BRICOMANIA

Errores se cometen muchos en la vida, pero anoche Víctor Bárcenas cometió uno de los peores. La causa: Después cenar, y antes de meter los platos al lavavajillas tuvo la genial idea de limpiarlos un poco. Posteriormente, y como el deseo lo vencía, pues había convencido a su ex-novia Sandra de que se quedara para "hablar tranquilamente en el dormitorio que se está más cómodo" no tuvo otra cosa mejor que hacer que "darle con el dedito" sobre el sumidero del fregadero en lugar de recoger los restos y tirarlos al cubo de basura. Es que había puesto una bolsa nueva y no tenía ganas de ensuciarla. Así...dandole unas vueltecitas sobre el agujerito, los restos de tomate, spaguetti y patata pasaron hacia las alcantarillas...o es lo que Víctor se pensaba.
Consejo 1: Jamás tener prisas por subir al dormitorio por muy guapa que sea tu pareja.
A la mañana siguiente dejó el lavavajillas funcionando y se fue a trabajar. La consulta acabó temprano y Víctor llegó a casa con el firme compromiso de hacer 150 abdominales con el abdominator-2000, comprado una madrugada insomne por el módico precio de 100 eurazos en la teletienda de Antena3 (Días más tarde comprobaría que el chino de la esquina lo vendía a 7 euros...too late).
Sin tiempo para cambiarse de ropa, Víctor entra a la cocina y suenan todas las alarmas: Meeek, meeeek!!! El fregadero está a punto de rebosar una especie de jarabe marronáceo con una capa blanquecina como de nata flotando amenazante.
-El chapapote Barcenil, la he liado-piensa el médico compungido-y encima con Sandra no pudo pasar de hablar y hablar toda la noche.
Consejo 2: Jamás empujar objetos sólidos o grasulentos al sumidero del fregadero.
El lavavajillas emite una especie de gronj, gronj...señal inequívoca de que va pegar de un momento a otro una explosión repellando de porquería toda la cocina.Víctor desconecta rápidamente el aparato y se dispone a hacer evaluación de daños.
-Vale, tranquilidad. No ha pasado nada que no se pueda arreglar. A esto le pego yo un viaje con el chupón desatascador y listo...
Víctor Bárcenas está convencido de que es todo un manitas en casa. De hecho cree que sería buena idea que lo contrataran en Brico-manía. En realidad es un manazas y normalmente acaba recibiendo calambrazos múltiples al poner enchufes, o descargando sus iras contra un grifo y destrozándolo a martillazos.
Víctor coge el desatascador manual y lo aplica a la boca del desagüe, empezando la maniobra arriba-abajo, arriba-abajo...glum-zzzum, glum-zzzum!!. Pero sólo consigue remover la porquería.
-No perdamos la calma-piensa el joven-en peores plazas he toreado. Esto no es nada comparado con un accidente de trafico con víctimas...creo.
Plan B: Victor decide atacar por el otro seno del fregadero. Coge el desatascador manual y zum-fshhhh!
-¡¡Maldita sea!!!-grita.
El otro seno del fregadero es el que posee rebosadero, y al aplicar el desatascador un chorro de detritus malolientes sale disparado hacia la camisa de Víctor.
Consejo 3: cuando uses desatascador manual, tapa con algo el rebosadero, pues si no el glum-zzzum se convierte en glum-fshhh y la has cagado.
-Vale, no pasa nada, me cambio de camisa (por cierto mi camisa favorita de Bart Simpson). No seamos irracionales, este fregadero no puede ser un hijo de puta, pues no tiene madre...
Victor piensa que quizás el problema está en las tuberías de PVC y en el sifón bajo el fregadero, así es que se dispone, cual fontanero de peli porno, a desarmar las tuberías. La cosa va bien, la rosca cede sin problemas, por fin algo que le sale bien. Victor sigue girando hasta que desenrosca totalmente el tubo. Entonces empiezan a salir litros y litros de liquidillo mezclado con nata al mueble de la cocina. Víctor alarmado pone el mano sobre el tubo. Es peor porque la presión de la mano contra el tubo hace que el líquido se dispare por toda la cocina, llena la nueva camisa, el pantalón, las gafas...
Consejo 4: cuando desenrosques una tubería, nunca olvides poner debajo un cubo, pues según la ley de gravedad, el agua de ARRIBA cae ABAJO y lo llena todo.
Víctor salta desconcertado. Ahora sí hay daños colaterales. El mueble de la cocina es de madera y está inundado. Sus zapatillas están asquerosas y su ropa apesta. Víctor duda entre cortarse las venas o dejárselas largas.
Tras limpiar el sifón de PVC donde habitaba incluso una aceituna (rellena de anchoa), vuelve a enroscarlo todo y abre el grifo. Tres segundos, el agua corre, cinco, siete...el agua sigue estancada. El atasco es más profundo aún.
Doctor Bárcenas vuelve a desmontarlo todo (ahora con cubo) y trata meter un alambre, un palo, un trozo de goma, pero nada.

Seis de la tarde, sin almorzar, sin usar el abdominator-2000: Decide pasar a métodos expeditivos: comprar el desatorador Mr Forza Flax Forte. Leyendo las instrucciones Victor piensa que tiene entre manos una especie de arma nuclear mortal. Se compra igualmente una mascarilla y unos guantes y se dispone a atacar en profundidad...

Victor enfundado en una bata vieja, guantes de los gordos, mascarilla y gafas especiales, parece uno de esos cientificos con traje NBQ que se presentan en los accidentes nucleares. Deposita los gránulos de desatascador con extremo cuidado, luego el agua caliente (noventa grados exactamente) y...nada. Nada se mueve. Silencio total. Victor extrañado, se asoma al agujero por donde depositó el agua y entonces...plufff!!! un chorro de gas sale del sumidero provocando una tos perruna a Victor y que se le pongan los ojos como dos fresas a pesar de las gafas.

Cinco minutos más tarde, Víctor Bárcenas se asoma al fregadero...sigue atascado. Cinco euros de desatorador Forza Flax perdidos. El joven médico coge el bote vacío de desatascador y lo pisotea repetidamente, descargando su furia contra tan inanimado objeto.

Consejo 4: La culpa no es de los desatascadores, la culpa es del cenutrio que atascó la tubería.

Ocho de la tarde, cuarenta y dos minutos: Víctor se sienta en el suelo maldiciendo a todos los fabricantes de espaguettis atasca-tuberías, y de pronto...Idea!!!

Desmonta nuevamente el sifón, conecta una goma al tubo de PVC, la sella con celo y con trapos diversos, conecta la goma al grifo, aprieta fuerte, abre el grifo a potencia máxima, cierra los ojos, y...la presión hace que el atasco ceda y corra el agua por la tubería.

Víctor se siente el tipo más listo del mundo. No por haber estudiado una carrera, no por haber sacado buena nota en el examen MIR. Acaba de inventar un sistema buenísimo antiatascos, meter un gomazo y que la presión desatasque todo. El piso de Víctor huele a cañería, su ropa aún peor si es posible, tiene los pelos tiesos, los ojos rojos como brótolas, una tos que parece un perro asmático, la cocina esta inundada y el mueble mojado. Pero Víctor es feliz pues logró el objetivo, entonces alguien llama a la puerta:

-Joder, olvidé que le dije a Sandra que volviera esta noche (con claras intenciones de que ella se cansara de tanto hablar y entonces pasar a la acción), pues le prepararía una cena romántica...-piensa Víctor mientras observa el campo de batalla que lo rodea.

Último consejo: Si eres un desastre, no invites a la chica de tus sueños cenar en casa, mejor vais a comer fuera...

