MY WAY

Tarde, es muy tarde... demasiado tarde quizás.
Camina por la calle urbana sin saber adonde dirigir sus pasos. No son las calles de pueblo con sus viejos y saludos amables, son calles de pisadas anónimas y asfalto negro. A veces le apetece hacerlo. Simplemente se deja llevar entre la multitud, entre escaparates desalmados; sintiendo como palpitan a su alrededor las vidas a retazos.
Es una de esas tardes de domingo que tanto detesta, y mientras camina le vienen a la mente frases de desgarro, canciones que algún día mojó en amargas noches de ginebra...

Yo no quiero un amor civilizado
con recibos y escenas de sofá...

Alguien le dijo un día que los buscadores de sueños siempre están buscando, nunca tienen bastante; bueno, es simplemente la opinión de alguien...


Yo no quiero domingos por la tarde
yo no quiero columpio en el jardin
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Sus pasos perdidos le conducen hasta la estación de autobuses. Quizás una estación de autobuses un domingo por la tarde es el sitio más triste y gris sobre la tierra. Alguien prepara sus cartones para dormir, unos chicos fuman porros junto a los andenes, una pareja se despide junto al andén número 7, una señora mayor dormita en un banco metálico.
Se para y enciende un cigarrillo. Había dejado de fumar hace varios años...hasta hace quince segundos. La primera calada lo marea, le daña la garganta, y siente ese vértigo que sólo da el saberse perdido. Un olor fritanga de calamares y bacon le trae sensaciones de adolescencias perdidas.
Una chica lo mira desde el asiento de su autobús. La mira con la impudicia que da el saber que es la primera vez que se cruzan dos vidas, y que nunca se volverán a cruzar. Se miran...Sonrisa de él. Sonríe ella. Un adiós con la mano, un saludo a alguien que jamás conocerá, un beso al aire.
Nuevamente en la calle mira arriba en busca de nubes y la luna es tan redonda que duele.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste
yo no quiero contigo ni sin ti
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.
Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Anota en su cuaderno de bitácora, ese cuadernillo que casi siempre lleva encima, por aquello de que cuando menos lo espera le viene una idea, unas frases acerca del amor, el calor y el dolor, acerca del olvido.
Se promete que jamás volverá a pisar una estación de autobuses un domingo por la tarde.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Precioso!

Gara dijo...

Escribir sobre el olvido... yo también lo hago a menudo y siempre me viene a la mente aquella frase de Benedetti: "el olvido está lleno de memoria y la memoria no se rinde". Normalmente las ganas de olvidar suelen ir acompañadas de "amores que matan", ¿no?. Gran canción de Sabina y gran blog.