Este es mi blog, el blog de Salva. Aquí iré plasmando sentimientos, emociones y pasiones, siempre vistas con mi prisma, el prisma de la magia. La magia del sur
PACIENTES
MI FILOSOFÍA DE BOLSILLO
Si tu respuesta fue sí, he encontrado la felicidad, soy feliz plenamente, etecé, etecé, pues muy buenas noches, puedes ir cerrando esta ventanita y darte una vuelta por tu vida.
En mi opinión, el ser humano basa su existencia en dos pilares: La búsqueda y la comunicación
La búsqueda: La búsqueda de emociones, de sensaciones, la búsqueda de mejores condiciones de vida, de personas, de situaciones, de sabores, de placeres. Y la sensación de "felicidad plena", de sentirse satisfecho y plenamente feliz, impide el seguir buscando, impide ese movimiento.
Y la comunicación. Quizás derivada de lo primero, las personas sobre todo somos eso, comunicación; conversación ,palabras, gestos, sonrisas, miradas, caricias, o besos (de sexo ya ni hablamos). La persona plenamente feliz no necesita conocer nuevas personas, entablar nuevas relaciones, conocer, ver...
A veces pienso que elegí mi trabajo porque me da la posibilidad de comunicarme permanentemente con la gente...y lo disfruto.
Por ello al final de mi reflexión me di cuenta de que lo único que necesito para sentirme bien es tener salud. El resto simplemente es cuestión de tener la capacidad para buscar y comunicarse.
Quizás al final del camino, cuando eche la vista atrás descubriré que fui feliz en mi búsqueda, en mi encuentro con la gente. Tengos mis momentos favoritos. Al igual que mi boli de la suerte, tengo mis momentos de suerte. Son esos instantes, a veces fugaces, en los que te sientes el ser más afortunado sobre la tierra, en los que acaricias el final de la búsqueda, y que yo denomino momentos mágicos...los momentos de felicidad que van salpicando mi existencia, mi búsqueda, mi camino...my way
Cuando descubro que el otoño se acerca por los cielos rojizos en mis mañanas azules.
Cuando respiro la sal de tu sal
Y cuando el sueño me arrebata meciéndome en tus curvas.
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GINECOLOGÍA DE PUERTAS PARA ADENTRO
(Una hora antes)
Víctor Bárcenas está haciendo una rotación en Gine. Durante su periodo de formación no pudo hacer guardias de esta especialidad, así es que ha decidido pasar un par de noches (trabajando) con Julia, una ginecóloga recién contratada de algo más de treinta años.
La mitad de la tarde Víctor la pasó con las matronas, aprendiendo a hacer episiotomías, mirando monitores y asistiendo a partos normales. Está absolutamente convencido de que si algún día debe asistir a un parto las pasará canutas...pero en peores plazas ha toreado.
Avanza la guardia, y tras una cena a base de tomate con maíz y coca-cola, el joven médico decide acompañar a la ginecóloga en las consultas de urgencias. Allí descubre que existen mujeres que pierden su támpax, o un preservativo dentro de la vagina (ni que fuera la cueva de Ali Babá), y acuden a urgencias para que el ginecólogo busque en tan tremendas oquedades.
Cada vez que había un parto, Víctor acompañaba nuevamente a las matronas.
El parto de Olga iba a ser uno más de los normales. Había roto la bolsa a media tarde. A las doce de la noche la dilatación del cuello era completa y las contracciones cada 10 minutos.
A la una de la noche le han puesto unos enemas. Olga se siente avergonzada. Es la primera vez que le ponen un enema.
A las dos de la madrugada la matrona la puso a pasear, y la mandó a partos.
Juan, el marido la acompaña, con un sentimiento que no sabe si calificar como pánico absoluto o como terror extremo.
Ya en partos, colocan a Juan junto a su pareja. Le coge la mano. Él se siente una especie de escoba, pues allí todo el mundo sabe lo que debe hacer, incluida Olga (parir que no es poco). Pero él se encuentra perdido.
Las tres menos cuarto, el parto va un poco retrasado. Olga suda como un botijo malagueño, Juan sólo sabe decir eso de "tú sopla cari, sopla" que ha oído en las películas. Una sábana verde sobre las piernas de la parturienta la separa de la matrona, que escruta el periné congestionado de la joven.
