Magnus. Y Lars

A veces las cosas son lo que parecen. Otras no.
Magnus se ha levantado temprano esta mañana de Noviembre. Hace frío pero luce el sol. Los domingos por la mañana a Magnus le gusta salir a pasear con sus padres por el campo. Los tres viven lejos de la gran ciudad, muy cerca de las montañas nevadas y tienen su vivienda junto a un río. Magnus espera la llegada de los fríos glaciares. Cuando se congele el gran río Verena sus padres le prometieron que jugaría con sus amigos en el hielo. Aún es pronto, así es que Magnus se contentará con pasear y disfrutar del sol de otoño, ese que acaricia la cara. Alara y Lovni son los padres de Magnus y están completamente convencidos de que viven en el mejor lugar del mundo. A pesar de los inviernos polares sin duda es un buen lugar donde vivir.
Gunnar se levantó muy temprano y llamó a su hijo Lars:
-¡Venga Lars, que es la hora! -le dice besándole la oreja para que se despierte -¡Ha llegado el gran día, vamos!
Lars despierta como lo hacen los niños, con esos segundos de desorientación, en los que no saben si están dormidos o despiertos, y de pronto lo recuerda: ¡Hoy es el gran día!
Mara, la madre de Lars, prepara un desayuno a base de huevos y leche, luego padre e hijo se abrigan para salir.
Magnus está inquieto esta mañana. No quiere desayunar, pues está nervioso, sólo desea llegar al campo y correr entre la últimas hierbas de otoño. Saltar y...seguro que encuentra alguna mariposa. Magnus adora las mariposas. Su abuelo le dijo una vez que había estado en un sitio donde había miles de ellas, todas de colores, incluso algunas brillaban con el sol. A su padre no le gustan las mariposas que brillan con el sol, pero eso son cosas de viejos. Alara ha obligado a Magnus a tomar algo de leche.
-Bueno, ya comerá después si tiene hambre -piensa ella mientras se disponen a salir.
Gunnar y Lars andan campo a través. Han caminado más de una hora. Se alejaron del pueblo hace ya rato, y ahora lo único que oyen es el río rugiendo a su derecha y el canto de algunos pájaros. Padre e hijo se miran. La mirada de Lars es toda una imagen de la ilusión. Siguen caminando y se internan entre los matorrales.
Ya casi es mediodía. Magnus lo sabe porque su padre le explicó que cuando el sol está arriba del todo, es mediodía, Magnus tiene hambre. Mientras sus padres se sientan junto a un árbol disponiéndose a comer algo, Magnus El Despistado, como le dicen sus padres, se entretiene mirando las montañas, la nieve a lo lejos, los pájaros, el río. Y de pronto: una mariposa...una extraordinaria mariposa amarilla.
Gunnar y Lars ya han llegado al sitio elegido por el padre. Se sientan sobre unas piedras y esperan. Gunnar habla ahora al oído de su hijo, parece querer decirle un secreto...
-Eso es Lars. Debes poner el dedo así, y mira por aquí...muy bien...
Magnus está encantado. ¡Ha descubierto una mariposa como la que le dijo su abuelo! Es amarilla y brilla con los reflejos del sol. Es preciosa. Magnus jamás vio algo tan bonito.
-¡Papá, papá...una mariposa que br...!
-¡Ahora! -susurra Gunnar al oído de Lars. El niño aprieta el gatillo. Un disparo atruena en la inmensidad de las montañas heladas.
Extrañado, Magnus percibe que de la mariposa que brilla surge una especie de rugido...durante una milésima de segundo su mirada se cruza con la de un niño de ojos azules.
De la espesura surgen los dos cazadores. Junto al árbol de Boj, dos conejos huyen.
Un tercero, más pequeño, yace con un disparo en el abdomen, es Magnus el conejo despistado que se apaga poco a poco hasta morir.
Lars recoge el cuerpo inerte con orgullo. Magnus sueña mariposas de colores.
Ojalá algún día dejemos de matar por placer.

2 comentarios:

Lu dijo...

Ojala llegue ese día y pronto.
Una historia impresionante, me encanata.

Juana dijo...

¡Ojalá!