LA FAMILIA XIANG

(Es éste un post para leer oyendo la música)
Una mujer se levanta de su cama, se acerca al gran ventanal y sonríe pensando en el pasado...
Lian tiene seis años. Sus padres vinieron de una tierra muy lejana antes de que ella naciera. Una tierra donde, según su padre, todos los niños tienen los ojos rasgados como Lian.
Viven en un barrio humilde de una ciudad extraña y ruidosa, llena de coches, humo y personas que corren por la calle, una ciudad donde casi siempre llueve.
La familia Xiang regenta la pequeña tienda de ultramarinos al final de la calle. Es la tienda de los chinos, donde puedes encontrar cualquier cosa que necesites; desde una cajita de alfileres hasta una unos tomates a buen precio o unos calcetines azules. La tienda de los Xiang nunca cierra. A cualquier hora encontrarás la puerta abierta. Shi Luan, la madre, atiende por las mañanas y por las tardes; Yuga, conocido como señor Xiang, compra en los almacenes por la mañana, repone por las tardes y atiende al público por las noches. Cierran a las tres de la madrugada y abren a las siete, domingos incluidos.
Lian es su hija. A pesar de su corta edad posee una mirada inteligente y limpia, una mente brillante y una sonrisa luminosa. Sólo tiene un amigo, el joven Adrián, un chico de ocho años que cada semana acude a comprar cromos de los Gormiti, pues está convencido de que el señor Xiang tiene los mejores cromos. Lian nunca olvidará la tarde en que Adrián le regaló un pequeño Buda de plástico de los que vendía su padre y que bautizó con el nombre de MaxBuda, a él contaba en secreto todas sus ilusiones y deseos.
En el barrio dicen que la familia de los chinos vive en la tienda, que duermen en un falso techo del local y que su aseo apenas mide seis metros cuadrados. También dicen que se bañan con un cubo y un jarro, aunque en realidad a nadie importa esta leyenda urbana, mientras mantengan los precios bajos y atiendan a cualquier hora.
La pequeña Lian no conoce otro mundo más allá del barrio, su tienda de ultramarinos y su colegio. Normalmente siempre sonríe, pero una mañana el señor Xiang notó que algo había cambiado.
Mientras volvían del colegio en la vieja Peugeot Partner, Lian permanecía callada, mirando fijamente la lluvia tras los cristales empañados.
-¿Te pasa algo pequeña Huâ? –así llamaba el señor Xiang a su hija. Huâ significa flor en el país de donde vino la familia Xiang.
-No, es que me duele un poco la barriga –Lian siguió mirando la calle mojada.
-Si te pasa algo, me lo puedes decir.
-Bueno, me ha pasado algo en la clase. Borja me ha dicho que soy amarilla, y que su padre ha que dicho nosotros le hemos quitado el trabajo. Yo creo que no soy amarilla ¿Tú has robado un trabajo al padre de Borja? Si es así quiero que se lo devuelvas mañana.
-No hagas caso pequeña Huâ, sin duda Borja estará confundido. Nosotros únicamente tenemos tiempo de trabajar y jamás robamos nada a nadie. Olvídate de eso. Mejor te haces amiga de Alián, el chico de los Golmiti.
-¡Se dice Adrrrrián papi, y Gorrrrrmiti no Golmiti…Jajaja! –ríe divertida la pequeña al comprobar que a su padre aún le cuesta pronunciar la erre.
Esa noche, en el falso techo de la tienda de la esquina, a las tres y quince minutos, el señor Xiang se prepara para tumbarse junto a su hija y su mujer. Nota la respiración pausada de Shi Luan que duerme agotada; en cambio la pequeña Lian sigue despierta.
-¿Aún no duermes? –Pregunta el padre preocupado- ¿te duele todavía el estómago?
-No, en realidad no me dolía nada, pero no puedo dormir.
-Cuéntame pequeña Huâ.
-También me ha dicho Borja que nosotros no tenemos tierra, y que nunca la tendremos.
-Eso tampoco es cierto Lian; Borja se equivoca. Sí que tenemos tierra. Además tú tienes la inmensa suerte de tener dos tierras; además de ésta tenemos otra al otro lado del mundo, una tierra de grandes ríos y praderas enormes. Una tierra donde siempre brilla el sol y la gente sonríe permanentemente, por eso tenemos los ojos así, es el país más grande y bonito de la tierra, y también es nuestro país.
-¿Lo veré algún día?
-Lo verás, te lo prometo –responde el señor Xiang.
-Papi, yo creo que eso es imposible –los ojos de Lian brillan en la noche.
-Nada es imposible pequeña flor, nada es…-y Yuga Xiang se duerme agotado.
-Nada es imposible si crees en ello –termina la frase la pequeña Lian- siempre dices lo mismo, pero yo ya no lo creo.
Una mujer se levanta de la cama, se acerca al gran ventanal y sonríe. Desde la planta noventa y dos del Continental Hotel en Pekín observa la gran ciudad a sus pies.
Lian Xiang, la joven ejecutiva de Honda Spain es la representante de la firma en la campaña de presentación del nuevo Honda Huâ. Ella ha sido el alma de este nuevo proyecto de coche, siendo incluso la encargada de poner nombre al nuevo modelo; y ella es la encargada de lanzarlo al nuevo mercado asiático.
En unos meses ha conocido una tierra de grandes ríos y praderas enormes, donde siempre brilla el sol y la gente sonríe permanentemente, por eso tienen los ojos rasgados, el país más grande y bonito de la tierra, su otro país.
El señor Xiang consiguió ahorrar día a día el dinero suficiente para que Lian estudiase una carrera. Jamás le dijo a su pequeña Huâ que no había descansado ni un solo fin de semana, que no se había permitido ni un solo lujo, que fingía no saber pronunciar la erre para provocar su sonrisa, que los tres chinos de la tienda de la esquina durmieron durante quince años en una misma cama escondidos sobre un falso techo del local, que jamás había salido de aquel barrio lluvioso, con un único objetivo: demostrarle a su hija que aquella noche de febrero no mintió.
Lian Xiang, la mujer de ojos rasgados, sonríe a la gran luna de Oriente mientras acaricia un pequeño Buda de plástico de los que se vendían en la tiendecita de la esquina. Noventa pisos más abajo un enorme cartel publicitario anuncia junto a la foto de un coche: “Nuevo Honda Huâ, porque nada es imposible si crees en ello”.

8 comentarios:

hamlet dijo...

Muy buen relato. Enhorabuena.

dra jomeini dijo...

Por los hijos uno está dispuresto a todo...aún a ceder nuestros sueños por conseguir los de ellos. Precioso relato. Pobre señor Xiang

Anónimo dijo...

Buenísimo relato, estremecedor y tierno. Preciosa la música. Gracias

Anna dijo...

Muy bonito Salva :)

Anónimo dijo...

Me emocionaste....
sagra.

Mónica dijo...

Muy emotivo,...preciosa historia, maravillosa musica,...gracias por tu sensibilidad

Anónimo dijo...

Precioso el cuento

Anónimo dijo...

Muy bonito.