PACIENTES

Un amigo me comentó una vez que sólo se me ocurrían chorradas para hacer estudios, estadísticas o publicaciones (y llevo unas pocas). Totalmente de acuerdo. Sin embargo creo que algunas de mis ideas para realizar estudios estadísticos no son del todo descabelladas. También estoy harto de ver en los congresos el tipico estudio: "Perfil de las usuarias de píldora anticonceptiva en un centro de salud", "Estudio del control de las cifras de hemoglobina glicosilada de un cupo médico", "control de la TA mediante AMPA...".
Mi estudio acerca de la efectividad de la bufanda previniendo resfriados aún está pendiente de llevarlo a cabo, pero sin duda (a pesar de que un amigo internista me dijo que era un estudio absurdo), algún día lo realizaré.
Lo que me trae hoy es mi último estudio; y puesto que este es mi blog, pues, aquí voy a ir publicando los resultados preliminares.
Lo primero, el título del trabajo: ¿Cómo denominamos a nuestros pacientes?.
El objetivo es determinar la forma en que los sanitarios denominamos a nuestros pacientes, tanto para hablar de ellos como para hablar con ellos.
Los primeros resultados están siendo descorazonadores:
-45 %: los denominamos como Abuelillos, abuelos o abuelillas, en caso de ser personas mayores de 70 años..."tengo un abuelillo con un dolor en la barriga más raro..."
-22%: El paciente pasa a perder personalidad, y ser una entidad nosológica, enfermedad, síndrome o parte del cuerpo. En el momento en que tenemos una sospecha clínica, Juan López pasa de ser un paciente a ser ¡una neumonía! o una simple fractura de tobillo. Ejemplo: "Oye, la apendicitis del sillón cinco que pase a camas"
-15%: En caso de ser extranjero, el paciente directamente corre el riesgo de ser encuadrado en el grupo de guiris. ¿El guiri de la fractura de cadera donde está?.
-5%: En caso de ser primo segundo del quinto pinche de la cocina, pasa a ser "compañero/a", es decir, de-la-casa. Esto implica que esta persona tiene un estatus tal que, aunque será tratada igual que todos, tiene derecho a tener un familiar dando vueltas por la urgencias y preguntando a todo el mundo acerca de su primo, consultando a todos los especialistas y pidiendo todo tipo de pruebas extrañas.
-10%: Pacientes, enfermos (esta palabra es más usada por los internistas curiosamente)usuarios o clientes
-3%: Personas. No comments
Triste, pero son las estadísticas. Como decía, estoy aún en pleno estudio, e igual van cambiando los números.
Sigo en espera de los resultados finales. Esos ya los publicaré en el NEJM, o al menos en la revista Qué me dices, según mis amigos los científicamente-correctos.

MI FILOSOFÍA DE BOLSILLO

Querido lector (mejor dicho querida lectora, pues me da en la nariz que tengo mayoría de lectoras, ¿seré una especie de Corín Tellado?), te propongo un juego sencillo: Reflexiona durante diez segundos: ¿Eres feliz?, y luego puedes seguir leyendo.

Si tu respuesta fue sí, he encontrado la felicidad, soy feliz plenamente, etecé, etecé, pues muy buenas noches, puedes ir cerrando esta ventanita y darte una vuelta por tu vida.

