BAJO EL VOLCÁN

Soy un tío con suerte. La verdad es que no siempre la tengo de cara, pero como norma general tengo una suerte increíble.
El nivel de despiste que se mueve entre mis neuronas es tal que he llegado a dejarme tres mil eurazos olvidados en un maletín (maletín al suelo, abro-puerta-coche, cierro-coche, arranco-coche, salgo-parking, maletín-en-suelo, recuerdo, tortazo-en-la-frente, vuelvo-coche, recojo- maletin).
Yo diría que soy el equivalente adulto de aquel niño de los donuts que día tras días olvidaba la cartera (¡anda los donuts!).
-Buenas tardes -me dijo el guardia civil con unos cincuenta kilos de más.
-Bu..buenas -respondí con cara de becerro decapitado, pensando que si el señor de verde intentase perseguir a un delincuente fallecería de un infarto en aproximadamente cincuenta segundos.
-¿La documentación, por favor?
Vaya preguntita, la documentación. Seguramente se referirá a La-jodida-documentación que descansa pacíficamente dentro de la cartera en la mesilla de noche, donde debe estar.
-Pues resulta que, la he olvidado en casa...
-Pues se debe identificar caballero.
Entonces en un alarde de valentía absoluta mezcla de el Cid Campeador y Bob Esponja; y poniendo cara de catequista estreñido le solté en toda la cara...
-Es que yo soy Médico-del-Hospital- las palabras sonaron monacales, virginales, con una templanza tal que el bigotudo y barrigudo defensor del orden miró a su compañero, un joven cabo con cara de acelga y cuerpo de alfeñique.
-Bueno, pero que sea la última vez, tire "palante" -me dijo el benemérito oficial perdonándome el multazo de rigor.
-Gracias, y perdón- le dije (ahora pienso que la expresión quedó insultantemente ridícula, sólo me faltó ponerme a limpiarle las botas a aquel tipo que tanto me recordaba a Bigote Arrocet).
Este fin de semana acudí a unas Jornadas de Jóvenes Médicos de Familia en Santiago (que serán motivo de otro post), y en mitad del congreso, saltó la noticia:
-¡Que dicen que han cerrado el aeropuerto por una nube de cenizas!- gritaba una chica con pinta de novicia por los pasillos.
La novedad se propagó por los corredores de la facultad de Medicina, lugar de tan magno evento, con la misma velocidad con la que el divorcio de Belén Esteban llegó a Tele Cinco.
En apenas unos minutos la gente salió en masa de los talleres, dirigiéndose a la secretaría técnica del congreso pidiendo volver a casa como fuese.
La aglomeración fue terrible, llegando a rozar el pánico colectivo, ante la tremenda tragedia de pasar una noche en Santiago.
Algunas lloraban por los pasillos teléfono en mano. Imagino que pensarían que iban a ser corroídas por una nube tóxica de ácido o algo así.
Llamadas telefónicas: aena no coge el teléfono, en vueling sale una chica-contestador, no quedan autobuses, no quedan coches de alquiler, operación huída colectiva...
Mis amigos y yo casi lo decidimos a suertes: ¿esperamos a ver si abren el aeropuerto o atravesamos la península en un bus fletado por la organización del congreso (gracias mil a semFYC)?... pito, pito colorito...Bus.
Jamás imaginé que Santiago-Madrid en bus se tardaran ocho horas, pero así fue.
En la estación de tren el caos era absoluto, gente de todo el país buscando billetes con desesperación para volver al nido.
Media hora de cola...y me veía venir la tragedia.
Una de mis características es que cuando estoy de los nervios me da por hablar con la gente, así es que me puse a conversar en la cola con una chica que también esperaba.
Ella volvía de Vigo, y viajaba a Sevilla, llevaba más de un día buscando la forma de volver y también estaba a punto de estrangular a alguien.
Finalmente mi turno.
-Buenas tardes -digo intentando ganarme la confianza de una señora al otro lado del mostrador. Ella me mira por encima de las gafas...(comentario aparte: casi todas las mujeres sobre la tierra tienen algún tipo de atractivo físico, pero una señora detrás de un mostrador, con una camisa a flores verdes y azules mostrando dos lamparones en los sobacos, unas gafas con antiparras y dos enormas glándulas mamarias colocadas sobre la mesa me bajan la líbido durante al menos diez días).
-Dígame- me responde secamente la señora de las antiparras.
-¿Billete para Málaga para...hoy?
-Málaga nada, mañana a las nueve treinta -dice la funcionaria, a la cual me imaginaba bailando el Cajuna-Cajuna en una discoteca poligonera rodeada de adolescentes borrachos.
-Bueno, ¿y por cuanto me sale?
-Son ochenta y siete con cuarenta. Un segundo -me responde la señora, que se levanta y se va sin dar más explicaciones.
Tras cinco minutos mordiéndome las uñas abandono el mostrador.
-Hola, ¿vas para Málaga? -me pregunta una señora de unos cincuenta años con acento asturiano.
-Bueno, iba para Málaga, ahora ya no sé...
-Es que te oí hablando con la chica que iba a Sevilla, si quieres te vendo mi billete para Málaga- en ese momento se abrió el cielo en dos.
-¿Pero como sabe que voy a Málaga?- pregunté sorprendido.
-Por el acento, los malagueños os parecéis hablando a Antonio Banderas. Yo iba a salir dentro de quince minutos, pero debo quedarme unos días, y no me cambian el billete porque es de tarifa web, veinte euros. Te lo dejo por lo mismo que me ha costado.
En ese momento estuve a punto de ponerme a hacer el pino delante de la mujer, a darle dos besos y a pasearla a hombros entre la muchedumbre...ole, ole, ole...
Diez minutos después, con el billete de AVE en las manos pensé que quizás me acababan de timar. Total, con un scanner y una impresora se puede...¿falsificar un billete de tren?.
Pero el billete era verdadero.
Tres horas más tarde, estaba en Málaga. Mientras conducía a casa llegué a varias conclusiones:
-Odio a los funcionarios que te miran por encima de unas gafas con antiparra.
-Hablar con desconocidos es divertido.
-El cantarino acento asturiano es encantador.
-Se puede confiar en la gente.
-Tengo una suerte que no me merezco.

1 comentario:

Anónimo dijo...

jajajajaja..que suerte tienes