PACIENTES

Un amigo me comentó una vez que sólo se me ocurrían chorradas para hacer estudios, estadísticas o publicaciones (y llevo unas pocas). Totalmente de acuerdo. Sin embargo creo que algunas de mis ideas para realizar estudios estadísticos no son del todo descabelladas. También estoy harto de ver en los congresos el tipico estudio: "Perfil de las usuarias de píldora anticonceptiva en un centro de salud", "Estudio del control de las cifras de hemoglobina glicosilada de un cupo médico", "control de la TA mediante AMPA...".
Mi estudio acerca de la efectividad de la bufanda previniendo resfriados aún está pendiente de llevarlo a cabo, pero sin duda (a pesar de que un amigo internista me dijo que era un estudio absurdo), algún día lo realizaré.
Lo que me trae hoy es mi último estudio; y puesto que este es mi blog, pues, aquí voy a ir publicando los resultados preliminares.
Lo primero, el título del trabajo: ¿Cómo denominamos a nuestros pacientes?.
El objetivo es determinar la forma en que los sanitarios denominamos a nuestros pacientes, tanto para hablar de ellos como para hablar con ellos.
Los primeros resultados están siendo descorazonadores:
-45 %: los denominamos como Abuelillos, abuelos o abuelillas, en caso de ser personas mayores de 70 años..."tengo un abuelillo con un dolor en la barriga más raro..."
-22%: El paciente pasa a perder personalidad, y ser una entidad nosológica, enfermedad, síndrome o parte del cuerpo. En el momento en que tenemos una sospecha clínica, Juan López pasa de ser un paciente a ser ¡una neumonía! o una simple fractura de tobillo. Ejemplo: "Oye, la apendicitis del sillón cinco que pase a camas"
-15%: En caso de ser extranjero, el paciente directamente corre el riesgo de ser encuadrado en el grupo de guiris. ¿El guiri de la fractura de cadera donde está?.
-5%: En caso de ser primo segundo del quinto pinche de la cocina, pasa a ser "compañero/a", es decir, de-la-casa. Esto implica que esta persona tiene un estatus tal que, aunque será tratada igual que todos, tiene derecho a tener un familiar dando vueltas por la urgencias y preguntando a todo el mundo acerca de su primo, consultando a todos los especialistas y pidiendo todo tipo de pruebas extrañas.
-10%: Pacientes, enfermos (esta palabra es más usada por los internistas curiosamente)usuarios o clientes
-3%: Personas. No comments
Triste, pero son las estadísticas. Como decía, estoy aún en pleno estudio, e igual van cambiando los números.
Sigo en espera de los resultados finales. Esos ya los publicaré en el NEJM, o al menos en la revista Qué me dices, según mis amigos los científicamente-correctos.

MI FILOSOFÍA DE BOLSILLO

Querido lector (mejor dicho querida lectora, pues me da en la nariz que tengo mayoría de lectoras, ¿seré una especie de Corín Tellado?), te propongo un juego sencillo: Reflexiona durante diez segundos: ¿Eres feliz?, y luego puedes seguir leyendo.

Si tu respuesta fue sí, he encontrado la felicidad, soy feliz plenamente, etecé, etecé, pues muy buenas noches, puedes ir cerrando esta ventanita y darte una vuelta por tu vida.

