Inicio del camino

Las mañanas de hospital para Víctor Bárcenas son horribles. Aún más ese mes de Mayo, distinto al de años anteriores. Víctor no sabría dilucidar hasta qué punto se trata del clima y hasta qué punto es su propia meteorología interior. Hoy es una de esas mañanas en las que todo le sienta mal. Una tormenta de primavera lo ha pillado sin paraguas (a Víctor siempre le coge la lluvia sin paraguas, es su destino…), haciendo que llegue al hospital con las pintas de un ratón mojado en aceite. El aparcacoches le ha vuelto a mirar con furia al ver cómo se hacía el remolón huyendo y ahorrándose el preceptivo eurazo.
En definitiva, el Médico Interno Residente de enfrenta a un día extraño de rotación hospitalaria, para más INRI en el servicio de Digestivo. Llega al ascensor con prisas, casi como siempre. Dentro ya había una pareja. Víctor tiene la costumbre de estudiar metódicamente a sus compañeros de ascensor. Personas que se cruzan en tu vida durante unos minutos, a veces segundos, con los que compartes ese trozo de universo, a los cuales a veces juzgas, envidias, sonríes, miras o simplemente hueles (esos son los peores).
Tendrían algo más de treinta años, y se cogen de la mano. Ella lo mira, sonríe y él le devuelve el gesto con un beso suave. Víctor no puede reprimir una punzada de envidia. El joven médico empieza con su construcción mental (constructing medicine). Sin duda es una pareja de cierto nivel cultural y económico. Los delata la ropa, los zapatos de marca, el bolso de DG y el llavero de BMW. Ella rondará los 35, morena y muy delgada. Los ojos negros, profundos, de esos que suelen provocar más de una catástrofe vital.
-Una belleza sofisticada –piensa el doctor
La edad de él es similar a ella, con pelo castaño, piel bronceada e indudablemente guapo.
Se sonríen. El bronceado en sus pieles indica a Víctor que acaban de volver de algún país tropical. Seguramente de trata de una pareja de clase media, con chalet, coche e hipoteca. Seguramente tienen uno o dos hijos…¿quizás la parejita?, tienen una vida plena y feliz, y sin duda van a la cuarta planta a visitar al abuelo de ella que está una vez más con sus achaques del corazón. Segunda punzada de envidia en esta mañana de tormenta, en este Mayo agresivo.
Se confirman sus sospechas, la pareja empieza a hablar de que es necesario hablar con la profesora del niño para el tema de los uniformes escolares (encima colegio privado. Sí, estos dos tienen pasta).
-Toma chica, esto de de Marta –le dice él mientras le entrega un folio en el que hay escrito con una letra infantil “Feliz día de la Madre”, y desde donde una niña con ojos como platos sonríe mientras besa a la mujer del ascensor en una playa.
-Vaya, no me había acordado –dice ella- gracias.
-Veinticinco gallifantes para el doctor Holmes -piensa Víctor Bárcenas, con una sonrisa interior.
Parada en la quinta planta. Víctor sale y se despide con un tímido “adiós”, sabiendo que jamás volverá a verlos. La mujer le sonríe. Un cruce más de vidas en un ascensor anónimo. El joven médico se dirige a las consultas de Digestivo y se sienta junto al tutor.
La mañana es anodina, aburrida: Epigastralgia, gastritis, colelitiasis, colon irritable y sospecha de hepatitis A, hasta que le toca al paciente número de historia 3.564: Trémules Sanferro, A. La auxiliar ha salido, y los dos médicos aprovechan para leer la historia.
-Mira Víctor, parece interesante –le dice el tutor a su pupilo –Paciente con dolor epigástrico. Le hicimos una gastroscopia y biopsia la semana pasada y tenía un tumor que parecía un Gremlin ahí dentro. Adenocarcinoma de alto grado. Es raro porque apenas tiene dolor, pero la cosa tiene una pinta horrible, así es que vamos al ataque.
La auxiliar de enfermería ha vuelto y llama al siguiente paciente…
-¡Trémules Sanferro!
Se abre la puerta y entra la pareja del ascensor. Entran tranquilos, serenos. Víctor “Holmes” vuelve a apostar: Vienen a recoger los resultados de la gastroscopia del abuelo (por favor , que sea eso, por Dios, que sea eso...)
-Siéntense por favor –les dice el digestólogo. El tono de voz del médico hace que la pareja se cruce una mirada de extrañeza. Ella mira a Víctor y lo reconoce. Le lanza una mirada de inquietud.
-¿Es usted Ana Trémules verdad? –pregunta el especialista.
-Sí, venimos a recoger unas pruebas por lo de mi gastritis.
En ese momento se abre la puerta de consultas. La auxiliar reclama al médico, alguien lo llama en planta.
-vuelvo en unos minutos, no se preocupe –dice el digestivo saliendo con prisas.
La consulta queda en silencio. La pareja se mira, y miran al médico residente. Sólo el sonido del ventilador rompe un sepulcral silencio…zum, zum, zum…
-¿tú eres el chico del ascensor, no? –pregunta ella.
-¿El ascensor?, pues no sé, no recuerdo…-miente Víctor.
El politono de un móvil rompe el hielo, ella lo descuelga…
-¡Hola princesa!...no te preocupes, te compraremos unas chuches, pero hazle caso a la abuela y te tomas la leche..sí me encantó el regalo…eres la niña más guapa del mundo…sí, adiós, adiós..-cuelga y vuelve el silencio. Zum, zum zum…
-¿Ha venido el resultado de la prueba? –pregunta él.
-Pues, la verdad, no sé. Yo realmente estoy de…como de prácticas –vuelve a mentir Víctor sin saber exactamente cual es su papel en aquella función.
Se cogen de la mano y se sonríen tranquilos.
Sabe que no puede, que no debe decirle a Ana que dentro de quince minutos empezará un calvario, un infierno plagado de cirujanos que la abrirán en canal buscando células malignas, de cicatrices y de supuraciones. Un infierno de quimioterapias y vómitos. Le es imposible decirle a Ana que tiene un noventa por ciento de probabilidades de morir en menos de 3 meses, que posiblemente no vuelva a recibir regalos del día de la madre, imposible decirle que su hija la verá consumirse hasta apagarse una tarde de Julio. Que ya nada volverá a ser igual. Nada.
Víctor nota un frío helado recorriendo su espalda.
-Ahora os recuerdo. Sí hemos coincidido en el ascensor –tercera mentira en esa mañana de Mayo –vi la foto de vuestra hija. Es guapísima, en serio.
Víctor sabe que acaba de poner una tirita en el alma de Ana, o quizás en su propio alma. La pareja le sonríe y sigue el silencio en la consulta 9 del servicio de Digestivo…zum, zum, zum…

3 comentarios:

Anónimo dijo...

vaya,vaya, otra vez me has puesto al borde de las lagrimillas...eres un portento. gracias.
Marty.

AMELY dijo...

Despues de leer tus relatos, me quedo un rato como ida.. y no puedo evitar ponerles cara, la ropa el lugaar a tus personajes... como si yo estuviera dentro del relato,y me imagino a Victor. Un desastre en lo personal, pero sin duda sería un excelente medico de familia y una gran persona.
Como tú.

Miguel Angel dijo...

Me dejas siempre hecho una mierda... dejaría de leerte si no estuviese enganchado y si no fuese verdad que estas cosas nos pasan de vez en cuando... Extraña profesión la nuestra.