Benedetti

No soy mitómano como norma general. Eso no evita que haya gente a la que puedo llegar a considerar fenómenos de la naturaleza. También he de reconocer que en mi adolescencia tuve mis correspondientes amores imposibles (lo reconozco, llegué a adorar a Marilyn, y hoy una foto suya decora aún mi despacho, mi guarida).
En persona he conocido algunas personas a las que siempre admiraré. Uno de ellos, mi amigo Enrique, médico de alma y espíritu y hoy formador de nueva sabia para la Medicina de Familia.
Dicen que con treinta años no te debe pasar lo que te pasaba con quince. Te sucede. Con treinta y con cincuenta. Y con ochenta. Si no te sucede es porque la vida te ha vencido, te ha derrotado, te ha envejecido.
Estos días se fue alguien sabio. Alguien sin edad. Una de las personas que mejor ha descrito el alma humana, el alma desnuda. Y lo más complicado: ha sabido plasmarlo en negro sobre blanco y hacernos llegar su mundo para que se convierta en el nuestro, para que se convierta en El Mundo. Era Mario Benedetti. Contador de cuentos y poemas, narrador de vidas, observador de todo, incomprendido a veces, comprometido con las ideas progresistas, exiliado, enamorado...me gusta identificarme con tipos así aunque nos separe más de medio siglo.
He leido bastante, me encanta, acerca de sentimientos. Para mi es Benedetti la persona que más se acerca a mi concepto vital, que mejor ha conseguido enseñar que la vida es algo más, es mucho más que que trabajar comer y dormir. También, y sobre todo , es Vivir. Por hoy colgaré mi poema favorito:

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas del azar
y también de la alegría.

1 comentario:

Juana dijo...

Creo que perteneces al mismo "tronco" que él o al mismo "terreno" ...... por llamarlo de alguna manera.