Yo hace algún tiempo me hacía la misma pregunta en uno de mis Momentum-anoxia (en otro post entraré en detalle con estos instantes). Hubo un punto (ciertamente filipino) en que me decidí: No soy feliz. pero sobre todo: No quiero serlo.
Ahora...prepárate para mi manual de Filosofía-de-todo-a-cien:
En mi opinión, el ser humano basa su existencia en dos pilares: La búsqueda y la comunicación
La búsqueda: La búsqueda de emociones, de sensaciones, la búsqueda de mejores condiciones de vida, de personas, de situaciones, de sabores, de placeres. Y la sensación de "felicidad plena", de sentirse satisfecho y plenamente feliz, impide el seguir buscando, impide ese movimiento.
Reniego y renuncio a la felicidad rácana y avara de quien se siente feliz de puertas para adentro, encerrándose en el miedo a dejar de ser feliz, quizás en el fondo encerrándose en el miedo a sí mismo. Quizás esa misma búsqueda es la que te hace visitar mi blog, despertarte cada mañana esperando que algo mejor suceda. O simplemente ayudar al otro.
¿Si la humanidad hubiera sido Feliz hubiera avanzado?. Seguiríamos en el Paleolítico ( lo que también tiene sus ventajas, pues no existiría un programa dedicado a Belén Esteban)
Y la comunicación. Quizás derivada de lo primero, las personas sobre todo somos eso, comunicación; conversación ,palabras, gestos, sonrisas, miradas, caricias, o besos (de sexo ya ni hablamos). La persona plenamente feliz no necesita conocer nuevas personas, entablar nuevas relaciones, conocer, ver...
A veces pienso que elegí mi trabajo porque me da la posibilidad de comunicarme permanentemente con la gente...y lo disfruto.
Por ello al final de mi reflexión me di cuenta de que lo único que necesito para sentirme bien es tener salud. El resto simplemente es cuestión de tener la capacidad para buscar y comunicarse.
Quizás al final del camino, cuando eche la vista atrás descubriré que fui feliz en mi búsqueda, en mi encuentro con la gente. Tengos mis momentos favoritos. Al igual que mi boli de la suerte, tengo mis momentos de suerte. Son esos instantes, a veces fugaces, en los que te sientes el ser más afortunado sobre la tierra, en los que acaricias el final de la búsqueda, y que yo denomino momentos mágicos...los momentos de felicidad que van salpicando mi existencia, mi búsqueda, mi camino...my way
...
Cuando camino descalzo sobre la hierba
Cuando vuelo con mi bici respirando un aire sólo mío.
Cuando miro la luna
Cuando encuentro una voz amiga.
Y cuando te beso
...
Cuando un paciente me dice gracias
Cuando descubro que el otoño se acerca por los cielos rojizos en mis mañanas azules.
Cuando nado y mi cuerpo vuelve sentirse agua
Cuando bailo y me siento música
Y Cuando te añoro
...
Cuando tropiezo con unos ojos inesperados
Cuando respiro la sal de mi mar
Cuando escribo
Cuando te espero
Cuando me esperas
...
Cuando me acerco a quien me necesita
Cuando salta la chispa de la risa
Cuando miro a mi pequeña durmiendo como sólo los niños pueden dormir
Cuando respiro la sal de tu sal
Y cuando el sueño me arrebata meciéndome en tus curvas.
...
Finalmente, me di cuenta que quizás el truco está en ir salpicando nuestras vidas de momentos de magia. Búscalos...

GINECOLOGÍA DE PUERTAS PARA ADENTRO

-¡Maldita sea! ¡Quien me mandaría a escoger Ginecología! -la ginecóloga, mira sus manos ensangrentadas, reza algo rápido y...
El resto de este relato ha pasado a publicarse en el libro Miles de Piedras Pequeñas , lo puedes adquirir en http://www.bubok.com/libros/16712/Miles-de-Piedras-Pequenas o bien pidiéndolo directamente al autor:megasalva@hotmail.com

MI ABUELA ESTÁ MALA DEL CORAZÓN...

