TRADICIONES

Las odio. Desde que era adolescente lo he tenido muy claro. En aquel entonces me dijeron que era la rebeldía propia de mi edad; que eso se pasaría, que ya empezarían a gustarme, a añorarlas , a respetarlas. Y sobre todo, a conservarlas. Las tradiciones.
Y es que no entiendo por qué el mero hecho de ser "tradicional" o "una tradición" es un plus de valor para algo, una especie de garantía de que ese algo es intocable, respetable, venerable...
En mi (seguro equivocada) opinión, debería existir otro parámetro para estimar si algo es beneficioso o no que el simple calificativo de "es que es una tradición".
Y como no puedo salir a la calle a gritarlo (hasta que no sea tradicional el hecho de hacerlo), lo gritaré aquí, pues para eso es mío el post:
Estoy HARTO de que me digan que en el colegio se debe dar religión porque es una tradición de años, de que se mantengan fiestas en las que se torturan a los animales porque son tradicionales, de salir al campo y encontrarme gente armada con escopetas y disparando alegremente a cincuenta metros de mí, porque eso de cazar es una tradición, de tener que asistir a tradicionales y venerables bodas por la iglesia, bautizos, comuniones y funerales, sabiendo que el noventa por ciento de los asistentes no vuelve a pisar una iglesia el resto del año, de que mis impuestos sirvan para financiar una organización privada, tal y como es la iglesia católica, que no paguen impuestos y que encima me digan cómo organizar nuestras leyes civiles porque hay que respetarlos, son la tradición cristiana de nuestro país, que la jefatura del Estado sea heredada de padres a hijos como quien hereda una colección de sellos (tradición española).
Y sobre todo estoy harto de que cada año, cuando voy a montar el Belén la gallina es más grande que las ovejas, tengo tres vacas y ningún burro, un general romano que siempre se cae, el río de papel de aluminio me sale cutrísimo, la virgen es casi el doble de tamaño que San José, el caganet no sé donde colocarlo, pues me parece un poco escatológico (ahhhh, es que es una tradición catalana).
Es en definitiva un Macro-Belén que he ido acumulando a lo largo de años sin orden ni concierto.
Aunque si me pongo a reflexionar: es divertido mi Belén de figuritas cutres. Lo adoro. cada año lo monto con Penélope. Ella a sus siete (recién cumplidos) años no se da cuenta de los tamaños descompensados, de que las figuras son de plástico, ni del papel de aluminio, ni de la vaca-burro, ni de que los camellos son más pequeños que los reyes, ni de que el ángel en realidad es una figurita del señor de los anillos, de que los siete enanitos de Blancanieves no pintan nada en un Belén. El día que se de cuenta de todo ello, quizás pida que compremos uno de esos tan finos y de diseño que venden en El Corte Inglés. Ese día dejaremos de montarlo pues se habrá perdido la ilusión.
En definitiva, estamos cerca de Navidad...y me encanta. Es cierto, quizás estoy lleno de contradicciones, pero dejadme disfrutarlas.

3 comentarios:

Juana dijo...

Pues si, personalmente tengo contradicciones para aburrir a cualquiera y llenar varios libros .... ¡Feliz Navidad!
Un abrazo

Juana dijo...

Pues si, personalmente tengo contradicciones para aburrir a cualquiera y llenar varios libros .... ¡Feliz Navidad!
Un abrazo

Anónimo dijo...

Me encanta!!! Yo me "casé por lo civil", no he bautizado a mi hija...no comparto casi nada con la Iglesia. Pero, me encanta la Navidad, sus cenas, sus regalitos, los turrones, los polvorones, cantar villancicos con una botella de aguardiente y una pandereta, soy ayudante del paje real en mi pueblo y me encanta felicitar a todos. Feliz Navidad!!! Anna