Adios...¿adiós?

Ocho de la mañana y cinco minutos. Es la hora extraña de los hospitales, la hora que no existe. En la zona de policlínica dormita una joven en espera de analítica junto a un panadero y un anciano que sabe que si vienes a primera hora no haces colas para esperar. Así podrá irse temprano en busca de su café, sus churros y su eterna espera del último día.
En la zona de sentados aún duermen los pacientes en espera de evolución, en espera de pruebas, en espera de valoración. Ellos duermen, porque hasta la más grave de las enfermedades, hasta la certeza de que tu vida depende del resultado de una prueba, cede ante el poder del sueño. El sueño sin pudor, sin remilgos, el sueño público, delante de unos extraños vestidos de verde. Mañana moriré, mañana me operarán, pero dejadme dormir esta noche...
Ocho y cinco minutos en urgencias, la hora sin nombre, la hora del relevo, del último café para las enfermeras que salen y del primero para las que entran.
La hora de ¿quién coge relevos?, la hora en la que los médicos salientes entregan la poca fuerza que aún les queda imprimiendo un informe de alta, redondeando una historia, preparando un relevo, limpiando...Como el corredor de marathon en sus últimos metros, se piden las últimas analíticas, las últimas radiografías...
-¿has dejado la eco pedida?.

Nadie es imprescindible en ninguna parte. El hospital sigue funcionando, respirando, viviendo a pesar de la ausencia de Víctor Bárcenas. Alguien lo recordó en las noches de risas y rosas, pero nadie es imprescindible. Nadie.
Caras de sueño, y sonrisas porque siempre llegan las ocho y cinco, eso es importante no olvidarlo. Otros médicos residentes ponen caras a las ocho y cinco minutos. Son otras las caras, los miedos son los mismos, los dolores también. Los pacientes...los pacientes también (control por su médico y volver si varía cuadro...siempre varía el cuadro).
Y silencio en los pasillos, sólo interrumpido por el zumbido de las puertas automáticas al abrirse, zzzzzuuuumm...clac...zzzzzzumm, clac! y de fondo el sonido de aerosoles y oxigenos varios intentando rellenar pulmones apagados.
Dos Residentes de primer año abandonan el área de urgencias por el pasillo central. Están tan casadas que les cuesta articular palabras coherentes. Hablan acerca de contratos, adjuntos, guardias y miedos varios. De pronto se miran y callan. Han oído algo. Algo que no es el zzzzzum...clac de las puertas ni el fshhh de los aerosoloes, es otra cosa...qué raro.
Un sonido extraño para un hospital, ajeno, fuera de lugar. Lo oyen en la zona de escaleras, pero se va acercando a ellas por el pasillo... cada vez más cerca, y quien lo produce está a punto de doblar la esquina. Miran con curiosidad...
-¿Qué es eso que suena?-pregunta Patricia, una Médico Residente de primer año.
-Nada, es que nos estamos volviendo locas, será la falta de sueño, ¿pues no parece que viene alguien silbando Toreador de la Carmen de Bizet?.
Miran a la esquina, y lo ven aparecer. Es Víctor Bárcenas.
Victor ha vuelto con su pijama verde, su bolso lleno de libros, sus dos fonendos y sus cinco bolígrafos (entre ellos su boli de la suerte).
-¡Victor!, ¿eres tú? -grita alguien desde lejos.
-Pues yo casi diría que sí -responde el joven médico de Familia -que he pensado que me quedo. Me gusta esto.
-Hola, soy Víctor -ahora se presenta ante las nuevas residentes -R5 de Familia. Doctoras, es un placer conocerlas. Enhorabuena porque habéis elegido la especialidad más bonita del mundo...y si no, al tiempo.

4 comentarios:

Juana dijo...

No hay nadie imprescindible, pero hay gente ¡tan necesaria! ....

Anónimo dijo...

Con la parte autobiográfica de tus escritos....¿significa eso que te quedas en urgencias???
Nadie me ha dicho nada!!!!!
Anna.

Anónimo dijo...

La musica me encanta!:)
Sagra

Anónimo dijo...

Qué bonita música!!!
Sònia.