CONDONES

A Víctor Bárcenas aún le queda una guardia de centro de salud, también toca despedida. Pero casualmente en esta ocasión coincide con la Romería. Las romerías del sur, mezcla de religiosidad (poca), baile (mucho), sexo (en cantidad) y alcohol(más aún)...romerías del sur (a la sombra de los pinos que decía la otra).
La Yeni y el Isra han acudido al centro de salud. Están bien alegres gracias a diferentes mezclas explosivas. La Vane espera fuera del centro.
-Hola, decidme-dice el médico con cara cansada.
-Pues...que se nos ha roto el preservativo- dice ella mirando el techo, como si acabara de descubrir una tela de araña allí arriba. El Isra sonríe triunfante.
-Estimados Yeni e Isra, amados pacientes/usuarios/clientes -piensa Víctor -en primer lugar que conste que estoy encantado de atenderos a las 4 de la madrugada de este apacible sábado, pues ya atendí a dos intoxicados a los que les sentó mal el gintonic (sin duda alergia a la tónica), un par de chicas a las que habían echado algo en la coca-cola (casualmente ellas no se enteraron) y alguien que mezcló la penicilina con la cerveza y le dio vómitos. Además de un chico que sin querer se había tomado una pastilla de color rojo y verde.
Pero vuestro caso es especial, es un auténtico reto para la ciencia médica, quizás la causa por la cual estudié seis años de acarrera, por ello creo que debo dedicaros unos minutos.
Motivo de consulta: es que se me rompió el preservativo. Veo que es la tercera vez en cuatro meses.
A ver Isra, vamos a sincerarnos: ¿realmente rompes los preservativos con esa facilidad? Si me imagino que soy House (al cual cada día me parezco más por la cojera fruto de recorrer pasillos) se me plantea gran número de diagnósticos diferenciales:
-Diagnóstico A: Tus medidas y energías son desproporcionadas, lo cual debería verse corroborado por la cara de felicidad de la Yeni, cosa que no sucede, y que justificaría que llamase inmediatamente al alcalde para estudiar la posibilidad de ponerte una estatua cual caballo de Espartero. Consejo: puedes dedicarte al cine porno, pues está en proyecto Perforator-2.
-Diagnóstico B: Compras los preservativos en el chino de la esquina. Tatamiento: deja de comprar condones genéricos. Por una vez compártelos de marca (y de latex si puede ser mejor).
-Diagnóstico C: Llevas la gomita en la cartera, en el bolsillo de atrás del pantalón. En ese caso el preservativo está más pasado que los danones del Titanic, y al primer achuchón lo descuajaringas. Tratamiento: que los preservativos los lleve ella en el bolso. A ver Yeni no me salgas con de que si se entera alguien pensarán que eres una guarrilla.
-Diagnóstico D: Isra, decláralo: el condón en realidad te queda grande, te baila y se queda dentro. Eso justificaría la cara de tristeza de la Yeni, así como tus musculillos que tienen pinta de ser fruto de los esteroides. Tratamiento: te compras una caja de seis donetes, te los ensartas y así rellenas. Igual triunfas.
En cualquiera de los casos, os aseguro que jamás fui capaz de romper un preservativo (cosa por otra parte que os deberá de importar un rábano, pero es la realidad).

Víctor piensa todo esto mientras comprueba la historia digital en el ordenador
-Bueno tío, nos vas a dar la pastilla o qué? –dice el Isra impaciente –ya hemos perdido cinco minutos aquí mientras miras el ordenador.
-Déjalo cari, creo que éste no va a soltar la pastilla –repone Yeniffer López Ridruejo –de todas formas da igual, porque lo hicimos de pie, y así no te quedas, que me lo dijo la Vane.
Además me lavé luego con toallas de Nenuco, que con esas tampoco te quedas.
Y para más seguridad mañana me beberé cuatro coca-colas calientes sin gas, para que me baje la regla.
El médico se levanta y entrega la cajita a la chica.
-Te las tienes que tomar aquí.
-Gracias –dice la Yeni.
-Oye, no tienes que darle las gracias, es su trabajo. Y punto.
-Buenas noches.

En el fondo Víctor Bárcenas aprecia a la Yeni, con sus tatuajes en la espalda y sus tangas fosforitos por encima del pantalón y esa forma de hablar tan kinki y no puede evitar cierta simpatía por el Isra, con sus mechas rubias, su pantalón caído, sus andares arrastrando los pies, sus aires de rey del pollo frito. Se niega a juzgar negativamente a los chavales de dieciocho años, igual que se negó a que lo juzgaran cuando bebía litronas en las calles o usaba chupas de cuero con remaches y botas militares.
En el fondo son la misma caricatura de macho hispánico que Manolo Escobar/Alfredo Landa y Concha Velasco/Marisol , solo que 30 años más tarde. Y es que hay cosas que nunca cambian. Realmente, Víctor les desea simplemente suerte en la vida.
-Ehhh, antes de iros -les dice.
-¿Qué pasa?.
-Cuidaros mucho.
-venga, tío no nos des más la chapa -responde él.
-Gracias de nuevo -La Yeni le sonríe timidamente.
Ambos se alejan de la mano. Fuera los espera la Vane, con su bolsa del Mercadona, la botella de whisky y las coca-colas.

4 comentarios:

Juana dijo...

A mi me resulta triste, muy triste.

salva dijo...

Yo suelo ser optimista por naturaleza. Las nuevas generaciones no son ni peores ni mejores que las previas, no me dan tristeza pues saldrán adelante. Me niego a lo del "nuestra juventud era más sana" o "cualquier tiempo pasado fue mejor", pues eso decían también nuestros padres, y los padres de nuestros padres... Nuestros padres veían a nuestros 18años con horror. Y no ha pasado nada. Los adolescentes de hoy saldrán adelante,y conformarán una nueva generación, una nueva sociedad distinta, que nos pasará casi sin que nos demos cuenta. Y si no....al tiempo.

Anónimo dijo...

En uno de mis pocos paseos por la red de redes he acabado casi sin querer, leyendo las historias de Victor, y sinceramente tengo que felicitarte, tienes un blog bastante entretenido y de un alto contenido literario. Lo cortés no quita lo valiente, enhorabuena.
José María Jiménez Ruiz

Anónimo dijo...

Enhorabuena, Victor por tu blog y tus relatos cortos.

Saludos. Amapola.