Yo hace algún tiempo me hacía la misma pregunta en uno de mis Momentum-anoxia (en otro post entraré en detalle con estos instantes). Hubo un punto (ciertamente filipino) en que me decidí: No soy feliz. pero sobre todo: No quiero serlo.
Ahora...prepárate para mi manual de Filosofía-de-todo-a-cien:
En mi opinión, el ser humano basa su existencia en dos pilares: La búsqueda y la comunicación
La búsqueda: La búsqueda de emociones, de sensaciones, la búsqueda de mejores condiciones de vida, de personas, de situaciones, de sabores, de placeres. Y la sensación de "felicidad plena", de sentirse satisfecho y plenamente feliz, impide el seguir buscando, impide ese movimiento.
Reniego y renuncio a la felicidad rácana y avara de quien se siente feliz de puertas para adentro, encerrándose en el miedo a dejar de ser feliz, quizás en el fondo encerrándose en el miedo a sí mismo. Quizás esa misma búsqueda es la que te hace visitar mi blog, despertarte cada mañana esperando que algo mejor suceda. O simplemente ayudar al otro.
¿Si la humanidad hubiera sido Feliz hubiera avanzado?. Seguiríamos en el Paleolítico ( lo que también tiene sus ventajas, pues no existiría un programa dedicado a Belén Esteban)
Y la comunicación. Quizás derivada de lo primero, las personas sobre todo somos eso, comunicación; conversación ,palabras, gestos, sonrisas, miradas, caricias, o besos (de sexo ya ni hablamos). La persona plenamente feliz no necesita conocer nuevas personas, entablar nuevas relaciones, conocer, ver...
A veces pienso que elegí mi trabajo porque me da la posibilidad de comunicarme permanentemente con la gente...y lo disfruto.
Por ello al final de mi reflexión me di cuenta de que lo único que necesito para sentirme bien es tener salud. El resto simplemente es cuestión de tener la capacidad para buscar y comunicarse.
Quizás al final del camino, cuando eche la vista atrás descubriré que fui feliz en mi búsqueda, en mi encuentro con la gente. Tengos mis momentos favoritos. Al igual que mi boli de la suerte, tengo mis momentos de suerte. Son esos instantes, a veces fugaces, en los que te sientes el ser más afortunado sobre la tierra, en los que acaricias el final de la búsqueda, y que yo denomino momentos mágicos...los momentos de felicidad que van salpicando mi existencia, mi búsqueda, mi camino...my way
...
Cuando camino descalzo sobre la hierba
Cuando vuelo con mi bici respirando un aire sólo mío.
Cuando miro la luna
Cuando encuentro una voz amiga.
Y cuando te beso
...
Cuando un paciente me dice gracias
Cuando descubro que el otoño se acerca por los cielos rojizos en mis mañanas azules.
Cuando nado y mi cuerpo vuelve sentirse agua
Cuando bailo y me siento música
Y Cuando te añoro
...
Cuando tropiezo con unos ojos inesperados
Cuando respiro la sal de mi mar
Cuando escribo
Cuando te espero
Cuando me esperas
...
Cuando me acerco a quien me necesita
Cuando salta la chispa de la risa
Cuando miro a mi pequeña durmiendo como sólo los niños pueden dormir
Cuando respiro la sal de tu sal
Y cuando el sueño me arrebata meciéndome en tus curvas.
...
Finalmente, me di cuenta que quizás el truco está en ir salpicando nuestras vidas de momentos de magia. Búscalos...

GINECOLOGÍA DE PUERTAS PARA ADENTRO

-¡Maldita sea! ¡Quien me mandaría a escoger Ginecología! -la ginecóloga, mira sus manos ensangrentadas, reza algo rápido y...

