AMOR Y DOLOR...JODIDA MEZCLA

Ella era una de las enfermeras que pasaron por urgencias cuando apenas éramos erreunos. Una chica delgada y casi siempre con una sonrisa para aquellos jóvenes médicos recién acabados que no acababan de creerse que eso de Ser Médicos ya iba en serio.
Él, enfermero del hospital que conocieron a lo largo de las rotaciones. Uno más, quizás más alegre, quizás más dispuesto a ayudar.
Los jóvenes residentes, en esos primeros meses de trabajo apenas pudieron retener sus caras, ni siquiera sus nombres, sólamente lo justo para saludarse por los pasillos o sonreirse en el ascensor.
Y un día ambos desaparecieron de las urgencias. Y los jóvenes residentes siguieron en la larga trinchera sembrada de noches de dolor.
Algún día oí que una chica estaba mal. Había sido enfermera de urgencias, al igual que su marido.
-Pues no recuerdo -comentaba entre cafés y donuts.
-Sí hombre, una chica delgada, así morenita que casi siempre sonreía... -dice Lorena.
-Pues no caigo. Yo es que para las caras soy fatal. ¿Otro donut? -y la vida sigue.
Me dijeron sus nombres y creí recordar sus caras. Nada más...
Pero un hospital es como un pequeño pueblo, donde todos se terminan conociendo. Donde, de una u otra forma, se terminan compartiendo vidas ajenas y propias.
Pasaron meses, pasaron años y acabé la residencia, incluso empecé a trabajar como adjunto de urgencias.
De vez en cuando, junto al olivo de los cigarrillos o en las negras noches de cafés y risas, alguien recordaba que la situación de la chica no era buena, que la cosa estaba bien jodida. Siempre había un silencio. Unos segundos eternos, entonces unos aprovechaban para dar una larga calada, otros un sorbo de café, otros miraban al suelo. Al final alguien bromeaba acerca de un paciente latoso, y la vida seguía.
La vi hace apenas dos semanas. A pesar de la palidez y la extrema delgadez la recordé al instante como una de aquellas enfermeras que me ayudaron cuando empezaba, pero no me sentí con la fuerza ni con la confianza de saludarla. Hablaban con el cirujano apenas en un susurro. Minutos más tarde desfilaba por el largo pasillo por el cual jamás debería desfilar una chica de apenas treinta años y madre de dos niños. Él recibía los abrazos y besos de sus compañeros y marchaba tras ella
Pocos días más tarde dijeron que la cosa no tenía arreglo. Ese día la pausa bajo el olivo de los cigarrillos fue más larga. Nadie se atrevió a romperla.
Pero la vida siguió como sigue la vida en los hospitales, entre quejas por los usuarios a deshoras, jornadas de duro trabajo, discusiones o risas mezcladas...hasta hace apenas unos minutos.
Y en este mismo momento, a las cinco de la madrugada y seis minutos, con esa sensación de desasosiego que produce el saberse responsable de unas urgencias, con un cosquilleo en el estómago que te hace dudar entre el hambre y el miedo. Cuando pienso que me apetecería volver a fumar, descubro algo que me hiela la sangre.
Descubro que siempre, absolutamente siempre la realidad supera a la ficción. A lo largo de estos últimos doce meses he intentado describir el Dolor, el Amor y la Magia. Manolo y Esperanza vivieron el Amor, el Dolor y la Magia como salidos de uno de esos relatos imposibles...
-Salva, deja de inventarte historias
-Salva, aquí tienes material para un post.
-Salva, a ver si me dedicas algo.
-Salva ¿en serio piensas todo lo que dices?
-Salva, ¿eres Víctor Bárcenas?
Descubrir que todas las emociones del mundo han sido reflejadas en un blog, en el que aquel enfermero de mirada cálida y sonrisa amable ha desgranado miedos, esperanzas, inquietudes y llantos. Un diario del Amor y del Dolor, una bajada a los infiernos. Me invade una sensación de vértigo y de desgarro, al ver lo cerca que estamos de rozar el abismo.
Hacía tiempo que no sentía un nudo en la garganta como esta noche.
Jamás en mi vida leí unas verdades tan certeras,unos sentimientos tan fuertes, una injusticia tan grande:
Extracto 1
Hace ya más de dos años, le diagnosticaron a mi mujer un cancer de cuello de útero. Desde entonces, nada es igual. Momentos de dolor, de esperanza, momentos crueles y momentos maravillosos e inolvidables se mezclan y conforman desde ese día nuestra vida cotidiana.
Extracto 2:
Tengo miedo. A veces es un miedo sordo, contínuo; un compañero de viaje íntimo y desolador, del que no puedes escapar. A veces es un miedo agudo, inmediato, ansioso, que te aplasta y te consume.Al principio fue el miedo a la muerte de mi mujer, a la horfandad de mis hijos; luego, miedo al dolor y al sufrimiento innecesario, inútil. Miedo al dolor inmediato de las pruebas. Miedo a las secuelas, al avance del cáncer, miedo a la incertidumbre. Miedo a las recaídas, a las recidivas.Y ahora tengo miedo, un miedo tremendo a no estar a la altura, a no ser capaz de soportar la presión, a no poder adaptarme a los cambios; miedo a huir. A intentar escapar. Miedo de despertarme un día pensando que ésta no es mi vida; que no me la merezco...Que si ella no puede por qué yo no...El miedo se subió conmigo en el coche el primer día, y desde entonces me acompaña, más o menos visible, pero siempre presente. A veces es un miedo compartido, y a veces es un miedo en solitario, oculto, como una suerte de onanismo, involuntario, pero puntual y cierto.
Extracto 2: Se despidió de sus hijos, los besó por última vez con los ojos llenos de lágrimas, pero ocultandoles una vez más su dolor y su destino, y los dejó marchar. Se despidió de sus amigas, de sus compañeros y me dijo "...ya está todo el pescado vendido..."
De mí no se despidió; los dos sabíamos que no hacía falta... En estos tres últimos años nos hablamos y nos quisimos por toda una eternidad.
-...Y después de esto...¿qué queda?
-Nada
-Carpe Diem -me dijeron anoche.
-Quizás ni eso -respondí.
Un abrazo Compañero

6 comentarios:

Ana dijo...

Algunas historias desgarran hasta el punto de preguntarse ¿y ahora qué? No hay más remedio que seguir adelante con la vida. Un saludo ;)

Anónimo dijo...

es cierto eso que cuentas...vértigo al ver cómo la tragedia pasa rozando nuestras vidas.

Maria... dijo...

La realidad la cruda realidad siempre supera la ficcion.
No somos conscientes realmente de como tenemos que disfrutar y VIVIR en mayusculas.
Un abrazo y muy buen post
Maria

Anónimo dijo...

amor+dolor: tragedia. Gracias por hacérnoslo ver con tu prisma

Vicky dijo...

sabes, fue duro saberlo, todos conociamos el final de esta pelicula pero al verla, con toda su energía, con toda su fe en la curación... hacia que olvidaras el fin... una mujer luchadora.

Anónimo dijo...

Hola Salva... soy "el enfermero de mirada cálida y sonrisa amable"... Gracias. Muchas gracias. Por tu calor, tu cariño y tu comprensión de todo cuanto en estos años hemos pasado Esperanza y yo. Me ha emocionado mucho... Y me anima, además, el que te emocione lo que escribo.
Un abrazo, compañero. Nos vemos en las guardias.En esas guardias que tan bien describes...