PSICO

Ring, ring...!!
-¿Dígame...?
-Aquí la Policía Local, ¿Hablo con el médico de Cerdenilla?
-No, yo sólo soy el resid...perdón, sí soy el Médico de Familia de Cerdenilla, bueno el sustituto, me llamo Bárcenas, Víctor Bárcenas.
-Mire le llamamos por Irene Suances, es paciente suya, ¿verdad?.
-Bueno, seguramente, porque soy el único médico del pueblo, pero, yo es que soy el sustit...-intenta excusarse el joven médico.
-Mire, esto es una urgencia. La Irene tiene una de sus crisis y está montando un lío tremendo. Parece que ha pegado a los niños y ahora quiere suicidarse. Tiene que venir inmediatamente.
-Pero es que...tengo gente en consulta, ¿no pueden llamar a una ambulancia? -dice Víctor que a punto está de decir ¿no pueden llamar a un médico de urgencias?. Él es el Médico de Urgencias. En Cerdenilla Él es El Médico.
-Mire -dice el policía- yo ya lo he llamao, haga usté lo que quiera, es su responsabilidá, ahora si la Irene se mata, luego no me venga con historias dostó.
Cinco minutos más tarde Víctor se presenta, maletín en mano acompañado de Alicia, la enfermera recién licenciada (este contrato en Cerdenilla siempre se lo dan a los recién acabados) y un celador conductor con más miedo que vergüenza.
En la puerta de la casa, una vivienda social con más años que las pirámides de Giza, los espera una pareja de la guardia civil y un policía municipal. Una anciana de luto llora junto a un Seat Panda rojo. Una vecina consuela a la anciana. Dos niños con mocos sentados en la acera. Uno de ellos tiene el ojo morado. Dos de la tarde y veinticinco minutos, cuarenta grados a la sombra. Bienvenidos a Cerdenilla de la Sierra.
-Es la Irene, otra vez se le ha ido la perola -le dice el poli local, al cual inmediatamente Víctor bautiza como Colombo por su aspecto estrambochulesco.
-Sí, entre, entre y verá el cipote que tiene montado -dice uno de los dos guardiaciviles (en los pueblos no se dice guardias civiles, sino guardiaciviles, Vïctor ignora la causa). Ambos miembros de la Benemérita tienen un extraordinario parecido con Pepe Gotera y Otilio.
Víctor intenta recordar todo lo aprendido en cuatro años de residencia y seis de carrera. Inmediatamente se da cuenta de que lo ha olvidado todo (le vienen a la cabeza cursos, fármacos, apuntes, clases, consejos...¿Haloperidol, Largactil, Sinogan, Tranxilium, Valium? ¿qué dosis, cómo, cuando? ¿Hay que llamar al juez?. Víctor oye su propio corazón...pum, pum, pum!!!
Se da cuenta de que todo el mundo lo mira, incluído el correspondiente coro de curiosos, vecinos y un par de turistas con pinta de alemanes (por las sandalias con calcetines son alemanes, cordobeses u holandeses) que no paran de hacer fotos...
-Usté dirá dostó -dice Pepe Gotera.
-Yo voy llamando al alcalde por si acaso -interrumpe Colombo.
-¡Si, y al cura y al maestro, no te jode, y si la cosa se anima, también llamamos a la banda municipal para que toque Paquito el Chocolatero! -piensa Víctor.
-Bueno Alicia, Jose -dice dirigiéndose a sus compañeros -vamos al ataque.
Entran en la casa. Silencio. Un pasillo con puertas cerradas a los lados. Un pasillo que recuerda a Víctor a los pasillos que a veces aparecen en los sueños. Al final, el salón. Huele a tabaco, huele a cerveza, huele a cocaína fumada, huele a polvo acumulado, huele a orina, huele a psicosis.
En el televisor el programa de Ana Rosa a todo volumen. Un canario muerto en una jaula, y varios gatos pululando por la habitación. En el sofá...Irene. La Irene
Irene, 37 años. Diagnosticada de esquizofrenia paranoide, vive sola con su madre, su pareja y sus dos hijos. Vive sola porque su enfermedad la aísla del mundo.
-Hola, soy Víctor, el médico...
-Tú lo que eres es un cabrón hijo de puta. ¿vienes a ingresarme?
-Vengo a hablar contigo, ¿podemos? - Víctor empieza a recordar algunas cosas de lo que aprendió en aquellos cursos tan "inútiles".
-No, no podemos, porque eres un médico cabrón. El otro médico me violaba casi todas las semanas, y además se quería quedar con mi casa. Los hombres sois todos igual de hijoputas...
De pronto por las escaleras a la espalda de Víctor suena un estrépito y algo enorme cae escaleras abajo, Víctor vuelve la cabeza aterrado, justo a tiempo de apartarse. Un hombre ha caído rodando por las escaleras.
-¡Joder qué susto! -grita el celador -¿y éste quien es?
