TIERRA, SOL Y AGUA

No suelo alardear de mi tierra, pues imagino que es una más, como cualquier otra de este inmenso planeta; pero hace unos días descubrí algo; la causa por la cual mi tierra es especial.
Vivo en una zona montañosa de la provincia de Málaga, una tierra usualmente seca y bastante árida por estas fechas. Es una sierra de montañas escarpadas y barrancos esculpidos a base de torrenteras, granizo y tormentas inclementes. Es la mía una tierra arcillosa y dura, difícil de labrar y rebelde a la mano del hombre. Tierra pizarrosa, roja y marrón. Una tierra de jaras y arbustos leñosos, de algarrobos y encinas. Una tierra de zorros, gatos monteses, camaleones y algunos conejos, diezmados por la mano del hombre.
Pero este año algo ha cambiado. Ha vuelto el agua. Después de varias décadas los arroyos han vueto a tomar vida, volviendo a ocupar sus cauces con el vigor de antaño, y al igual que las arterias y capilares riegan el cuerpo exhausto y los tejidos necróticos, la lluvia ha vuelto a dar vida a una tierra yerma.
Aquella mañana salí a caminar siguiendo el cauce del río, hasta hace unos meses carril polvoriento, que hoy ha vuelto a ser ocupado por un caudal de agua y un raudal de vegetación y vida. Decidí adentrarme varios kilómetros entre los difíciles meandros del río subiendo su curso en busca del nacimiento.
Descubrí que ha vuelto a nacer la amapola, a florecer la adelfa, los vinagritos verdes y amarillos. Y el jaramago, al cual llamamos mata del diablo, ha vuelto a competir con millones de tréboles fascinantes. La senda marcada por el río se ha llenado de musgo y eran miles las ranas que saltaban marcando mi paso cerca de las piedras redondas (una vez más miles de piedras pequeñas labradas por el tiempo marcando mi vida). Finalmente he llegado a un claro alfombrado de tréboles salvajes. Allí me he tumbado dejando acariciar mi cuerpo por miles de hojas casi carnales. He mirado un cielo tan azul que me dolieron los ojos, y he concentrado mi oído en identificar algunos cantos de pájaros entre la inmensidad de gorjeos y trinos.
Mi abuelo me enseñó a identificarlos, por eso pude reconocer al petirrojo, con su canto entrecortado piuc-piuc-piuc, el inconfundible jilguero alegre y acompasado fiufíii-fiufiii-fiii, el mirlo acechando en algún huerto cercano jiuii-jiuiii, el gorrión rrrtui-rrrtui, o algún grupo de perdices trrruuac-trrrruac. Finalmente abrí mis oídos a la sinfonía completa, la mezcla total de sonidos totalmente exenta del estridente ruido, metálico y rudo, generado por el ser humano.
Moviéndome apenas dos metros, me acerqué al cauce que corría rápido a mis pies; el sol quemaba mi espalda y creaba brillos imposibles en las corrientes de agua cercanas. Hacía calor. Entonces decidí que era el momento, que quité las zapatillas, la camiseta y me zambullí en el agua fresca en una gran charca creada entre la roca por la fuerza de la corriente. Eran casi las dos de la tarde, sumergí mi cabeza y bebí un sorbo de aquel agua rápida y fría que corría junto a mí, sabiendo que era aquella una forma ancestral de bautizarme con mi propia tierra, de comulgar con aquel sitio en el que nací, en el que vivo, y donde probablemente reposarán mis restos algún día.
Con el cuerpo mojado, me tendí sobre una roca y dejé que mi cuerpo se secara al sol de la tarde. Sol, agua, tierra, verde, azul, blanco, sonidos de naturaleza...entonces me di cuenta de algo:
me encontraba en el mejor sitio sobre la tierra, probablemente porque es parte de mi propio ser, mi tierra es especial para mí porque es Mi Tierra, y eso me hizo sentir esa sensación de vértigo que tienes cuando estás a punto de alcanzar la felicidad.
PS: al día siguiente me dolía la garganta, y alguna reprimenda me cayó por meterme en el río con el agua tan fría en este Abril traicionero.
Volveré...

6 comentarios:

Anónimo dijo...

me gusta cuando tus relatos se pegan al terreno, casi pude respirar ese aire del sur

Anónimo dijo...

Creo que todos pensamos lo mismo respecto a la troncalidad.

Una posible solucion seria obligar a los 2 años de rotatorio, pero sabiendo desde la eleccion de plaza que esa plaza es tuya.

Eliminaria el malrrolismo y el enchufismo [ un poco al menos ]

Anónimo dijo...

Perdon, soy el del comentario anterior...me equvoque de blog :/ ( por tener dos de responder a la vez )

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En este blog el comentario que debia aprecer iba en relacion a que me has recordado a esas evocaciones naturistas que tan bien describen en peliculas como pocahontas o Avatar.

De nuevo disculpa por el error :)

jane dijo...

He sentido algunas veces esa sensación que tan bien describes: el sentirte parte de lo que te rodea y percibir colores, sonidos, sabores, texturas con total nitidez. Tienes razón, es estar a un paso de la felicidad.

Juana dijo...

Yo también a veces siento que no hay diferencia entre lo que hay fuera y lo que hay dentro, no hay ni límites ni fronteras y, la alegría es tan inmensa que crees explotar.

Anónimo dijo...

yo tambien volveré..