Post dedicado a una mañana de lucha contra mi fregadero. Cosas que pasan (espero que no sólo a mí...)

SORT!

Arnau tiene 42 años, y hoy es un día especial. Hace más de un año que no le ocurre nada bueno, pero hoy es el día.
Trabajaba en la seat de Barcelona hasta hace ocho meses en que decidieron rescindirle el contrato. Hoy vive del desempleo, luchando con el banco para evitar el desaucio. Hace tres meses que apenas le llega para pagar la hipoteca, pero hoy algo bueno le sucederá.

Mercè, la mujer de Arnau está a punto de ser ingresada. Le dijeron que tiene una "quiste " en un ovario y se lo van a quitar. Igual luego empieza con quimioterapia, aún no se sabe. Ambos tienen miedo. Arnau reza por las noches para que no sea nada. No debe ser nada. Mercè no se lo merece. Ellos tampoco.

Para colmo está Pau, la hija. Con 17 años ha decidido irse a vivir con un chico con los pelos rastas. Apenas se ven unos minutos a la semana y siempre es para pedirle dinero, pero eso hoy no importa.

Y Ferran. Diez años y toda la ilusión del mundo. Ferran considera que su padre es el tío más listo, más fuerte y mejor. Ambos se adoran, y hoy no está dispuesto a defraudarle, hoy no, porque lo de hoy sólo sucederá una vez.

A Arnau le duelen los pies de caminar toda Barcelona en busca de un trabajo. Ya no lo solicita, ya no lo pide, esta mañana casi lo suplica. Pero nada...
Cinco de la tarde. Padre e hijo cogen el bus 43... Ferran mira a su padre extrañado...Arnau lleva un bolso repleto...el autobús avanza entre el tráfico. Hoy es un día especial en Barcelona, se nota en las calles.
Padre e hijo se bajan y caminan un trecho. de pronto Arnau se para, y mira al niño:

-Ferran: aquest és el teu regal

Arnau abre el bolso, saca dos camisetas del Barça, unas bufandas, y del bolsillo unas entradas. Una butifarra, unos bollos y unas coca-colas.
La cara del niño se ilumina...¡dos entradas para ver las semifinales de la Champion!!
Se acercan entre la multitud, y entran al gran estadio donde casi cien mil voces gritan la salida de sus jugadores.
Himnos, luces de flashes, gritos, bufandas y banderas al aires, confettis y miles de gargantas gritando...felicidad en la cara del niño.
Hoy no importa que no haya dinero, que no haya trabajo, el problema de Mercè, el de Pau. Hoy gritarán para llevar su equipo a la final de Roma, hoy Ferran será feliz, y jamás lo olvidará
En días como hoy me encantaría ser forofo del fútbol, concretamente del Barça, (claro que no puedo evitar ser más bien del Madrid...). Pero debo reconocerlo, no me llega a emocionar totalmente este deporte. Aún así reconozco que algo debe tener, que es impresionante saber que millones de personas vibran, se emocionan, gritan y lloran al ritmo frenético del balón. Sin duda meter un gol y ser aclamado por cien mil personas debe ser una experiencia alucinante. Ser parte de la marea colectiva también. Pensandolo mejor, igual hoy me voy a uno de esos centros comerciales donde miles de personas gritan al ritmo del balón.

¡Suerte!

Y ahora simplemente que alguien me diga que se queda impasible con este audio...pulsa el balón.

CUESTION DE SEXOS-2

No sería normal (ni conveniente) que hombres y mujeres fuésemos idénticamente calcados, en primer lugar porque sería sumamente aburrido. Sin embargo tampoco encuentro normal la división sexual llevada hasta sus últimas consecuencias (aún a riesgo de ser calificado de ambiguo, cosa que por otra parte me la trae....perdón, quería decir que me importa un pimiento).
Todos conocemos que existen diferencias insalvables de género. Por ejemplo, la retina del hombre no posee las conocidas como células polving. Son unas células que hacen que la mujer sea capaz de detectar polvo en determinados lugares indetectables para el hombre. Eso conlleva que el hombre no necesite quitar el polvo con tanta frecuencia. No por mala fe o vagancia, simplemente se trata de un déficit neurológico.
También ha sido estudiada en profundidad la existencia del fenómeno denominado disturbing, según el cual en el cromosoma Y los hombres llevan un código que les hace no inmutarse ante la existencia de una zapatilla en el salón durante varios días seguidos. Mucho menos angustiarse ante la existencia de pelusillas y basurillas varias debajo del sofá. Total, nos sentamos SOBRE el sofá y no BAJO en sofá, con lo cual el hecho de que exista pelusa allá abajo no nos molesta, puesto que está DEBAJO (ese fenómeno es detalladamente explicado por Coco en Barrio Sésamo).
Además existe el fenómeno Poltergesist. Muchos hombres (casi todos), tenemos una vida emocional muy plena, y solemos ver religiosamente el programa de Iker Jiménez. Por ello no nos extraña que la ropa pase de forma autónoma y automática de la cesta de la ropa al armario, pasando previamente por lavadora, secadora y plancha. Simplemente es cuestión de esperar el número adecuado de días. Es un fenómeno de la naturaleza también ampliamente estudiado (casi tanto como el hecho de los calcetines desparejados).
No entraré en asuntos más peliagudos como el instante Paco-tenemos-que-hablar...
-Paco, tenemos que hablar...-dice ella en la cama
-Lo nuestro ya no es igual que antes, no tienes esos detalles...-apostilla-sé que estoy siendo dura, pero tenemos que ser realistas. Paco, debemos dar un giro a nuestra relación. Veo que te he dejado anonadado con mis palabras...
A lo cual Francisco Legañas, emulando a un hipopótamo africano le pega a Amparo un ronquido que casi la tira para atrás.
-Paco...te matooooooo...y ahora toda la noche escuchando la locomotora...
Si entramos en el terreno osteomuscular también ha sido ampliamente documentada en la literatura científica la denominada anquilosis articular masculina. Es un fenómeno extraño (quizás Iker Jiménez tenga algo que decir en ello...), que hace que el hombre, al ritmo de la música (sea cual sea la música), sea unicamente capaz de bailar pasito-a-un-lado, pasito-al-otro-lado, balanceandose y mirando de forma insinuante en busca de presa (cubata en una mano, pitillo en la otra). Otra modalidad de esta patología es el síndrome del sostenedor de barras, en la cual el paciente, afecto de una extraña enfermedad, se niega a despegarse de la barra del pub, y aguanta horas y horas sujetando la barra no vaya a desplomarse, utilizando el ron como fuente única de combustible. Entre copa y copa es importante la recolocación de la zona paquetil haciendo ostensibles gestos al respetable público femenino. Eso sí...es importante la conversación:
-Conversación Tipo A: Joer Paco, ¿tas fijao?, la Pili está cañón, ¡¡además no para de mirarme!!
-Conversación Tipo B: Joer Paco, ¿tas fijao?, el Andrés baila demasiao, pa mi que es gay...
-Conversación Tipo C: Joer Paco, ¿tas fijao?, la Paqui también está cañón ¡Y no para de mirarmeeee!!, niño ponme otro pelotasso!! (pelotaso le decimos en Andalucia a los cubatas).
-Conversación Tipo D: Joer Paco, ¿tas fijao?, pa mi que mañana el Osasuna no gana en La Romareda y me jode la quiniela.
En definitiva, hombres y mujeres somos distintos y diversos. Motivo de otro post serán los condicionantes del cromosoma XX.
De todas formas, y ahora viene el momento filosófico Zen, solemos calificar a hombres y mujeres en función de sus aficiones, actitudes vitales, vivencias y capacidades. Es más, si los comportamientos de las personas no encajan en los clichés que tenemos adjudicados previamente, tendemos a calificarlos y adjudicarles una tendencia sexual determinada. Yo me pregunto, ¿por qué adjudicamos unos gustos de cintura para abajo en función de gestos de cintura para arriba?. Hoy quiero reivindicar el derecho de todos y todas a tener gustos, costumbres, gestos o lo que quieran tan femeninos o tan masculinos como les de la gana. Que baile quien quiera bailar (al ritmo de los Village People también vale), que salte quien quiera, que exprese emociones o pasiones varias, que se vistan de verde, de rosa o de azul, que vivamos la libertad de pensamiento, de sentimiento y de acción, que vibremos con la música, con la alegría o con un partido de fútbol, y luego que cada uno se acueste con o se enamore de quien mejor se adapte a sus gustos. Desde aquí mi homenaje a las mentes libres, ya sean homosexuales, heterosexuales, polisexuales, bisexuales, transexuales, asexuales, trisexuales, metrosexuales, o lo que me haya dejado olvidado, he dicho.
Vale, ahora llegará el listo/a de turno (mi amigo Paco por ejemplo) y me dirá: Killo joer...¿tú no serás gay?