Son cosas que pasan. Mi abuela siempre estuvo mala del corazón. Es algo que recuerdo desde mi más tierna infancia. En aquellos (maravillosos...jejeje) años nunca tuve las cosas muy claras: Cuando pegaba cromos de Mazinger Zeta en un álbum con una pasta grumosa a base de agua y harina (no existían los cromos autoadhesivos, pero eso es motivo de otro post), dudaba acerca de si fuego-de-pecho era más que puños-fuera, o si los pechos de Afrodita-A eran radiactivos o simplemente explotaban sin más. Dudaba acerca de la necesidad de esperar exactamante dos horas para hacer la digestión y poder irme a bañar, pues cierta vez me comí una moneda y tardó más de dos horas en ser "digerida". Dudaba de la existencia de la colección completa de cromos de Rui Pequeño Cid, pues me comía los yogures de dos en dos y no conocía a ningún ser humano (o no humano) que tuviera el cromo 37. Cuando vi a Dayana zampándose un ratón como si se tratara de un Foskito, yo ya había imaginado que eso iba a pasar (hice trampas porque me había comprado la teleindiscreta...jejeje). La muerte de Chanquete no me pilló por sorpresa, y aún sigo pensando que aquella pintora era un poco "extraña", pues no vendía ni un cuadro, no daba un palo al agua y vivía de putísima madre en un chalet de la Costa del Sol (tema para otro Malaya-post sin duda). Pero una cosa estaba clara y sin lugar a dudas: Mi abuela estaba mala del corazón.
Se lo había dicho Don Inocencio, el médico del pueblo, hacía más de cuarenta años. Además le había sentenciado:
-María, tú lo que tienes es el corazón más grande que la caja.
Don Inocencio, y esto es completamente cierto, fue el único médico que sacó a un paciente del velatorio. Se trataba de una mujer diabética a la que dieron por muerta, amortajaron y empezaron a velar hasta que llegó el ímprobo Galeno, le inyectó un poco de glucosa y la enferma resucitó. Era el año 1952. Desde entonces palabra de don Inocencio-palabra de Dios (te alabamos señor...jejeje).
Así pasaron los años, y seguí creyendo que lo del cineExin no me terminaba de convencer, que los andaluces no hablábamos como el ratón de Willy Fog, que Dartacán tenía cara de bobo, que Nocilla no podía ser sólo Leche-cacao-avellanas y azúcar (de hecho hice el experimento y la mezcla daba asco y no sabía en aboluto a Nocilla), que el tipo del coche fantástico parecía más bien un icono gay que un sex-symbol femenino...pero lo de mi abuela estaba clarísimo...estaba mala del corazón.
Yo tenía muy claro que las personas malas del corazón morirían en cualquier momento, por ello siempre traté a mi abuela con esa deferencia especial.
Pasaron los años, y los años... y más años...se murió Chanquete, Mc Gyver dejó de hacer bombas a base de chicle, quitaron la Bola de Cristal, me salieron espinillas, murió la peseta, el símbolo sexual de millones de españoles, Concha Velasco, pasó a anunciar compresas para la incontinencia urinaria...pero mi abuela no se moría.
Empecé la carrera ( y la acabé), y jamás me planteé esa verdad bíblica que era que la abuela estaba mala del corazón...hasta hace unos días.
La abuela se quedó viuda hace años, y ahora es lo que llaman una dependiente para las Actividades de la vida Diaria. Son ochenta y nueve años, con la mente completamente lúcida; y además mala del corazón...todo un reto para la medicina moderna.
-Abuela, ¿cómo estás?.
-Fatá hijho -me dice con su acento malagueño, aspirando la jota -entre lo del corazón y la espalda no doy pata con bolo.
Me acerco a la caja de latón y revuelvo entre cajas de fármacos: Ibuprofeno de tres marcas distintas, Amoxicilina, en sobres y en cápsulas, cremas para los dolores varias, pomadas para las varices, jarabes para la tos, sobres de mucolíticos, jarabes para el estreñimiento, agua oxigenada, algodón, alcohol, lexatín, y...
-¿Abuela y tus pastillas del corazón? -le digo preocupado, casi alarmado.
- Ahhh..esas las tengo allí en el cajoncillo bajo la tele -me dice con una sonrisa. La tele, por cierto ,falleció el mismo día que mi abuelo.
Me agacho, abro el cajón...y me encuentro esto:


Esta historia es absolutamente cierta y me hace replantearme cientos de cosas. Ignoro cuánta gente habrá por ahí "con el corazón más grande que la caja", personas "malas de la circulación", con "Tensión nerviosa", con "los nervios cogidos al estómago", con "el colon irritado", con "faringitis crónica de por vida". Matrículas que algún día adjudicamos a pacientes convirtiéndolos en enfermos, y lo que es más triste: para siempre. Supongo que en el fondo mi abuela tuvo la suerte (y el poco dinero, claro...), o la inteligencia, de no seguir indagando en su "patología cardiaca" a base de visitas a, especialistas, médicos de pago, y cátedros en cirugías varias, que la hubieran "salvado" a base de betabloqueantes, diuréticos, calcioantagonistas, digoxinas, y que sin duda la habrían llevado a la caja de pino hace años.