(Una hora antes)
Víctor Bárcenas está haciendo una rotación en Gine. Durante su periodo de formación no pudo hacer guardias de esta especialidad, así es que ha decidido pasar un par de noches (trabajando) con Julia, una ginecóloga recién contratada de algo más de treinta años.
La mitad de la tarde Víctor la pasó con las matronas, aprendiendo a hacer episiotomías, mirando monitores y asistiendo a partos normales. Está absolutamente convencido de que si algún día debe asistir a un parto las pasará canutas...pero en peores plazas ha toreado.
Avanza la guardia, y tras una cena a base de tomate con maíz y coca-cola, el joven médico decide acompañar a la ginecóloga en las consultas de urgencias. Allí descubre que existen mujeres que pierden su támpax, o un preservativo dentro de la vagina (ni que fuera la cueva de Ali Babá), y acuden a urgencias para que el ginecólogo busque en tan tremendas oquedades.
Cada vez que había un parto, Víctor acompañaba nuevamente a las matronas.
El parto de Olga iba a ser uno más de los normales. Había roto la bolsa a media tarde. A las doce de la noche la dilatación del cuello era completa y las contracciones cada 10 minutos.
A la una de la noche le han puesto unos enemas. Olga se siente avergonzada. Es la primera vez que le ponen un enema.
A las dos de la madrugada la matrona la puso a pasear, y la mandó a partos.
Juan, el marido la acompaña, con un sentimiento que no sabe si calificar como pánico absoluto o como terror extremo.
Ya en partos, colocan a Juan junto a su pareja. Le coge la mano. Él se siente una especie de escoba, pues allí todo el mundo sabe lo que debe hacer, incluida Olga (parir que no es poco). Pero él se encuentra perdido.
Las tres menos cuarto, el parto va un poco retrasado. Olga suda como un botijo malagueño, Juan sólo sabe decir eso de "tú sopla cari, sopla" que ha oído en las películas. Una sábana verde sobre las piernas de la parturienta la separa de la matrona, que escruta el periné congestionado de la joven.
Víctor no tiene mucha idea, imagina que así son siempre las cosas. En los cuatro partos previos tuvo la misma impresión...es imposible que una cabezón tan tremendo pase por una abertura tan pequeña...pero siempre pasa.
Olga se siente avergonzada y a la vez asustada. Tiene la sensación de que va a defecar en lugar de parir. Nota una especie de bola enorme en el bajo vientre...y empuja. Muerde a Juan en la mano...y empuja. En un momento determinado todo le da igual, lo único que quiere es que pare ese dolor que la atraviesa de parte a parte cada vez que viene una contracción...y empuja.
Tres y dos minutos. La mirada de la matrona es inquieta.
Algo no está saliendo bien. Creyó que la cabeza pasaría.
Pero no. El niño está encajado en la pelvis y no pasará...ahora empieza la cuenta atrás.
-Señor, debe salir, voy a avisar a la ginecóloga -dice de pronto.
-¿Pasa algo? -dice Olga desde atrás mirando a Juan como pidiendo una explicación.
-No te preocupes -responde la matrona -simplemente que prefiero que esté la ginecóloga.
La paciente pasa con prisas al quirófano anexo a la sala de partos. Miradas de recelo.
Dos minutos más tarde el corazón del niño empieza a latir cada vez más lento: 154, 138, 129, 115. Ha llegado la ginecóloga.
-Preparad la ventosa-dice con premura -avisad al pediatra y al anestesista.
Luisa introduce la ventosa hasta encajarla en la cabeza del feto, conecta la aspiración, y tira. Con suavidad y energía a la vez. El sudor corre por la cara de Luisa. Sus gafas resbalan hasta la punta de la nariz. Una enfermera se la coloca. Y sigue la tracción.
De pronto la ventosa salta de la cabeza del bebé salpicando de sangre y liquido amniótico la sala de partos.
El anestesista ya ha pasado al quirófano y Olga se duerme en apenas quince segundos.
-¡Maldita sea! ¡Quien me mandaría a escoger Ginecología!
-La ginecóloga, mira sus manos ensangrentadas, reza algo rápido y...en menos de cinco minutos abre el abdomen de Olga. Un minuto más tarde extrae al bebé.
El bebé no es rosado. Ni siquiera pálido, ni gris. No es azulado. Es de un azul tan intenso que roza el negro. No llora, no grita. Julia lo extrae del abdomen de su madre y la imagen recuerda a Víctor la noche que encontró a su gato Gavus muerto en su cama.
El niño pasa disparado a las manos de la matrona; de aquí a la mesa de reanimación, donde un pediatra manipula con manos expertas.
La ginecóloga abandona el quirófano...
-¿me acompañas? , me voy a fumar un cigarrillo -le dice a Víctor.
Salen a la noche de verano. Fuera el mundo sigue tranquilo.
Una brisa leve les recuerda que el mar está a pocos metros.
-Joder, tenía nota para coger Derma, hartarme de ganar billetes y trabajar de lunes a viernes... ¡seré gilipollas! -Julia da una calada profunda al LM-Light.
-Bueno, aquí tampoco se está tan mal. A mí me gusta el hospi -responde Víctor -¿quieres un café?
Media hora más tarde arrojan los vasos de café a la papelera y entran al hospital sonriendo y hablando de cine y música de violín.
Pasan por neonatología. El pediatra les atiende café en mano.
-El bebé ha sufrido un montón, eso está claro -les dice con seriedad -de reflejos está regulín, y poco reactivo. No sé, habrá que ver cómo evoluciona, mañana le haremos una eco del coco a ver si tiene algo. Pero si yo fuera la madre iba poniéndole un velote de los gordos a san-como-se-llame el encargado en el cielo de estos asuntos.
Cinco de la madrugada. Víctor y Julia se van a dormir (a sus respectivos dormitorios, pues normalmente en los hospitales no se liga ni un rábano, menos a las cinco de la madrugada, por mucho que las series de TV insistan).
Siete de la madrugada. Víctor no puede dormir. Decide ir a neonatología. Al llegar se encuentra a Luisa. Ella no lo ha visto. Se encuentra junto a la incubadora mirando al bebé muy fijamente.
-¿Tú tampoco te duermes? -le pregunta Víctor.
-Imposible. No me quito de la cabeza si hice algo mal...no sé...
Seis días más tarde...
Olga Seoanez sale del hospital. Junto a ella Juan Repisco.
En los brazos de Juan duerme plácidamente Juan Respisco (junior). Una joven doctora se les acerca, los padres le sonríen.
Cruzan unas palabras. La doctora acaricia con cariño la cabeza del bebé, coronada por un hematoma azulado.
Entonces el niño se despierta, gira los ojos...y sonríe a la joven médica. Finalmente no hubo secuelas.
En ese mismo instante Julia se da cuenta de que no se equivocó al rechazar Derma.
En recuerdo de mi guardia en Gine, donde aprendí dos cosa
1.-Que la vida es un milagro.
2.-Que los ginecólogos trabajan como chinos.