LA CHICA DEL SWING

Maika tiene el día libre. Hoy lo va a dedicar a limpiar el viejo desván. Hace 3 años que compraron la casa. Un antiguo caserón a las afueras de Segovia. Ella es de Madrid, pero siempre le gustó esta ciudad, era como un sueño para ella, algo la atraía de Segovia. Todos tenemos unas ciudades que nos atraen de una forma mágica. Y cuando les ofrecieron a ella y a Armand la posibilidad de comprar esa casa no se lo pensaron. Armand, un médico francés medio chiflado pero encantador, que siempre le repite la misma frase:
-Me enamoré de ti en dos fases: cinco segundos después de conocerte porque tienes un ojo verde y otro marrón, y ambos son preciosos. Cinco semanas después de conocerte porque tienes un lunar bajo el ombligo que me vuelve loco. -Y eso dicho con acento francés tiene su miga.
Llevan casi tres meses lidiando con albañiles, fontaneros, pintores, y ahora queda lo peor: la limpieza. Y hoy limpiará el desván. Más que limpiar, ha pensado tirar todo los trastos viejos.
Empezó a las siete de la mañana y lleva más de tres horas arrojando cosas al contenedor: viejas muñecas de porcelana polvorientas, un caballo de cartón descolorido, un cuaderno en blanco, un joyero infantil, varias latas de sardinas oxidadas (qué gracia, encontrar latas de sardinas en un desván).
Guarda una colección de viejos discos de pizarra "grandes hits de Benny Goodman" y "lo mejor del Swing". También decide deshacerse de una colección de libros apolillados (le sobrecoge tirar un libro enfermo, pues si hay algo que se asimile a acariciar una piel es acariciar las hojas de un libro), un viejo gramófono desvencijado, una caja de fotos en sepia de desconocidos y cientos de postales de los años treinta (de Rosendo para Emilina con todo mi amor...).En el fondo del desván hay un pequeño armario atesorando polvo en los cajones. Es un instinto humano abrir cajones, curiosear vidas ajenas, vidas pasadas. Los cinco primeros están vacíos, pero en el último Maika descubre un libro. Del tamaño de una cuartilla, con tapas de piel ennegrecidas por el paso del tiempo, da la impresión de ser una agenda, o un diario.
Maika lo coge con curiosidad, lo abre y lee le primera página: escrito con letras de caligrafía juvenil: El diario de Emilina.Maika sabe que no está bien, pues ignora siquiera quien será la tal Emilina, pero la curiosidad es mayor. Total, igual a Emilina no le importaría. En el fondo todo el que escribe algo es para ser leído...y Maika empieza a leer:
Segovia 3 de Enero de 1932: Hola diario. Soy Emilina, tengo dieciocho años, soy administrativa y a ti te confiaré los secretos de mi vida, espero que los respetes...
El resto de la mañana lo pasó Maika leyendo páginas del diario. Del desván bajó a la cocina, y de ahí al salón. Cinco de la tarde y Maika sigue leyendo absorta el diario...
Emilina es la menor de seis hermanos de una familia acomodada y dueña de la casa. Su padre, Gumersindo Galíndez es comerciante de telas italianas muy bien relacionado en el nuevo ministerio de Exteriores. Desde que cumplió 16 años Emilina sale con Rosendo, un joven maestro de primaria cinco años mayor que ella.
A lo largo de páginas eternas Emilina va desgranando su amor por Rosendo, un amor apasionado como lo son los primeros amores.
A la edad de 19 años su padre le consigue un trabajo como secretaria en el Ministerio. Rosendo es director de un colegio de educación mixta, uno de los primeros del país, y se plantean contraer matrimonio. Emilina entabla una gran amistad con sus cinco compañeras de trabajo. Juntas suelen tomar café los viernes por la tarde y a veces van a bailar Swing en la flamante gramola que tiene en su dormitorio. Es un regalo de Rosendo. Algunas noches van a bailar a Cabaret Siglo, un local moderno, casi clandestino, donde bailan esa música americana que tanto le gusta.
Dos años más tarde se casan en la iglesia de San Marcos. Él no es muy religioso, pero ella prefiere la boda por la iglesia, sus padres insistieron y así se hizo. Era el verano de 1935.
En enero del año siguiente, a sus 22 años, Emilina queda embarazada. Son los días más felices de su vida. Se habla de crisis política en las tertulias, de altercados en la capital, de miedos... pero ella es feliz junto a Rosendo. La política no le interesa a pesar de trabajar en un ministerio, además las cosas de Madrid no suelen llegar a Segovia.
Así van pasando las semanas, y avanza el embarazo de Emilina junto a Rosendo y sus cinco amigas, sus cafés, sus teatros, sus paseos y sus tardes de Swing con Benny Goodman, sus noches de viernes en Cabaret Siglo.
En agosto de 1936, se corta el relato. Un sola página más con otra caligrafía distinta en la que se lee Te Quiero...ni una palabra más, simplemente quince hojas en blanco.
Son las tres de la madrugada, Maika no ha cenado. Lleva más de trece horas leyendo la vida de Emilina, la chica del Swing en Segovia. Emilina Galíndez.
Apenas ha dormido cinco horas y Maika sube al desván. Vuelve a registrar cajones, revisa todas las postales de amor, las cartas, las fotos...pero nada después de agosto de 1936. Maika decide ir al día siguiente al Ayuntamiento, o a la Iglesia de San Marcos donde se casó Emilina, quizás alguien sepa algo más.
Seguramente Emilina se cansó de escribir y guardó el diario. Al fin y al cabo los diarios son cosas de jovencitas.
Tres días más tarde llega Armand de su viaje de trabajo. Silencio en la gran casona. En la cocina encuentra a Maika. La mano de ella sostiene un papel raído y mil veces doblado.
Él la mira con cara de sorpresa. Ella no habla, simplemente entrega el papel a Armand:

"Siete de octubre de 1936:
Seguramente no leerás esta carta. Nadie leerá esta carta jamás. Es casi imposible, pero es mi única, mi última opción. Hace dos meses llegaron unos soldados al ministerio. Nos sacaron a todos y nos trajeron a los calabozos. Un sargento nos dijo que éramos rojas, cómplices de los rusos y nos raparon al cero. Nos alimentaban a base de pan y caldo. Han violado a mis cinco amigas y compañeras de oficina como si fuesen alimañas. No sé nada de Rosendo. A mí me respetaron por estar embarazada.
También me daban algo más de sopa. Un soldado de reemplazo me conoce del Cabaret Siglo. Me sonríe con lástima como diciéndome que le gustaría ayudarme, pero no puede. A veces me pasa trozos de carne salada a escondidas. A las dos semanas de estar aquí se llevaron a Rosa, Petra, María, Luisa y Lucinda a rastras y las fusilaron en el paredón de la cárcel. Rosa no paraba de llorar. Desde ese día no he dormido. No puedo dejar de oír sus gritos, los disparos de fusil, los de pistola con las que las remataron igual que a perras. Me respetaron por estar embarazada.

