutilidad de su gesto dejo un trozo de mí en la red recordando a aquella violinista que conocí una mañana de lluvia en Madrid.Quizás Olga volvió a sus tierras de nieve y radiactividad, aunque prefiero pensar que cada mañana desayuna café con leche y porras en un bar frente a una playa del Sur.


Noticia: Washington Post: El 12 de enero de 2007, en plena hora punta, el violinista Joshua Bell, uno de los músicos más prestigiosos del planeta, se situó en el vestíbulo de la estación de L’Enfant e interpretó seis piezas magistrales de Bach y Schubert provisto de su stradivarius ‘Gibson ex Huberman’, una pieza única en el mundo. La actuación duró exactamente 43 minutos, durante los cuales prácticamente nadie se detuvo a escuchar...y éste es el vídeo. Suerte que aún quedan soñadores.





MADRUGADA

Sus bocas se acercaron
Y entonces la noche se rompió.
El encuentro de los labios dio paso a la búsqueda de los cuerpos,
a la urgencia del secreto deseo mil veces soñado.


Un paquete de cigarrillos en la mesita de noche
es testigo mudo de la unión de dos seres.

Una hora más tarde ella fue recogiendo
todos y cada uno de los trozos de su alma
esparcidos entre las sábanas.
-Te quiero –le dijo ella al oído.
-Nunca te olvidaré -mintió él.


Miran la luna cogidos de la mano.
Y la pasión brota en sus cuerpos
desatando, esta vez sin prisas
los excesos de la noche.

Sin frenos se vive mejor...

Escrito a las cuatro de la madrugada, sentado en el malecón de la puerta de urgencias de mi hospital. Casi todos duermen.


FUENCARRAL

Madrid a veces me asusta, aunque siempre me gusta. Es esa sensación extraña que percibimos los que disfrutamos con bailar en el filo de una navaja. Miedo a la vez que atracción al pensar en ser engullido por la inmensidad de una ciudad viva.
La noche de fiesta acabó en torno a las seis de la mañana. No sé cómo pero siempre soy de los que van despidiendo a los que se van, de los que van quedando para la última copa, para la última confidencia, para la última sonrisa cómplice. Visitamos Chueca y sus locales de ambiente, con ese descaro que da el saber que lo diferente es simplemente eso, distinto. No es mejor ni peor, sí distinto. Somos los últimos de la noche vagando en calles sin nombre. Nos encontramos a Pilar, también perdida. Se une a nuestra caravana.
Últimas copas mojadas en risas.Y despedidas. Me encuentro nuevamente en Gran Vía. Mi soledad y yo. Salva en mitad de la gente y el frío mirando esa calle eterna.
Bocacalle con Fuencarral, seis y media de la mañana. Cada veinte metros hay un chino vendiendo bocadillos indudablemente tóxicos, fideos calentitos, cerveza Mahou y coca-colas.
Travestis con exceso de todo se gritan en los portales
-¡Es mi novio zorra! –grita una voz forzada por el alcohol, los porros y las hormonas.
Tiendas de lujo rodeadas de vómitos, pintadas, carteles. Pasen y vean el frío que me llega a los huesos.
Alguien duerme en mitad de la calle cubierto por unos cartones y un poco de chiné. Dos chicos se besan entre los coches, operarios de limpieza mirando de reojo, putas de saldo. Sexo de última hora a precios sin competencia.
-Estoy caliente mi amoolll –me dice una chica.
-No, gracias –me parece de mala educación no responder. Acelero el paso.
Pasan frente a mí como una de esas películas antiguas, son los hijos de la noche en Madrid.
Una china corre perseguida por la policía.
Cientos de personas siguen viviendo la noche de Fuencarral. Y Salva en mitad de todo, apuntándolo todo en su cabeza. Me atrae mirar a la gente a los ojos, porque en ellos veo la verdad de cada uno. Noche en Fuencarral, el travesti, la prostituta, el operario, los gays, los yonkis, los chinos, los borrachos, y yo como invitado estrella, me considero afortunado. Muchos tienen esa mirada vampírica que da la noche de excesos, sin duda cada uno de ellos con una vida, con una historia por contar, quizás yo también tenga esa mirada terrible a estas horas. Sin duda también tengo una historia por contar... A ellos gracias por dejarme compartir los quinientos metros de Fuencarral en una noche de invierno y papel de arroz.