PROTOCOLO DE HERIDAS

Ha sido una jornada agotadora. Últimamente las noches de Víctor Bárcenas son más intensas, mucho más intensas. Hace varios días que algo le ronda la cabeza; es una idea de ésas que el joven médico llama pensamientos intrusos, situación agravada de forma exponencial al aumentar el número de guardias nocturnas.
Aquella mañana de Abril el joven Bárcenas estaba sentado en una de esas sillas metálicas en el café frente a la playa. Saliente de guardia, con un sol tibio acariciando su cara y un capuccino entre las manos (canela, leche descremada y sacarina), en su Ipod suena Van Morrison, y en su mente sigue instalado el pensamiento intruso.
La mañana del saliente suele ser aprovechada para dormir por las personas normales. Víctor jamás duerme. Mientras Alfredo le acerca el croissant (sin calentar, con margarina Zas y jamón de York), el joven rememora una noche en vela. Una noche de pasillos eternos y sonrisas cómplices. Una noche sembrada de dolor y náuseas vitales; de ansiedades fingidas y angustias compartidas. Noche de muerte y café de máquina.
-Tienes mala cara tío -le dice Alfredo, el camarero del Marazul.
-Ya, será uno de esos virus -se excusa Víctor.
-Anda, tómate el desayuno y te vas a la cama.
Pero Víctor sabe que hoy no se irá a dormir. Le apetece pasear junto a la arena, pisar los guijarros redondos, mirar las miles de piedras pequeñas bailando con las olas...y seguir rumiando su pensamiento intruso.
Todo había sucedido apenas tres días antes. Víctor está convencido de que casi todos los médicos de urgencias tienen un diagnóstico a los siete segundos de contactar con el paciente. Pasados estos segundos iniciales, activan un protocolo mental de actuación. Es una especie de sexto sentido que se desarrolla a base de ver miles de pacientes. Pero esa noche pasó algo distinto.
Cinco y diez de la madrugada. Victor mira la pantalla del ordenador:
Nombre: Raimundo Clavijo.
Sexo: masculino.
Edad: 82 años.
Motivo de consulta: Refiere dolor.
Nivel de urgencia: 4
Víctor se dispone a recibir al paciente con su repertorio habitual de antecedentes (¿ alergias, toxicos, enfermedades, tratamientos, operaciones?), preguntas (dónde le duele, desde cuando , cómo es el dolor, empeora al moverse...), exploraciones (respire, ¿le duele esto?, levante el brazo, tosa...), y pruebas (electros, radiografías, analíticas varias...), pero Raimundo, el hombre de ochenta y dos años no es el paciente esperado...
Moreno, de complexión delgada y pelo escaso que apenas disimula la avanzada calvicie. Tiene los ojos hundidos tras unas anticuadas gafas de pasta, una nariz afilada y unos labios finos y rectos, bien perfilados. Su ceja derecha se eleva cada quince segundos denotando un molesto tic, y las manos le tiemblan en reposo. La ropa, simple y anticuada: una chaqueta de ante azul marino, una camisa blanca y un ajado pantalón de pana marrón.
El hombre se sienta con elegancia frente al médico.
-Con su permiso.
-Dígame Raimundo, qué le trae por aquí a las cinco de la madrugada -Víctor tabletea impaciente su bolígrafo favorito - dice el ordenador que tiene usted dolor. ¿Es así?
-Cierto doctor, tengo un dolor terrible, aquí enmedio -dice el anciano señalando el centro de su pecho.
Inmediatamente se vuelven a activar las neuronas mil veces engrasadas. Protocolo de Dolor Torácico.
-¿Está usted casado doctor?
-Pues, bueno la verdad es que no, no lo estoy, pero algo tengo por ahí.
-Yo estuve casado durante cincuenta y dos años. Ahora soy viudo.
Nuevo giro en la historia, Víctor vuelve a desengrasar neuronas. Protocolo de Duelo Patológico.
-¿Y hace poco que falleció su mujer, verdad?
-No doctor, mi mujer falleció hace ya casi seis años. ¿Y sus padres, viven sus padres?
El joven empieza a cambiar nuevamente el enfoque: paciente octogenario, tembloroso, refiere dolor torácico y se empeña en hablar de cosas raras. Protocolo de deterioro cognitivo.
-Pues sí, mis padres viven los dos.
Entonces el anciano se levanta con agilidad y mira fijamente a los ojos de su médico de urgencias.
-Lo siento doctor, creo que me equivoqué. No es éste el sitio que necesito.
-Pero ese dolor....-Víctor está intrigado, el paciente no le acaba de cuadrar -¿ahora lo tiene?
-Sí, lo tengo desde hace tres días, me apareció al darme cuenta de que no recuerdo la cara de mi mujer. Buenas noches.
Y Raimundo abandona el Hospital cojeando y asido a un viejo bastón de olivo.
Ya casi es mediodía y Víctor pasea descalzo su playa; su pensamiento intruso sigue ahí, como un dolor punzante y tenaz,como una herida rediviva y cruel que transfixia su esternón.