FELICIDAD

Hoy simplemente me gustaría hacerte una invitación. Quizás me conozcas en persona (quizás no), o me lees a diario (gracias), o encontraste es te blog al azar (enhorabuena1). Quizás me lees a escondidas en el trabajo, quizás nos cruzamos en el trabajo, en la calle, en la Vida...pero seguro que todos alguna vez nos hemos preguntado algo... ¿eres feliz?.

Yo hace algún tiempo me hacía la msma pregunta. Hubo un momento en que me decidí: No soy feliz. pero sobre todo: No quiero serlo.

En mi opinión, el ser humano basa su existencia en dos pilares: La búsqueda y la comunicación

La búsqueda: La búsqueda de emociones, de sensaciones, la búsqueda de mejores condiciones de vida, de personas, de situaciones, de sabores, de placeres. Y la sensación de "felicidad plena", de sentirse satisfecho y plenamente feliz, impide el seguir buscando, impide el movimiento. Esa misma búsqueda es la que te hace visitar mi blog, despertarte cada mañana esperando que algo mejor suceda. O simplemente ayudar al otro. ¿Si la humanidad hubioera sido Feliz hubiera avanzado?

Y la comunicación. Quizás derivada de lo primero, las personas sobre todo eso, comunicación conversación ,palabras, gestos, sonrisas, miradas, caricias, o besos (de sexo ya ni hablamos). La persona plenamente feliz no necesita conocer nuevas personas, entablar nuevas relaciones.

A veces pienso que elegí mi trabajo porque me da la posibilidad de comunicarme permanentemente con la gente...y lo difruto.


Por ello al final de mi reflexión me di cuenta que lo único que necesito para sentirme bien es tener salud. El resto simplemente es cuestión de tener la capacidad para buscar y comunicarse.

Quizás al final del camino, cuando eche la vista atrás descubriré que fui feliz en mi búsqueda, en mi encuentro con la gente. Y eso me gusta...

