DESEOS...Y FANTASÍAS

Después de muchos años buscando, Maika a sus 42 años tenía muy claro que conocía el alma humana; que sabía cuáles eran los resortes de los sentimientos, de las ilusiones y los traumas.
Ya en la adolescencia decidió que lo que más le fascinaba en la vida era el conocimiento de las personas, de sus fantasías y de sus miedos. De sus ilusiones y deseos. Por ello estudió Filosofía, viajó a los confines del mundo en busca del conocimiento de otras culturas y otras realidades, de otras formas de vivir y de sentir. Había publicado dos libros, uno acerca de la psicología del crecimiento y otro sesudo volumen acerca de fantasías y sueños en las culturas orientales.
Su trabajo consistía en dar clases en la facultad de Psicología además de impartir múltiples conferencias por todo el país.
Había leído a todos los maestros de la Filosofía y la Psicología clínica. Los tratados de Psiquiatría solían ser su libro de cabecera en las noches de frío, y había llegado a entrevistarse con cientos, miles de personas, tanto enfermas como sanas, en busca del conocimiento.

Sin duda Maika había conseguido lo que se había propuesto: conocer la mente humana. Hasta tal punto llegó su interés que pasó todo el invierno de 2005 en uno de los mejores hospitales del mundo, el Hospital Monte Sinaí, donde junto a los mejores neurólogos y con ayuda de la más avanzada tecnología descubrió los mecanismos biológicos y fisiológicos de nuestro cerebro.

Satisfecha y contenta, Maika podía presumir de conocer todo lo que se podía conocer entorno a lo que ella denominaba la fábrica de sentimientos, el cerebro.

Este fin de semana lo tuvo libre gracias a un puente con motivo de la festividad de todos los Santos. Estos españoles siempre estaban buscando un hueco para hacer fiestas. Después de meditarlo largamente decidió dejar los libros y pasar unos días junto a su hermana Claudia y sus sobrinos Pablo y Alya de seis y ocho años respectivamente

El fin de semana pasó como otro cualquiera en casa de su hermana, en la que ella siempre sería la tía Maika, la seria, formal y modosita tía Maika, aquella que los miraba escondida tras sus gafas de pasta roja.

El sábado se acostó temprano, tal y como era su costumbre. Los niños se acostaron más tarde tras haber recorrido las calles con sus disfraces de zombies en busca de caramelos.

Maika no podía dormir, así que decidió espiar la conversación de los dos niños. Oír conversaciones ajenas, esa gran pasión...

-Pablo, ¿tú crees que es posible? -pregunta la niña a su hermano.

-Casi seguro que sí -responde Pablo.

-Eso sería perfecto. Sería la mejor cosa que puede suceder en el mundo mundial. Ojalá suceda.

-Ojalá...

Posteriormente la conversación derivó hacia la posibilidad de matar un vampiro con una estaca de madera o la causa de que fueran alérgicos al ajo. Maika se durmió con una sonrisa en la boca.

La mañana siguiente Maika no pudo aguantar su curiosidad.

-Alya, anoche oí que pedías un deseo a tu hermano -preguntó Maika.

-Sí. Es mi mayor deseo.

-¿Y cual es? -entonces Maika piensa en sus deseos, deseos de Bien para sí y para el prójimo, deseos de paz mundial, de que acaben las guerras o de que no haya hambre en el Mundo. Deseos de encontrar el amor, de tener trabajo, de tener dinero y salud. Deseos de ser buena persona, de ser querida y de ser valorada. Pensó en sus deseos de estar junto a su familia o de no perder a sus seres queridos.

-Mi deseo es que las calles sean de chocolate, que lluevan caramelos. Tener una varita mágica para poder congelar a todo el mundo. Ah y también tener un caballo con alas para ir volando al cole. Que la navidad dure más tiempo, que siempre sea verano y que la semana tenga dos sábados y dos domingos.

Entonces Maika se da cuenta de que aún le queda muchísimo por conocer del alma humana y de su funcionamiento, y piensa que el mundo funcionaría mejor si en lugar de perfeccionar y sublimar nuestros deseos y fantasías, conserváramos alguno de aquellos deseos infantiles arrojados a una polvorienta caja de cartón junto a los cromos de Dartacán y los tres mosqueperros.

Maika piensa que quizás sea conveniente empezar a olvidar una parte de lo aprendido para volver a recuperar los deseos olvidados en el desván de su mente. En ese mismo instante se da cuenta de que ha llegado la hora de desandar el camino si realmente quería conocer el alma humana.

PS: Realmente sería genial despertarte una mañana y descubrir que las calles son de chocolate y turrón...

Escrito tras una noche de trucos y tratos.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Ojalá pudieramos seguir deseando lo mismo que de niños. Mi deseo era despertarme un día y ver que el mar llegaba hasta mi puerta..y lo veía tan posible!!!

Juana dijo...

Yo siempre quise volar .....

AMELY dijo...

Pues... yo. Importarle a alguien.

Anónimo dijo...

y yo quería ir sin niforme al cole

Anónimo dijo...

perdón! quería decir sin uniforme,quería ser diferente y llevar el vestido de los domingos que era menos aburido. Enhorabuena por la publicación de tu libro

Ismael dijo...

Con la mitad de imaginación de un niño todos seríamos más felices!!
Por cierto, yo me quedo con el deseo de poder volar xD
Saludos!!

Ismael dijo...
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