MI NOCHE CON T. Y C.

Teresa (T.) observa desde el fondo de su sillón. Treinta y dos kilos de huesos, piel y carne escasa dentro de un pijama de hospital descolorido de esos que tanto recuerdan a Auschwitz. Ojos negros y profundos desde los cuales mira casi sin parpadear al médico de observación. Tres bolsas de sangre (la primera en las venas, la segunda en la mente, la tercera en el alma). Una bolsa cada tres horas hace un total de, entre una cosa y otra, más de doce horas de estancia en la zona de observación. Justo lo que dura la micro-vida-turno de doce horas en turno de noche.
Doce horas para sentir
Para ver, para ayudar
Doce horas para mirar
Y parar
Doce horas para seguir
Para luchar, para reír
Doce horas para Vivir
...o morir.
Doce horas, que dijo el poeta (el poeta era yo en este caso). Sus pelos con cientos de trencitas, la piel bronceada y los tatuajes indican a Víctor Bárcenas que es (fue) hippie, o al menos una joven no muy ortodoxa. Curiosea en su historial previo...buscando antecedentes, etiologías, explicaciones para hilvanar una historia que no llega a comprender...
-¿por qué tengo apenas a tres metros de mí a una mujer de 42 años muriéndose a chorros por algo de lo que hoy casi nadie se muere...?-Víctor teclea.
No puede ser cierto:
-Enero de 2004: citología diagnóstica de cáncer de cérvix.
-Marzo de 2004: estudio de extensión del cáncer: limitado a mucosa de cuello de útero. Se indica conización (extirpación de unos milímetros del útero).
-Abril 2004: T. rechaza cirugía y opta por terapias alternativas.
-Mayo 2004: T. refiere que está siguiendo un tratamiento natural y que se encuentra bien...hueco en la historia.
-Febrero 2008: T. es derivada para cuidados paliativos. Tumor en cuello de útero con extensión a colon, metástasis en hígado y pulmón.
-A partir de Mayo de 2009 visitas casi semanales a urgencias. Transfusión de sangre y volver si varía cuadro (nunca varía).
De pronto algo lo saca de sus investigaciones...Aviso de nivel 1 que resuena como un trueno por toda la urgencia...pasos apresurados, pasillos verdes, pijamas verdes, miradas blancas. Mujer llorando junto a la puerta de vaivén (clum, clum...)
La sala de críticos es una especie de sala de despiece, toda llena de máquinas, electros, respiradores, desfibriladores, ambús, aspiradores de vacío. Y una niña de seis meses llamada Claudia convulsionando en una camilla enorme.
Todos se acercan, mientras un médico manipula con destreza a la lactante. Ha convulsionado a causa de la fiebre. No será nada grave, pero Claudia sigue convulsionando (diazepan, oxígeno, diazepan, oxígeno...y unas caricias). Una doctora joven se acerca y le dice unas palabras de cariño a Claudia. La médica se emociona al pensar en su hija e imaginarla en esta situación. Se aguanta una lágrima y las ganas de besar la frente de la cría (cree que no quedaría muy científica la situación). Poco a poco Claudia se relaja y mira con curiosidad las cinco cabezas que la observan ansiosas. Entonces rompe a llorar con fuerza...las cinco caras que la rodean sonríen aliviadas.
-Que alguien informe a la madre -la vida sigue.
Vuelta a sentados, vuelta con T... Víctor se sienta a su lado, son las cuatro de la madrugada y casi nadie duerme. T. es rebelde desde que nació, nunca creyó en el sistema, no cree en los políticos ni en los científicos, no cree en la ciencia tradicional, no cree en cirugías ni quimioterapias, no cree en los médicos. Víctor sabe que no la va a convencer.
Tampoco cree lógico echar la bronca a alguien que, con sus treinta y dos kilos, se aferra a una transfusión semanal de concentrado de hematíes. Hablan acerca de sus gustos musicales. Descubren que a ambos les gusta Van Morrison y se sonríen.
-¿ves? no somos tan malos los médicos, hasta podemos tener cierto estilo.
-Bueno, yo nunca he dicho lo contrario -ella sigue a la defensiva. Víctor sabe que no pasará de ser uno más de esa gente de verde que está al otro lado de su vida.
Tres horas más tarde Víctor sale a la calle y nota el click! de sus pupilas al reconocer la luz natural de un sol perezoso.Piensa en Claudia, y le desea toda la suerte del mundo. Piensa en Teresa y sabe que no le queda resquicio para la suerte, ni siquiera para el milagro, por ello le desea Paz. Vidas que deja atrás con tan sólo un click de sus pupilas. Vida comenzando a luchar la de C., mientras a pocos metros otra vida, la de T. se agota colgando de una bolsa de transfusión. Y detrás de todo, frente a todo eso...los de verde. Con sus sonrisas, sus chistes fáciles, sus noches de sueño, sus carreras por los pasillos y sus lágrimas aguantadas. Buenos días Vida

4 comentarios:

Anónimo dijo...

me haces llorar, no sé si darte las gracias o no, pero me gusta.

Anónimo dijo...

Hoy no aguanto una lágrima.....Sin comentarios...Besos. Anna

Juana dijo...

Un amigo mio dice que vivís varias vidas en una .... no le falta razón, claro que os dejáis la piel en el camino y terminaréis viviendo sin ropa y sin piel .... por eso GRACIAS, me alegro de compartir estos "rinconcitos" con vosotros.

Deprisa dijo...

Es un trabajo muy duro ser médico y ver que estás a punto de perder un paciente. Saber que lo único que puedes hacer es paliar su sufrimiento hasta que la muerte venga a cobrar su pieza.

Supongo que hay que ser muy fuerte psicológicamente para ello. Y supongo que habrá veces que ni la medicina será capaz de colmar tus ansias de respuestas.

Los médicos también son personas y algunos hacen un trabajo maravilloso por nosotros.

Me encantó el relato.

Un saludo.