EL FILO DE LA NAVAJA

Ocho de la mañana de un lunes cualquiera. Una ciudad cualquiera. Un verano cualquiera. Una parada de autobús...la número 15. Una chica de diecinueve años espera sentada. El rimmel de ojos corrido, la cara de sueño y la palidez de los noctámbulos indican que Yeni vuelve de una noche de fiesta.
Una mujer de mediana edad pasea un perro salchicha con cara de cerdito (el perro, no la dueña). Mira a la joven:
-Ya va siendo hora de irte a casa, ¡vaya juventud! -le reprocha indignada-esto no pasaba cuando yo era joven.
-Oiga, vayase a la mierda, se-ño-ra -responde Yeni mientras enciende temblorosa su enésimo cigarrillo.
La señora-de-mediana-edad se aleja indignada lanzando epítetos variados acerca de los jóvenes de hoy en día y su poca vergüenza. Menos mal que aún quedan hombres educados...los de su generación.
Yenifer Fernández, La Yeni. Hace tres años que sale con el Isra, uno de los chicos del barrio. Es cierto que no es el más guapo, y no trabaja demasiado. Pasa casi todo el día en el taller del Pollo tuneando su seat León. Siempre la trató bien, aunque es un poco chulo, muy fiestero y le gusta hacerse el duro. Pero Yeni sabe que es buena persona. El día de los enamorados de este año él le regaló una noche romántica en un hotel junto a la playa. La Yeni también va de dura, con su ropa provocativa, su mirada directa, su caminar sensual y sus maquillajes excesivos, pero realmente sueña con montar su propia peluquería. En realidad su sueño sería ser cantante en conciertos de música House, pero su inglés se limita a beiby, tunait y tugueder, y sólo con esas tres palabras es difícil componer muchas canciones. Aunque también presume de come-hombres la Yeni sólo ha estado con dos chicos aparte del Isra (vale, tembién se besó con un chico guapísimo una tarde de Feria, pero fueron apenas cinco segundos, y estaba borrachísima).
El verano está saliendo genial. Con el dinero que han ahorrado trabajando, ella de cajera y el Isra como vigilante nocturno, han decidido pasarse uno de esos veranos-de-fiesta que han soñado durante el invierno aburrido y gris.
Aunque no gusta de reconocerlo, Yenifer piensa mucho en la suerte que tiene. Es joven, sana, alegre, ama a un chico, y tiene a las mejores amigas del mundo, la Vane y la Devo. Aunque los pijos del centro las tachan de Chonis por sus ropas sus risas y su música, a ellas le importa un pimiento, y se limitan a llamarlos cabezas-de-melón. Una vez le dijo su madre que la juventud era como caminar por el filo de una navaja...es emocionante, único, divertido y sin poder darte la vuelta. Pero si vas demasiado rápido, te cortas. Si pierdes el equilibrio, te cortas. Si alguien te empuja, te cortas. Si caes sobre el filo, éste de partirá en dos...sin marcha atrás.
La pasada noche fue una de las mejores. Habían decidido ir a una macrofiesta en el polígono, cerca de la playa. La idea era ver amanecer junto a la arena y luego darse un bañito y para casa. La fiesta estaba saliendo genial. El Isra, el Pollo, la Vane, La Devo y la Yeni, todos en el Seat León tuneado, con la música electrónica vibrando en sus cuerpos llegaron después del botellón y pronto se integraron en la mente colectiva que suponen las fiestas Rave.
Habían bailado, habían bebido (quizás un poco de más), el Pollo les había pasado alguna pasti, y el Isra se había pasado como de costumbre. La Yeni no come pastillas. Han discutido; entonces el Isra y el Pollo se han puesto a bailar por su cuenta un poco "desfasados". Volverán en unos minutos y le pedirá perdón. Siempre pasa.
-¿Vamos a mirar la luna mientras vienen estos capullos? -le dice la Vane.
-Venga, ¡ámonos! -La Yeni adora mirar la luna.
En la puerta de la Fiesta se amontona la gente. Unos a la espera de entrar, otros saliendo para su casa, a vomitar, comprar pastis o simplemente a respirar un poco. Entre el gentío, la Yeni nota que la Vane se le ha perdido momentáneamente, mira atrás. Entonces una mano la agarra del brazo.
Es tal la sorpresa, que no tiene tiempo ni de sentir miedo, ni de gritar, ni de...la Yeni es arrastrada entre la gente hasta la oscuridad cercana de la orilla.
Es un hombre de 47 años, el que la abofetea, el que la arroja a la arena. Es un hombre mayor el que le levanta la falda y le arranca el tanguita del Minnie y Mickey, su favorito. Yenifer nota una barriga grasienta y peluda contra su abdomen. La chica nota como la barba raspa su cara, e intenta apartarse, entonces recibe otra bofetada, y nota el aliento podrido mezcla de tabaco negro con cerveza buscando su boca. El hombre mayor manosea cada centímetro de la piel de Yenifer, inmovilizando a la chica con su cuerpo rechoncho y absurdamente deforme. Yeni no puede ni siquiera llorar. El hombre separa sus piernas y la penetra con una brutalidad ni siquiera propia de un animal, con la brutalidad de un monstruo. Fueron no más de treinta segundos los que aquel ser siniestro estuvo dentro del cuerpo de Yenifer, durante ese eterno y cruel medio minuto la Yeni, Yenifer Fernández, sólo pensó en su madre, en que quería volver a esas tardes de primavera en las que su madre le preparaba un bollito con Tulipán y chorizo Revilla.
-¡Mamá...! -solloza la chica.
-¡Calla puta...! -escupe el monstruo mientras saca de ella su pene pringoso y flácido -entonces la abofetea nuevamente -como digas algo de esto, te mato zorrita. Si en el fondo seguro que te ha gustado.
Cinco minutos más tarde, la Yeni camina por la playa. Ha mandado un sms a su gente "m voy a-ksa-n-txi", y ha decidido caminar hasta la parada de autobús más próxima, acompañada por las olas y la luna.
De pronto se da cuenta de que alguien la ha empujado en el filo de la navaja haciéndola caer y partiéndola en dos, sin marcha atrás. De que un cerdo inmundo y asqueroso ha machacado su juventud casi antes de que empezara...
Se sienta en la parada del bus, y enciende un cigarrillo. Fuma y llora sin parar. Llora y fuma. Y piensa...miedo, asco, odio, náuseas...
Y entonces ve cómo una señora mayor se acerca y la mira por encima del hombro, con aires de superioridad...