11 comentarios:

Anónimo dijo...

tremenda la ternura de tus relatos, enhorabuena

Ana dijo...

Sentimientos y emociones reprimidos detrás del disfraz de bata blanca. Hay que ser profesional...saber guardar la distancia...empatizar sin implicarse...
Eso cree el usuario, nosotros sabemos que no es tan fácil. Tus relatos así lo demuestran y no sabes cómo se agradece que lo compartas. Somos muchos los que sentimos como tú.

Andrés dijo...

Salva,

Leí el comentario esta mañana recién llegado de saliente.

Me hubiera encantado poder darme un paseo por la playa en lugar de estar delante del ordenador.

Enhorabuena

FLORENCE dijo...

SALVA,COMO OTRAS VECES TE HE DICHO,ME ENCANTA LO QUE ESCRIBES Y COMO LO ESCRIBES.PARA UNA ENFERMERA COMO YO,A LA QUE LE GUSTA LA LITERATURA ,PERO NO ES CAPAZ DE EXPRESAR SUS SENTIMIENTOS DE LA MANERA QUE TÙ LO HACES,ES UNA DELICIA PODER DISFRUTAR DE LOS TUYOS.AMÈN DEL TRASFONDO DE LAS HISTORIAS,QUE COMO TIENEN QUE VER CON NUESTRO AMBITO LABORAL,AL QUE YO PERSONALMENTE ADORO,NOS LLEGAN TANTO A LA PIEL.REITERO EN LO YA DICHO,SOMOS MUCHOS LOS QUE SENTIMOS COMO TÚ.

Anónimo dijo...

Mucho sentimieto,los usuarios pensamos que los sanitarios no se implican.Gracias.

Anónimo dijo...

De verdad, que lo último que esperaba en este momento es sentir caer mis lágrimas, por la emoción que provocas.
Gracias

Anónimo dijo...

:)

Anónimo dijo...

Me encanta salva, me has hecho llorar con tu hermoso relato y recordar mi ultima guardia de noche de la que me fui por la mañana con un nudo en la garganta por no llorar delante de un paciente :D

Anónimo dijo...

Es la primera vez que publico un comentario en uno de estos blogs que parecen salir como champiñones. Pero joder que me has hecho llorar....bah debe ser por eso que me gusta ser médico...

Anónimo dijo...

Soy enfermera y a pesar de los años que llevo de profesión y de creer que cualquier día de estos me habré quemado y endurecido como siempre se me ha dicho, hoy te doy las gracias Salva porque leyendo tu relato me doy cuenta de que sigo emocionándome con historias como ésta que son como las que me encuentro cada día yo. Historias reales de hombres y mujeres, de sentimientos y emociones, de alegrías y sufrimiento, de vida y de muerte... Gracias, y sigue contribuyendo a que ame más si cabe mi vocación.

Anónimo dijo...

Me dejas sin palabras, con mi ojos llorosos y con un dolor punzante...