-Eso te salvará, ramera -me ha dicho el sargento, un tipo con cara de hiena.
El treinta de septiembre di a luz. Me llevaron a la enfermería y otras presas me ayudaron. Era la niña más guapa del mundo. La más guapa sin duda.
Afortunadamente, las dos saldríamos adelante en la vida, costase lo que costase. Buscaríamos a Rosendo y empezaríamos de cero. Había oído que alguna gente estaba huyendo a Argentina.
Pero dos días después de nacer entró el sargento y te arrancó de mis manos.
-¡Trae a la cría, puta! Ésta ya tiene madre, y no serás tú -dijo escupiéndome las palabras.
Mañana habrán fusilamientos al alba, y yo ya no les sirvo ni siquiera para violarme. Como saben que soy creyente me han permitido un último deseo: confesarme, hablar con el párroco Julián. Es amigo de la familia, él nos casó en San Marcos y en él confío. Me ha prometido guardar esta carta como secreto de confesión. Le he hecho jurar que sólo la entregará el día que una mujer con un ojo verde y otro marrón y un lunar bajo el ombligo, mi hija, venga preguntando por Emilina Galíndez.
Recibe todos los besos que nunca te daré.
Emilina, la chica del Swing".
Emilina Galíndez.22 años, secretaria del ministerio de Asuntos exteriores. Fusilada al amanecer del ocho de octubre de 1936 en juicio sumarísimo. No hubo abogados ni fiscal. No hubo justicia. Oficialmente no dejó descendencia.
Rosendo Trémules, maestro. Murió el quince de septiembre de 1998 en Argentina. Tras la ocupación de Segovia por las tropas franquistas, estuvo cinco días escondido en el desván de su casa comiendo sardinas en lata. Una noche de agosto partió en busca del mar. Dejó atrás el diario de Emilina con un mensaje: te quiero.
Desde Argentina intentó localizar a su esposa. No lo consiguió. Nunca volvió a enamorarse.
Andrés Vázquez, soldado raso y carcelero en la penitenciaría general durante el levantamiento. Conocía a Emilina del Cabaret Siglo. Admiraba su alegría y alguna vez compartieron baile. Volvió a verla en los calabozos, la ayudó cuanto pudo.
Localizó la familia a la que entregaron a su hija robada y cuarenta años más tarde se encargaría, de forma anónima, de que Maika tuviera la posibilidad de comprar aquella casona.
Los restos de Emilina aún no fueron encontrados, aún no fueron ni siquiera buscados. Yacen en un barranco sin nombre cerca de Toledo soñando tardes de Swing. Cerca de ella se pudren los restos de Rosa, Petra, María, Luisa y Lucinda sin derecho a nada. A nada...

Benedetti

No soy mitómano como norma general. Eso no evita que haya gente a la que puedo llegar a considerar fenómenos de la naturaleza. También he de reconocer que en mi adolescencia tuve mis correspondientes amores imposibles (lo reconozco, llegué a adorar a Marilyn, y hoy una foto suya decora aún mi despacho, mi guarida).
En persona he conocido algunas personas a las que siempre admiraré. Uno de ellos, mi amigo Enrique, médico de alma y espíritu y hoy formador de nueva sabia para la Medicina de Familia.
Dicen que con treinta años no te debe pasar lo que te pasaba con quince. Te sucede. Con treinta y con cincuenta. Y con ochenta. Si no te sucede es porque la vida te ha vencido, te ha derrotado, te ha envejecido.
Estos días se fue alguien sabio. Alguien sin edad. Una de las personas que mejor ha descrito el alma humana, el alma desnuda. Y lo más complicado: ha sabido plasmarlo en negro sobre blanco y hacernos llegar su mundo para que se convierta en el nuestro, para que se convierta en El Mundo. Era Mario Benedetti. Contador de cuentos y poemas, narrador de vidas, observador de todo, incomprendido a veces, comprometido con las ideas progresistas, exiliado, enamorado...me gusta identificarme con tipos así aunque nos separe más de medio siglo.
He leido bastante, me encanta, acerca de sentimientos. Para mi es Benedetti la persona que más se acerca a mi concepto vital, que mejor ha conseguido enseñar que la vida es algo más, es mucho más que que trabajar comer y dormir. También, y sobre todo , es Vivir. Por hoy colgaré mi poema favorito:

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas del azar
y también de la alegría.

Adios...¿adiós?

Ocho de la mañana y cinco minutos. Es la hora extraña de los hospitales, la hora que no existe. En la zona de policlínica dormita una joven en espera de analítica junto a un panadero y un anciano que sabe que si vienes a primera hora no haces colas para esperar. Así podrá irse temprano en busca de su café, sus churros y su eterna espera del último día.
En la zona de sentados aún duermen los pacientes en espera de evolución, en espera de pruebas, en espera de valoración. Ellos duermen, porque hasta la más grave de las enfermedades, hasta la certeza de que tu vida depende del resultado de una prueba, cede ante el poder del sueño. El sueño sin pudor, sin remilgos, el sueño público, delante de unos extraños vestidos de verde. Mañana moriré, mañana me operarán, pero dejadme dormir esta noche...
Ocho y cinco minutos en urgencias, la hora sin nombre, la hora del relevo, del último café para las enfermeras que salen y del primero para las que entran.
La hora de ¿quién coge relevos?, la hora en la que los médicos salientes entregan la poca fuerza que aún les queda imprimiendo un informe de alta, redondeando una historia, preparando un relevo, limpiando...Como el corredor de marathon en sus últimos metros, se piden las últimas analíticas, las últimas radiografías...
-¿has dejado la eco pedida?.

Nadie es imprescindible en ninguna parte. El hospital sigue funcionando, respirando, viviendo a pesar de la ausencia de Víctor Bárcenas. Alguien lo recordó en las noches de risas y rosas, pero nadie es imprescindible. Nadie.
Caras de sueño, y sonrisas porque siempre llegan las ocho y cinco, eso es importante no olvidarlo. Otros médicos residentes ponen caras a las ocho y cinco minutos. Son otras las caras, los miedos son los mismos, los dolores también. Los pacientes...los pacientes también (control por su médico y volver si varía cuadro...siempre varía el cuadro).
Y silencio en los pasillos, sólo interrumpido por el zumbido de las puertas automáticas al abrirse, zzzzzuuuumm...clac...zzzzzzumm, clac! y de fondo el sonido de aerosoles y oxigenos varios intentando rellenar pulmones apagados.
Dos Residentes de primer año abandonan el área de urgencias por el pasillo central. Están tan casadas que les cuesta articular palabras coherentes. Hablan acerca de contratos, adjuntos, guardias y miedos varios. De pronto se miran y callan. Han oído algo. Algo que no es el zzzzzum...clac de las puertas ni el fshhh de los aerosoloes, es otra cosa...qué raro.
Un sonido extraño para un hospital, ajeno, fuera de lugar. Lo oyen en la zona de escaleras, pero se va acercando a ellas por el pasillo... cada vez más cerca, y quien lo produce está a punto de doblar la esquina. Miran con curiosidad...
-¿Qué es eso que suena?-pregunta Patricia, una Médico Residente de primer año.
-Nada, es que nos estamos volviendo locas, será la falta de sueño, ¿pues no parece que viene alguien silbando Toreador de la Carmen de Bizet?.
Miran a la esquina, y lo ven aparecer. Es Víctor Bárcenas.
Victor ha vuelto con su pijama verde, su bolso lleno de libros, sus dos fonendos y sus cinco bolígrafos (entre ellos su boli de la suerte).
-¡Victor!, ¿eres tú? -grita alguien desde lejos.
-Pues yo casi diría que sí -responde el joven médico de Familia -que he pensado que me quedo. Me gusta esto.
-Hola, soy Víctor -ahora se presenta ante las nuevas residentes -R5 de Familia. Doctoras, es un placer conocerlas. Enhorabuena porque habéis elegido la especialidad más bonita del mundo...y si no, al tiempo.

