363 NAVIDADES

Quizás con este post pienses que me estoy marcando un farol. Quizás te defraude. No te importe demasiado, pues es la realidad y no tengo costumbre de mentir en este sitio, pues poco sentido tendría.
No me gusta la Navidad...ufff, por fin lo he dicho! Es la realidad, así de sangrante y de real. Aunque a veces tengo la sospecha de que no soy el único.

Durante algún tiempo pensé que era algo pasajero. Total, con dieciocho años eres rebelde y pasas de todo. Normal, me dije. Ya me gustará más adelante. Con veinte seguía sin gustarme. Con treintitantos...sigo sintiendo una especie de timidez por decirlo, pero es así.
Quizás sea porque a mí el sentimiento religioso de estas fechas no me llega, pues no creo que aquel que expulsó del templo a los mercaderes estuviera muy de acuerdo con el despilfarro de estos fastos. Tampoco comparto con la Iglesia sentimientos como la culpa, la evitación del placer o el concepto de pecado original (creo que nadie es culpable, que debemos disfrutar nuestro cuerpo y que nadie nace con el pecado original), aunque la respeto profundamente; pero eso es motivo de otro post.
Quizás porque tengo cerca a toda la gente que quiero, con lo cual no tengo familiares lejanos con los que reencontrarme en estas fechas.
Quizás porque me parece injusto que haya que esperar un día a una hora en concreto para sentirse feliz y a gusto.
Quizás porque soy un descastado, como dicen por Málaga.
El caso es que no me siento especialmente feliz, no me embarga un sentimiento especial porque me digan que es Nochebuena, que es Navidad, que debo montar el árbol, poner el belén, comer como un ceporro, beber a saco (que ya estoy echando cara de Bob Esponja), felicitar el nuevo año (por cierto, ignoro hasta qué día hay que estar felicitando, hay gente que en febrero sigue felicitándote), comer polvorones (que no comes el resto del año porque están mantecosos), beber cava (si estuviera bueno beberíamos todo el año cava, pienso), cantar villancicos (por ahí ya si que no paso), y oírlos (avión Málaga-Madrid, día 30 de diciembre de 2008, vuelo de Iberia: cincuenta minutos aguantando el tamborilero de Raphael, es de juzgado de guardia (ro-po-pom-pón…pón, pón…).
No veo justo que haya que ser solidarios y caritativos estos días y el resto del año olvidarnos que un niño muere de hambre cada 3 segundos (tic, tac…), lavandonos la conciencia con tres programas de televisión y dos películas de Santa Claus.
Soy feliz un tres de marzo viendo florecer un limonero, un dos de abril respirando brisa de mar, un dos de mayo sintiendo su piel desnuda contra mi piel, un quince de junio besando la frente de mi peque al dormirse, un veinte de septiembre mirando a los ojos a alguien desconocido, un quince de junio saliendo de una boca de metro en Gran Vía, un doce de enero nadando en la piscina cubierta, un quince de julio volando en mi bici a ochenta por hora, un tres de septiembre contándole a mi peque las aventuras de Simbad el marino, un dos de septiembre bailando en el tugurio más impensable de Estambul, un tres de abril llegando de una guardia y encontrandome sus labios, un quince de agosto cenando en mi terraza, un trece de noviembre junto a mi chimenea y a mi chica, un dos de octubre bailando con los amigos, un dos de febrero brindando por la vida, un quince de marzo hablando con una paciente que espera todo de mí sin saber lo poco que puedo darle, un tres de junio leyendo a Lorca, un catorce de diciembre sentado en mi playa, un trece de julio riéndome a las tres de la madrugada en mitad de una guardia con otras residentes por cualquier tontería, un treinta de diciembre en un bar de Praga tomando un capuchino.
Este año me sentí incómodo, quizás algo culpable (aunque no creo en el concepto de culpa, una educación católica deja huella siempre) por sentirme así en estos días. Raro, como desplazado, como fuera de lugar.
Quizás con cuarenta y tantos o cincuenta y tantos cambiaré y entonces seré un navidofílico más de árbol, belén, villancicos, pelis de Santa Claus, comilonas y mazapanes, no lo sé. A día de hoy, esto es lo que hay…ropo-pon-pón, pon, pon… Feliz 2009

1 comentario:

Sara López dijo...

Jajaja, es muy cierto lo que dices. Yo no odio la Navidad por el simple hecho de que veo a seres queridos que tengo muy lejos... Y eso siempre agrada.
Pero, salvo eso, son más dias del año. Como tu dices, no hay por qué estar más feliz o ser más generoso en estas fechas. Hay que serlo siempre. Quizás, si todos los días fuera Navidad en las personas, la cosa cambiaría a mejor, no?
Pero sin tener que beber alcohol como obligación, ni comer mantecados ni nada de eso... Que entonces todos seríamos obesos...
Saludos y feliz año nuevo,
Sara.