EULALIA

Eulalia tiene 81 años. Casi cada mañana aguarda la llegada de su médico sentada junto a la puerta de la consulta. Delgada, muy delgada, el pelo blanco perfectamente peinado, la mirada azul y limpia y el vestido negro impecablemente planchado le dan el aspecto de abuela angelical según Víctor Bárcenas.
Tiene acento como del Norte, como vasco diría Víctor, que no puede evitar cierta simpatía hacia la anciana mujer. Últimamente la consulta está más saturada de la cuenta y Víctor empieza a hartarse de la visita casi diaria de Eulalia.
-Buenos días doctor.
-Buenos días, pero ¿otra vez aquí?.
-Es que ayer olvidé pedirle estas recetas -responde Eulalia confiada.
-Bueno, se las hago, pero debe pensar que no puede estar todo el día de médicos.
-Es usted muy amable, aquí tiene -dice mientras deja unos caramelos en la fría mesa -son de café con leche, sin azúcar -Al coger Víctor un caramelo, ella acaricia la mano del médico con unos dedos todos hueso y piel.
El día siguiente Eulalia vuelve a presentarse en consulta.
-Es que olvidé mi cartilla del seguro doctor.
-Pero para eso no puede ocupar un número Eulalia, hay otros pacientes...
Víctor ha pasado una mala noche. Hace unas semanas que sufre de un insomnio pertinaz que lo está convirtiendo en fiel seguidor de los programas de tele tienda (Abdominator 2000 el mejor amigo del hombre moderno).
-¿no tiene usted familia? -le dice con tono de enfado.
-Sí, tengo hijos y varios nietos
-Pues visítelos, vaya con ellos y entreténgase. No es normal que halla venido tres veces esta semana.
-Disculpe doctor, es que olvidé...-Eulalia intenta excusarse en vano.
-Nada, que esto no puede ser -corta Víctor la conversación levantándose de su asiento. - a ver si nos vemos sólo cuando me necesite de verdad.
-Lo siento, no quería molestarle, quiere unos carame....
-No gracias Eulalia, ya tengo caramelos, buenos días.
Víctor cree que quizás fue un poco brusco mientras observa cómo la anciana sale de consulta aferrada a su bastón. Parece triste. Diez minutos más tarde, olvidado el incidente, el médico sigue con la vorágine del día a día.
El lunes siguiente Eulalia no apareció, ni el martes, ni el resto de la semana.
Víctor Bárcenas consultó los archivos informáticos. La anciana no había cambiado de médico. Tampoco había sido atendida en urgencias. Simplemente había dejado de acudir al médico.
Víctor sonríe satisfecho. Un buen rapapolvo a tiempo obra milagros. Sabe que acertó de pleno al reprender a la anciana de ojos azules.
Dos semanas más tarde el equipo médico desayuna en la sala de estar. Víctor se levanta de pronto. Está pálido. A toda prisa abandona la sala con olor a cafés y pan tostado. Se dirige a su consulta y se sienta en el suelo haciéndose casi un ovillo. Se abraza a sus rodillas como cuando era un niño. Ha vomitado en el lavabo, y ahora solo desea que alguien lo abrace.
-¿Qué le pasó a Víctor? -pregunta una enfermera en la sala de desayuno.
-No sé, parecía indispuesto. El otro día me dijo que no dormía bien. Estos residentes, siempre estressados, y además como trasnochan tanto, luego pasa lo que pasa.
La enfermera recoge el periódico que Víctor dejó sobre su silla y lo deja sobre la mesa. Siguen hablando entre risas. Nadie presta atención a una noticia insignificante de esas de apenas diez líneas.
Anciana encontrada en su domicilio en avanzado estado de descomposición: El cadáver de EFL de 81 años fue encontrado en su casa después de que los vecinos avisaran a la policía por el mal olor que despedía la vivienda. Según los vecinos EFL vivía sola desde hace años, aunque al parecer tenía algún familiar al que visitaba de forma casi diaria. Al parecer la anciana quedó definitivamente sola hace unas semanas, desde entonces dejó de visitar a este familiar, dejó de asearse, de tomar la medicación y apenas quería comer. Las causas de la muerte aún son desconocidas. La policía busca a este familiar desconocido sin haberlo encontrado hasta el momento.
Víctor abre un cajón de su mesa y coge un caramelo de café con leche, sin azúcar, respira...y sigue.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas veces hacemos comentarios desde nuestro punto de vista, sin tener en cuenta a los demas, sin preocuparnos en el daño que le podemos hacer al que lo recibe y este es un maravilloso ejemplo.

Aunque hay que decir que esto nos pasa a todos...

Juana dijo...

Los médicos no podéis resolver la complejísima problemática social que os llega, sois seres humanos. Yo preferiría que fuéseis dioses, lo supiéseis todo, lo intuyéseis todo, pero ..... no es posible.