Y LOS VIERNES...MILAGRO!

Afortunadamente estamos en el siglo XXI (hace diez años, pero lo estamos), y ya quedaron atrás aquellos oscuros años, incluso siglos, de superstición, superchería, leyendas, males de ojo y curanderos rurales. Bueno eso es lo que creemos los que estamos instalados en nuestros hermosos edificios de hormigón y acero, los que ejercemos la medicina basada en evidencias científicas, en pruebas y ensayos clínicos, los herederos de Galileo Galilei nos creemos los más listos (y pá chulo nuestro hermoso pirulo).
La ciencia oficial occidental, no así la oriental, ha decidido, en mi opinión con buen parecer, guiarse por la metodología científica. Igual podiamos habernos regido por la medicina ayurvédica, la medicina tradicional china, Acupuntura, Anatheoresis, Osteopatía, Homeopatía, Shiatsu, Iridoterapia, Cromoterapia, flores de Bach, Orinoterapia, Reiki, Fitoterapia, o el Tantra, pero hemos decidido que debemos diagnosticar y tratar según un método igual para todos: el método científico.
Dicho método se basa en dos claves:
1.-Se formulan hipótesis que deben poder comprobarse mediante ensayos.
2.-Una vez comprobada dicha hipótesis, ésta se repite cada vez que se repita el ensayo. Y en el caso de la medicina, al menos con una probabilidad que consideremos razonable.
Con estas premisas, hemos desarrollado la medicina llamada tradicional, llegando a conseguir logros realmente espectaculares.
Pero (siempre debe haber un pero) cometieron un error: Los científicos evolucionaron creyendo que la sociedad, beneficiaria última de la ciencia, evolucionaba a la par: Meeeck!
Aunque muchos usuarios tratan de ocultarlo a su médico, son miles (yo diría millones), los pacientes que acuden a curanderos, que se curan los males de ojo a base de rezos, o que se tratan los herpes zóster a base de pólvora, padrenuestros, esparto y limon.
Son millones los que, desconfiando del poder curativo de la medicina, terminan encomendando su salud a la virgen de Fátima, su oído a san Policarpo, o le atan los testículos a San Cucufato para encontrar la salud perdida.
Hace unos días, asistí a una de esas bodas a las que suelo ir atado de pies y manos, y tras las bendiciones, arroces (vale ahora echan pétalos de rosa para no manchar) y besos de rigor, me decía mi vecina de mesa, una señora cuyos bigotes estribaban entre el león marino y el guardia civil prejubilado, y que por cierto desconocía mi profesión:
-Mira lo que yo te digo joven, que a mí los dolores no me los quita mi médico. Es que no me hace ni caso.
-Ya...-respondí apocado.
-Venga pastillas, venga pastillas y yo lo que necesitaba es que me viera un traumatólogo por lo menos.
-Ya... -respondí yo anonadado.
-Pero es que el traumatólogo, ni caso. Me mandó una TAC y me cambió las pastillas, pero leche frita.
-Ya... -respondí yo esperándome lo peor, compadeciéndome del pobre grano de arroz que había caído al abismo de su canalillo que más bien era canalazo de riego.
-Al final tuve que ir a una curandera de Motril y ella fue la que dio en el clavo.
-Ya... -respondí yo, que me lo veía venir.
-Pues resulta que tenía un mal de ojo como un tren -la cara de la señora se congestiona- me estuvo dando unos vapores, haciendo unos rezos, y como nueva.
-Ya... -respondí yo sonriente, intentando quitar mi vista de los largos pelos bajo su nariz.
-Pero a los pocos meses ya estaba otra vez igual -sigue con la cantaleta doña morsa- así es que tuvimos que volver, y ¿sabes lo que me dijo?
-Ya lo imagino... -respondí yo sintiendo un dolor tremendo de tripas, y dudando si decirle a la señora que tenía un trozo de carne entre los dientes del tamaño de un entrecot bien servido.
-¡Que tenía un espíritu en mi casa, y que me lo quitaba por 400 euros con unos vapores del Mar Muerto! Así es que yo le dije: Señora, usted me está echando sal en la mollera, adiós muy buenas. Y allí la dejé plantada.
-Ya... -respondí yo aliviado por saber que doña guardia-civil era más lista de lo que aparentaba.
Y pasado el chascarrillo tú puedes pensar: "claro, claro, eso son cosas de pueblerinos y gente anclada en el pasado". Ahora yo me planteo:
¿Conoces la pulsera "Power Balance"?, la pulsera del equilibrio. Es una pulserita de plástico siliconado con dibujitos (35 euros vale la unidad) cuyo holograma grabado equilibra el cuerpo pues hace algo así como sintonizar nuestra energía natural como si nuestro cuerpo fuera una radio FM. Con ello, según he leído: "mejora la forma física, la memoria, depura el hígado, adelgaza, cura el insomnio, la somnolencia y aumenta la libido, te quita los mareos, los dolores, la fatiga, el stress y mil cosas más". La pulsera está agotada, y se venden millones de ellas fundamentaleente en entornos urbanos y a personas presuntamente bastante solventes y con el coco bien amueblado. Y dicen que funciona, igual que a mi vecina de asiento le mejoraron los vapores de la curandera. Mientras tanto, alguien se ha forrado vendiendo pulseritas de silicona. Todo ello me lleva a hacer una profunda reflexión:
Voy a diseñar un elixir de pelo de ratón albino, y decir que mejora fibromialgia, la dispepsia, la ansiedad, la impotencia, la migraña y los golondrinos. Igual pego el campanazo y me retiro a las islas Fidji.
Feliz siglo XI, perdón quería decir XXI, en qué estaría yo pensando.
Post Scriptum: Ahora resulta que hoy mi hija tiene una tos feísima, y no se me ocurre otra cosa que ponerle en el dormitorio una cebolla partida con unos clavos incrustados. Y funciona. Brrrr.. .porca miseria.
¡Al menos soy dueño de mis propias contradicciones! O eso intento...

5 comentarios:

jorge dijo...

Salva, genial, lo bordas. Por cierto cuando tengas el Elixir me lo dices para pedirte unas muestras. Un abrazo.

Juana dijo...

Verás he visto cosas que se salen de cualquier lógica, porque yo además de racional soy muy curiosa, me gusta meter mis "bigotes" en todas partes jajajajaja
En fin que la Vida no se encierra en el "método científico" por mucho que lo intentemos.
¡Qué bien escribes!¡Guapo!

hamlet dijo...

A mi lo que me da mal rollo sobre las power balance estas es verlas en mi clase en la facultad... entre gente de ciencia, se supone... ains
salu2

Anónimo dijo...

.... ¡ hombre ¡¡ cuando uno presenta un síndrome de méniere y de ORL te derivan a medicina interna y te diagnostican epilepsia y te tratan con tegretol .... pues como que uno se vuelve a eganchar al curandero de barrio... y si todo esto pasa en el hospital donde trabaja " Victor Barcenas " pues como que.....uno se vuelve señora con bigotes.

FERNANDO dijo...

Salva...a mí lo de la cebolla también me funciona, y la codeina, el dextrometorfano y compañeros mártires sólo a veces....increible!!

Saludos de un Resi de MFyC que te lee habitualmente y disfruta mucho con tus relatos.

Un abrazo!!