CONDONES

A Víctor Bárcenas aún le queda una guardia de centro de salud, también toca despedida. Pero casualmente en esta ocasión coincide con la Romería. Las romerías del sur, mezcla de religiosidad (poca), baile (mucho), sexo (en cantidad) y alcohol(más aún)...romerías del sur (a la sombra de los pinos que decía la otra).
La Yeni y el Isra han acudido al centro de salud. Están bien alegres gracias a diferentes mezclas explosivas. La Vane espera fuera del centro.
-Hola, decidme-dice el médico con cara cansada.
-Pues...que se nos ha roto el preservativo- dice ella mirando el techo, como si acabara de descubrir una tela de araña allí arriba. El Isra sonríe triunfante.
-Estimados Yeni e Isra, amados pacientes/usuarios/clientes -piensa Víctor -en primer lugar que conste que estoy encantado de atenderos a las 4 de la madrugada de este apacible sábado, pues ya atendí a dos intoxicados a los que les sentó mal el gintonic (sin duda alergia a la tónica), un par de chicas a las que habían echado algo en la coca-cola (casualmente ellas no se enteraron) y alguien que mezcló la penicilina con la cerveza y le dio vómitos. Además de un chico que sin querer se había tomado una pastilla de color rojo y verde.
Pero vuestro caso es especial, es un auténtico reto para la ciencia médica, quizás la causa por la cual estudié seis años de acarrera, por ello creo que debo dedicaros unos minutos.
Motivo de consulta: es que se me rompió el preservativo. Veo que es la tercera vez en cuatro meses.
A ver Isra, vamos a sincerarnos: ¿realmente rompes los preservativos con esa facilidad? Si me imagino que soy House (al cual cada día me parezco más por la cojera fruto de recorrer pasillos) se me plantea gran número de diagnósticos diferenciales:
-Diagnóstico A: Tus medidas y energías son desproporcionadas, lo cual debería verse corroborado por la cara de felicidad de la Yeni, cosa que no sucede, y que justificaría que llamase inmediatamente al alcalde para estudiar la posibilidad de ponerte una estatua cual caballo de Espartero. Consejo: puedes dedicarte al cine porno, pues está en proyecto Perforator-2.
-Diagnóstico B: Compras los preservativos en el chino de la esquina. Tatamiento: deja de comprar condones genéricos. Por una vez compártelos de marca (y de latex si puede ser mejor).
-Diagnóstico C: Llevas la gomita en la cartera, en el bolsillo de atrás del pantalón. En ese caso el preservativo está más pasado que los danones del Titanic, y al primer achuchón lo descuajaringas. Tratamiento: que los preservativos los lleve ella en el bolso. A ver Yeni no me salgas con de que si se entera alguien pensarán que eres una guarrilla.
-Diagnóstico D: Isra, decláralo: el condón en realidad te queda grande, te baila y se queda dentro. Eso justificaría la cara de tristeza de la Yeni, así como tus musculillos que tienen pinta de ser fruto de los esteroides. Tratamiento: te compras una caja de seis donetes, te los ensartas y así rellenas. Igual triunfas.
En cualquiera de los casos, os aseguro que jamás fui capaz de romper un preservativo (cosa por otra parte que os deberá de importar un rábano, pero es la realidad).

Víctor piensa todo esto mientras comprueba la historia digital en el ordenador
-Bueno tío, nos vas a dar la pastilla o qué? –dice el Isra impaciente –ya hemos perdido cinco minutos aquí mientras miras el ordenador.
-Déjalo cari, creo que éste no va a soltar la pastilla –repone Yeniffer López Ridruejo –de todas formas da igual, porque lo hicimos de pie, y así no te quedas, que me lo dijo la Vane.
Además me lavé luego con toallas de Nenuco, que con esas tampoco te quedas.
Y para más seguridad mañana me beberé cuatro coca-colas calientes sin gas, para que me baje la regla.
El médico se levanta y entrega la cajita a la chica.
-Te las tienes que tomar aquí.
-Gracias –dice la Yeni.
-Oye, no tienes que darle las gracias, es su trabajo. Y punto.
-Buenas noches.

En el fondo Víctor Bárcenas aprecia a la Yeni, con sus tatuajes en la espalda y sus tangas fosforitos por encima del pantalón y esa forma de hablar tan kinki y no puede evitar cierta simpatía por el Isra, con sus mechas rubias, su pantalón caído, sus andares arrastrando los pies, sus aires de rey del pollo frito. Se niega a juzgar negativamente a los chavales de dieciocho años, igual que se negó a que lo juzgaran cuando bebía litronas en las calles o usaba chupas de cuero con remaches y botas militares.
En el fondo son la misma caricatura de macho hispánico que Manolo Escobar/Alfredo Landa y Concha Velasco/Marisol , solo que 30 años más tarde. Y es que hay cosas que nunca cambian. Realmente, Víctor les desea simplemente suerte en la vida.
-Ehhh, antes de iros -les dice.
-¿Qué pasa?.
-Cuidaros mucho.
-venga, tío no nos des más la chapa -responde él.
-Gracias de nuevo -La Yeni le sonríe timidamente.
Ambos se alejan de la mano. Fuera los espera la Vane, con su bolsa del Mercadona, la botella de whisky y las coca-colas.

...y quinientas noches.

