CUENTOS

-"Érase una vez un reino poblado de hadas y brujas, ogros y sirenas. Un reino donde los guerreros valientes luchaban contra los dragones y casi siempre ganaban, donde los sapos se convertían en príncipes y las brujas volaban en escobas. Era el reino de Zataplás..."
La mujer del pelo rojo empezaba cada noche de esta forma a contar sus cuentos a Luna, la niña de ojos grandes.
A lo largo de muchas noches la mujer del pelo rojo contó las aventuras y desventuras de todos y cada uno de los habitantes de Zataplás. Las andanzas de aquel conde, el conde Ramiro de Cantiluz, que se aventuró a subir a la Montaña Helada; la leyenda del Viento Dorado, un viento que convertía en oro las naranjas, o los viajes de Silam en busca del libro secreto de la Sabiduría. Los ojos de Luna brillaban en la oscuridad de la habitación mientras la mujer del pelo rojo desgranaba las historias cada noche.
Así pasaron las noches, los meses y los años. Así pasaron las dos vidas.
Una noche Luna dijo a la mujer del pelo rojo que ya no quería oír sus cuentos porque ya era mayor para cuentos de niñas. Esa noche Luna explicó que ya no creía en brujas ni princesas, en ogros ni en sirenas. Que no creía en el reino de Zataplás.
Esa noche la mujer del pelo rojo no dijo nada. Se limitó a besar la frente de Luna como sólo las madres saben hacer, cerrando los ojos y aspirando el olor del pelo infantil para impregnarse del alma de Luna.
Meses más tarde aquella niña que no podía dormirse sin oír los cuentos de Zataplás había olvidado todos y cada uno de los cuentos, tal y como manda la adolescencia.
Años después, en una helada noche de noviembre, una mujer de ojos grandes y expresivos mira la luna que tilila tras la ventana. Luego baja la mirada y la dirige a la cama donde una niña de pelo rojo y ojos inquietos la observa expectante. Luna respira, se aparta una lágrima recordando aquellas noches olvidadas. Y entonces empieza...
-"Érase una vez un reino poblado de hadas y brujas, ogros y sirenas. Un reino donde los guerreros valientes luchaban contra los dragones y casi siempre ganaban, donde los sapos se convertían en príncipes y las brujas volaban en escobas. Era el reino de Zataplás..."

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Precioso. Annaprz

dra jomeini dijo...

Me ha llegado tanto...Mi madre, bibliotecaria de su instituto, me contó miles de historias de pequeña. Ahora soy yo la que saca el polvo a esas historias para contárselas cada noche a mi hija.

Anónimo dijo...

Realmente hermoso, realmente se me pone un nudo en el estómago cuando leo algunos de tus relatos. Este ha sido uno.Gracias. Emilio.

compi1 dijo...

En mi casa es la misma historia, solo que mami cuenta Pepita Pulgarcita y papi el Canguro Roberto, desde siempre... Valen para todos los días y para todas las ocasiones, nuetros dos mini-héroes siempre dulcifican los problemas diarios y tienen el poder de hacer conciliar el sueño (a grandes y pequeños).