Ahora, al llegar a casa, me planteo si esa sonrisa de mi abuela al indicarme el lugar dónde guarda sus pastillas para el corazón era algo más que una sonrisa cómplice... ¿Nos estamos equivocando al pensar siempre que somos más listos que nuestros pacientes? Cada día estoy más convencido.

QUIERO BESOS

Pandemia de gripe A...Pandemia, epidemia, peste bubónica, fin de siglo, crisis milenarista, fin del sistema, locura...todos lo esperábamos.
Mis grandes amiguitos de los medios de comunicación, inasequibles al desaliento, y tras soltar sus fauces de una presa fácil (la enfemera de 22 años fusilada mediáticamente e ingresada en una unidad de agudos de psiquiatría, gracias por todo), empiezan a seguirle la pista a todo lo que huela a Pandemia de gripe A. Ignoran que las personas que fallecen por esta enfermedad suelen ser personas previamente inmunodeprimidas (con las defensas bajas para entendernos), polimedicados y pluripatológicos en los más de los casos, que posiblemente hubieran fallecido de una gripe común, una neumonía, una tuberculosis, un hemófilus, un meningococo, un neumococo, gonococo(ejem ejem), otros cocos varios o por un simple atragantamiento ( por ejemplo con las hamburguesas de burguer king que son más duras que piedras).

Pero la alarma social se ha creado. La realidad científica (que nadie en el mundo de la medicina discute), es que el virus H1N1 está entre nosotros, y pasará de largo como otro virus cualquiera afectando a varios millones de españolitos/as. Pero hay alarma social. Eso implica que la admnistración invierta cientos de millones de euros en crear comisiones, subcomisiones, secretarías, protocolos, procesos, guías de actuación y miles de documentos de cientos de páginas cada uno (que casi nadie se lee), para evitar (con más pena que gloria) la avalancha de griposos tipo A a los hospitales (no vayan a contratar más médicos para acortar las listas de espera, eso no). Entretanto, alguien que diseñó una molecula de Tamifú (Oseltanavir), que no vendía hace un año ni una pastilla, está haciendo el negocio del siglo (curioso)

Y para colmar el vaso mediático esta mañana me he despertado con unos consejos del ministerio a la población (tambien se ha dado este consejo en el ministerio de sanidad egipcio), que los informativos difunden como una bomba incendiaria: evitar saludarnos socialmente dándonos la mano o dándonos un par de besos (bueno de sexo ya ni hablamos...). Y en este mismo momento yo me planto...

Me niego a dejar de saludar como me plazca a quien me plazca o apetezca, menos aún por miedo a la famosa gripe. De seguir así llegaremos a ver a cada paciente con mascarilla, desde detrás de un cristal de aislamiento, veremos gente con mascarilla en calles, en bares, miedo en la población...miedo.

La sociedad occidental, nuestra-sociedad-occidental, se ha cagado de miedo ante la amenaza de una simple gripe (tos, moco y fiebre, pero dicen la tele que es una Pandemia...uf!!). Mientras tanto nos importa un pimiento epidemias como el SIDA, como la malaria que mata a millones de críos, la fiebre amarilla, la filariosis, el dengue o el cólera que los mata a millones en los países pobres. Allí caen como moscas, pero nos importa más nuestros mocos que sus vidas. Es así.

Por eso mismo, en este mismo punto solicito al conductor de esta locura que pare, porque yo me bajo.

Quiero ver a mis amigos, saludarlos tocarlos y besarlos. Si la gente fuésemos menos mojigata, más besuconas, intercambiáramos caricias, besos y fluídos varios, seguramente tendríamos más gripe, pero quizás seríamos también algo más felices. Y eso cuenta, al menos para mí (¿o no?).