Por fin...última guardia en el hospital para Víctor Bárcenas. Han sido casi doscientas noches a lo largo de los últimos cuatro años, y hoy el residente Bárcenas afronta la guardia de una forma especial. Suele bajar a vestuarios entonando la canción del toreador de la Carmen de Bizet, todo un clásico para pasillear, todo un rito, una especie de conjura. Y siempre le funcionó.
Tres de la tarde: Se acerca al área de sentados saludando a enfermeras, médicos y celadores. Sabe que hoy es algo especial, pero hay que ponerse a la tarea.
Nunca volverá el stress del relevo...
-Victor, te dejo mis pacientes, tres vistos y cinco sin ver...
No volverán las noches de ¿cuando partimos?, las cenas a las 3 de la madrugada (ensalada-sin-cebolla, coca-light y bocata-de-york).
Última sesión de padres solicitando radiografías imposibles, de una zona de urgencias convertida en una especie de mercadillo donde los pacientes intercambian opiniones, enfermedades y viviencias, y donde Víctor ha aprendido a sobrevivir.
Último capuccino sin azucar, en la máquina del sótano. Siempre faltan palitos para remover, hoy no es una excepción.
Y siguen los pacientes
-¿Cómo va ese dolor?
-No sé doctor, me queda aún como un requemorcillo, yo no me quedo tranquila.
-Tranquila señora, este es el tiempo del dolor -piensa Víctor.
Última noche de "¿cuando partimos?", de "esta noche hay que partir como sea", de preguntar cinco veces al paciente que tiene delante si es alérgico a algo mientras te mira con cara de horror pensando que ese médico está a punto de dormirse sobre el teclado.
Últimas risas de pasillos, últimos dolores amargos...amargos.
¿Partimos? -le dice Luisa, su Residente menor.
-No te preocupes, vete, yo quiero vivir esta noche completa -responde Víctor. Sale a la calle y mira la entrada de su hospital. Y piensa que es su hospital, porque en estos cuatro años, mucho de él se ha quedado en esas consultas azules. Today the dream is over.
Son las seis y media de la madrugada, apenas quedan ocho pacientes en urgencias. Casi todos los pacientes dormitan. Menos uno. Casi todos los médicos dormitan. Menos uno.
Víctor se acerca. Ha leído el informe del paciente del sillón 8, en una esquina del gran salón.
Hombre de 68 años, agricultor de profesión, fumador severo que acude por cuadro catarral desde hace un mes. Radiografía de tórax: atelectasia de LSD, sugiere cáncer de pulmón.
Víctor se acerca con cuidado, se sienta al lado del paciente.
-Hola Antonio, ¿cómo va eso?
-Bueno, tirando. En peores plazas he toreado, que cuando estuve en Alemania lo pasé peor, allí hacía más frío que robando pingüinos.
-Me alegro -responde Víctor- a ver si se mejora pronto.
-Me voy a morir doctor, lo he oído decir al médico antes -dice el hombre-pero le voy a pedir algo. He estado viendo toda la tarde cómo trabaja. Parece cariñoso, parece humano. Eso es importante.
-Gracias, bueno, para eso me pagan.
-Oígame, no quiero que mis hijos sepan lo que tengo -la voz del campesino rudo se quiebra entonces-bastante tienen con la crisis, el paro, las hipotecas...
Últimas pasiones en urgencias.
Victor toca el hombro de su paciente y acaricia el brazo, como a un niño. En estas situaciones todos nos sentimos niños. Antonio, de 68 años está intentando que las lágrimas no escapen. Aprieta la boca y mira con fijeza.
-Sólo le pido eso. Es mi deseo. Déme el alta. Firmaré lo que sea, pero no quiero que se enteren mis hijos. Ni mi mujer -entonces rompe a llorar. Víctor jamás ha visto llorar a un hombre de esa edad.
Tan sólo queda una hora en la última guardia de su último día, y Víctor se enfrenta a su peor dilema en los últimos cuatro años.
Se miran a los ojos. Más de 30 años los separan. Víctor se levanta, se dirige al ordenador y firma el alta de Antonio. Es su deseo y así debe ser.
Quedan sólo cinco minutos. En su última guardia Víctor aprovecha para lavarse la cara. Recoge el fonendo en silencio, recoge libros, bolígrafos, y limpia su mesa.
Pasan quince minutos de las ocho. Un Médico de Familia vestido de verde, Víctor Bárcenas, avanza por el eterno pasillo de urgencias, casi arrastra los pies. Hoy ha vuelto a perder una batalla. Ganará la guerra.
Víctor mira atrás, sonríe y se aleja silbando el toreador, de Carmen de Bizet.
Post escrito a las 6 de la mañana, mi última guardia como residente.

21

Desde que Laura empezó en la Universidad habían pasado apenas 7 meses, y desde el primer día siempre acudió a las clases en el mismo autobús: el número 21 de las siete y media.
Pronto la rutina de cada mañana dio paso al ritual. A Laura le gustaba observar las pequeñas cosas que sucedían en su entorno.
mientras la voz de Enya arrullaba sus mañanas de sueño junto a la parada del bus, Laura veía la vida fluir a su alrededor.
El señor con bastón y andar cansado que paseaba al perro nunca faltaba a sus mañanas. Ella le llamó don Faustino aunque ignoraba su nombre.
Doña Amalia, una cincuentona entrada en carnes que siempre se sentaba a su izquierda deseándole los buenos días sería sin duda una señora que limpiaba pisos por horas.
Llamó Ivonne a una prostituta de apenas dieciocho años y cara angelical que pasaba de vuelta de una noche de oscuros deseos y amargos besos pagados. Con el rimel corrido y cojeando levemente, Ivonne siempre le dedicaba una mirada de soslayo, asustada. Esbozaba una sonrisa tímida, intentando olvidar al último cliente, el último episodio de sexo tóxico, humillado y forzado. De infierno. Si Laura le sonreía ella luego la miraba fijamente, intentando enfocar su mirada vidriosa a causa de la heroína. Y seguía caminando.
Y cada mañana, de forma automática, cuando el número 21 estaba a punto de partir, llegaba un chico a toda prisa y entraba justo detrás de Laura. Decidió llamarlo Paolo porque tenía cara de italiano. Le divertía pensar que nunca había sabido qué cara tienen los italianos, pero ella decidió que Paolo tenía cara de serlo.
Los lunes el número 21 iba abarrotado y Paolo se situaba muy cerca de Laura. Ella olía su perfume, un olor que la llegaba a embriagar, un perfume que ella jamás había percibido antes. Laura cerraba los ojos e inspiraba hasta sentirse casi flotando.
Paolo siempre se bajaba antes que ella, en la facultad de derecho, y entonces Laura disfrutaba mirando el andar resuelto y firme de aquel chico.
Algún día se situaban uno frente a otro y él le dedicaba una sonrisa cortés, haciendo que la mente de Laura girara hasta marearse. En una ocasión, un frenazo imprevisto acercó sus cuerpos en un vaivén imposible, resuelto nuevamente con una amable sonrisa por ambas partes.
Así fueron pasando las semanas y los meses, hasta que llegó el mes de Mayo. Laura se levantaba cada mañana con el deseo de saludar a doña Amalia, acariciar al perro de don Faustino o sonreír a Ivonne. Pero sobre todas las cosas, anhelada el momento en el que, mientras subía al bus, oía los pasos apresurados de Paolo a su espalda.
Hasta que un día no llegó Paolo. Laura pensó que habría cambiado su horario de clases y decidió coger el autobús de las siete. Total, no le importaba llegar antes a la facultad. Pero Paolo no apareció. Decidió atrasar sus viajes y coger el bus de las 8. Total, no importaba perderse la primera clase de la mañana…pero Paolo no apareció. Finalmente decidió pasar una mañana en la parada del 21…pero Paolo no apareció. Lo buscó varios días en la facultad de Derecho…pero Paolo no apareció.
Un tren más había pasado delante suya, y una vez más lo había dejado pasar. Una vez más el viento arrastró unas palabras de amor nunca dichas. Y Laura volvió a sus mañana grises con don Faustino y su perro, con doña Amalia y sus buenos días, con Ivonne y su sonrisa de muñeca destrozada.
Una mañana de principios de Junio, una más, cercanos los exámenes, Laura ve como se acerca a su parada una pareja. Abrazados por la cintura, ella cojea levemente. Pasan junto a la parada. Es Paolo quien abraza a la prosituta, Paolo quien acaricia el pelo de Ivonne, y ajenos al mundo pasan de largo abrazados con fuerza.
Laura se limpia una lágrima de rabia y desesperanza. Ese día no cogerá el bus número 21. Ni ese día ni nunca más. Laura vuelve a su piso de estudiante, hace las maletas y vuelve a su pueblo para siempre.
Andrés llevaba ocho meses buscando a Rosa. Rosa es su hermana. La persona a la que más quiso en su vida. Con tan sólo dieciséis años, a raíz de una discusión familiar, ella había huido una noche de pasión y marihuana. Rosa, a la que siempre llamó su hermana cara de ángel, cayó en drogas más duras y Andrés supo que se dedicaba a la prostitución. Entonces decidió buscarla sin cesar. Dedicaba todas las noches a buscar a su hermana hasta no poder más, y cuando empezaba a amanecer cogía el bus número 21 y se dirigía al polígono industrial, cercano a la facultad de derecho, donde buscaba hasta caer rendido. Y así un día tras otro…
Cada mañana coincidía con una chica que lo había cautivado. Con sus libros al regazo y su mirada hechizadora, aquella chica le alegraba cada mañana. Algún día le diría algo más que Hola, pero ahora no podía perder tiempo, sabía que Rosa lo necesitaba.
Finalmente decidió dedicar las mañanas a buscar en otro polígono y no volvió al bus número 21. Algún día volvería a buscar a aquella estudiante de mirada eterna. Una noche al fin encontró a Rosa en una calleja del centro. No fueron necesarias las palabras. Se abrazaron y lloraron. Y así, abrazados, fueron hasta el apartamento de Rosa, donde recogerían las cosas para volver. Pasaron delante de la parada del 21, y Andrés recordó que al día siguiente debería volver, iba a volver sin duda. Quería conocer a aquella chica de mirada profunda que cada día lo miraba y lo había cautivado.
Laura nunca supo que Paolo era Andrés, que Ivonne era Rosa, nunca supo que la vida a veces es así de traidora. Andrés volvió en varias ocasiones a la parada del 21 sin encontrar a Laura. Don Faustino siguió paseando a su perro cada mañana. Hoy cada amanecer el bus número 21 sigue pasando a las 7.30 esperando que el perfume almizclado de Paolo despierte amores imposibles en una chica con los libros al regazo.
Algunos sabemos que la vida está salpicada de paradas número 21, de trampas del destino, de pasiones y emociones que hacen que nos sintamos vivos. Otros nunca lo sabrán, seguirán paseando su perro, como don Faustino, ajenos a todo. En cada uno está elegir en qué parte del cuento quiere estar...

