SOY TUTOR DE MI TUTOR

El sistema de formación especializada, al menos en lo que respecta a Medicina de Familia, es la repera.
Según marca la legislación, diseñada por los mismos merluzos que se pasean en Audis oficiales y viajan en primera con nuestros sueldos, el Residente durante su primer año (R1) no puede firmar de forma autónoma ningún alta médica. Su nivel de responsabilidad es comparable al del aprendiz de conductor que circula con profesor de autoescuela: Puede montar un pollo bien gordo, pero la responsabilidad siempre será del profesor.
Explicado para los que no sois sanitarios: Si el médico que te atiende en urgencias, después de verte imprime el alta, sale de la consulta para volver minutos más tarde y te entrega un informe en el que van dos firmas, has sido atendido por un R1.
En este caso, a pesar de ser Médico titulado, cobrando un sueldo como tal (bien escaso también es cierto, pero sueldo de médico al fin y al cabo), al residente se le presupone una imposibilidad innata para poder dar un alta médica, independientemente de su experiencia previa (algunos llevan quince años trabajando), formación (algunos es la segunda especialidad) o capacidad. Claro, imagino que el político de turno estaba centrado en otros temas más importantes como montar el lío padre con la troncalidad, inventarse nuevas especialidades o cepillarse un chuletón de Ávila.
Los que conducimos sabemos que no aprendemos a conducir hasta que asumimos la responsabilidad por nosotros mismos.
Durante mi etapa de formación tuve como tutor en las guardias de centro de salud a un compañero médico que tutorizaba mi trabajo. Cual es mi sorpresa al comprobar que a partir del próximo lunes seré yo quien tiene que visar su trabajo, pues va a empezar a formarse como Médico de Familia en mi Hospital. O sea, que paso a ser tutor de mi tutor.
Mi opinión sin duda equivocada, es que al evitar la asunción de responsabilidades no se soluciona demasiado, simplemente se aplaza el problema al segundo año. La solución sería que los legisladores (a ver si se dejan de viajar al Caribe y se centran), doten a los sanitarios de una seguridad jurídica en su trabajo que no haga que el miedo a ser demandados atenace la práctica médica de las nuevas generaciones de los médicos en el área de urgencias.
Igualmente, si el legislador (comedor de bombones suizos y chorizos de cantimpalo) estima que el R1 no es apto para hacerse responsable al 100% de su paciente, no debería dejar que éste ejerciera de forma autónoma, induciendo al enfermo a una situación confusa.
Pero claro, seguramente estoy equivocado en todo esto, y a partir del lunes pasaré a tutorizar a un compañero con veinte años de experiencia, que no podrá atender autónomamente a un paciente porque el político de turno tenia otras cosas más importantes en las que pensar.
Mucho me temo que la formación, en Medicina de Familia, cada día más está enfocada únicamente al ámbito de la Atención Primaria, dejando la formación en Urgencias como una especie de apéndice extraño y ajeno a la especialidad, una especie de condena obligada para muchos Residentes a la cual ni administración ni gestores ni unidades docentes dan una respuesta mínimamente creíble.

1 comentario:

Anónimo dijo...

estoy completamente de acuerdo con tu visión