ALBA

Alba no llora. Nunca ha llorado. Su madre la llamó así cuando tan sólo era una bolita de apenas unos milímetros en un útero adolescente. Le puso Alba porque pensaba que es nombre de ángel. Fue un parto complicado. Más de la cuenta. Un parto de esos que minan las noches en duermevela de los ginecólogos hasta en sus días más tranquilos. Una gestación inicialmente normal se convirtió en una noche de pesadilla. En el último instante el cuerpo de Alba dió un giro siniestro dentro de la matriz de su madre, y el parto simple se convirtió en un parto de nalgas, con tres vueltas de cordón, cesárea de urgencias, carreras por los pasillos. Y Alba no lloró. Los dos minutos, los ciento veinte segundos más absurdos de la historia de dos vidas, los ciento siete segundos sin oxígeno en su cerebro condicionaron los restante veintisiete años.
Alba jamás lloró.
Tiene unos ojos verdeazulados, grandes y expresivos. Siempre miran hacia arriba. Su cuerpo, rígido, sus brazos encogidos, las muñecas flexionadas en una postura casi imposible, y las piernas extendidas y rígidas son el resultado de aquellos ciento siete segundos de horror.
Luisa se convirtió en la madre del carrito. Y Alba en la chica del carrito. Siempre rígida, siempre mirando a un cielo invisible, siempre desconectada de la realidad. Cada día Alba recibe cientos de besos, oye los cuentos de Luisa, heredados de su abuela Flor, aquella que creía en brujas y espíritus. Aquella que se empeñaba en que con la cruz de Caravaca todo se arreglaría.
Luisa está convencida de que Alba entiende sus cuentos, disfruta los besos, percibe las caricias. A pesar del neurólogo que siempre le dijo que Alba sufre un autismo profundo, que nunca será capaz de sentir, de gozar...ni de sufrir. Por eso Alba no llora.
A los quince años un traspiés en el centro comercial acabó con Alba al final de cinco escalones. Fractura de fémur derecho. Pero Alba no lloró. Durante su estancia en el hospital, durante las tres operaciones de la pierna, durantre la trombosis pulmonar que complicó el cuadro, lo más que se oyó fue un quejido lastimero ahogado con gotas de haloperidol en la madrugada verde de un hospital.
Este año decidieron viajar al Norte, allí viven los únicos primos de Alba. Aunque la joven-niña no los mira, Luisa suele visitar Santander una vez al año. Al menos puede descargar llantos con su hermana Laura. Que no es poco.
El hospital de Vallsec es uno de esos grandes hospitales con cientos de personas recorriendo los pasillos. Un hospital de tercer nivel, donde el neurocirujano tropieza en el ascensor con el cirujano vascular. Uno de esos grandes complejos donde casi nadie se conoce, casi nadie se saluda. Un hospital sin alma.
Alba hace dos días que dejó de comer, y tiene fiebre de hasta cuarenta. Pero no llora. Ahora se encuentra en la camilla siete en espera de resultados. Cuando el médico le tocó la barriga Alba notó como si le clavaran miles de agujas perforando su ombligo. Una especie de corriente dolorosa atravesó su organismo estallando en su cabeza. Pero apenas se movió. Alba siguió con sus ojos azules clavados en el infinito. Alba oye la voz atemplada de su madre.
Minutos más tarde nota que la pasean en la camilla. Está en una habitación oscura, y una médica le pone una especie de gel frío en la barriga mientras mira una pantalla en blanco y negro.
-Está jodida la chica -oye decir, y se alegra de oír una voz parecida a la de su madre.
Alba oye otras voces mezcladas con la de su madre. El médico está asombrado de la entereza de Luisa. Al comunicarle que la chica debe entrar en quirófano, que tiene una úlcera perforada, que la situación es extremadamente grave, Luisa ha respondido con una sonrisa y un "bueno-como-ustedes-vean" que ha estremecido al veterano cirujano.
Ocho y cinco minutos, Luisa da los últimos besos en el pelo de Alba, le susurra algo al oído...
-Aquí te espero. Vuelve.
Ocho y trece minutos, la camilla siete rueda por el largo pasillo con destino al quirófano cinco. Alba oye el traqueteo de las ruedas contra el mármol frío...y entonces llora.

EFFERALGAN (Y EL CORAZON DE MI ABUELA)

NOTA: Para entender este post, es imprescindible haber leído el previo.

Intrigado por el extraño suceso de la tarde anterior, decidí abrir una de mis investigaciones. ¿Cómo había llegado mi abuela a tomarse una cápsula de Efferalgan como medicación para el corazón?.

realmente creo que si investigáramos los cajones d elas medicina de muchas casas descu

MI ABUELA ESTÁ MALA DEL CORAZÓN...

