A vueltas con la vida

Víctor Bárcenas piensa que su vida no puede seguir así. Las cosas deben cambiar urgentemente. Por una parte la posibilidad de dormir sin compañía durante seis meses consecutivos no entraba ni en sus peores planes de contingencia. Por otra parte el hecho de que su dieta los últimos ocho días haya sido a base de macarrones-tomate-atún y patatas asadas de Don Paponazo (jamón de York-maíz-mayonesa-ketchup-aceitunas) no puede ni debe ser considerado demasiado grave; sin embargo el haber considerado seriamente la posibilidad de sacarse el bono-comida en el buffet El Reventaero roza la tragedia. El joven médico está convencido que cualquier día expulsará un trozo de colesterol por la oreja, y eso empieza a preocuparle.
Nuevamente su vida está alcanzando un nivel crítico por segunda vez en quince meses. Por ese motivo ha decidido cambiar el rumbo de las cosas. Sentado bajo la atenta mirada de Rupercio, Víctor escribe en un folio una serie de planes de futuro:
-Cambiar el tipo de discusiones: No intentar razonar acerca de problemas metafísicos con alguien cuyo coeficiente intelectual sea menor que el de un apio. Conversaciones acerca de política internacional, religión o intentos patéticos de arreglar la sanidad pública exigirán al menos dos conexiones neuronales y media además de un nivel mínino de alcohol en sangre del ocho por ciento.
-Mejorar su cultura musical: Abandonar la extraña costumbre de cantar canciones en inglés mientras conduce sin tener ni idea de lo que dice la letra.
-Mejorar la higiene de casa: Acordarse de bajar cada vez la tapa del wc, o al menos mejorar sus porcentajes; de una vez de cada diez pasar al menos a tres veces de cada dieciséis.
-Optimizar su práctica profesional: Decir a los delegados farmacéuticos que No tiene tiempo de recibirlos, independientemente de su sexo, edad y/o sonrisa por muy angelical/felina que pueda parecerle.
-Depurar su técnica amatoria: Atreverse a decirle a su amiga Julia que eso del cine iraní, checo o turco le parece infumable, pues está plenamente convencido de que es metafísicamente imposible que alguien disfrute semejante tortura. Confesarle que el día que la acompañó a una multisesión de cine argentino se pasó tres horas y cuarto planeando la forma de meterle mano. Las otras dos horas las invirtió en idear formas diversas de cortarse las venas. Al día siguiente, como forma de resarcirse, vio dos pelis de Tarantino a solas y Blade Runner de postre.
-Cuidar el medio ambiente: Admitir que el hecho de repetir dos días seguidos el mismo par de calcetines es una guarrada; eliminar definitivamente esa lamentable costumbre de olerlos un poco por la mañana, y si la cosa no está muy pestosilla, zasca! volver a colocárselos. Mal camino.
-Cumplir con las leyes: Admitir que no es ético ni lícito beberse el agua del minibar del hotel y rellenar la botella con agua grifoidea tras haber guardado en su maleta dos peines, cinco botellitas de champú (las dos de su habitación más otras tres robadas al carrito de la camarera en el pasillo), un gorro de baño, un calzador y dos jaboncitos. Es más lógico rellenar la botellita de ginebra y robar el albornoz.
Y cuando está a punto de escribir la octava y definitiva intención que cambiará para siempre su vida, se le acaba el papel.
Sentado junto a la cuneta de una carretera comarcal, levanta la vista y se encuentra con los ojos curiosos de Rupercio, el burro de don Anastasio.
Víctor Bárcenas, médico de familia, actual médico sustituto de Villafranco, se ha quedado sin combustible en mitad del campo de vuelta de su trabajo, a diecinueve kilómetros de la civilización. Su teléfono móvil tiene la batería agotada, su única compañía es un burro gris que lo mira con curiosidad, una lluvia fina le moja la cabeza y su día a día ha vuelto a convertirse en un remolino vital; fantástico y arrebatador.
Víctor inspira profundamente, bebe un poco de Coca-Cola light, huele la tierra mojada y sonríe.
Ha vuelto a la Atención Primaria. Y le gusta…
(Las historias de Villariba y los villaribenses serán motivo de otro post).
"Esta es una historia sencilla, pero no es fácil contarla. Como en una fábula, hay dolor. Y, como una fábula, está llena de maravillas y de felicidad." Mágico Benigni. Ains.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

y mágico Víctor. Bonita la canción, y me harté de reir con el relato. Gracias pues hiciste un poco mágica la mañana. Luisa ( y odio el cine argentino, afgano y checo jajajaja)

Tere P. dijo...

Llevo un tiempo leyéndote y no me puedo resistir a compartir cada uno de tus posts. Gracias por la sencillez, la cotidianidad y por tanta vida en tus palabras.

Juana dijo...

Si ves por ahí a Victor dale un "abracico" jeje que desastre de chiquillo ....

Anónimo dijo...

HOla Victor, hacía tiempo que no e leía, no sabía que habías vuelto a la primaria.

Saludos.