PASILLOS

Y llegados a este punto de un verano en el cual mi vida baila entre la extenuación por el trabajo agotador en un servicio de urgencias/trinchera abarrotado de Usuarios/pacientes/clientes, el calor abrasador de un Sur (mi Sur) a punto de echar a arder, y la sensación de ser alguien realmente tocado por la Diosa Fortuna me planto en mitad de mi vida. Con el viento a la espalda y rezumando vida por los cuatro costados, miro al frente y sonrío.
Evalúo mi situación vital: Altas horas de la madrugada, y sigo dándole capotazos a la vida con la misma energía que cuando empezaba este periplo hace muchas, muchas lunas. Vale, es cierto que no tengo veintidós años, pero eso es lo de menos.
Hay una hora de la madrugada en la que me encanta pensar. Es esa hora sin tiempo en la que aún no es de día, pero la noche ya murió. El último paciente ya ha pasado a observación de camas, me toca dormir y recojo mis libros. Me voy a descansar, no sin antes recordar a los que se quedan (residentes de almas en vilo), que ánimo pues siempre llegan las 8 de la mañana; y una vez más recorro el pasillo con la sonrisa absurda de quien lo ha entregado todo (o casi).

Y cuando nadie me ve, cuando la noche se adueña de los pasillos iluminados de un hospital ahora habitado por los fantasmas que se fueron, cuando el sueño me vence, en ese momento en el que dices "me rindo", precisamente en ese mismo instante, cuando me encuentro esperando el ascensor (clín planta baja!), sucede algo curioso...al final del pasillo, a mi derecha, en la zona de neumología oigo el cri-cri de un grillo. Me parece asombroso, y a la vez absurdo oír un grillo en el pasillo de un hospital...y entonces se enciende la magia. Es la magia que contínuamente busco, la magia que creo mueve casi todas las cosas de este mundo. Me olvido del sueño, del cansancio y de los ojos que me pesan. Me siento en uno de esos bancos metálicos lleno de agujeritos, y escribo en mi libreta de apuntes donde unos minutos antes había apuntado una pauta de Noradrenalina...y entonces dejo mi mente en blanco...Y escribo cinco letras: CALOR...Y en ese mismo instante miles de neuronas vuelven a reconectar para engarzar letras, fonemas, palabras, sensaciones, y escribo de forma casi febril.

En mi ser... tu calor

Y el ardor del pudor,

(en mi piel tu frescor)

y el color, y el sabor a tu olor

y el rubor de tu amor

(sin margen de error, sin rencor...)

tu color interior...

el horror, el terror

el hedor destructor

el pavor al amor

tu valor.

Gracias...

por ser la mejor

Y después de semejante alarde neurónico, sonrío. Quizás es absurdo lo que escribí, tan absurdo como un grillo cantándome en el pasillo de neumología. Entonces pienso que me siento realmente bien, y eso me gusta.

No me he dado cuenta, pero son las siete y veintisiete minutos.Grillo ha silenciado su sonata y el guardia de seguridad abre las puertas a un nuevo día...buenas noches mundo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

sería todo un privilegio trabajar contigo. La gente de tu hospital tiene una suerte tremenda. ojalá te cuiden!

Deneb dijo...

Gracias por escribir y permitir que otros leamos tus palabras. Por destilar sensibilidad en cada una de ellas y ser capaz de atravesar algunos corazones.
Creo que es virtud saber transformar como lo haces, el discurrir continuo de la vida en historias llenas de magia y ternura que despiertan sonrisas y quizá lágrimas dormidas.
Inevitable el pasar del tiempo.Lo importante es elegir cómo lo vivimos.