¿DONDE ESTÁ OYEMBE?

-¿Dónde está Oyembe?- repite Mayo15-2 desde su camilla acolchada, cubierto con una manta térmica y aterido de frío. Nota su boca llena de arena salada.
Mayo15-2 es uno más. Personas sin nombre, sin documentación, sin pasado y casi sin derechos. Cuando llegan a la zona de urgencias se les asigna un nombre ficticio, en espera de una identificación que jamás llegará. Son las pateras.
Mayo15-1, Mayo15-2, Mayo15-3...Esa noche fueron dieciséis.
Realmente su nombre es Abdoulaye. Nació hace veintitrés años en un poblado de Senegal. Abdoulaye, Mayo15-2, es el menor de siete hermanos. Apenas recuerda a Padre. Era pescador y una noche sin luna desapareció entre las olas. Madre apenas ha podido alimentarlos gracias a la caridad y a las ayudas de los blancos. Abdoulaye sabe que en el Norte hay mucha comida, pues ellos sobreviven con las sobras de los europeos. Un día oyó que incluso tiran la comida que les sobra.
A pesar de la extrema pobreza, Abdoulaye sólo guarda buenos recuerdos de su infancia. Las mañanas aprendiendo a leer con las monjas, las tardes corriendo por la selva con su hermano Oyembe y las noches de miércoles eran sus recuerdos preferidos. Los dos niños se pintaban la cara como les había enseñado el abuelo Mor y escapaban a la selva en busca de mil aventuras. Imaginaban que iban a la caza del gran elefante como hacían sus antepasados, que encontraban una cueva llena de tesoros, o que navegaban por en gran río Kalembe en busca de aventuras. Las noches de los miércoles tocaba leche con cola-cao, un polvo rojizo venido del Europa. Era la noche especial. Los siete hermanos, Madre y el abuelo se sentaban en torno a la hoguera, cada uno con su vaso de leche con colacao y su trozo de pan de centeno. Esas noches Mor les contaba historias fantásticas sobre sus antepasados. Oyembe y Abdoulaye siempre se sentaban juntos. El último cuento de la noche siempre era el mismo; la historia de un grupo de jóvenes devorados por la oscuridad una noche sin luna. Ese cuento aterraba a los dos hermanos que acababan abrazados en una especie de conjuro contra el miedo. En el poblado decían que Mor era descendiente de un Gran Brujo, por eso sus cuentos eran tan especiales.
-¿Dónde está Oyembe? -repite Mayo15-2 mientras una enfermera perfora con delicadeza una de sus venas. Ella le sonríe con pena.
Pasaron los años y la miseria dio paso a la enfermedad. Hace diez meses que no llega la comida de Europa. Ahora se queda toda en la capital. Apenas llueve, el huerto no da frutos, Madre está enferma y Mor falleció una tarde de miércoles atropellado por un jeep del ejército. Dos de los hermanos de Abdoulaye cayeron enfermos de malaria y las hermanas jamás conseguirán esposo pues su única dote se limita a un viejo paraguas.
Una mañana de Abril llegó alguien de la capital. Atravesó el polvoriento poblado en un Toyota desvencijado y repartió chicles entre los niños famélicos. Regaló leche en polvo y latas de conserva. Obsequió con un bote de colacao a la familia de Abdoulaye, y repartió dólares entre sus familiares. Se trataba de Ousmane Khali, un joven de la edad de Abdoulaye. Apenas dos años antes había salido del poblado hacia Europa. Hoy volvía con dinero, con comida, con...ese día decidieron que ellos también saltarían.
-¿Dónde está Oyembe?- repite Mayo15-2 mientras alguien vestido de verde le mira desconcertado.
Ousmane los ayudó con el contacto. Jamás imaginaron que fuera tan fácil. Firmar un papel donde se comprometían a pagar o perderían su casa. Unas horas en barca, y saltar a la arena. Luego correr, correr sin mirar atrás hasta encontrar una carretera. Una vez ahí se trataba de seguir la ruta sin ser vistos en dirección este. Almería era la meta. Allí preguntarían por Mussa Malik. Durante un año trabajarían para él. Luego serían libres.
-No lo tengo claro, abandonamos a Madre y a las hermanas- le dijo Oyembe.
