marco polo

Estoy en el aeropuerto de dispuesto a embarcar. Hoy el destino es Barcelona, mi ciudad preferida por infinidad de motivos. El principal de ellos es la luz. Imagino que miles de personas lo habrán notado, pero a los que no somos de allí nos impresiona que una ciudad tan enorme siga teniendo una luz tan espectacular, tan intemporal. Por otra parte me encanta el acento de sus gentes, tan injustamente tratadas por los tópicos de siempre.

A veces pienso que da igual el destino, la cosa es viajar, desplazarse, moverse. Eso me encanta.
A veces me siento un bicho raro por el simple hecho de gustarme esas cosas, pero no lo puedo evitar. Negar lo evidente, negar lo que me gusta sería negarme a mí mismo. Me gusta viajar. El simple hecho de entrar al aeropuerto: “Last call for the passengers to Barcelona, flight number…” con esa voz que es la misma en todos los aeropuertos, me hace sentir un Marco Polo. Usualmente prefiero viajar solo, en compañía de mi libro, mi ordenador, mis apuntes, mi mp3 y mis soledades compartidas. Me gusta sentarme en esos incómodos sillones e imaginar vidas ajenas.

A veces lo pienso, y seguramente no me equivoco: Marco Polo no buscaba riquezas ni reconocimiento, ni siquiera abrir rutas comerciales. Simplemente creo que buscaba decubrir el mundo, viajar…y descubrirse a sí mismo
Eso es lo que me gusta. Recuerdo mis tiempos de bachiller, San Agustín, Guillermo Ockham…ellos hablaban del hombre que busca conocerse, y la forma de hacerlo, viajando al interior de uno mismo o viajando al exterior. Algunos se conocen a sí mismos mirando hacia adentro. Yo creo que mi caso es el contrario, me conozco, miro en mi interior a través del conocimiento de otros: otros lugares, otras personas, otras formas de ver la vida, otras culturas, y de ello me enriquezco. Esponja quiero ser.
ZZZZUMMMMMMM…el avión acaba de despegar, haciendome sentir esa emoción única que siempre me causa el saber que estoy separándome del suelo, volando, volando…gentes del norte me esperan al otro lado de esa linea de mil kilómetros que dibujará mi avión. Sin mi afición a viajar no os hubiera conocido, no tendría la riqueza que sin duda me aportáis. Por ello ahora, mientras miro la ventanilla y veo empequeñecerse todo lo de abajo, brindo por esas amistades surgidas de los sueños de Marco Polo.

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