Un tipo de unos cuarenta años, esquelético, con barba de una semana y una camiseta llena de lamparones (estuve en Benidorm y me acordé de ti) se levanta y recoge con toda la dignidad del mundo un porro de marihuana que se le había caído durante el aterrizaje. Sus pupilas mióticas lo delatan. Está colocadísimo. Alejo Tálides en estado puro.
-Es el cerdo de mi novio. Quiero denunciarlo, doctor porque también me viola.
Víctor vuelve a recordar que en casos así, si empieza a razonar con la paciente, casi seguro que logrará convencerlo. Es su discurso, su paranoia, su vida.
-¡Oye, calla la boca zorra! -dice el hombre malencarado señalándola con el dedo - ¡estás loca! Y como no te lleven al manicomio el que te voy a matar voy a ser yo - Inmediatamente empieza a vomitar en el suelo.
-Dios mío, esto no me está pasando, esto no está pasando -piensa Víctor -esto es un sueño, tiene que serlo.
Entonces el Joven Médico de Familia se da cuenta de que, o se pone manos a la obra, o esto acabará realmente mal. Coge a Alejo del brazo y lo saca a la puerta.
-Oyeme, comotellames, coge la calle abajo y no vuelvas por aquí en un tiempo si no quieres que le diga a los civiles lo que acabas de decir. Andando!
Entra en la casa. La mujer lo mira con los ojos inyectados en dolor y rabia.
-¿Por qué ostias has echado a mi novio? -le grita.
Víctor la mira a los ojos. Entonces vueve a recordar aquellas tardes de cursos "ínservibles"... nunca mires a los ojos a un psicótico.
Mirando a Irene a la barbilla tal como le enseñaron le explica tranquilamente que tiene dos opciones, o se deja medicar, o tendrán que usar la fuerza. No hay alternativas. Ya no hay negociaciones.
-¡Y tu puta madre! -le grita mientras fuma sin parar.
Víctor lo sabe. Aunque su impulso es coger a Irene del cuello y estrangularla, no sería lo que se dice muy profesional...pum-pum, pum-pum!
El equipo médico sale a la calle. Víctor habla con Colombo, con Pepe Gotera y con Otilio. Y con el alcalde, que ya ha llegado y que por cierto es primo hermano de la Irene.
Los niños lloran en la calle. El llanto de un niño ante la injusticia es quizás una de las cosas más dolorosas sobre la Tierra. Irene los odia, su padre los ignora, su abuela los cuída. Su abuela carga con todo...
Cinco minutos más tarde inmovilizan a Irene entre los policías.
Una ampolla de Haloperidol y un Tranxilium 50. Víctor lo ha recordado, aún no sabe cómo.
Irene empieza a atontarse con una risa bobalicona, y poco a poco se sume en su sueño tóxico.
Cuatro de la tarde cincuenta minutos. La ambulancia vuelve de la unidad de agudos y deja al médico junto a la casa donde había aparcado su coche.
Calle principal de Cerdenilla de la Sierra, Seat Panda rojo y dos niños sentados en la acera. Víctor se acerca y se sienta junto a ellos.
-¿Médico, qué le pasa a nuestra mamá? Los niños del cole dicen que está loca.
El joven médico no tiene palabras. Les sonríe y les da un caramelo a cada uno...
-¿Me veis a mí, que soy el Médico del pueblo? -les dice
Ellos asienten limpiandose los mocos con la mano.
-Pues cuando era pequeño, en el cole los niños me decían que estaba tonto. Los niños del cole suelen decir muchas mentiras.
Los niños sonríen
-¿Tienes más caramelos?
-Mañana os traeré algunos más -les promete.
Víctor se levanta. Se da cuenta de que tiene la bata sucia. Cerdenilla de la Sierra, son las cinco de la tarde y tres minutos, veinticinco grados a la sombra. Dos niños sonríen pensando en los caramelos de mañana, Irene duerme, Alejo pide otra ginebra fiada, una anciana de negro dice adiós con un gesto triste y agradecido al médico de familia que se aleja con el maletín en una mano y un puñado de ilusiones en la otra. Le encanta su trabajo.
PS-1: ¡Vaya mañanita!
PS-2: Reitera su compromiso: jamás criticar a los Médicos de Primaria.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

que pena de vida para algunos,los niños sobre todo que nacen ya marcados
gracias por tu ayuda a esta sociedad marchita
henar

Anónimo dijo...

Es increíble! tus relatos hacen que me sienta como si yo también estuviera ahí...en esa casa, con esos olores y con esas emociones. Se nota que te gusta tu trabajo y que sabes ver las cosas de una forma muy muy especial.

Anónimo dijo...

genial! me encantó la forma de mezclar ironía, humor y tragedia...así es la vida