-Vamos a morir de hambre hermano- dijo Abdoulaye convencido- será como cuando éramos niños y salíamos a la selva. No nos separaremos.
-¿Y si no conseguimos el dinero?
-Volveremos...
El doce de Mayo, tras siete días esperando la llegada de la luna llena y las corrientes adecuadas, partieron en una barcaza. Diecisiete jóvenes senegaleses sin espacio para nada más que sus cuerpos.
Oyembe se había vestido con una camiseta del Barcelona, pues le habían dicho que eso le garantizaba la simpatía del hombre blanco. Partieron custudiados por la luna en una patera llena de sonrisas cómplices, ilusiones y esperanzas.
-Recordad, tenéis un año para pagar- les dijo el corpulento marinero mientras recogía sus contratos -Suerte.
La noche pasó rápido y no tocaron tierra. No tenían agua ni comida, pues el viaje se preveía corto. Durante el día el sol rebotaba en sus cuerpos negros abrasándoles la piel y minando sus fuerzas. Oyembe y Abdoulaye permanecían juntos. Apenas hablaban para ahorrar fuerzas.
Pasaron dos días más en altamar. La tercera noche de viaje todo empezó a ir mal. La luna se había ocultado por las nubes, un temporal amenazaba a la barcaza que se balanceaba como una hoja de olivo en un arroyo. Viento, agua salada, ruído de olas, balanceo...
Un foco ilumina la noche desde el cielo. Es un helicóptero guardacostas. El patrón de la barca grita que deben saltar y señala la oscuridad.
-¿Dónde está Oyembe?- Mayo15-2 parece delirar en la camilla. Su cuerpo apenas roza los 34 grados.
Todos saltan a las olas. Simplemente se trata de nadar, nadar, nadar en la dirección indicada hasta tocar tierra, tierra, tierra...
La luz intermitente de la ambulancia y los focos policiales iluminan la playa, dándoles un aspecto casi estraboscópico al atravesar la lluvia. Hay muchos cuerpos sobre la arena, algunos se mueven a gatas, otros levantan un brazo, alguno corre para ocultarse entre la maleza. Los de azul se acercan. Empieza la danza de lucha por la vida.
-¿Dónde está Oyembe?- Mayo15.2 mira suplicante a un guardia civil que lo vigila. Mayo 15.2 no es nada porque no tiene nombre ni identidad y a nada tiene derecho más que a preguntar por su hermano.
En la playa las nubes abren un claro dejando pasar la luz de una enorme luna llena. Los de azul ya se fueron. Una joven policía de apenas treinta años se acerca a lo que parece un bulto en la arena. Se arrodilla y lo observa con detenimiento. Con mucho cuidado aplica una pegatina sobre el torso desnudo del joven africano ahogado: Mayo15-9. No puede evitar una sonrisa perpleja al ver que el joven aún aferra entre sus dedos lo que parece una camiseta del Barcelona.
Abdoulaye recuerda sus tardes de excursión por la selva en busca del Gran Elefante, la cara de aquella monja que les enseñaba a leer, la cara de Madre explicándoles que Padre fue devorado por el mar y los cuentos de Mor a la luz de la hoguera, muy apretado junto a su hermano ignorando que alguna vez se cumpliría la profecía del Gran Brujo y la oscuridad los devoraría una noche sin luna.
-¿Dónde está Oyembe?- Una enfermera le acerca un vaso de leche con colacao. Entonces Mayo15-2 rompe a llorar...

4 comentarios:

Anónimo dijo...

es cierto que jamás pensamos en el inmenso sufrimiento que dejan atras estas Personas

Juana dijo...

África es como una herida sangrante para todos nosotros, los seres humanos ....

Anónimo dijo...

Uf, qué duro! En las antiguas urgencias tuve un caso similar y, mientras te leía, en mi cabeza han ido pasando uno a uno. Ahora que vuelvo a las trincheras (madre mía....), igual se repite...aunque creo que por el levante no suelen llegar. Mil gracias por el raaatoooo que tuviste para explicarle a mi compi lo que significa la batalla. Si hay jornadas/congresos o charlas varias por aquí avísame! Bis bald!! Kuss!!! Inma

Nebulina dijo...

Y que todavía haya quien dice que vienen para robarnos el trabajo a lso europeos...
puff