21

Desde que Laura empezó en la Universidad habían pasado apenas 7 meses, y desde el primer día siempre acudió a las clases en el mismo autobús: el número 21 de las siete y media.
Pronto la rutina de cada mañana dio paso al ritual. A Laura le gustaba observar las pequeñas cosas que sucedían en su entorno.
mientras la voz de Enya arrullaba sus mañanas de sueño junto a la parada del bus, Laura veía la vida fluir a su alrededor.
El señor con bastón y andar cansado que paseaba al perro nunca faltaba a sus mañanas. Ella le llamó don Faustino aunque ignoraba su nombre.
Doña Amalia, una cincuentona entrada en carnes que siempre se sentaba a su izquierda deseándole los buenos días sería sin duda una señora que limpiaba pisos por horas.
Llamó Ivonne a una prostituta de apenas dieciocho años y cara angelical que pasaba de vuelta de una noche de oscuros deseos y amargos besos pagados. Con el rimel corrido y cojeando levemente, Ivonne siempre le dedicaba una mirada de soslayo, asustada. Esbozaba una sonrisa tímida, intentando olvidar al último cliente, el último episodio de sexo tóxico, humillado y forzado. De infierno. Si Laura le sonreía ella luego la miraba fijamente, intentando enfocar su mirada vidriosa a causa de la heroína. Y seguía caminando.
Y cada mañana, de forma automática, cuando el número 21 estaba a punto de partir, llegaba un chico a toda prisa y entraba justo detrás de Laura. Decidió llamarlo Paolo porque tenía cara de italiano. Le divertía pensar que nunca había sabido qué cara tienen los italianos, pero ella decidió que Paolo tenía cara de serlo.
Los lunes el número 21 iba abarrotado y Paolo se situaba muy cerca de Laura. Ella olía su perfume, un olor que la llegaba a embriagar, un perfume que ella jamás había percibido antes. Laura cerraba los ojos e inspiraba hasta sentirse casi flotando.
Paolo siempre se bajaba antes que ella, en la facultad de derecho, y entonces Laura disfrutaba mirando el andar resuelto y firme de aquel chico.
Algún día se situaban uno frente a otro y él le dedicaba una sonrisa cortés, haciendo que la mente de Laura girara hasta marearse. En una ocasión, un frenazo imprevisto acercó sus cuerpos en un vaivén imposible, resuelto nuevamente con una amable sonrisa por ambas partes.
Así fueron pasando las semanas y los meses, hasta que llegó el mes de Mayo. Laura se levantaba cada mañana con el deseo de saludar a doña Amalia, acariciar al perro de don Faustino o sonreír a Ivonne. Pero sobre todas las cosas, anhelada el momento en el que, mientras subía al bus, oía los pasos apresurados de Paolo a su espalda.
Hasta que un día no llegó Paolo. Laura pensó que habría cambiado su horario de clases y decidió coger el autobús de las siete. Total, no le importaba llegar antes a la facultad. Pero Paolo no apareció. Decidió atrasar sus viajes y coger el bus de las 8. Total, no importaba perderse la primera clase de la mañana…pero Paolo no apareció. Finalmente decidió pasar una mañana en la parada del 21…pero Paolo no apareció. Lo buscó varios días en la facultad de Derecho…pero Paolo no apareció.
Un tren más había pasado delante suya, y una vez más lo había dejado pasar. Una vez más el viento arrastró unas palabras de amor nunca dichas. Y Laura volvió a sus mañana grises con don Faustino y su perro, con doña Amalia y sus buenos días, con Ivonne y su sonrisa de muñeca destrozada.
Una mañana de principios de Junio, una más, cercanos los exámenes, Laura ve como se acerca a su parada una pareja. Abrazados por la cintura, ella cojea levemente. Pasan junto a la parada. Es Paolo quien abraza a la prosituta, Paolo quien acaricia el pelo de Ivonne, y ajenos al mundo pasan de largo abrazados con fuerza.
Laura se limpia una lágrima de rabia y desesperanza. Ese día no cogerá el bus número 21. Ni ese día ni nunca más. Laura vuelve a su piso de estudiante, hace las maletas y vuelve a su pueblo para siempre.
Andrés llevaba ocho meses buscando a Rosa. Rosa es su hermana. La persona a la que más quiso en su vida. Con tan sólo dieciséis años, a raíz de una discusión familiar, ella había huido una noche de pasión y marihuana. Rosa, a la que siempre llamó su hermana cara de ángel, cayó en drogas más duras y Andrés supo que se dedicaba a la prostitución. Entonces decidió buscarla sin cesar. Dedicaba todas las noches a buscar a su hermana hasta no poder más, y cuando empezaba a amanecer cogía el bus número 21 y se dirigía al polígono industrial, cercano a la facultad de derecho, donde buscaba hasta caer rendido. Y así un día tras otro…
Cada mañana coincidía con una chica que lo había cautivado. Con sus libros al regazo y su mirada hechizadora, aquella chica le alegraba cada mañana. Algún día le diría algo más que Hola, pero ahora no podía perder tiempo, sabía que Rosa lo necesitaba.
Finalmente decidió dedicar las mañanas a buscar en otro polígono y no volvió al bus número 21. Algún día volvería a buscar a aquella estudiante de mirada eterna. Una noche al fin encontró a Rosa en una calleja del centro. No fueron necesarias las palabras. Se abrazaron y lloraron. Y así, abrazados, fueron hasta el apartamento de Rosa, donde recogerían las cosas para volver. Pasaron delante de la parada del 21, y Andrés recordó que al día siguiente debería volver, iba a volver sin duda. Quería conocer a aquella chica de mirada profunda que cada día lo miraba y lo había cautivado.
Laura nunca supo que Paolo era Andrés, que Ivonne era Rosa, nunca supo que la vida a veces es así de traidora. Andrés volvió en varias ocasiones a la parada del 21 sin encontrar a Laura. Don Faustino siguió paseando a su perro cada mañana. Hoy cada amanecer el bus número 21 sigue pasando a las 7.30 esperando que el perfume almizclado de Paolo despierte amores imposibles en una chica con los libros al regazo.
Algunos sabemos que la vida está salpicada de paradas número 21, de trampas del destino, de pasiones y emociones que hacen que nos sintamos vivos. Otros nunca lo sabrán, seguirán paseando su perro, como don Faustino, ajenos a todo. En cada uno está elegir en qué parte del cuento quiere estar...

1 comentario:

María Pilar dijo...

Impresionante, Salva tus palabras tienen magia y activan emociones, leyendote pasamos a la parte interesante del cuento...
Eres un gran escritor.Gracias por compartirlo con todos.