Son cosas que pasan. Mi abuela siempre estuvo mala del corazón. Es algo que recuerdo desde mi más tierna infancia. En aquellos (maravillosos...jejeje) años nunca tuve las cosas muy claras: Cuando pegaba cromos de Mazinger Zeta en un álbum con una pasta grumosa a base de agua y harina (no existían los cromos autoadhesivos, pero eso es motivo de otro post), dudaba acerca de si fuego-de-pecho era más que puños-fuera, o si los pechos de Afrodita-A eran radiactivos o simplemente explotaban sin más. Dudaba acerca de la necesidad de esperar exactamante dos horas para hacer la digestión y poder irme a bañar, pues cierta vez me comí una moneda y tardó más de dos horas en ser "digerida". Dudaba de la existencia de la colección completa de cromos de Rui Pequeño Cid, pues me comía los yogures de dos en dos y no conocía a ningún ser humano (o no humano) que tuviera el cromo 37. Cuando vi a Dayana zampándose un ratón como si se tratara de un Foskito, yo ya había imaginado que eso iba a pasar (hice trampas porque me había comprado la teleindiscreta...jejeje). La muerte de Chanquete no me pilló por sorpresa, y aún sigo pensando que aquella pintora era un poco "extraña", pues no vendía ni un cuadro, no daba un palo al agua y vivía de putísima madre en un chalet de la Costa del Sol (tema para otro Malaya-post sin duda). Pero una cosa estaba clara y sin lugar a dudas: Mi abuela estaba mala del corazón.
Se lo había dicho Don Inocencio, el médico del pueblo, hacía más de cuarenta años. Además le había sentenciado:
-María, tú lo que tienes es el corazón más grande que la caja.
Don Inocencio, y esto es completamente cierto, fue el único médico que sacó a un paciente del velatorio. Se trataba de una mujer diabética a la que dieron por muerta, amortajaron y empezaron a velar hasta que llegó el ímprobo Galeno, le inyectó un poco de glucosa y la enferma resucitó. Era el año 1952. Desde entonces palabra de don Inocencio-palabra de Dios (te alabamos señor...jejeje).
Así pasaron los años, y seguí creyendo que lo del cineExin no me terminaba de convencer, que los andaluces no hablábamos como el ratón de Willy Fog, que Dartacán tenía cara de bobo, que Nocilla no podía ser sólo Leche-cacao-avellanas y azúcar (de hecho hice el experimento y la mezcla daba asco y no sabía en aboluto a Nocilla), que el tipo del coche fantástico parecía más bien un icono gay que un sex-symbol femenino...pero lo de mi abuela estaba clarísimo...estaba mala del corazón.
Yo tenía muy claro que las personas malas del corazón morirían en cualquier momento, por ello siempre traté a mi abuela con esa deferencia especial.
Pasaron los años, y los años... y más años...se murió Chanquete, Mc Gyver dejó de hacer bombas a base de chicle, quitaron la Bola de Cristal, me salieron espinillas, murió la peseta, el símbolo sexual de millones de españoles, Concha Velasco, pasó a anunciar compresas para la incontinencia urinaria...pero mi abuela no se moría.
Empecé la carrera ( y la acabé), y jamás me planteé esa verdad bíblica que era que la abuela estaba mala del corazón...hasta hace unos días.
La abuela se quedó viuda hace años, y ahora es lo que llaman una dependiente para las Actividades de la vida Diaria. Son ochenta y nueve años, con la mente completamente lúcida; y además mala del corazón...todo un reto para la medicina moderna.
-Abuela, ¿cómo estás?.
-Fatá hijho -me dice con su acento malagueño, aspirando la jota -entre lo del corazón y la espalda no doy pata con bolo.
Me acerco a la caja de latón y revuelvo entre cajas de fármacos: Ibuprofeno de tres marcas distintas, Amoxicilina, en sobres y en cápsulas, cremas para los dolores varias, pomadas para las varices, jarabes para la tos, sobres de mucolíticos, jarabes para el estreñimiento, agua oxigenada, algodón, alcohol, lexatín, y...
-¿Abuela y tus pastillas del corazón? -le digo preocupado, casi alarmado.
- Ahhh..esas las tengo allí en el cajoncillo bajo la tele -me dice con una sonrisa. La tele, por cierto ,falleció el mismo día que mi abuelo.
Me agacho, abro el cajón...y me encuentro esto:


