COMPAÑERO ADALBERTO

Vïctor Bárcenas levanta la cabeza incrédulo:
-Y ahora explíquemelo como si yo fuera un niño de siete años-piensa el doctor- me está contando que es usted "de la casa", con lo cual asumo que no me está diciendo que es de la "Famiiiiglia Corleone", cosa que me consuela enormemente. Ah, perdón, que en realidad es usted "compañero Adalberto". Disculpe, es que no sabía que "compañero" es sinónimo de " marido de la hermana de una auxiliar de nefrología", deberé revisar mis conceptos semántico-sindicalistas.
-Hasta aquí me enteré de todo perfectamente. Ahora espero que usted entienda que son las tres y veinte de la tarde-sigue pensando mientras teclea con la mirada perdida- curiosamente ha pasado la hora de comer (no se preocupe, es un detalle sin importancia esa absurda costumbre que tengo de ingerir alimentos tres veces al día), y que asimile en su prodigiosa mente que me senté en este comodísimo sillón con ruedas a las ocho y no me ha dado tiempo ni de hacer un triste pis (de hecho estoy valorando la posibilidad de colocarme una sonda urinaria para trabajar, cosa en la que usted es especialista debido al trabajo de la hermana de su mujer).
-No le voy a pedir que asuma que tengo seis pacientes pendientes de ver-se dice para sí mismo mientras mira con cara cansada- todos ellos llegaron antes que usted, algunos llevan dos horas esperando, que estamos en pleno verano, que las urgencias están a punto de reventar, que tengo una señora, cuyo peso ronda los ciento treinta kilos, y cuya cara recuerda a la de un bullbog inglés, que escruta cual león del desierto africano cada paciente que entra y sale de esta consulta que Dios me ha dado como castigo por mi mala cabeza; y que esta consulta no es mía (pronombre posesivo femenino singular), pues simplemente estoy trabajando en ella gracias a la extraña habilidad que tengo de recordar el nombre de tres o cuatro medicamentos como usted bien sabe .
De todas formas creo que mi mente está bastante jodida a estas alturas de la tarde, pues creí entender que me traes (permíteme tutearte, compañero Adalberto), al hijo del dueño del Bar Pepe, donde por cierto te sueles poner de cerveza hasta las trancas, porque le duele la barriga desde hace dos meses y tú (gracias a los profundos conocimientos médicos adquiriridos al teclear dolor-de-varriga y posteriormente dolor-en-agdomen en Google) has decidido que eso va a ser "principio de apendicitis". También has decidido que lo vea yo, y le pida una ecografía "a ver si puede ser rapidito, que el chaval tiene más hambre que los pollos de Manolo".
Si le soy sincero, estaba a punto de decirle que no puede ser, pero compruebo alucinado que es usted (perdón compañero, quería decir eres tú...) vecino de un primo hermano del cuñado de la secretaria de neurología. Eso lo cambia todo de forma sustancial, pues tu criterio médico a la hora de solicitar pruebas se eleva exponencialmente. Si a eso añadimos que tienes un primo farmacéutico, un sobrino que estudia veterinaria y una tío-abuelo que fue barbero en Sanlúcar (pero que por cinco reales te sacaba dos muelas y por dos pesetas te recolocaba huesos partidos), llego a la conclusión de que no le pido una ecografía al joven, le pediré un Scaner toraco-abdomino-pélvico y para mañana le dejaré pedida una Angioresonancia. Mejor aún, se la puedes hacer tú mismo , y si encuentras algo, llamamos a tu tío abuelo que lo vaya operando.
Todos estos pensamientos vienen a la mente del joven médico mientras el "compañero Adalberto" explica con detalle la complicada enfermedad, la abdominalgia miasmática, la probable pancreatitis enfisematosa, la casi seguro diverticulitis supurada triplemente perforada, de un joven con cara de acelga que sonríe embobado mientras no aparta la mirada de su Iphone y actualiza el estado de su facebook (¿quedamos para una moraguita esta noche?), ajeno a la conversación acerca de sus presuntas dolamas.
Al fin Víctor decide hablar:
-Bueno, voy a explorarlo primero, luego quizás le pida una analítica de sangre, orina y una radiografía y luego ya veremos. De todas formas debe esperar un poco, porque tengo mucha gente delante.
-Mira chico, mejor me haces el pase para la ecografía y "yastá"- insiste Adalberto Muelas.
-Genial- piensa el joven médico- me encanta mi capacidad de convicción.
C´est la vie.

6 comentarios:

Asun dijo...

Es genial, real como la vida misma.
Me encanta!!!

Anónimo dijo...

La verdad es que eso pasa día tras día... será que la culpa es nuestra por no entenderlos?

Aniña dijo...

genial y real como siempre!
besitos

Anónimo dijo...

completamente real! Creo que de ahora en adelante cuando vea a alguien "de la casa" en lugar de cogerme una rabieta, me acordaré de tu post y me reiré, quizás así al menos no me quemaré :-)

Triska dijo...

qué gran verdad...

Anónimo dijo...

Los de la "casa" jajaja. Hoy en día todo el mundo es d ela casa, aunque sean de la casa de vecino de tu vecino. En fin, la gente busca la manera de hacerse notar y como digo yo, atendemos impacientes y no pacientes.