AMANIDA DE POLLASTRE

Espero que este post no levante ampollas, pues nada más lejos de mi intención, pero los que me conocéis sabéis que hablo o reviento.
Este fin de semana estoy en Catalunya. Hace años que conozco Barcelona y es una de mis ciudades preferidas. Sus calles, sus restaurantes, sus rincones, sus personas, su eclecticismo, su modernismo, casi todo en ella me gusta. Siempre he pensado que New York, Hong Kong y Barcelona son las ciudades más bellas del mundo.
Pero este fin de semana estamos es Girona. Una ciudad más pequeña, con un centro histórico espectacular y una gente amable.
La noche del viernes salimos a cenar.
No soy demasiado exigente a la hora de comer, pero al menos tengo una manía: me gusta entender qué dice la carta de platos en un restaurante.
Grande fue mi sorpresa al no encontrar ningún restaurante que tuviese la carta en castellano (En pleno centro turístico de Girona, probamos en cuatro de ellos y siempre preguntamos si tenían carta en castellano). En uno de ellos incluso tenían carta en catalán, inglés y alemán...
Finalmente nos sentamos en una terraza donde atendía una camarera sudamericana, que amablemente se ofreció a traducirnos uno a uno los platos, y donde la mayoría los comensales eran hispanohablantes.
Comprendo entiendo y defiendo que cada cual tenga su lengua propia, la use y la defienda. Es justo y normal. También considero lógico que si alguien quiere abrir su economía al turismo debe, al menos intentar, no desagradar a sus clientes.
Es lógico pensar que una persona que hace turismo no entienda lo que significa amanida, truita, vedella, anyell, pastís, enciam, etc...también sería lógico que si tienes un negocio intentes que tus clientes concozcan tu producto, debo reconocer que no llego a entender la situación. No me molesta una carta en catalán, búlgaro, sueco o chino mandarín; pero si la misma consta de 40 platos y no entiendo lo que sgnifican 32 de ellos, simplemente no puedo pedir, y eso me jode un pelín. Finalmente nos pedimos unas cervezas (cervesas), una amanida de pollastre y nos fuimos.
Por otra parte todas las personas gerundenses que he conocido estos días, me han parecido gente amable, simpática, abierta y muy educada. Eso me hace plantearme algunas dudas que no logro resolver.
Me sentí un poco triste, pues más que extranjero me sentí extranjerado, y reconozco que me acabo de inventar la palabra.
Vivo en un pueblecito de apenas mil habitantes, tenemos un bar modesto que es visitado por algunos turistas del extranjero, y el dueño se ha preocupado de traducir su carta al alemán, al inglés, al francés y al holandés. Eso lo considero yo hospitalidad.
El resto es volver a la huerta (motivo de otro post es explicar la personalidad de la huerta que tanto me irrita), a la mente encerrojada (nueva palabreja) y al catetismo garrulo que tanto gusta a algunos. Creo que no volveré a Girona. Me seguirán encantando ciudades como Barcelona donde jamás me sentí extranjero, extranjerado ni extraño.
Finalmente llego a la conclusión de que cuando determinada forma de entender la política mete sus manazas en la vida real termina creando monstruos sociales.

5 comentarios:

Eduardo Bayon dijo...

Suscribo tus palabras. No tiene ningún sentido hacer eso. ¿O es que quieren que el resto de españa no vaya a su tierra? Está claro que prefieren a los alemanes

carmen dijo...

Los poderosos, para perpetuarse en su poder, siempre han apelado a los sentimientos mas básicos del ser humano, la religión y los nacionalismos.

hamlet dijo...

No veo cómo va a levantar ampollas este post... a menos que la verdad y la fuerza de la razón lo hagan. Ellos pierden. Pero tanto los políticos que promueven esto como sus votantes. Una pena.

Aniña dijo...

me ha gustado y mira no tengo ampollas!

Juan Q dijo...

Molt ben dit. Muy bien dicho.