EL SECRETO DE SUS OJOS

Son las dos de la madrugada. Hace frío. No es el frío de las noches de Diciembre de una infancia plagada de claroscuros. Es la frialdad que te da el tener la absoluta certeza de estar solo frente al mundo.
Entonces decides parar tu viejo Renault Clío, salir al arcén y encender el penúltimo cigarrillo de la noche. Algún día te deberías plantear que tu relación con el tabaco no es leal.
La primera calada ilumina la noche, y en ese medio segundo un millón de sensaciones colapsa tu mente. Es uno de esos momentos en los que lo sucedido en las última semana se concentra en un suspiro. Starlux de pasiones, cápsula de amor contra la locura.
Y en ese instante recuerdas imágenes, músicas, olores, sonidos y voces. Tienes la inmensa fortuna de percibir que esas mil sensaciones se están grabando en tu mente. Para siempre.
Hacía algún tiempo que conocías a Leire. Era una más de las chicas que conocías. Hasta que dejó de serlo. Hasta que una cita para ver a Ricardo Darín acabó en una mirada interminable, en una confesión. Y finalmente en un beso eterno.
Los días siguientes tu vida fue arrasada por un tornado de sensaciones. Descubriste nuevos colores, nuevos sabores, nuevas miradas y nuevas risas.
En apenas diez días tu mundo giró, y decidiste que Leire era la persona con quien querías compartir tu vida.
Tres días más tarde los besos furtivos acabaron en caricias. Y esta misma noche quedasteis para cenar.
Habéis paseado y habéis hecho el amor en este mismo Renault Clío que ahora te acompaña. Hace de eso apenas una hora. Igual que cuando eras adolescente. Amor con prisas y pasión eterna.
Y entonces, un nuevo giro en tu noria.
-Leire, quiero decirte algo –susurraste a su oído, decidido a apostar fuerte.
-No, no lo digas –entonces te ha mirado muy fijamente –quiero que olvides esta noche, que olvides esta semana. Nada de esto ha sucedido.
-Pero…
Hubieras rogado, hubieras llorado, hubieras suplicado; pero sabes que el amor no se mendiga, se conquista.
Ahora te sienta junto al arcén y apuras el cigarrillo. Sabes que aquellas músicas, aquellos olores, aquellos sabores, aquellas miradas de los últimos quince días, te acompañarán el resto de sus días. Sabes que nunca podrás volver a percibir ese aroma de Ralph Lauren sin sentir una punzada de dolor.
Con tranquilidad apagas el Marlboro, recuerdas El Secreto de sus Ojos, sonríes y sigues.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

jo...qué real. A mi me pasó algo así y aún a veces me cruzo con alguien que se le parece en un aeropuerto y me da un vuelco el corazón.

Anónimo dijo...

cierto. Hay noches para olvidar. Julio

Juana dijo...

A veces una vida entera es solo un mes, una semana, un día, un segundo .... hay un antes y un después, es como si ese mes, esa semana, ese día, ese segundo .... fuese una vida dentro de otra vida .... es lo que tiene.