MANITAS...

Lo reconozco, no soy un manitas. Es más, me considero más bien un manazas. La verdad es que es echarme piedras a mi tejado, pues se supone que en un blog propio es del género merluzo criticarse a sí mismo, pero éste es mi particular muro de lamentaciones (es lo que hay a día de hoy).
La verdad es que sería agradable ser ese chico-para-todo, que tanto gusta a las chicas (vale, a algunas...), que igual arregla lavadoras que le cambia el aceite al coche, coloca 25 estanterías en el sótano, arregla los enchufes, pone las lámparas y desatasca el lavabo. Mientras tanto, en los ratos libres me dedicaría a montar armarios, colocar cuadros o pintar puertas.
No soy tan ceporro para encender la vitrocerámica con mechero, pero casi.
Lo máximo que soy capaz de hacer sin ayuda es montar una silla del Ikea, para lo cual necesito casi una mañana, por supuesto con la ayuda de mi auxiliar de montaje, cuatro o cinco destornilladores de puntas intercambiables (las cabronas de las puntas se me pierden cada dos por tres) y desmontar en varias ocasiones todo por haberme equivocado en el paso 1, y darme cuenta cuando iba por el paso-35 (es que lo de Ikea va por pasos, cosas de los nórdicos).

Por otra parte tengo la peculiaridad de que SIEMPRE que voy a colocar una lámpara me da un calambrazo de puta madre, el cual me llega hasta el hombro, con la consiguiente caída desde la escalera. En mi última cita con las lámparas destrocé una pues la susodicha cayó detrás de mí haciéndose añicos (y cortándome un dedo, claro).
Misterioso por cierto el "asunto" lámpara, pues tras dos horas colocando el invento, pulso el interruptor y...zas! no enciende. Vale, respiro cinco veces, aprieto con fuerza el destornillador, y a empezar de nuevo. Me entran ganas de coger la lámpara y estrellarla contra el suelo, pisotearla y luego arrojarla a la hoguera, pero la pobre por una parte no tiene culpa, y por otra es un objeto inanimado al cual es inútil hacer blanco de mi falta de pericia.
Eso sí, en mi sótano habitan en el olvido más absoluto: destornilladores al menos 20, tornillos de todos los tamaños a millones, tacos a cientos, taladradora, lijadora, sierra eléctrica, sierra a gasolina y todo tipo de instrumentos inútiles comprados en el chino.
Del coche mejor no hablo. Reconozco que abro el capó por hacer el paripé, pues no tengo ni idea de qué es lo que allí hay, de hecho creo que si toco algo me dará un calambrazo terrible, pero aún así levanto el capó y observo, con cara de ir a arreglar algo. Soy como un taxista al que pusieran delante de un paciente abierto en canal en el quirófano. Por cierto hablando de calambres, a mí me da todo calambre, de hecho estuve un tiempo acojonadillo con los carritos del Eroski que me tenían manía, todos se desviaban a la izquierda y daban calambre.
De todas formas, a los hombres nos suele dar cierta vergüenza reconocer estas cosas, pero como yo soy de letras, pues a mí plín.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No pasa nada, tienes otras abilidades y unas manos preciosas.