INGEBORG

Ingeborg se ha despertado con otra crisis de asma. A sus 86 años no es la primera vez que le pasa. Delgada hasta no poder más, con el pelo blanco y los ojos azules y vivaces, Ingeborg vive en España hace años aunque apenas habla el idioma de estas gentes del sur, por lo general alegres y parlanchinas (aunque nota cierta hostilidad a veces:"joder con estos alemanes, pues si quieren que les atendamos, que aprendan español"). Con su edad es difícil aprender cosas. Incluso le cuesta recordar qué cenó anoche, aunque nunca olvida aquellos dos años en Auschwitz, nunca olvidará aquello. Allí conoció a Karl.
Hace tres años que murió Karl, su esposo. Aún recuerda aquella tarde de Abril cuando esparció sus cenizas al viento de ese mar azul de los españoles (Auf vieder sehen mein Mann). Ingeborg adora este país de tardes cálidas, sonrisas amables y playas tranquilas. Ahora vive sola y cada tarde pasea por la playa su diminuto cuerpo, se sienta en la arena y allí lee a Hermann Hesse mientras fuma cigarrillos sin filtro.
Desde hace unos días la visitan Iulia y Therese, Su nieta y su hija. La pequeña Iulia, de 18 años pasa horas sentada junto a su abuela, preguntándole cosas sobre su juventud, sus amores, sus aventuras en la Austria ocupada, sus vivencias. La abuela siempre protesta, se enoja y se niega a contarle todo lo que sabe. Pero hoy ha decidido que mañana le contará cómo conoció a Karl en el infierno de un campo de concentración, como se enamoró y cómo únicamente el amor por aquel judío de ojos melosos hizo que siguiera con vida. La historia de amor más bella jamás contada.
Pero esta noche, sus bronquios se han vuelto a cerrar. Se ha despertado y ha notado que la cosa viene peor. Apenas puede avisar a su hija.
-Theresa, bitte rufst der Arzt an !!!
Una hora más tarde, una ambulancia entra iluminando la zona de urgencias del hospital.
Los portones de atrás vomitan una camilla a toda prisa, donde una anciana delgada y pálida se aferra a una mascarilla. Miradas de horror entre los pacientes, menos graves, que aguardan su turnos y ven cómo una camilla vuela destino al área de pacientes críticos.
La entrada en críticos es terrible. Ingeborg flota en una nebulosa blanca. Apenas percibe cómo se mueven a su alrededor personas con batas blancas y pijamas verdes. Oye voces extranjeras, ruidos lejanos.
03.45:-Paciente de 86 años, alemana. Asmática mal controlada y fumadora. Viene con un broncoespasmo que no mejora ni para atrás. le pusimos corticoides, aerosoles, oxigeno y adrenalina, pero no va...la saturación no ha subido de 80 -dice el médico de la ambulancia a la médica del hospital.
-Joder, la pobre viene lista -dice alguien mientras los auxiliares desnudan a Ingeborg, las enfermeras le cogen una nueva vía venosa y alguien mete una mano en su boca y le saca la prótesis. Una residente rellena los vales de analíticas, alguien llama a radiología. El médico que habla alemán se acerca.
03.55: Ingeborg recuerda a Karl y sus tardes de azul y gris mirando el mar de los españoles. De pronto se acuerda de Iulia. Mañana le había prometido una historia muy especial. Su historia...
No siente dolor, sólo miedo...y curiosidad.
04.25: Iulia y Therese llegan al hospital. Un médico las espera. Ellas no entienden español. Tienen suerte. El médico que habla alemán les explica que la situación es muy mala, Ingeborg posiblemente fallecerá. Iulia se siente como dentro de una de esas series de médicos y hospitales. En las pelis siempre ganan los buenos. Abuela vivirá. No tiene dudas. Ambas pasan a la zona de observación de graves y observan a la anciana sumergida entre cables, mascarillas y sondas.
-No importa -piensa la joven nieta -seguro que la abuela sale adelante, siempre lo ha hecho.
04.55: La frecuencia cardiaca de la paciente en la cama 7 está bajando: 72, 58, 52...el médico que habla alemán se acerca y coge la mano derecha de Ingeborg. Con una mano suave cierra los ojos de la paciente. Susurra algo en el oído de la anciana... -Ruhe, Ingeborg. Alles ist gut.
04.57: Ingeborg siente menos miedo, Karl ha cogido su mano, y le ha dicho que todo irá bien...ahora sólo siente curiosidad, avanza por un pasillo descalza.
05.01: La frecuencia cardiaca de la paciente de la cama 7 es de 45, 38, 30...entra en fibrilación ventricular durante quince segundos...
05.05: El médico que habla alemán sale a la zona de familiares. Ha sucedido lo que se esperaba. Eso no estaba en los planes, la abuela Ingeborg no se debía morir, no podía morir. -La abuela Ingeborg es invencible -piensa Iulia -seguro que hay un error.
El médico que habla alemán acompaña a hija y nieta a la cama 7. Ya no hay cables, no hay sondas, no hay monitores. Sólo el cuerpo enjuto, pálido y la sonrisa plácida de una anciana de pelo blanco que ha muerto en paz.
Iulia entonces se derrumba, se aferra a su abuela y la besa sin consuelo. En la fría noche de la zona de observación se oye un llanto amargo. Una enfermera se asoma, y luego vuelve a su silla para seguir leyendo.
Therese, más entera que su hija, mira al médico. Le pide algo con la mirada.
El médico que habla alemán sabe que no es muy científico lo que va a hacer, pero él nunca se ha jactado de ser demasiado ortodoxo; se dirige a la ventana más cercana a la cama 7 y la abre para que el alma de Ingeborg vuele libre tal y como dictan sus costumbres. -Grasiass -balbucea Therese reconociendo el gesto amable del médico.
Minutos más tarde Iulia y Therese abandonan el área de observación abrazadas. Ingeborg no podrá contarle a su nieta que su madre se llama Therese en honor a una enfermera que la cuidó durante su estancia en Auschwitz. Que Karl era un chico judío de ojos melosos que le pasaba un mendrugo de pan cada noche entre las alambradas del campo del que se enamoró perdidamente, que la estrella de tela amarilla con el número 3968 del cajón de la mesita de noche deberá guardarla Iulia, sus hijos y los hijos de sus hijos, para nunca olvidar; que jamás dejó de ser una indefensa chica de ojos azules a pesar de parecer una vieja gruñona que no paraba de fumar, que...que la quería con toda su alma aunque jamás se lo había dicho.
05.30: El médico que habla alemán rellena el parte de defunción. Una camilla traslada un pequeño cuerpo amortajado por los fríos pasillos del hospital con destino al mortuorio. No queda nada en la camilla, el alma de Ingeborg escapó por la ventana junto a la cama 7, el resto es cosa de médicos...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Muchas veces no nos da tiempo a conocer a nuestros pacientes. Tienes una rara habilidad para expresar en este blog, lo que muchas veces pensamos delante de los enfermos. ellos tienen mucho vivido y mucho que nos podrían contar, pero la prisa hace que solo veamos ´números sin poder contactar con ellos

Madnik dijo...

ya te vale... es lo único que me faltaba para completar el día... de todas formas me ha sentado bien llorar.

Juana dijo...

Hermoso, simplemente hermoso.

Juana dijo...

Hermoso, simplemente hermoso.