Esta historia es absolutamente cierta y me hace replantearme cientos de cosas. Ignoro cuánta gente habrá por ahí "con el corazón más grande que la caja", personas "malas de la circulación", con "Tensión nerviosa", con "los nervios cogidos al estómago", con "el colon irritado", con "faringitis crónica de por vida". Matrículas que algún día adjudicamos a pacientes convirtiéndolos en enfermos, y lo que es más triste: para siempre. Supongo que en el fondo mi abuela tuvo la suerte (y el poco dinero, claro...), o la inteligencia, de no seguir indagando en su "patología cardiaca" a base de visitas a, especialistas, médicos de pago, y cátedros en cirugías varias, que la hubieran "salvado" a base de betabloqueantes, diuréticos, calcioantagonistas, digoxinas, y que sin duda la habrían llevado a la caja de pino hace años.

Ahora, al llegar a casa, me planteo si esa sonrisa de mi abuela al indicarme el lugar dónde guarda sus pastillas para el corazón era algo más que una sonrisa cómplice... ¿Nos estamos equivocando al pensar siempre que somos más listos que nuestros pacientes? Cada día estoy más convencido.

QUIERO BESOS

Pandemia de gripe A...Pandemia, epidemia, peste bubónica, fin de siglo, crisis milenarista, fin del sistema, locura...todos lo esperábamos.
Mis grandes amiguitos de los medios de comunicación, inasequibles al desaliento, y tras soltar sus fauces de una presa fácil (la enfemera de 22 años fusilada mediáticamente e ingresada en una unidad de agudos de psiquiatría, gracias por todo), empiezan a seguirle la pista a todo lo que huela a Pandemia de gripe A. Ignoran que las personas que fallecen por esta enfermedad suelen ser personas previamente inmunodeprimidas (con las defensas bajas para entendernos), polimedicados y pluripatológicos en los más de los casos, que posiblemente hubieran fallecido de una gripe común, una neumonía, una tuberculosis, un hemófilus, un meningococo, un neumococo, gonococo(ejem ejem), otros cocos varios o por un simple atragantamiento ( por ejemplo con las hamburguesas de burguer king que son más duras que piedras).

Pero la alarma social se ha creado. La realidad científica (que nadie en el mundo de la medicina discute), es que el virus H1N1 está entre nosotros, y pasará de largo como otro virus cualquiera afectando a varios millones de españolitos/as. Pero hay alarma social. Eso implica que la admnistración invierta cientos de millones de euros en crear comisiones, subcomisiones, secretarías, protocolos, procesos, guías de actuación y miles de documentos de cientos de páginas cada uno (que casi nadie se lee), para evitar (con más pena que gloria) la avalancha de griposos tipo A a los hospitales (no vayan a contratar más médicos para acortar las listas de espera, eso no). Entretanto, alguien que diseñó una molecula de Tamifú (Oseltanavir), que no vendía hace un año ni una pastilla, está haciendo el negocio del siglo (curioso)

Y para colmar el vaso mediático esta mañana me he despertado con unos consejos del ministerio a la población (tambien se ha dado este consejo en el ministerio de sanidad egipcio), que los informativos difunden como una bomba incendiaria: evitar saludarnos socialmente dándonos la mano o dándonos un par de besos (bueno de sexo ya ni hablamos...). Y en este mismo momento yo me planto...

Me niego a dejar de saludar como me plazca a quien me plazca o apetezca, menos aún por miedo a la famosa gripe. De seguir así llegaremos a ver a cada paciente con mascarilla, desde detrás de un cristal de aislamiento, veremos gente con mascarilla en calles, en bares, miedo en la población...miedo.

La sociedad occidental, nuestra-sociedad-occidental, se ha cagado de miedo ante la amenaza de una simple gripe (tos, moco y fiebre, pero dicen la tele que es una Pandemia...uf!!). Mientras tanto nos importa un pimiento epidemias como el SIDA, como la malaria que mata a millones de críos, la fiebre amarilla, la filariosis, el dengue o el cólera que los mata a millones en los países pobres. Allí caen como moscas, pero nos importa más nuestros mocos que sus vidas. Es así.

Por eso mismo, en este mismo punto solicito al conductor de esta locura que pare, porque yo me bajo.

Quiero ver a mis amigos, saludarlos tocarlos y besarlos. Si la gente fuésemos menos mojigata, más besuconas, intercambiáramos caricias, besos y fluídos varios, seguramente tendríamos más gripe, pero quizás seríamos también algo más felices. Y eso cuenta, al menos para mí (¿o no?).