MI ABUELA ESTÁ MALA DEL CORAZÓN...

Son cosas que pasan. Mi abuela siempre estuvo mala del corazón. Es algo que recuerdo desde mi más tierna infancia. En aquellos (maravillosos...jejeje) años nunca tuve las cosas muy claras: Cuando pegaba cromos de Mazinger Zeta en un álbum con una pasta grumosa a base de agua y harina (no existían los cromos autoadhesivos, pero eso es motivo de otro post), dudaba acerca de si fuego-de-pecho era más que puños-fuera, o si los pechos de Afrodita-A eran radiactivos o simplemente explotaban sin más. Dudaba acerca de la necesidad de esperar exactamante dos horas para hacer la digestión y poder irme a bañar, pues cierta vez me comí una moneda y tardó más de dos horas en ser "digerida". Dudaba de la existencia de la colección completa de cromos de Rui Pequeño Cid, pues me comía los yogures de dos en dos y no conocía a ningún ser humano (o no humano) que tuviera el cromo 37. Cuando vi a Dayana zampándose un ratón como si se tratara de un Foskito, yo ya había imaginado que eso iba a pasar (hice trampas porque me había comprado la teleindiscreta...jejeje). La muerte de Chanquete no me pilló por sorpresa, y aún sigo pensando que aquella pintora era un poco "extraña", pues no vendía ni un cuadro, no daba un palo al agua y vivía de putísima madre en un chalet de la Costa del Sol (tema para otro Malaya-post sin duda). Pero una cosa estaba clara y sin lugar a dudas: Mi abuela estaba mala del corazón.
Se lo había dicho Don Inocencio, el médico del pueblo, hacía más de cuarenta años. Además le había sentenciado:
-María, tú lo que tienes es el corazón más grande que la caja.
Don Inocencio, y esto es completamente cierto, fue el único médico que sacó a un paciente del velatorio. Se trataba de una mujer diabética a la que dieron por muerta, amortajaron y empezaron a velar hasta que llegó el ímprobo Galeno, le inyectó un poco de glucosa y la enferma resucitó. Era el año 1952. Desde entonces palabra de don Inocencio-palabra de Dios (te alabamos señor...jejeje).
Así pasaron los años, y seguí creyendo que lo del cineExin no me terminaba de convencer, que los andaluces no hablábamos como el ratón de Willy Fog, que Dartacán tenía cara de bobo, que Nocilla no podía ser sólo Leche-cacao-avellanas y azúcar (de hecho hice el experimento y la mezcla daba asco y no sabía en aboluto a Nocilla), que el tipo del coche fantástico parecía más bien un icono gay que un sex-symbol femenino...pero lo de mi abuela estaba clarísimo...estaba mala del corazón.
Yo tenía muy claro que las personas malas del corazón morirían en cualquier momento, por ello siempre traté a mi abuela con esa deferencia especial.
Pasaron los años, y los años... y más años...se murió Chanquete, Mc Gyver dejó de hacer bombas a base de chicle, quitaron la Bola de Cristal, me salieron espinillas, murió la peseta, el símbolo sexual de millones de españoles, Concha Velasco, pasó a anunciar compresas para la incontinencia urinaria...pero mi abuela no se moría.
Empecé la carrera ( y la acabé), y jamás me planteé esa verdad bíblica que era que la abuela estaba mala del corazón...hasta hace unos días.
La abuela se quedó viuda hace años, y ahora es lo que llaman una dependiente para las Actividades de la vida Diaria. Son ochenta y nueve años, con la mente completamente lúcida; y además mala del corazón...todo un reto para la medicina moderna.
-Abuela, ¿cómo estás?.
-Fatá hijho -me dice con su acento malagueño, aspirando la jota -entre lo del corazón y la espalda no doy pata con bolo.
Me acerco a la caja de latón y revuelvo entre cajas de fármacos: Ibuprofeno de tres marcas distintas, Amoxicilina, en sobres y en cápsulas, cremas para los dolores varias, pomadas para las varices, jarabes para la tos, sobres de mucolíticos, jarabes para el estreñimiento, agua oxigenada, algodón, alcohol, lexatín, y...
-¿Abuela y tus pastillas del corazón? -le digo preocupado, casi alarmado.
- Ahhh..esas las tengo allí en el cajoncillo bajo la tele -me dice con una sonrisa. La tele, por cierto ,falleció el mismo día que mi abuelo.
Me agacho, abro el cajón...y me encuentro esto:


Esta historia es absolutamente cierta y me hace replantearme cientos de cosas. Ignoro cuánta gente habrá por ahí "con el corazón más grande que la caja", personas "malas de la circulación", con "Tensión nerviosa", con "los nervios cogidos al estómago", con "el colon irritado", con "faringitis crónica de por vida". Matrículas que algún día adjudicamos a pacientes convirtiéndolos en enfermos, y lo que es más triste: para siempre. Supongo que en el fondo mi abuela tuvo la suerte (y el poco dinero, claro...), o la inteligencia, de no seguir indagando en su "patología cardiaca" a base de visitas a, especialistas, médicos de pago, y cátedros en cirugías varias, que la hubieran "salvado" a base de betabloqueantes, diuréticos, calcioantagonistas, digoxinas, y que sin duda la habrían llevado a la caja de pino hace años.

Ahora, al llegar a casa, me planteo si esa sonrisa de mi abuela al indicarme el lugar dónde guarda sus pastillas para el corazón era algo más que una sonrisa cómplice... ¿Nos estamos equivocando al pensar siempre que somos más listos que nuestros pacientes? Cada día estoy más convencido.

3 comentarios:

Paula y Manuel dijo...

Bueeenas... muy buen blog! Felicitaciones!!!

Cómo sigue tu abuelita? espero que un poco mejor, al meos de ánimo, no?...
Bueno, te escribía para invitarte a que visites nuestro blog y que luego consideres darnos tu voto en la sección SOLIDARIOS.
Damos de comer a los jóvenes que viven en la calle y el premio redundaría en beneficio de ellos.
Gracias por tu valioso tiempo!!!
Que tengas un buen inicio de semana!

Paula y Manuel
www.elmacarronsolidario.blogspot.com

Ana dijo...

Curiosa historia. Cómo todas las que cuentas, al menos las que he leido haciendo zapping por tu blog ;) Bonita forma de contar historias médicas o de médicos o de sanitarios o humanas o lo que sea... me gustan, me siento identificada. Un saludo nos vemos por aquí.

Deneb dijo...

Si es que por algo existe "la botica de la abuela"...curiosos y naturales remedios pero casualmente efectivos.
¡Te olvidaste de la abeja maya!