marco polo

Estoy en el aeropuerto de dispuesto a embarcar. Hoy el destino es Barcelona, mi ciudad preferida por infinidad de motivos. El principal de ellos es la luz. Imagino que miles de personas lo habrán notado, pero a los que no somos de allí nos impresiona que una ciudad tan enorme siga teniendo una luz tan espectacular, tan intemporal. Por otra parte me encanta el acento de sus gentes, tan injustamente tratadas por los tópicos de siempre.

A veces pienso que da igual el destino, la cosa es viajar, desplazarse, moverse. Eso me encanta.
A veces me siento un bicho raro por el simple hecho de gustarme esas cosas, pero no lo puedo evitar. Negar lo evidente, negar lo que me gusta sería negarme a mí mismo. Me gusta viajar. El simple hecho de entrar al aeropuerto: “Last call for the passengers to Barcelona, flight number…” con esa voz que es la misma en todos los aeropuertos, me hace sentir un Marco Polo. Usualmente prefiero viajar solo, en compañía de mi libro, mi ordenador, mis apuntes, mi mp3 y mis soledades compartidas. Me gusta sentarme en esos incómodos sillones e imaginar vidas ajenas.

A veces lo pienso, y seguramente no me equivoco: Marco Polo no buscaba riquezas ni reconocimiento, ni siquiera abrir rutas comerciales. Simplemente creo que buscaba decubrir el mundo, viajar…y descubrirse a sí mismo
Eso es lo que me gusta. Recuerdo mis tiempos de bachiller, San Agustín, Guillermo Ockham…ellos hablaban del hombre que busca conocerse, y la forma de hacerlo, viajando al interior de uno mismo o viajando al exterior. Algunos se conocen a sí mismos mirando hacia adentro. Yo creo que mi caso es el contrario, me conozco, miro en mi interior a través del conocimiento de otros: otros lugares, otras personas, otras formas de ver la vida, otras culturas, y de ello me enriquezco. Esponja quiero ser.
ZZZZUMMMMMMM…el avión acaba de despegar, haciendome sentir esa emoción única que siempre me causa el saber que estoy separándome del suelo, volando, volando…gentes del norte me esperan al otro lado de esa linea de mil kilómetros que dibujará mi avión. Sin mi afición a viajar no os hubiera conocido, no tendría la riqueza que sin duda me aportáis. Por ello ahora, mientras miro la ventanilla y veo empequeñecerse todo lo de abajo, brindo por esas amistades surgidas de los sueños de Marco Polo.

Magnus. Y Lars

A veces las cosas son lo que parecen. Otras no.
Magnus se ha levantado temprano esta mañana de Noviembre. Hace frío pero luce el sol. Los domingos por la mañana a Magnus le gusta salir a pasear con sus padres por el campo. Los tres viven lejos de la gran ciudad, muy cerca de las montañas nevadas y tienen su vivienda junto a un río. Magnus espera la llegada de los fríos glaciares. Cuando se congele el gran río Verena sus padres le prometieron que jugaría con sus amigos en el hielo. Aún es pronto, así es que Magnus se contentará con pasear y disfrutar del sol de otoño, ese que acaricia la cara. Alara y Lovni son los padres de Magnus y están completamente convencidos de que viven en el mejor lugar del mundo. A pesar de los inviernos polares sin duda es un buen lugar donde vivir.
Gunnar se levantó muy temprano y llamó a su hijo Lars:
-¡Venga Lars, que es la hora! -le dice besándole la oreja para que se despierte -¡Ha llegado el gran día, vamos!
Lars despierta como lo hacen los niños, con esos segundos de desorientación, en los que no saben si están dormidos o despiertos, y de pronto lo recuerda: ¡Hoy es el gran día!
Mara, la madre de Lars, prepara un desayuno a base de huevos y leche, luego padre e hijo se abrigan para salir.
Magnus está inquieto esta mañana. No quiere desayunar, pues está nervioso, sólo desea llegar al campo y correr entre la últimas hierbas de otoño. Saltar y...seguro que encuentra alguna mariposa. Magnus adora las mariposas. Su abuelo le dijo una vez que había estado en un sitio donde había miles de ellas, todas de colores, incluso algunas brillaban con el sol. A su padre no le gustan las mariposas que brillan con el sol, pero eso son cosas de viejos. Alara ha obligado a Magnus a tomar algo de leche.
-Bueno, ya comerá después si tiene hambre -piensa ella mientras se disponen a salir.
Gunnar y Lars andan campo a través. Han caminado más de una hora. Se alejaron del pueblo hace ya rato, y ahora lo único que oyen es el río rugiendo a su derecha y el canto de algunos pájaros. Padre e hijo se miran. La mirada de Lars es toda una imagen de la ilusión. Siguen caminando y se internan entre los matorrales.
Ya casi es mediodía. Magnus lo sabe porque su padre le explicó que cuando el sol está arriba del todo, es mediodía, Magnus tiene hambre. Mientras sus padres se sientan junto a un árbol disponiéndose a comer algo, Magnus El Despistado, como le dicen sus padres, se entretiene mirando las montañas, la nieve a lo lejos, los pájaros, el río. Y de pronto: una mariposa...una extraordinaria mariposa amarilla.
Gunnar y Lars ya han llegado al sitio elegido por el padre. Se sientan sobre unas piedras y esperan. Gunnar habla ahora al oído de su hijo, parece querer decirle un secreto...
-Eso es Lars. Debes poner el dedo así, y mira por aquí...muy bien...
Magnus está encantado. ¡Ha descubierto una mariposa como la que le dijo su abuelo! Es amarilla y brilla con los reflejos del sol. Es preciosa. Magnus jamás vio algo tan bonito.
-¡Papá, papá...una mariposa que br...!
-¡Ahora! -susurra Gunnar al oído de Lars. El niño aprieta el gatillo. Un disparo atruena en la inmensidad de las montañas heladas.
Extrañado, Magnus percibe que de la mariposa que brilla surge una especie de rugido...durante una milésima de segundo su mirada se cruza con la de un niño de ojos azules.
De la espesura surgen los dos cazadores. Junto al árbol de Boj, dos conejos huyen.
Un tercero, más pequeño, yace con un disparo en el abdomen, es Magnus el conejo despistado que se apaga poco a poco hasta morir.
Lars recoge el cuerpo inerte con orgullo. Magnus sueña mariposas de colores.
Ojalá algún día dejemos de matar por placer.

diecinueve días

...y quinientas noches. Diecinueve días quedan para acabar el que sin duda ha sido uno de los periodos más bonitos de mi vida. Quinientas noches, o casi, en las que sentí cosas que jamás imaginé.



