THE VICTOR´S PRIMARY CARE

La Primaria. Así le llaman muchos (casi todos) al ejercicio de la Medicina de Familia. La Primaria tiene tela. Y mucha.
Lo primero de todo es aceptar que debes visitar (realmente no sé de donde viene el vocablo, pues no visitamos a nadie), a un paciente , más su correspondiente familiar al acecho y con sus cartoncillos escondidos, cada cinco minutos.
Si sumamos el hecho de que puedes sufrir una urgencia miccional, el tiempo de ese paciente se limita a dos minutos, siempre que tu vejiga evacúe con flujo y fuerza adecuados o no padezcas prostatismo. Otra opción es la de algunos que no se levantan ni para hacer un pis en toda la mañana (todo por el usuario...).
Pero reflexionando acerca de cual es la clave en este asunto Victor Bárcenas llegó a conclusión: su consulta es como una feria de pueblo, y él es el churrero, el artista y el que tira los cohetes; y lo bueno siempre viene al final: ¡La traca, la gente pidiendo otra, otra, otra y los borrachos pidiendo chocolate con churros!
Los primeros de la lista diaria suelen ser personas que cogieron el número días atrás, normalmente personas mayores (¡no abuelillos!), que acuden a rastras en busca de un poco de simpatía (pase Juan que voy a darle una buena paliza), unas palabras amables (¿ochenta y tres años Josefa?, ¡Pues yo hubiera dicho que tiene usted sesenta y pocos!, un poco de fonendo (es que este resfriado me dura más de dos meses) y algún ajuste de medicación.
Así va Víctor, en su aventura en "La primaria" navegando en su inmensa lista (doce pacientes a la hora durante seis horas hace un total de setenta y dos, cada uno con sus problemas sus expectativas y sus necesidades sin saber que el sistema les adjudica sólo cinco minutos).
Víctor sabe lo importante es mantener la mente equilibrada, esforzándose en:
1.-No cometer el pecado mortal de hacer en verde las recetas que iban en rojo (pues te volverán a los veinte minutos), en cambio si le haces recetas rojas a los que son de receta verde nadie se vuelve (curioso).
2.-No entregar un parte de baja laboral a alguien con más de ochenta años.
3.-No cometer el tremendo error de preguntar ¿algo más? Siempre hay algo más (varices, dolores varios, analíticas pendientes, orinas turbias, cefaleas persistentes, la niña no me come, la abuela no me duerme...)
4.-Evitar la tentación de saltar del asiento diciendo ¡yupiiii! y dar tres vueltas de campana cuando alguien le dice que sólo viene para una receta, o cuando alguien no acude.
5.-No decirle a Pepi (la pepi) que le parece una pasada que acuda al médico en bata, pijama rosa y zapatillas a juego (aunque sean de Hello Kitty), pues la batalla está perdida.
6.-Saber que es débil, y después de decir "señora no le receto el espirifén" dieciocho veces, a la diecinueve caerá con toda probabilidad.
7.-Esquivar a los representantes que lo acechan por los pasillos
Y sobre todo ser consciente de que debe ir dosificándose, como en las ferias de pueblo, para el final de fiestas si no quiere ser arrodallo por la vaquilla de turno (y cuando digo vaca no miro a nadie).
Porque a las dos y cincuenta y tres minutos, cuando su mente es una especie de nebulosa, cuando su estómago ruge y sus dedos se niegan a pulsar una tecla más...ole, ole, ole que viene la traca.
-¿Se puede? Vengo sin número -pregunta Matilde que ya ha entrado y se ha sentado sin esperar respuesta.
-Dígame -tiembla la voz del joven galeno, le lagrimean los ojos, no se siente las piernas, se teme lo peor...como el músico de feria, se teme que va a tener que interpretar a Paquito el Chocolatero por quintuagésimoquinta vez, esa gran obra de la música contemporánea...
-La abuela, que otra vez está "cogida al pecho" y con un fiebrón, hacía falta que se pasara a echarle un ojo.
-¿Pero no la ha podido traer antes? -suplica el encargado del puesto de churros.
-Imposible dostó, si es que está mala malísima.
Entonces surge el diablo malévolo y siniestro en la perversa mente del médico, y una vez más debe elegir entre tres respuestas:
-Mire, señora, a mí me pagan hasta las tres, así es que váyase usted a urgencias.
-Espere cinco minutos, que voy al coche a coger mi Magnum de 9 mm y me pegaré un par de tiros delante de usted para que comprenda mi situación vital.
-Mire señora, en este momento estoy pensando en mi vecina, con la que me debería cruzar en el ascensor a las tres y cuarto, que o bien se ha puesto silicona como para alicatar dos cuartos de baño o bien tiene debajo del sujetador dos kikos de los de cinco duros, por ello no creo que sea positivo para nuestro mutuo interés el que yo siga trabajando.
Media hora más tarde el joven Médico de Familia está visitando a doña Ramona y sus catarros vitales. La vecina deberá esperar. La vecina es Laly, pero será motivo de otro post.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

espidifen

salva dijo...

Insisto: espirifén

Anónimo dijo...

Espidifén, espirifén...¿a quién le importa? Aquí lo que de verdad interesa es conocer a Laly...!
:)

Anónimo dijo...

jjajajajaj...pieza maestra de nuesto Victor. Queremos más datos acerca de Laly!!!

Anónimo dijo...

Yo lo tengo por "neurofeno". Anna P.

dra jomeini dijo...

¿Conoces el famoso "Keledén"? Ánimo, se sobrevive...

Borja dijo...

¡¡ Real como la vida misma !!

hamlet dijo...

Os falta el dolontín y el trambocid... me gusta tu blog... enhorabuena!
un saludo