TAQUICARDIA SUPRA...¿Y QUÉ MÁS?

Han pasado varios meses (pocos) desde que Víctor Bárcenas acabara su periodo como Residente. Casi sin darse cuenta ha pasado a Adjunto.
La Medicina sigue siendo una profesión que se aprende de persona a persona. En pleno siglo XXI la información por internet, los cursos, los masters, los congresos y los libros parecen ser la mejor forma de formarse; sin embargo el contacto de médico a médico, la relación personal mestro-aprendiz sigue siendo la base de la formación. Víctor se da ahora cuenta de que su palabra llega a los residentes más pequeños a veces como una especie de doctrina evangélico-enciclopédica. Alguna vez observa al residente tomando notas al albur de una explicación aparentemente banal e improvisada acerca de los criterios clínicos de sepsis, del mejor antibiótico para una celulitis o una pauta de amiodarona. Es la mayor responsabilidad del que enseña: el error, pues éste se puede llegar a perpetuar durante generaciones.
Los laboratorios farmacéuticos lo saben muy bien , por eso siguen colocados justo en mitad del perol, inyectando sus comentarios, opiniones (y falsedades), justo donde más duele al sistema (y dónde es más rentable), en mitad de la trinchera. Curioso es que el sistema permita que un individuo entre a tu consulta a contarte (y venderte) cuentos chinos con el pretexto de que te trae información "científica". Pero eso será motivo de otro post.
Los congresos, conferencias y cursos son necesarios, pero Víctor está convencido de que el noventa por ciento de su práctica médica la aprendió de sus compañeros mayores. Afortunadamente tuvo unos extraordinaios maestros.
Hace unas semanas ha diseñado una nueva técnica de aprendizaje. Él las llama las "cápsulas clínicas". Convencido de que trabajar en la madrugada es para cualquier ser humano algo duro, árido, y a veces trágico, Víctor convoca unas sesiones clínicas especiales. Se imparten a las tres de la madrugada y duran cinco minutos. En ellas reúne a los residentes que aún queden con ganas y fuerzas, y reflexionan de forma improvisada e informal acerca de algún tema muy concreto en relación con alguno de los pacientes ingresados. Con ellos debate la anamnesis realizada, la exploración, las pruebas complementarias, el juicio clínico y el plan de tratamiento. Finalmente se toman un café. El objetivo es que se den cuenta de que eres igual de médico a las seis de la tarde que a las cinco de la madrugada. Analizan las historias clínicas porque los médicos son esclavos de sus hechos, de sus palabras y (especialmente) de sus escritos.
Hoy el paciente es un hombre de cuarenta y seis años. Acude por palpitaciones y dolor torácico. No tiene antecedentes de interés y las palpitaciones lo despertaron hace una hora.
El paciente ha sido valorado en la entrada, se le ha hecho un electro y ha pasado a la zona de observación. El residente que recibe al paciente consulta con el Adjunto. Son las tres de la madrugada, la cosa está tranquila y Víctor decide convocar una sesión de cápsula clínica.
Quedan cuatro residentes en pie, que se acercan a la camilla donde un hombre de mediana edad los observa desde detrás de su mascarilla. Parece intranquilo, asustado quizás. Su tórax está surcado por cables de monitorización, y en la pantalla del monitor saltan los consabidos complejos en verde sobre negro...pip,pip,pip...193 latidos por minuto. Pip,pip,pip...
-Hola Pedro -el médico saluda al paciente, al que ya conoce por haberlo entrevistado unos minutos antes -estos doctores son médicos del hospital. Vamos a estudiar un poco su caso si no le importa. ¿sigue con dolor?
-Ahora no, pero parece que el corazón se me quiera salir por la boca -dice el asustado paciente.
Víctor explica a los residentes los antecedentes, el motivo de consulta, la exploración y las pruebas de que dispone.
-La radiografía de tórax es normal, la analítica también, y éste es el electro -les dice entregando la tira de papel a cuadritos a una de las residentes.
La joven, residente de primer año, coge el papel como si le quemara los dedos y observa...
-A ver, frecuencia...193. Ritmo: son unos complejos estrechos, rítmicos... ¿no? y...uhmm, ehhh...jo, es que los electros no se me dan "demasiado bien". Tengo que empollármelos de nuevo.
-Os dejo tres minutos, voy a por café y vuelvo -les dice, consciente de que se sentirán más libres sin su presencia.
Cinco minutos más tarde.
-¿Bueno, tenéis algo?
-Bueno, creemos (el creemos suena a "somos una piña", así es que cuidadín) que es una taquicardia supra.
-¿y...? -les pregunta.
-y...¿qué? -responde la residente.
-¿algo más?
-pues, que yo sepa...eso una taquicardia supra...supraventricular.
-No hay plan de tratamiento. Un juicio clínico sin plan de tratamiento es como si te vas a la ducha con Anne Hathaway y te limitas a darle jabón, parece que falta algo (quitarle el jabón, claro). Y aunque no lo creáis vuestras historias clínicas en los próximos cuatro años las leerá mucha, mucha gente. Incluído algún juez. De ellas dependerá gran parte de vuestra reputación.
-Vale, vale...
-¿El tratamiento son...maniobras vagales? -dice Alicia.
-Y si fallan adenosina -replica Luisa animada
-Las dosis ya no nos acordamos, al menos yo.
-Vale, ahora casi lo tenemos -dice Víctor -¿cuales son las maniobras vagales?
-Maniobras vagales, lo del Valsalva, el masaje del seno carotídeo y eso -dice Alicia con la valentía de quien sabe que está acertando.
-¿Sabéis hacerlo?
Los residentes se miran con cara de "mejor-no-digo-que-sí-porque-como-lo-diga me-tocará-hacerlo-y-la-cagaré".
Víctor se acerca a la cabecera del paciente.
-Buscamos la carótida aquí, justo delante del músculo esternocleidomastoideo, esperamos un segundo a notar cómo late...apretamos con suavidad, mientras observamos el monitor...
En ese momento, mientras el médico masajea el cuello del paciente, el monitor dibuja una línea recta durante apenas un segundo, y salta de nuevo la espícula verde. Esta vez a sesenta latidos por minutos.
-¿Mejor, Pedro?
-Se me han quitado las pulsaciones.
-¡Joder! -dice Julia, una residente de primer año.
-Bueno pues ésta fue la cápsula clínica de hoy, ahora me piro.
Víctor se aleja, sabedor de que ha impresionado a los jovenes igual que a él lo impresionaron unos años antes, pues el simple hecho de curar con tus propias manos sigue siendo algo impresionante, mágico, que lleva al médico al origen de su propia profesión de sanador.
A sus espaldas oye los comentarios de los residentes satisfechos.
En realidad es la primera vez que Víctor ha conseguido revertir una taquicardia supraventricular con esta maniobra de masaje del seno carotídeo. Realmente le hubiera gustado gritar yupiiii! y saltar por la sala de observación. Pero claro, ahora su puesto le impone dar la sensación de seguridad propia del maestro, así es que se aleja por el pasillo con paso sereno...

1 comentario:

Anónimo dijo...

genial idea lo de las cápsulas clínicas.