INFERNO-1

-Papá, ¿voy a ir al infierno?.
-¿Quién te ha dicho eso? –dice el padre sorprendido.
-En el cole, me lo ha dicho Silvia, y dice que es porque yo no voy a clases de religión ni tampoco voy a hacer la comunión. Además dice que le han dicho que si usa preservativos cuando sea mayor eso es pecado y también irá al infierno.
Alicia mira interrogante a su padre. Pablo en ocasiones piensa que ojalá los niños vinieran con un libro de instrucciones debajo del brazo. Ésta es una de esas ocasiones. Para educar a su hija decidió que no quería que fuese adoctrinada desde pequeña en ninguna religión, quería que fuese ella de mayor la que decidiera al igual que hizo él. En la clase de Alicia hay otros 15 niños, y todos van a clase de religión, así es que Alicia se debe marchar a otra clase con los niños mayores, pues el colegio no contemplaba un profesor para tan sólo una niña.
-Es que la mayoría de los padres…bla, bla, bla…-le dijo a modo de excusa el director. –tenga en cuenta que esto es España, y…
En eso está de acuerdo Pablo: Esto es España, y así nos luce el pelo.
Pablo piensa, ¿Y si la mayoría de los padres fuese comunistas tendrían que enseñar doctrina marxista en el colegio? ¿Y si viviera en un país islámico debería aprender el corán?. Él también protestaría, porque no le parece justo.
No quería que su hija creciera en el miedo a infiernos, pecados y sentimientos de culpa por gozar de la vida. La intenta educar en la cultura del respeto a la diferencia, al medio ambiente, al mundo en el que vive, el respeto y el amor a los demás, cosa difícil en un mundo de odio a lo diferente, de miedo a lo desconocido.
-Papá, ¿es verdad que los que no hacen lo que dice Dios se quemarán durante muchos, muchos años en una hoguera?. Dice Silvia que si no estoy bautizada a mí también me mandarán a quemarme…
Pablo piensa en su último viaje a África como colaborante. Piensa en Kailú, una niña de siete años víctima del Sida porque sus padres consideraban pecado usar un preservativo. Piensa en los millones de personas que viven un infierno en la tierra a causa del miedo al infierno del más allá.
-Ven aquí princesa. No te preocupes, porque ahora hay algunas cosas que no comprendas. Incluso yo hay muchas cosas que no entiendo. Cuando seas más mayor irás entendiendo muchas cosas. De todas formas, debes confiar en mí. No creas a quienes te dicen eso del infierno pues es absolutamente falso.
-¿Estás seguro? pues Silvia dice que su tío Carlos irá al infierno porque le gustan los hombres–la niña no parece muy convencida.
-Absolutamente seguro, cariño.
Pablo sabe que la batalla es casi imposible ganarla. En un colegio público sigue siendo difícil que un niño tenga una enseñanza laica. A Alicia la presionarán una y mil veces. Y mil y una veces deberá convencerla para que no se deje vencer.
La niña se aleja corriendo con el pasillo a jugar con sus cosas.
Pablo no sabe si existe el infierno o no pero se sienta en la cama y maldice en silencio a quienes se empeñan desde sus púlpitos de oro en mantener a la plebe sumida en la castración de sus mentes, se pregunta cuándo su país saldra del medievo más profundo.

Pablo aprieta los dientes...y sigue.

4 comentarios:

Juana dijo...

La verdad es que a veces es difícil, pero se consigue, hablar, compartir, explicar ...... en fin esto es lo que hay.
La ventaja, luego crecen, hacen la comunión y la mayoría ya no da religión ...... país de contradicciones.

Anónimo dijo...

y no te conozco, estoy en una guardia, bicheando, despues de que acabara mi turno y llegue a este blog. soy agnostica, no bautizada, de colegios públicos de toda la vida y, aunque, hubo momentos de sentirme diferente, también de sentir que esa diferencia no era tan importante. Ya sabes, tuve amigos y fui feliz, tuve frustraciones...vamos, una persona normal...ala, suerte

Anónimo dijo...

Por supuesto que es normal, y que al final las personas remontamos todas estas cosas y somos felices en la vida. Eso no quita que hayan injusticias, y las injusticias sobre niños son doblemente injustas. El caso de Pablo y su hija es una de ellas. Gracias.

Anónimo dijo...

claro, la cosa es que no siento que haya remontado nada. Simplemente, mi historia fue otra