MI QUERIDA CONJUNTIVITIS-2

En un post previo, relataba mis peripecias con un presuntamente adorable y pacífico adenovirus, así como las nefastas consecuencias de la famosa crema de aureomicina.
Eso fue el pasado viernes, y parecía que todo iba a evolucionar como suelen hacerlo estas cosas. Nuevo error.
Por si alguien no se ha dado cuenta, hace una semana que no actualizo este blog. Causa: lagrimeo, picor, dolor, enrojecimiento y llanto ocular.
A pesar de hacer el tratamiento correctamente (colirios varios de antiinflamatorio, lagrimas artificiales, antibióticos…), el ojo fue evolucionando del estado pimiento morrón a la situación chorizo de cantimpalo.
Por suerte no debía trabajar en unos días, así es que decidí aislarme del universo, hacer un fin de semana monjil, cumpliendo rigurosamente el tratamiento, evitando el sol y no forzando la máquina, limitando mis estancias en el ordenador a cinco minutos diarios, no leer ni tomar el sol. En definitiva, vida de asceta.
Resultado: dos noches sin apenas dormir, dos botes de colirio y un humor de perros. Pero yo seguía en mis trece: tranquilo Salva, que estas cosas son así.
Al cuarto día parecía que la cosa iba a mejor, así es que decidí no darme de baja. Claro, que esa idea surgió a las seis de la mañana.
La tragedia acontecido al llegar al trabajo el lunes...
-¡Joder Salva! ¿qué te ha pasado?
-Nada, una simple conjuntivitis –respondí casi acobardado.
-¿Cómo que una SIMPLE conjuntivitis? Tío, tú tienes la madre de todas las conjuntivitis, si el ojo se te va a salir de las cuencas –la enfermera siempre arrimando gasolina a las ascuas.
Intento animarme diciéndome que no es para tanto hasta que…
-Salva, ¿alguien te ha mirado eso? –me pregunta Miguel, médico de la consulta vecina.
-Cuando dices “eso” –respondo- ¿te refieres por casualidad a mi ojo?
-Joder tío, yo te digo que “eso” no es normal. A ver si no va a ser una simple conjuntivitis vírica…
Entonces empiezo a hiperventilar...me vuelvo a mi consulta intentando aparentar calma a pesar de la sudoración de mis manos y de que noto que mi corazón late más (mucho más) rápido de lo que en él es habitual. Entonces sufro la segunda parte del denominado por mí síndrome del médico enfermo: el estado de cagatis-totalis.
Este síndrome es característico de los sanitarios. La inmensa mayoría de la humanidad, en cuanto algo marcha mal, acude a un médico para descartar que vayan a “tener algo serio”. Los médicos no. Nosotros somos más chulos que nadie, por eso como “a nosotros nunca nos pasa nada” pues nos autotratamos como nos sale del pirulín. Es una especie de mecanismo de defensa, por ello nuestras toses, dolores de cabeza, garganta, hemorragias o disneas nunca “son nada”. Cuando vemos que la cosa no evoluciona como debiera , entonces seguimos convencidos de que la cosa está a punto de mejorar. Hasta que de pronto, en unos milisegundos tan solo…¡zas!
Nos damos cuenta de que lo nuestro “puede ser algo”.
En ese instante mi cabeza se llena de imágenes de uveitis supurativas, úlceras corneales por herpes (¡hostias, y yo venga zumbarme con la dexametasona!), ojos escrofulosos, epiescleritis galopantes, pus dentro del ojo, hipopion, glaucoma agudo, uveitis…joder, si esto es de tercero de carrera: ojo rojo. Si hasta cayó en el examen de oftalmología.
Calma Salva, calma…
Pero ya es tarde. Me toco el ojo y…No sólo está rojo como un tomate pollero, ¡también me duele! Joder, ¿cómo no me di cuenta antes?
Me pongo a mirar la pared de enfrente y…¡de puta madre, si también veo borroso!
Joder, joder, joder: ojo rojo, dolor, visión borrosa. Me cago en la sota de bastos, y yo venga gotitas. Estoy realmente jodido…
Y veinte pacientes por ver
-Bueno doctor, que se mejore, que le veo hoy mala cara –me dice doña Amalia-¿se ha mirado ese ojo?
Diez minutos más tarde cierro mi consulta, tras hablar con el dire, salgo hacia el hospital chirriando ruedas.
Seis días mareando la perdiz, y ahora lo considero una emergencia casi vital…la cosa tiene tela.
A pesar de la visión borrosa, llego al hospital en tiempo récord y conduciendo con un solo ojo.
-Anda, tira rápido que el oftalmólogo estará a punto de irse –me dice el administrativo de urgencias.
Por fin, por primera vez en mi vida hago uso de mis influencias como médico.
Corro por el pasillo con la velocidad justa para no perder el decoro (paso rápido que se llama el asunto). Al llegar a la consulta de oftalmología…¡Bingo! El oftalmólogo aún está.
-Hola,¿qué te trae por aquí Salva? –el oftalmólogo parece tranquilo, a pesar del chorizo que cuelga sobre mi maxilar derecho
-Joder tío, no sé –respondo aún jadeante por la carrera- mira qué ojo te traigo. Llevo así una semana, pero voy patrás. Ya no sé qué pensar, si tendré una uveítis, o una úlcera o yo qué sé -noto que me tiembla la voz.
-Venga, siéntate ahí.
Coloco mi cabeza frente frente a la lámpara de hendidura.
-A ver…mira al frente, a un lado, al otro…bien.
Cinco minutos más tarde el oftalmólogo me dice con una sonrisa que tengo una “simple conjuntivitis bacteriana”, que aumente la dosis de antibiótico y en unos días como nuevo.
Es absurdo, pero las palabras del oftalmólogo hicieron que saliera de la consulta con una importante sensación de mejoría.
Dicen que de todo se aprende. En esta semana he aprendido varias cosas:
1.-Como paciente soy un desastre.
2.-La próxima vez, acudiré a que “alguien me vea” a los primeros síntomas.
3.- El síndrome del médico enfermo existe, y quizás sería interesante estudiarlo…
4.-Unas palabras amables y tranquilizadoras, aunque no maten bacterias, también ayudan a curar.
PS: Hoy, seis días después del asunto, mi conjuntiva vuelve a parecer humana, no me pica ni me duele, y por las mañanas al abrir los ojos no están pegados.
Estoy curado. Pero, joder, qué mal lo he pasado.

5 comentarios:

dra jomeini dijo...

Me alegro, pero tienes toda la razón. Si te sirve de consuelo, yo habría hecho lo mismo ;-D.

Anónimo dijo...

vaya

crazynurse dijo...

Si es que lo que nos pasa a los sanitarios en general, no tiene nombre, somos lo peor...., en fin gajes del oficio.
Recupérate pronto.

Anónimo dijo...

Te acompaño en el sentimiento, yo también tuve una de esas. Ufff!

zoe dijo...

Yo estoy como tu hace unos meses. Soy maestra y me han prohibido acercarme al cole a menos de 50m. Estoy que me subo por las paredes y aunque en apariencia voy a mejor (ya no parece que me hayan dado un puñetazo) después de una semana tengo los dos ojos llenos de arena y hoy me han vuelto a cambiar el tratamiento.
Quiero trabajar!!!