Víctor no tiene mucha idea, imagina que así son siempre las cosas. En los cuatro partos previos tuvo la misma impresión...es imposible que una cabezón tan tremendo pase por una abertura tan pequeña...pero siempre pasa.
Olga se siente avergonzada y a la vez asustada. Tiene la sensación de que va a defecar en lugar de parir. Nota una especie de bola enorme en el bajo vientre...y empuja. Muerde a Juan en la mano...y empuja. En un momento determinado todo le da igual, lo único que quiere es que pare ese dolor que la atraviesa de parte a parte cada vez que viene una contracción...y empuja.
Tres y dos minutos. La mirada de la matrona es inquieta.
Algo no está saliendo bien. Creyó que la cabeza pasaría.
Pero no. El niño está encajado en la pelvis y no pasará...ahora empieza la cuenta atrás.
-Señor, debe salir, voy a avisar a la ginecóloga -dice de pronto.
-¿Pasa algo? -dice Olga desde atrás mirando a Juan como pidiendo una explicación.
-No te preocupes -responde la matrona -simplemente que prefiero que esté la ginecóloga.
La paciente pasa con prisas al quirófano anexo a la sala de partos. Miradas de recelo.
Dos minutos más tarde el corazón del niño empieza a latir cada vez más lento: 154, 138, 129, 115. Ha llegado la ginecóloga.
-Preparad la ventosa-dice con premura -avisad al pediatra y al anestesista.
Luisa introduce la ventosa hasta encajarla en la cabeza del feto, conecta la aspiración, y tira. Con suavidad y energía a la vez. El sudor corre por la cara de Luisa. Sus gafas resbalan hasta la punta de la nariz. Una enfermera se la coloca. Y sigue la tracción.
De pronto la ventosa salta de la cabeza del bebé salpicando de sangre y liquido amniótico la sala de partos.
El anestesista ya ha pasado al quirófano y Olga se duerme en apenas quince segundos.
-¡Maldita sea! ¡Quien me mandaría a escoger Ginecología!
-La ginecóloga, mira sus manos ensangrentadas, reza algo rápido y...en menos de cinco minutos abre el abdomen de Olga. Un minuto más tarde extrae al bebé.
El bebé no es rosado. Ni siquiera pálido, ni gris. No es azulado. Es de un azul tan intenso que roza el negro. No llora, no grita. Julia lo extrae del abdomen de su madre y la imagen recuerda a Víctor la noche que encontró a su gato Gavus muerto en su cama.
El niño pasa disparado a las manos de la matrona; de aquí a la mesa de reanimación, donde un pediatra manipula con manos expertas.
La ginecóloga abandona el quirófano...
-¿me acompañas? , me voy a fumar un cigarrillo -le dice a Víctor.
Salen a la noche de verano. Fuera el mundo sigue tranquilo.
Una brisa leve les recuerda que el mar está a pocos metros.
-Joder, tenía nota para coger Derma, hartarme de ganar billetes y trabajar de lunes a viernes... ¡seré gilipollas! -Julia da una calada profunda al LM-Light.
-Bueno, aquí tampoco se está tan mal. A mí me gusta el hospi -responde Víctor -¿quieres un café?
Media hora más tarde arrojan los vasos de café a la papelera y entran al hospital sonriendo y hablando de cine y música de violín.
Pasan por neonatología. El pediatra les atiende café en mano.
-El bebé ha sufrido un montón, eso está claro -les dice con seriedad -de reflejos está regulín, y poco reactivo. No sé, habrá que ver cómo evoluciona, mañana le haremos una eco del coco a ver si tiene algo. Pero si yo fuera la madre iba poniéndole un velote de los gordos a san-como-se-llame el encargado en el cielo de estos asuntos.
Cinco de la madrugada. Víctor y Julia se van a dormir (a sus respectivos dormitorios, pues normalmente en los hospitales no se liga ni un rábano, menos a las cinco de la madrugada, por mucho que las series de TV insistan).
Siete de la madrugada. Víctor no puede dormir. Decide ir a neonatología. Al llegar se encuentra a Luisa. Ella no lo ha visto. Se encuentra junto a la incubadora mirando al bebé muy fijamente.
-¿Tú tampoco te duermes? -le pregunta Víctor.