El 23 de mayo daré un nuevo paso adelante. Sé que cuando cierre esa puerta no seré el mismo que la abría, con ojos curiosos un 23 de mayo de 2005.



He aprendido, he conocido, he vivido, he visto, he llorado. He sufrido, he reído, he disfrutado.



Quinientas noches donde conocí el dolor,

Inicio del camino

Las mañanas de hospital para Víctor Bárcenas son horribles. Aún más ese mes de Mayo, distinto al de años anteriores. Víctor no sabría dilucidar hasta qué punto se trata del clima y hasta qué punto es su propia meteorología interior. Hoy es una de esas mañanas en las que todo le sienta mal. Una tormenta de primavera lo ha pillado sin paraguas (a Víctor siempre le coge la lluvia sin paraguas, es su destino…), haciendo que llegue al hospital con las pintas de un ratón mojado en aceite. El aparcacoches le ha vuelto a mirar con furia al ver cómo se hacía el remolón huyendo y ahorrándose el preceptivo eurazo.
En definitiva, el Médico Interno Residente de enfrenta a un día extraño de rotación hospitalaria, para más INRI en el servicio de Digestivo. Llega al ascensor con prisas, casi como siempre. Dentro ya había una pareja. Víctor tiene la costumbre de estudiar metódicamente a sus compañeros de ascensor. Personas que se cruzan en tu vida durante unos minutos, a veces segundos, con los que compartes ese trozo de universo, a los cuales a veces juzgas, envidias, sonríes, miras o simplemente hueles (esos son los peores).
Tendrían algo más de treinta años, y se cogen de la mano. Ella lo mira, sonríe y él le devuelve el gesto con un beso suave. Víctor no puede reprimir una punzada de envidia. El joven médico empieza con su construcción mental (constructing medicine). Sin duda es una pareja de cierto nivel cultural y económico. Los delata la ropa, los zapatos de marca, el bolso de DG y el llavero de BMW. Ella rondará los 35, morena y muy delgada. Los ojos negros, profundos, de esos que suelen provocar más de una catástrofe vital.
-Una belleza sofisticada –piensa el doctor
La edad de él es similar a ella, con pelo castaño, piel bronceada e indudablemente guapo.
Se sonríen. El bronceado en sus pieles indica a Víctor que acaban de volver de algún país tropical. Seguramente de trata de una pareja de clase media, con chalet, coche e hipoteca. Seguramente tienen uno o dos hijos…¿quizás la parejita?, tienen una vida plena y feliz, y sin duda van a la cuarta planta a visitar al abuelo de ella que está una vez más con sus achaques del corazón. Segunda punzada de envidia en esta mañana de tormenta, en este Mayo agresivo.
Se confirman sus sospechas, la pareja empieza a hablar de que es necesario hablar con la profesora del niño para el tema de los uniformes escolares (encima colegio privado. Sí, estos dos tienen pasta).
-Toma chica, esto de de Marta –le dice él mientras le entrega un folio en el que hay escrito con una letra infantil “Feliz día de la Madre”, y desde donde una niña con ojos como platos sonríe mientras besa a la mujer del ascensor en una playa.
-Vaya, no me había acordado –dice ella- gracias.
-Veinticinco gallifantes para el doctor Holmes -piensa Víctor Bárcenas, con una sonrisa interior.
Parada en la quinta planta. Víctor sale y se despide con un tímido “adiós”, sabiendo que jamás volverá a verlos. La mujer le sonríe. Un cruce más de vidas en un ascensor anónimo. El joven médico se dirige a las consultas de Digestivo y se sienta junto al tutor.
La mañana es anodina, aburrida: Epigastralgia, gastritis, colelitiasis, colon irritable y sospecha de hepatitis A, hasta que le toca al paciente número de historia 3.564: Trémules Sanferro, A. La auxiliar ha salido, y los dos médicos aprovechan para leer la historia.
-Mira Víctor, parece interesante –le dice el tutor a su pupilo –Paciente con dolor epigástrico. Le hicimos una gastroscopia y biopsia la semana pasada y tenía un tumor que parecía un Gremlin ahí dentro. Adenocarcinoma de alto grado. Es raro porque apenas tiene dolor, pero la cosa tiene una pinta horrible, así es que vamos al ataque.
La auxiliar de enfermería ha vuelto y llama al siguiente paciente…
-¡Trémules Sanferro!
Se abre la puerta y entra la pareja del ascensor. Entran tranquilos, serenos. Víctor “Holmes” vuelve a apostar: Vienen a recoger los resultados de la gastroscopia del abuelo (por favor , que sea eso, por Dios, que sea eso...)
-Siéntense por favor –les dice el digestólogo. El tono de voz del médico hace que la pareja se cruce una mirada de extrañeza. Ella mira a Víctor y lo reconoce. Le lanza una mirada de inquietud.
-¿Es usted Ana Trémules verdad? –pregunta el especialista.
-Sí, venimos a recoger unas pruebas por lo de mi gastritis.
En ese momento se abre la puerta de consultas. La auxiliar reclama al médico, alguien lo llama en planta.
-vuelvo en unos minutos, no se preocupe –dice el digestivo saliendo con prisas.
La consulta queda en silencio. La pareja se mira, y miran al médico residente. Sólo el sonido del ventilador rompe un sepulcral silencio…zum, zum, zum…
-¿tú eres el chico del ascensor, no? –pregunta ella.
-¿El ascensor?, pues no sé, no recuerdo…-miente Víctor.
El politono de un móvil rompe el hielo, ella lo descuelga…
-¡Hola princesa!...no te preocupes, te compraremos unas chuches, pero hazle caso a la abuela y te tomas la leche..sí me encantó el regalo…eres la niña más guapa del mundo…sí, adiós, adiós..-cuelga y vuelve el silencio. Zum, zum zum…
-¿Ha venido el resultado de la prueba? –pregunta él.
-Pues, la verdad, no sé. Yo realmente estoy de…como de prácticas –vuelve a mentir Víctor sin saber exactamente cual es su papel en aquella función.
Se cogen de la mano y se sonríen tranquilos.
Sabe que no puede, que no debe decirle a Ana que dentro de quince minutos empezará un calvario, un infierno plagado de cirujanos que la abrirán en canal buscando células malignas, de cicatrices y de supuraciones. Un infierno de quimioterapias y vómitos. Le es imposible decirle a Ana que tiene un noventa por ciento de probabilidades de morir en menos de 3 meses, que posiblemente no vuelva a recibir regalos del día de la madre, imposible decirle que su hija la verá consumirse hasta apagarse una tarde de Julio. Que ya nada volverá a ser igual. Nada.
Víctor nota un frío helado recorriendo su espalda.
-Ahora os recuerdo. Sí hemos coincidido en el ascensor –tercera mentira en esa mañana de Mayo –vi la foto de vuestra hija. Es guapísima, en serio.
Víctor sabe que acaba de poner una tirita en el alma de Ana, o quizás en su propio alma. La pareja le sonríe y sigue el silencio en la consulta 9 del servicio de Digestivo…zum, zum, zum…