-Imposible. No me quito de la cabeza si hice algo mal...no sé...
Seis días más tarde...
Olga Seoanez sale del hospital. Junto a ella Juan Repisco.
En los brazos de Juan duerme plácidamente Juan Respisco (junior). Una joven doctora se les acerca, los padres le sonríen.
Cruzan unas palabras. La doctora acaricia con cariño la cabeza del bebé, coronada por un hematoma azulado.
Entonces el niño se despierta, gira los ojos...y sonríe a la joven médica. Finalmente no hubo secuelas.
En ese mismo instante Julia se da cuenta de que no se equivocó al rechazar Derma.
En recuerdo de mi guardia en Gine, donde aprendí dos cosa
1.-Que la vida es un milagro.
2.-Que los ginecólogos trabajan como chinos.
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FELICIDAD
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EL FILO DE LA NAVAJA
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ALBA
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EFFERALGAN (Y EL CORAZON DE MI ABUELA)
MI ABUELA ESTÁ MALA DEL CORAZÓN...
Esta historia es absolutamente cierta y me hace replantearme cientos de cosas. Ignoro cuánta gente habrá por ahí "con el corazón más grande que la caja", personas "malas de la circulación", con "Tensión nerviosa", con "los nervios cogidos al estómago", con "el colon irritado", con "faringitis crónica de por vida". Matrículas que algún día adjudicamos a pacientes convirtiéndolos en enfermos, y lo que es más triste: para siempre. Supongo que en el fondo mi abuela tuvo la suerte (y el poco dinero, claro...), o la inteligencia, de no seguir indagando en su "patología cardiaca" a base de visitas a, especialistas, médicos de pago, y cátedros en cirugías varias, que la hubieran "salvado" a base de betabloqueantes, diuréticos, calcioantagonistas, digoxinas, y que sin duda la habrían llevado a la caja de pino hace años.
Ahora, al llegar a casa, me planteo si esa sonrisa de mi abuela al indicarme el lugar dónde guarda sus pastillas para el corazón era algo más que una sonrisa cómplice... ¿Nos estamos equivocando al pensar siempre que somos más listos que nuestros pacientes? Cada día estoy más convencido.
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QUIERO BESOS
Pero la alarma social se ha creado. La realidad científica (que nadie en el mundo de la medicina discute), es que el virus H1N1 está entre nosotros, y pasará de largo como otro virus cualquiera afectando a varios millones de españolitos/as. Pero hay alarma social. Eso implica que la admnistración invierta cientos de millones de euros en crear comisiones, subcomisiones, secretarías, protocolos, procesos, guías de actuación y miles de documentos de cientos de páginas cada uno (que casi nadie se lee), para evitar (con más pena que gloria) la avalancha de griposos tipo A a los hospitales (no vayan a contratar más médicos para acortar las listas de espera, eso no). Entretanto, alguien que diseñó una molecula de Tamifú (Oseltanavir), que no vendía hace un año ni una pastilla, está haciendo el negocio del siglo (curioso)
Y para colmar el vaso mediático esta mañana me he despertado con unos consejos del ministerio a la población (tambien se ha dado este consejo en el ministerio de sanidad egipcio), que los informativos difunden como una bomba incendiaria: evitar saludarnos socialmente dándonos la mano o dándonos un par de besos (bueno de sexo ya ni hablamos...). Y en este mismo momento yo me planto...
Me niego a dejar de saludar como me plazca a quien me plazca o apetezca, menos aún por miedo a la famosa gripe. De seguir así llegaremos a ver a cada paciente con mascarilla, desde detrás de un cristal de aislamiento, veremos gente con mascarilla en calles, en bares, miedo en la población...miedo.
La sociedad occidental, nuestra-sociedad-occidental, se ha cagado de miedo ante la amenaza de una simple gripe (tos, moco y fiebre, pero dicen la tele que es una Pandemia...uf!!). Mientras tanto nos importa un pimiento epidemias como el SIDA, como la malaria que mata a millones de críos, la fiebre amarilla, la filariosis, el dengue o el cólera que los mata a millones en los países pobres. Allí caen como moscas, pero nos importa más nuestros mocos que sus vidas. Es así.
Por eso mismo, en este mismo punto solicito al conductor de esta locura que pare, porque yo me bajo.